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	<title>Anécdotas e ironías desde Cabo Mayor</title>
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	<description>Blog de Alberto Rodríguez</description>
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		<title>Décimo séptima historia: Don Aniceto el cura de misa y olla</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 07:53:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Llamas es un pueblo del Alto Aller que está enclavado entre Collanzo y Casomera, es una parroquia grande porque a ella pertenecen todos los pueblos y caseríos de la zona de Conforcos. Este es el valle donde nace el río Aller, es uno de los lugares más ecológicos y paisajísticos del Principado de Asturias. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2012/04/nestor.jpg"><img class="size-medium wp-image-134 aligncenter" title="nestor" src="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2012/04/nestor-221x300.jpg" alt="" width="221" height="300" /></a>Llamas es un pueblo del Alto Aller que está enclavado entre Collanzo y Casomera, es una parroquia grande porque a ella pertenecen todos los pueblos y caseríos de la zona de Conforcos. Este es el valle donde nace el río Aller, es uno de los lugares más ecológicos y paisajísticos del Principado de Asturias. En este valle se encuentran las famosas Hoces del río Aller, los mejores hayedos de Asturias y las pocas parejas de urogallos en libertad que aún quedan en la península.<span id="more-133"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La parroquia de Llamas es otra de las más ricas del concejo de Aller porque, además de las propiedades rústicas, tiene un molino que muele para toda la comarca de Casomera. Los clérigos de finales del XIX y principios del siglo XX necesitaban, además de las escasas limosnas, otros ingresos, que en este caso eran en especie, porque de este modo cobraba el cura molinero de Llamas.</p>
<p style="text-align: justify;">Don Aniceto, el cura de Llamas, era un cura de los que llamaban de misa y olla, que la Real Academia define como clérigo de cortos estudios y poca autoridad, de aquellos sacerdotes de finales del siglo XIX que estudiaban la carrera en tres años para que pudieran impartir cuanto antes los sacramentos y así atender las parroquias más rurales del Principado. Don Ceto, que era como llamaban al cura en el pueblo, tenía más modales de paisano que de clérigo, la sotana era el único distintivo que mostraba la profesión, por lo que en este caso si podemos decir que el hábito hace al monje, pero qué hábito el de don Ceto. Cuando hablo de don Aniceto me vienen a la memoria el cura de Maqueda, el clérigo que mataba de hambre a Lázaro, el pícaro de Tormes, sobre todo por la tacañería que ejercía, y el Dómine Cabra del Buscón de Francisco de Quevedo por su aspecto externo.</p>
<p style="text-align: justify;">El cura de Llamas llamaba la atención por el porte que presentaba a la vista de los feligreses y demás cristianos, tenía restos de harina de la cabeza a los pies, sucia y deslucida la sotana con el color verdoso del paso del tiempo, parecía que tuviera moho añejo en ella, no usaba alzacuello blanco como el resto de los clérigos y el pescuezo de avestruz salía de la sotana dando una apariencia de un mayor desaliño. Además era alto, flaco con los brazos más largos que las mangas de la sotana, despeinado, con la cara famélica como la calavera que hay pintada en los carteles de los postes de alta tensión, y los ojos tristes, miopes y saltones de lechuza. En el pueblo no le conocieron otro calzado que los escarpines con madreñas y unas botas viejas, gastadas y con ventilación, que sólo utilizaba para las tres grandes solemnidades litúrgicas del año.</p>
<p style="text-align: justify;">Además de este aspecto estrafalario y grotesco que lucía, tenía una voz gangosa, más para contar chistes a la feligresía que para predicar el evangelio, pero la voz no era lo malo de este clérigo, sino lo que decía. Su fama era tal que muchos de los paisanos de los pueblos vecinos, que pasaban por Llamas con el ganado camino del puerto de Vegarada, hacían la parada obligada para oír el sermón dominical de don Aniceto. La mayor parte de ellos lo hacían más como atracción humorística que por razones cristianas del cumplimiento dominical.</p>
<p style="text-align: justify;">            Don Aniceto aprovechaba los domingos en la misa para dar los avisos de los horarios del culto y del molino pero nunca para predicar. En el pueblo de Llamas no se tiene constancia de las predicaciones piadosas del cura, salvo las de la liturgia de la misa, bodas, bautizos, funerales y entierros. Se salían de estos cultos el rosario, algunos días por semana y los vía crucis los martes y viernes durante la cuaresma.</p>
<p style="text-align: justify;">En su prédica dominical el cura de Llamas pedía a los feligreses que le devolvieran la escalera, que había prestado a uno de los vecinos, y advertía que si para el domingo próximo no la tenía en su poder diría el nombre del vecino distraído. Durante esta disertación dominical anunciaba los precios de la molienda según los pesos y medidas locales, otras veces hablaba de la prohibición de pescar truchas en el reguero de suministro de agua del molino sin su permiso, y menos cuando el cura estaba ausente de la parroquia.</p>
<p style="text-align: justify;">El cura de Llamas practicaba un sistema de pesca para la captura de truchas,  que sólo utilizaba cuando tenía invitados a otros clérigos por culpa de algún funeral, porque de esa manera tenía menos gastos en la pitanza funeraria. Este arte para la pesca de la trucha consistía en amarrar un saco de esparto, a modo de guante, al final estrecho del conducto de madera que suministraba agua al molino, y de esta singular manera entraban las truchas en el saco. El cura otras veces taponaba la entrada de agua y secaba el cauce para pescar más peces, pero este procedimiento de pesca sólo lo utilizaba cuando los funerales eran de primera y venían más curas celebrantes.</p>
<p style="text-align: justify;">En uno de estos funerales en la parroquia de Llamas vinieron varios curas de la comarca para oficiar con don Aniceto, nada anómalo pasó durante la celebración hasta que llegado el ofertorio don Vicente, el cura de Collanzo, observando que el párroco se le había olvidado pasar el cepillo de las limosnas,  se quitó el bonete y comenzó el petitorio por toda la iglesia, cuando don Vicente llegó al presbiterio con las limosnas, don Aniceto le arrebató el bonete con violencia y con ira mientras le dijo en voz alta:</p>
<p style="text-align: justify;">-       ¡En mio casa mando yo, en la tuya to<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>!</p>
<p style="text-align: justify;">Luego en la sacristía don Aniceto les hacía la siguiente observación a don Vicente y al resto de los curas, mientras bajaba el tono de voz en plan confidencial:</p>
<p style="text-align: justify;">-  La gente abrió un güeyu<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, el día que abra el otru tenemos que cerrar la iglesia.</p>
<p style="text-align: justify;">            No quiero silenciar uno de los incidentes más sobresalientes que más fama dieron a don Ceto, el cura de Llamas. En una de las pláticas dominicales el cura planteó una queja a los vecinos del pueblo y lo hizo con estas increíbles e insólitas palabras:</p>
<p style="text-align: justify;">- El lunes de madrugada cuando vine a la iglesia desde la casa rectoral, me encontré en el atrio, justo delante de la puerta del templo, una enorme cagada -.</p>
<p style="text-align: justify;">Las risas invadieron el eco de la iglesia y rompieron en una estruendosa carcajada. El cura muy serio y sin perder la compostura continuó de esta guisa:</p>
<p style="text-align: justify;">- No os riáis porque la porná<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>no era una broma. –</p>
<p style="text-align: justify;">Los que más se reían eran los forasteros que no salían de su asombro, porque los del pueblo estaban curados de espantos. Y continuó diciendo:</p>
<p style="text-align: justify;">-  Esta cagada además es de mujer, sí, sí, no os extrañe porque estos dos dedos no engañan.-</p>
<p style="text-align: justify;"> Señalando con los dedos índice y corazón unidos con la mano derecha en alto dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">-  ¿Sabéis cómo lo supe?-.</p>
<p style="text-align: justify;">La cara de asombro de la feligresía y demás concurrencia no daban crédito a las palabras del cura.</p>
<p style="text-align: justify;">-       Porque medí la distancia que hay entre la cagada y la meada, sólo había dos dedos y estos dedos míos no engañan-.</p>
<p style="text-align: justify;">Así fue como terminó el sermón del día de Pascua de don Aniceto, el cura de Llamas. Y Aquí concluyó la metamorfosis de don Aniceto, primero en don Ceto hasta llegar a conquistar la categoría indiscutible de don Zote con esta homilía tan edificante.</p>
<p style="text-align: justify;">Don Feliciano, el canónigo, cuando escuchaba los relatos de don Aniceto, decía que más que don Zote era un mazcayu<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<div style="text-align: justify;"><br clear="all" /></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> To, esta manera de decir to por tú es una de las modalidades del bable en esta comarca.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Güeyu, ojo.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Porná, excremento, defecación.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Mazcayu, majadero, necio, grosero.</p>
</div>
</div>
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		<title>Decimosexta historia: La falsa leyenda</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Feb 2012 08:47:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alberto</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Felechosa es uno de los pueblos más señeros del concejo de Aller y a sus habitantes se les aplican mil y una anécdotas simpáticas. La realidad nada tiene que ver con la fama. Las gentes que yo conocí de Felechosa eran personas muy inteligentes, ingeniosas y emprendedoras. Fue un pueblo que dio grandes hombres al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2012/02/decimosexta1.jpg"><img class="size-medium wp-image-125 aligncenter" title="decimosexta" src="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2012/02/decimosexta1-221x300.jpg" alt="" width="221" height="300" /></a>Felechosa es uno de los pueblos más señeros del concejo de Aller y a sus habitantes se les aplican mil y una anécdotas simpáticas. La realidad nada tiene que ver con la fama. Las gentes que yo conocí de Felechosa eran personas muy inteligentes, ingeniosas y emprendedoras. Fue un pueblo que dio grandes hombres al concejo. Otros muchos que emigraron a América, hicieron pronto fortuna y siempre volvieron a su pueblo natal a disfrutarla. <span id="more-119"></span>Las anécdotas y los dichos no hacen referencia a la verdadera nobleza, inteligencia de los hombres y mujeres de Felechosa. Pero la tradición es la tradición y yo quiero contar todo lo que mis oídos de niño oyeron respecto de los felechosanos. Siempre se decía que los de Felechosa eran los de la viga atravesá. Se quería decir con ello que los vecinos de este pueblo, cuando estaban construyendo la iglesia, intentaron vehementemente meter por la puerta, en sentido transversal, un madero grueso y largo: la viga. Faltaba en aquel momento el vecino más listo, que al ver la faena que estaban intentando sus convecinos, llenó de improperios a los equivocados y esforzados trabajadores con estas palabras:</p>
<p style="text-align: justify;">- “A quién se le ocurrió meter la viga atravesá sin antes untala con mantega“<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">El poeta y bablista José Campo Castañón, perteneciente a la Tertulia Literaria Allerana ha lanzado  obras en bable “libre” y académico, en su Antoloxía tiene un poema dedicado a este tema, que quiero intercalar en versión bilingüe, y que él titula:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Falsa Leyenda</strong></p>
<p style="text-align: left;">A un llugarín que nun cito, En un lugar que no cito</p>
<p style="text-align: left;">enclavau nel altu Aller, enclavado en el alto Aller</p>
<p style="text-align: left;">llantároni un sambenito pusiéronle un sambenito</p>
<p style="text-align: left;">que ye falsu a mio entender. que es falso a mi entender</p>
<p style="text-align: left;">Dalgún maimón pregonó Algún mamón pregonó</p>
<p style="text-align: left;">que aquella gente sencilla, que aquella gente sencilla</p>
<p style="text-align: left;">fai munchu tiempu, acordó hace mucho tiempo, acordó</p>
<p style="text-align: left;">el facer una capilla. el hacer una capilla</p>
<p style="text-align: left;">Que xuntos, toos los vecinos, Que juntos, todos los vecinos,</p>
<p style="text-align: left;">trabayaron más d´un mes trabajaron más de un mes</p>
<p style="text-align: left;">trayendo piedra, tapinos<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>         trayendo piedra, tapinos</p>
<p style="text-align: left;">y llevantado parés. y levantando paredes.</p>
<p style="text-align: left;">Hasta aquí muy natural, Hasta aquí muy natural</p>
<p style="text-align: left;">nun hay na que mos sorprenda, no hay nada que nos sorprenda,</p>
<p style="text-align: left;">pero en la viga central pero en la viga central</p>
<p style="text-align: left;">está el quid de la leyenda. está el quid de la leyenda.</p>
<p style="text-align: left;">Diz esa leyenda incierta, Dice esa leyenda incierta,</p>
<p style="text-align: left;">y per tantu sagerá, y por tanto exagerada,</p>
<p style="text-align: left;">que al metela per la puerta que al meterla por la puerta</p>
<p style="text-align: left;">metíenla atravesá. metíanla atravesada.</p>
<p style="text-align: left;">Que tras tática tan mala Que tras táctica tan mala</p>
<p style="text-align: left;">y después de dura brega,     y   después de dura brega,</p>
<p style="text-align: left;">acordaron el doblala acordaron doblarla</p>
<p style="text-align: left;">untándola con mantega.      untándola con manteca.</p>
<p style="text-align: left;">¡Mentira com´una casa¡ ¡Mentira como una casa!</p>
<p style="text-align: left;">Sabemos los alleranos Sabemos los alleranos</p>
<p style="text-align: left;">que a fuerza d´untar con grasa que a fuerza de untar con grasa</p>
<p style="text-align: left;">solo doblen los paisanos. solo doblen los paisanos.</p>
<p style="text-align: left;">¿Nun lo vamos a saber ¿No lo vamos a saber</p>
<p style="text-align: left;">si munchos lo comprobaron? Si muchos lo comprobaron?</p>
<p style="text-align: left;">Les manteguines d´Aller Las mantequinas de Aller</p>
<p style="text-align: left;">¡a cuantos homes doblaron¡ ¡a cuantos hombres doblaron!</p>
<p style="text-align: left;">Persones series y fines Personas serias y finas</p>
<p style="text-align: left;">y muy respetables elles y muy respetables ellas</p>
<p style="text-align: left;">ante nuestres manteguines ante nuestras mantequinas</p>
<p style="text-align: left;">doblaron como cibielles<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. doblaron como cibiellas.</p>
<p style="text-align: left;">A fuerza de ser sinceru, A fuerza de ser sincero</p>
<p style="text-align: left;">y aunque nun creu en esfriegues y aunque no creo en esfrieguas</p>
<p style="text-align: left;">de ningún mal curanderu, de ningún mal curandero,</p>
<p style="text-align: left;">tengu fé en nuestres mantegues. tengo fe en nuestras mantecas.</p>
<p style="text-align: left;">So virtú tá tan probá Su virtud está tan probada</p>
<p style="text-align: left;">que&#8230; permitíi que lo diga: que&#8230;permitid que lo diga:</p>
<p style="text-align: left;">nun m´estrayaría ná no me extrañaría nada</p>
<p style="text-align: left;">que hubieren diblau la viga. que hubieran doblado la viga.</p>
<div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref">[1]</a> Mantega, manteca.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref">[2]</a> Tapín, pedazo de tierra cubierto de cesped.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref">[3]</a> Cibiella, vara flexible de árbol, generalmente de avellano.</p>
</div>
</div>
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		<title>Decimoquinta historia: Poema de la sidra</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2011 10:05:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[La cantina de la estación del Vasco- asturiano en San Salvador es uno de los lugares que frecuentábamos habitualmente la gente joven del pueblo, pero de una manera especial los que estábamos estudiando fuera, que aprovechábamos durante las vacaciones para pasar el rato en la tertulia  de Prada. Prada es la persona que regentaba la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-110" title="sin-titulo" src="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2011/11/sin-titulo1-300x287.jpg" alt="sin-titulo" width="300" height="287" />La cantina de la estación del Vasco- asturiano en San Salvador es uno de los lugares que frecuentábamos habitualmente la gente joven del pueblo, pero de una manera especial los que estábamos estudiando fuera, que aprovechábamos durante las vacaciones para pasar el rato en la tertulia  de Prada.<span id="more-109"></span></p>
<p>Prada es la persona que regentaba la cantina. Era un personaje singular que defino como un hombre comunicativo, cautivante, cómico, narrador, cantor, en definitiva un juglar de su época. Porque lo mismo cantaba bien un pasaje de zarzuela, de canción moderna, una tonada asturiana que un motete para la festividad del Corpus. Porque contaba con gracia las  anécdotas personales y de protagonistas legendarios de la comarca. Porque también recitaba poemas de corte regional o que tuvieran que ver con temas para la exaltación de la naturaleza. En definitiva sabía captar la atención del auditorio sin esforzarse demasiado.</p>
<p>Para que todas estas cualidades se pusieran en práctica era necesario que se dieran las condiciones propias de escena en cada momento. Sabíamos que Prada era un hombre interesado en su negocio y solíamos poner condiciones en nuestras consumiciones, exigencias que tenían que ver con la exhibición de las cualidades reseñadas. Pedíamos una botella de sidra para de esa manera incentivar a Prada para que nos recitara el poema de la sidra, claro que hasta la tercera o cuarta botella no empezaba la declamación. Este poema lo conocíamos todos los chavales del pueblo, una gran parte lo habían aprendido de memoria escuchando a Prada.</p>
<p>Tardé en hacerme de esta composición que ahora yo quiero compartir con vosotros. El texto me lo proporcionó José Prada, hijo del protagonista de esta historia. Su autor Luis de Tapia lo titula:</p>
<p style="text-align: center;"><strong><em>CANTO A LA SIDRA</em></strong></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡La manzana! ¡Oh pueblo amado!</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>A la humanidad ha dado</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡un disgusto y un placer!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡La manzana fue el pecado!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>(¡El gran disgusto de ayer!).</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Pero después la manzana,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>pulpa dulce, pulpa sana,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>fermentada en un bocoy,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>nos dio la sidra asturiana!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>(¡Que es un gran placer de hoy!).</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Adán, la poma primera</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>estrujó con tal afán</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que acaso se le cayera</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>la baba: y que sidra fuera</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>aquella baba de Adán&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Origen semidivino</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>y bien rancio y peregrino,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>es el de la sidra, a fe!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡La sidra es antes que el vino!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Adán precedió a Noé!.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Cantemos, pues, al raudal</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Espumoso de la sidra</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Que se quiebra en el cristal,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Ya que aquí no hay ley anhidra</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>O ley seca, que es igual.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra!&#8230; ¡Líquida alegría</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>de dioses, Bacos o Apolos!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra!&#8230; ¡Clara poesía!</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Topacio de romería!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Ambar del juego de bolos!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Todo asturiano te goza</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>y contido el labio roza,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>dándote a menudo un toque!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra, al amar a una moza!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra, al hacer un emboque!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Caldo de espumosos oros,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>burbujeantes, sonoros!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Líquido ambarino y gayo,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que no bebieron los moros</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>porque lo impidió Pelayo!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra! ¡Néctar delicioso</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>de origen rancio y brumoso,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que ya, el ome siglo, vio!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>(¡Hay quien dice que hasta el oso</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>de Favila, lo bebió!).</em></p>
<p style="text-align: center;"><em><a name="_GoBack"></a> ¡Sidra!&#8230; Manzana de miel</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que hizo sidra un padre fiel!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra, en la helvética liza,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>fue la libertad de Suiza!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¿No es cierto, Guillermo Tell?.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra!&#8230; ¡Licor poco fuerte</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que nos alegra y divierte!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra!&#8230; ¡Báquico regalo</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que emborracha, no convierte</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>al borracho en hombre malo!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra!&#8230; ¡Envidia de Sevilla,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>que aunque con sus vinos brilla,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>no venció a Oviedo jamás!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡La sidra no es manzanilla</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>pero es manzana que es más!.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra!&#8230; ¡Chorro que del cielo</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>cae a la tierra, de un salto,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>vertido por un mozuelo&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡La botella puesta en alto</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>y el vaso cerca del suelo!.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Sidra!&#8230; ¡compañera amada</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>de la jugosa fabada</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>con morcilla y con pernil!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Jugo de la pomarada!</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Dulce sangre del barril!&#8230;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Como bebida de ensueño</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>con un ardor no pequeño,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>y en quintillas, por más seña,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>te canta aquí un madrileño</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>harto ya del Valdepeñas!.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Madrid, en tono fetén,</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>puede cantar a la sidra!</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Y puede cantarla bien</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Porque al ser la villa isidra</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Pues tiene sidra también.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>¡Y adiós, mi lector amado:</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>conste que queda contado</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>el mejor licor que existe:</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>y que queda embotellado</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>con tal líquido, mi chiste!&#8230;</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>La decimocuarta historia: El substrato religioso 7. La Virgen del Rosario</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Oct 2011 07:40:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Virgen del Rosario, Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682) Museo nacional del Prado, Madrid, España. La conmemoración de la fiesta de Nuestra Señora la  Virgen del  Rosario fue instituida por el papa san Pío V en el día aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla naval de Lepanto (1571), victoria atribuida a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="aligncenter size-medium wp-image-103" title="scan" src="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2011/10/scan1-229x300.jpg" alt="scan" width="229" height="300" />La Virgen del Rosario, Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682)</em></p>
<p><em>Museo nacional del Prado, Madrid, España.</em></p>
<p><strong><em>La conmemoración de la fiesta de Nuestra Señora la  Virgen del  Rosario fue instituida por el papa san Pío V en el día aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla naval de Lepanto (1571), victoria atribuida a la madre de Dios, invocada por la oración del rosario. El papa designó el siete de octubre de cada año para conmemorar esta</em></strong><em> <strong>fiesta cristiana. Es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.<span id="more-104"></span></strong></em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Recuerdo homenaje a la Patrona de San Salvador </strong></p>
<p>Las primeras enseñanzas religiosas las recibí de mis padres, de la familia de doña Fermina y en el catecismo semanal que había en la parroquia de San Salvador todos los domingos del año. Estos primeros pasos en mi aprendizaje religioso son lo que yo denomino el substrato religioso.</p>
<p>Las primeras oraciones que conozco nacen del hábito al que mi madre nos acostumbró diariamente a la hora de las comidas y de acostarnos. También nos inculcó su devoción mariana y la fe que mi padre tuvo siempre en la Virgen del Rosario, patrona de San Salvador. Cuando tuvimos uso de razón, mi madre fue exigente con nosotros en el cumplimiento dominical y en las obligaciones que derivaban  del año litúrgico, así como la asistencia inexcusable al catecismo en la Iglesia del pueblo todos los domingos. Recuerdo como también rezábamos juntos el rosario en casa, de una manera especial, en aquellas ocasiones más delicadas por las que pasó nuestra familia.</p>
<p>Siendo yo muy niño, recuerdo la visita que nos hizo la imagen de Nuestra Señora del Rosario a nuestro domicilio por motivo de una larga enfermedad por la que pasó mi padre. Por aquellos días se celebraban unas jornadas misioneras en la parroquia de San Salvador y cada día visitaban en procesión la casa de alguno de los enfermos del pueblo, dejando la imagen de la Virgen toda la noche en nuestro domicilio.</p>
<p>Mi madre fue siempre muy aficionada al cultivo de las plantas y tenía gran variedad de ellas en el largo corredor de nuestra vivienda, el segundo piso de la casa de doña Fermina. Cuidaba tan bien las plantas que las vecinas del pueblo la animaron a presentar alguna de ellas en el concurso provincial que organizaba todos los años la Diputación Provincial de Oviedo y en el que ganó el primer premio con un cactus<a name="_GoBack"></a> hermoso que adornaba el comedor de la casa. En aquella ocasión engalanó toda la escalera de la casa con las plantas para recibir a la Virgen, improvisó un altar en la habitación, donde estaba acostado mi padre, sobre un gran mueble palanganero de madera tallada, con una luna horizontal, con la encimera de mármol rosa y la palangana central de cerámica blanca. Tapó con sábanas todo el mueble y lo adornó con floreros cuajados de rosas y ramas verdes, candelabros de cristal con las velas que alumbraron durante toda la noche a la Virgen de Rosario.</p>
<p>Tener tan cerca de mí, por primera vez, la imagen de Nuestra Señora, fue una impresión inolvidable. La miré con respeto, con fe, con esperanza, con ojos de niño y corazón limpio. Tenía el Niño Jesús sobre un brazo y sobre el otro colgaba el rosario de nácar blanco. Me impresionaron y aterrorizaron los agujeros de los balazos que sufrió la imagen durante la guerra civil. Cuando nos quedamos solos con la Virgen, nos pusimos de rodillas y rezamos el rosario todos en familia. Luego acerqué una silla hasta el improvisado altar, me encaramé en ella, alargué la mano para tocar el manto, besé los pies de la Virgen con cariño. Fue una emoción muy parecida a la del beso limpio de niño enamorado, pero más sagrada, más espiritual, más llena de agradecimiento por el privilegio de la visita de la Señora.</p>
<p>Nunca más se borró de mi mente la imagen serena y tranquila de Nuestra Señora del Rosario que sanó la larga enfermedad de mi padre.</p>
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		<title>La Decimotercera historia: La Foguerona de San Juan</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jun 2011 07:45:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La plaza de San Salvador era el lugar de celebración de la noche de San Juan, donde se prendía fuego a la hoguera, la &#8220;foguerona&#8221; de San Juan, como así se llamaba en toda la comarca del alto Aller. En Asturias no es la hoguera exclusiva de este día, aunque sí es ritual generalizado en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La plaza de San Salvador era el lugar de celebración de la noche de San Juan, donde se prendía fuego a la hoguera, la &#8220;foguerona&#8221; de San Juan, como así se llamaba en toda la comarca del alto Aller.</p>
<p>En Asturias no es la hoguera exclusiva de este día, aunque sí es ritual generalizado en la noche del 23 de junio. A. del Llano<a name="_ftnref" href="#_ftn1">[1]</a> descubre la costumbre de encender la &#8220;foguera&#8221; la víspera de la fiesta del pueblo, delante de la iglesia o ermita. En Aller el fuego es inherente a las fiestas, hasta el punto de que por extensión, la &#8220;foguera&#8221; forma parte del conjunto de manifestaciones públicas que tienen lugar el día anterior a la festividad.</p>
<hr size="1" /><a name="_ftn1" href="#_ftnref">[1]</a> Llano Roza de Ampudia, A de, Del folclore asturiano, Oviedo 1977.</p>
<p><span id="more-100"></span></p>
<p>Los niños éramos los más madrugadores a la hora de traer las ramas, hojas, palos y pequeños troncos para preparar la hoguera. Desde las primeras horas de la tarde del 23 de junio hasta el anochecer juntábamos toda clase de material combustible, sobre todo troncos secos de árboles, que arrastrábamos hasta la plaza amontonándolos cuidadosamente. Al anochecer los mozos del pueblo comenzaban a traer leña y los niños quedábamos en la plaza expectantes hasta la hora de encender la hoguera. Siempre eran los mozos del pueblo los encargados de esta obligación, pero antes del encendido se iban acercando todos los vecinos en torno al montón de leña. Se encendía la hoguera y enseguida tomaba grandes proporciones iluminando la plaza de San Salvador.</p>
<p>Los vecinos, cogidos de la mano formaban un cordón humano para danzar alrededor de la hoguera. Los mozos y las mozas entonaban las canciones tradicionales de la noche de San Juan. Había una cierta rivalidad entre unos y otras a la hora de poner letra a las tonadas. A través de estas canciones se daba un repaso a los acontecimientos más importantes que habían sucedido a lo largo del año. Los poetas del pueblo colaboraban en la confección de los ripios de la noche de San Juan, aunque también aparecía el ingenio espontaneo de las mozas y los mozos a la hora de bromear sobre las relaciones amorosas de alguno de ellos.</p>
<p>En el Cancionero musical de la lírica popular asturiana de E. Martínez Torner aparecen ciertos cantares populares, algunos de ellos muy conocidos que informan del sentido de la &#8220;foguera&#8221; en fecha tan señalada:</p>
<p>¡Señor San Juan!</p>
<p>En la foguera</p>
<p>Ya no hay que quemar.</p>
<p>¡Viva la danza!</p>
<p>Y los que en ella están.</p>
<p>¡Señor San Juan!</p>
<p>Coplas nacidas al calor de la hoguera de la noche de San Juan puestas en boca del pueblo:</p>
<p>Yo, si voy a la foguera</p>
<p>No voy a la romería</p>
<p>Que mi padre no me deja</p>
<p>Andar de noche de día.</p>
<p>Cuando el fuego bajaba de intensidad y se habían terminado las danzas y tonadas, comenzaba el rito del salto de la hoguera por parte de los mozos. En el cancionero antes citado aparece el salto de la hoguera:</p>
<p>Amor es fuego</p>
<p>Quien no se atreva</p>
<p>A saltar las llamas</p>
<p>Que no me quiera.</p>
<p>Los saltos de los mozos resultaban un espectáculo más de la noche de San Juan. Al principio lo hacían ayudándose de un palo a modo de pértiga y cuando había bajado la intensidad de las llamas saltaban sin ninguna ayuda. Siempre se producía alguno que otro percance por parte de los hombres más maduros que presumían de jóvenes, cuando intentaban saltar la hoguera y terminaban chamuscándose las posaderas. Estos incidentes los aprovechaban los poetas para reproducirlos en los ripios que se fueran a cantar en la próxima &#8220;foguerona&#8221; de San Juan.</p>
<p>Guardo un recuerdo muy alegre, divertido y luminoso de la &#8220;foguerona&#8221; de San Juan en la plaza de San Salvador.</p>
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		<title>La Duodécima Historia: La Fiesta del Gallo en la Escuela de San Salvador</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Oct 2010 09:52:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La escuela juega un papel importante en estos recuerdos de mi infancia. La época del segundo grado en la Escuela de San Salvador la veo con más claridad, porque ya tenía entre siete y ocho años. Conservo la fotografía de la clase con la figura de don Juan, el maestro, sobresaliendo por encima de todos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-93" title="01" src="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2010/10/0111.jpg" alt="01" width="331" height="249" />La escuela juega un papel importante en estos recuerdos de mi infancia.</p>
<p>La época del segundo grado en la Escuela de San Salvador la veo con más claridad, porque ya tenía entre siete y ocho años. Conservo la fotografía de la clase con la figura de don Juan, el maestro, sobresaliendo por encima de todos nosotros.</p>
<p>Don Juan era como un personaje sacado fuera de su época, muy alto, al menos así lo recuerdo, tenía el bigote poblado de canas, un hombre muy corpulento y bonachón que daba miedo sólo una vez al año, cuando ya acabábamos con su concienzuda paciencia.<span id="more-92"></span></p>
<p>Todos los días al atardecer daba su paseo camino de la Iglesia con su esposa. Don Juan era grande, humilde, fuerte, despreocupado y de buen humor. Iba siempre tocado con un sombrero verde de ala corta que parecía sacado del baúl de los recuerdos. Resultaba una pareja graciosa tanto por el contraste físico como por el psíquico.</p>
<p>Don Juan era muy cariñoso con todos nosotros y nos trataba de igual manera sin tener en cuenta condición, familia o posición. Valoraba muy positivamente los conocimientos más que el comportamiento. Con frecuencia nos hacía competiciones eliminatorias con la tabla de multiplicar y conjugando los verbos. Me tenía en gran aprecio y cariño.</p>
<p>Todos los años por la primavera se celebraba el día del gallo, llamado así porque obsequiábamos un hermoso gallo al señor maestro en ese día. Los alumnos ponían una cantidad de dinero para hacer la compra. Competíamos con los demás cursos para que el capón que le regalábamos a don Juan fuera mejor que los gallos que llevaban los niños de  los otros cursos.</p>
<p>Los alumnos de segundo grado compramos un gallo a una de las señoras que venía todos los viernes al mercado  a vender pollos y gallinas. Lo guardamos en el gallinero que tenían los Petimalé dentro del establo de caballos de tiro para el reparto de pan y para el uso de otras funciones en la mina. En la cuadra también se guardaba una vaca lechera con ternera, propiedad de la abuela Mercedes, para el consumo diario.</p>
<p>Al día siguiente de la compra en el mercado, convocamos a todos los compañeros de la clase para enseñarles el animal. No gustó mucho a la concurrencia porque era un pollo de plumas grises y aparecía en su comportamiento un poco tristón. Los compañeros se encapricharon de un gallo de mejor aspecto, más alegre, de buenos espolones, con las plumas negras y rojizas brillantes, que cantaba en el gallinero. Este hermoso ejemplar, como era el dueño del corral, salía desafiante y ufano presumiendo de sus dominios.</p>
<p>La presencia era un factor importante para todos nosotros, porque había que entregarlo engalanado con cintas de colores, caramelos, incluso algún puro y otros adornos prácticos. La fortaleza era tan importante como la presencia, porque una vez despojado de este ajuar lo llevábamos a pelear con los otros gallos de los cursos de primero y tercer grado. No me quedó otro remedio que encabezar la comitiva que convenciera a mi madre para que nos cambiara un gallo por otro. Digo que no fui de buen grado, porque yo acompañaba muchas veces a mi madre, cuando echaba de comer a las gallinas,  y sentía cierta pena por el calvario que esperaba al pobre animal en el día del maestro. Por esta razón prefería yo que hubiera sido un gallo desconocido para mí, no obstante primó la responsabilidad y encabecé e hice de portavoz del resto del grupo ante mi madre. Ella cedió al cambio, no sin antes advertirnos las claras diferencias entre ambos pollos y que sólo por tratarse de una ocasión tan singular  pasaba por tan mal negocio.</p>
<p>Resultaba muy emocionante la entrega del gallo al señor maestro. Los estudiantes accedíamos con normalidad en el aula, mientras uno de nosotros se quedaba fuera de la clase para que, cuando ya estuviéramos en silencio simulando que estudiábamos, entrara de repente a la clase  y arrojara el gallo desde unos tres metros de distancia sobre don Juan, que lo recibía alegremente fingiendo la sorpresa. Desde este momento comenzaba la fiesta en toda la escuela, porque al mismo tiempo se reproducía la escena en el resto de las aulas de los otros cursos.</p>
<p>Los alumnos, en esta costumbre ancestral, eran los que ponían la fecha secreta para que no se enteraran los maestros y maestras, pero que era de dominio público en todo el pueblo.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-97" title="021" src="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2010/10/022111.jpg" alt="021" width="310" height="419" /></p>
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		<title>La Undécima historia : El substrato Religioso 6.                              Los veladores alegres</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Aug 2010 06:06:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esta conducta plañidera, ya en desuso, de las mujeres del alto Aller en los entierros, contrastaba con el proceder más alegre y poco edificante de los veladores en las casas de los fallecidos. En este caso los hombres eran los protagonistas de velar a los difuntos desde la media noche hasta la madrugada. Las mujeres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta conducta plañidera, ya en desuso, de las mujeres del alto Aller en los entierros, contrastaba con el proceder más alegre y poco edificante de los veladores en las casas de los fallecidos. En este caso los hombres eran los protagonistas de velar a los difuntos desde la media noche hasta la madrugada. Las mujeres y vecinas de la familia eran las que preparaban café  y proveían de anís y coñac en abundancia, para que no faltara de nada a los sacrificados trasnochadores. Esta práctica solía jugar alguna mala pasada a los familiares del muerto cuando se excedían en su generosidad con los licores.<span id="more-88"></span></p>
<p>No quisiera pasar por alto el suceso que ocurrió en Bello, un pueblo cercano a San Salvador, que aunque pudiera interpretarse como macabro, no debiera tener esta significación porque el uso de los licores era costumbre común en los velatorios de muchos pueblos de Asturias. Este episodio, aunque fue muy comentado en toda la comarca, me lo contó uno de los protagonistas de la historia. Resultó que el exceso de alcohol llevó a alguno de los más jóvenes a la incontinencia de la canción asturiana, este hecho actuó de estímulo para el resto de los veladores que acto seguido acompañaron al protagonista cantando todos juntos a coro. Tanto se animó la reunión que uno de los presentes quiso traer al gaitero del pueblo para que los acompañara en sus tonadas. Al escuchar esta petición, uno de los familiares replicó a los asistentes de esta manera:</p>
<p>- Cantar, cantar lo que queriáis, pero de gaita nada.</p>
<p>Este dicho corrió por toda la comarca como reguero de pólvora y es el día de hoy que todavía se dice, aunque muchos no sepan su origen.</p>
<p>Con estas historias sacadas de la realidad pretendo contar lo que mis ojos y oídos de niño vieron, escucharon y las impresiones que me causaron, en modo alguno tienen la más mínima intención crítica. Las he sacado en el capítulo del substrato religioso porque, de alguna manera, tienen que ver con este contexto. Vienen a ser como las acotaciones de este relato que nos dibujan las costumbres funerarias de las gentes de los pueblos del Alto Aller.</p>
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		<title>La Décima Historia: El Substrato Religioso 5</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jun 2010 08:50:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las plañideras parlanchinas La segunda historia como monaguillo me ocurrió en un entierro en San Salvador, en el que también actúa como celebrante don Marcelino. Cuento este pasaje porque hace referencia a la tradición popular, muy allerana, del comportamiento de los familiares del difunto, en sus manifestaciones de dolor, en el momento de iniciarse la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><strong>Las plañideras parlanchinas</strong></span></p>
<p>La segunda historia como monaguillo me ocurrió en un entierro en San Salvador, en el que también actúa como celebrante don Marcelino. Cuento este pasaje porque hace referencia a la tradición popular, muy allerana, del comportamiento de los familiares del difunto, en sus manifestaciones de dolor, en el momento de iniciarse la comitiva desde la casa mortuoria. Ese día de nuevo llevaba el incensario, pero nada anómalo me ocurrió por causa de este brasero colgante, fueron las circunstancias que rodearon al entierro las que me causaron sorpresa, sobre todo el proceder  de los familiares y del celebrante.</p>
<p><span id="more-83"></span>Los monaguillos llegamos con el cura hasta la entrada de la casa, mientras cuatro hombres sacaban el féretro delante de la puerta. Don Marcelino inició las oraciones funerarias propias del ritual e hizo seña a los portadores del ataúd para que iniciaran la marcha. Tres monaguillos con la cruz alzada y dos ciriales abrían el cortejo. A continuación una corona usada de flores de tela morada llevada por tres jovencitas, una la aguantaba y las otras dos enseñaban, una a cada lado, las cintas moradas con letras de plata que salían del centro. El cura, acompañado por otros dos monaguillos que portábamos el incensario y el calderín de agua bendita con el hisopo, seguía detrás del ataud. Cuando ya se había iniciado la procesión funeraria y recorrido unos veinte metros desde la casa, camino de la plaza del pueblo, aparecieron en el balcón las hijas del difunto profiriendo tales gritos de dolor que sería difícil mejorar por cualquiera otra plañidera al uso.</p>
<p>No sólo fueron las voces, las que me causaron sorpresa y sobresalto, sino también lo que decían:</p>
<p>- ¡Adiós padre del alma!</p>
<p>- ¡Da recuerdos a madre!</p>
<p>- ¡Si vieras la cantidad de gente que vino al entierro, no te lo                    creerías!</p>
<p>- ¡Los señores de Oviedo te trajeron una corona!</p>
<p>- ¡Si supieras quién se atrevió a venir!Hablaban con el difunto desde el corredor de la casa, como si de un resucitado se tratara. Se despedían de él, le mandaban mensajes para los familiares ya difuntos, le decían las gentes que habían venido al entierro e incluso le comentaban, sin decir el nombre, que había venido un hermano suyo con el que no se hablaba. Daba la impresión que el difunto las oía pero no nos veía, ni sentía al resto de la comitiva. Ante el escándalo producido por las mujeres don Marcelino se detuvo, giró el cuerpo hacia la casa y miró al balcón a la vez que decía:</p>
<p>- ¡No es para tanto! . !No es para tanto! .No sirvió de nada el juicio de valor e indiferencia del cura. Las hijas siguieron despidiéndose de su padre a su manera, mientras el resto del cortejo continuábamos camino del cementerio.</p>
<p>Esta práctica de hablar con los difuntos en el momento de la separación de la familia y del domicilio, era muy usual en las zonas del alto Aller, según pude comprobar por testigos presenciales así como por experiencias propias. Comentando este acontecimiento me ilustraron con otros que habían vivido ellos y que por no tener costumbre de verlos llegaron a producirles risa. Me refiero a un entierro en Felechosa donde una tía de la difunta, siempre las mujeres son las protagonistas de este comportamiento, salió a la ventana de la casa para despedirse y narrarle a la difunta, en este caso, la cantidad de coronas que llevaba, diciéndole a voz en grito:</p>
<p>- Una corona, dos coronas, tres coronas, cuatro coronas, cinco coronas. ! Mante!. ! !Cuántas coronas chevas<a name="_ftnref" href="#_ftn1">[1]</a>! .</p>
<p>Es lógico que la persona que no esté acostumbrada a estos monólogos funerarios, le resulte sorprendente e incluso le produzcan risa.</p>
<hr size="1" /><a name="_ftn1" href="#_ftnref">[1]</a> Chevas, llevas.</p>
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		<title>La Novena Historia: El Paisanaje de San Salvador 5</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Apr 2010 10:40:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las Inquietudes científicas de Juaco el de Soto Presumía Prada de conocer cada rincón de  la comarca y los cuentos  más atractivos de los personajes graciosos que allí vivían. Prada gozaba contando las historias y las inquietudes filosóficas de un paisano que los de la comarca llamaban Xuaco el de Soto. - Xuaco el de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las Inquietudes científicas de Juaco el de Soto</strong></p>
<p>Presumía Prada de conocer cada rincón de  la comarca y los cuentos  más atractivos de los personajes graciosos que allí vivían. Prada gozaba contando las historias y las inquietudes filosóficas de un paisano que los de la comarca llamaban Xuaco el de Soto.<span id="more-79"></span></p>
<p>- Xuaco el de Soto  -decía Prada  fanfarroneando de conocer la psicología humana-¬¬ era un hombre que no sabía leer ni escribir pero que tenía una inteligencia natural poco común. Preguntaba por los interrogantes que le planteaban algunas afirmaciones científicas que todo el mundo daba por verdaderas pero que él quería confirmar con su propia mente.</p>
<p>- Sabéis la costumbre que tengo de pasear a la orilla del río todas las tardes que hace buen tiempo. Recorro el camino de la vía del ferrocarril  hasta llegar a la altura de Soto. Cuando Xuaco quiere plantearme alguno de los interrogantes que le inquietan, me espera, como haciéndose el encontradizo, para de esa manera iniciar la conversación que le lleve a sus indagaciones. Uno de estos días, después de los saludos de rigor, vi que estaba inquieto y enseguida me habló en un asturiano típico de Aller con estas palabras:</p>
<p>- Oye Prada, ven acá un ratín. Ye que quiero prenguntate por algo que desde hace tiempo me viene preocupando y que todo el mundo da por hecho pero que yo nun lo tengo tan claro.  -Aquí Prada decía con mucho énfasis y poca humildad que Xuaco siempre le había tenido por una persona muy culta-. Ye el rompecabezas que to el mundo dice y que nadie me sabe explicar, de que la tierra ye reonda y da vueltes. Pa mi que ye imposible. –Entonces coge dos piedras de la orilla del río, una más grande y plana por una de las partes y la otra pequeña que deposita sobre la parte plana de la primera, a la vez que me dice-.  Imagínate que esto ye la chomba  el mundo -señalando  la parte plana de la piedra-, esta piedrina piquiñina ye un paisanín sentau. Si yo le diera la vuelta a la piedrona cayería la piedrina piquiñina que ye el paisanín sentau. ¿Quieres explícame, tú que sabes tanto, esti acertiju que te dexo?.</p>
<p>- Yo, -continuó Prada muy ufano-, seguí paseando sin aparentar importancia a sus planteamientos científicos y le dije:</p>
<p>- Xuaco,  ¿tú de guaje fuiste alguna vez a castañes?</p>
<p>- Que coses tienes, fui munches veces y non sólo de nenu, tamién de paisano.</p>
<p>- Xuaco, ¿cuando tenías la cesta llena de castañes, nunca  se te ocurrió agarrarla por el asa con el brazo extendido, comenzaste a darle vueltas rápido con fuerza sobre ti mismo y observabas que las castañas no caían?. Xuaco abriendo unos ojos como platos me contestó:</p>
<p>- ¡Coño¡. Ahora si que me jodiste.</p>
<p>- Xuaco se despidió y marchó muy pensativo.</p>
<p>A los pocos días me estaba esperando en Santana,  muy cerca del mismo lugar de la otra vez. Observo que está muy inquieto y casi sin saludarme me dice:</p>
<p>- Oye Prada, llevo varios días pensando sobre la solución que me dixiste y se me plantea facete una pregunta: ¿ pe les ases de la cesta tengo yo pero pe les ases del mundo quién tien?.</p>
<p>- Hoy tengo mucha prisa y no puedo pararme a hacer filosofía contigo, así que ya lo discutiremos otro día.</p>
<p>- Con esta evasiva fue como me zafé del aprieto en que me metía el tiu Xuaco-.</p>
<p>MORALEJA:<br />
Algunos progrecientíficos destilan el mismo rigor que Prada con Juaco el de Soto</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-81" title="Las Inquietudes científicas de Juaco el de Soto" src="http://www.opinioneslibres.es/anecdotaseironiasdesdecabomayor/wp-content/uploads/2010/04/casa-machote11.jpg" alt="Las Inquietudes científicas de Juaco el de Soto" width="480" height="539" /></p>
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		<title>La Octava Historia: El Paisanaje de San Salvador 4</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 10:38:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ramonín el pobrecillo valiente Ramonín el de Cuérigo era uno más de estos personajes que forman el retablo del paisanaje del alto Aller. Aparecía todos los viernes que era mercado en San Salvador en busca de limosna. Tenía su propio recorrido selectivo y seguro por las casas de los vecinos. Comenzaba por la rectoral, porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ramonín el pobrecillo valiente</strong></p>
<p>Ramonín el de Cuérigo era uno más de estos personajes que forman el retablo del paisanaje del alto Aller. Aparecía todos los viernes que era mercado en San Salvador en busca de limosna. Tenía su propio recorrido selectivo y seguro por las casas de los vecinos. Comenzaba por la rectoral, porque él venía andando desde Cuérigo, y ésta era la primera casa del pueblo que se topaba. Desde aquí hasta al mercado iba recorriendo las viviendas que él sabía más caritativas, de esta manera recalaba a media mañana en la fonda de los Petimalé a recibir las once. Visitaba todos los comercios y chigres pidiendo limosna, cerraba su recorrido siempre comiendo en casa  de la familia de doña Fermina y allí se unía a los demás pobres conocidos que habían venido al mercado. Todos ellos sabían de la buena acogida y cariño que la familia de doña Fermina les dispensaba.<span id="more-77"></span></p>
<p>Ramonín es de la misma estatura y cuerpo que su nombre indica. No llegaba a la talla normal de milicia, era flacucho, desmirriado como el gato famélico de Sinforosa. Tenía los ojos azules y vivarachos, la nariz chata, la cara con las arrugas de una castaña pilonga, el atuendo de mahón limpio con remiendos gastados en la culera y en las articulaciones. Era una pequeña y simpática marioneta en la feria de San Salvador. Su candidez y simpatía hacían buenas migas con los niños del pueblo. No pasaba lo mismo con los más mozos que aprovechaban la ocasión de la visita para disfrutar de la inocencia ocurrente de Ramonín.</p>
<p>Los mentideros del pueblo hacían a Ramonín hijo de don Ruperto, un desaparecido hidalgo apolillado e ignorante, casado con doña Imelda, la cacique más influyente de la comarca durante los años veinte y siguientes. Esta mujer hizo a don Ruperto alcalde del  concejo de Aller a pesar de que eran de dominio público los pocos conocimientos que tenía. A sus espaldas las gentes del pueblo lo llamaban “treinta y once”, porque solo sabía contar hasta treinta y nueve, a partir de este número decía treinta y diez, treinta y once, etc..</p>
<p>Esta pareja de hidalgos vivían en una mansión solariega de San Salvador, casa esta donde había servido, por algún tiempo, la madre de Ramonín.  Esta circunstancia sirvió para que un grupo de estudiantes gastara la broma que yo quiero contar.</p>
<p>Desde  San Salvador a Cuérigo hay una hora larga de caminata. Ramonín tenía que pasar por varios pueblos, pero también andaba por lugares poco habitados. El grupo de estudiantes bromistas esperó el paso de Ramonín en uno de los rincones del camino que denominan la curva de Levinco, porque es la última curva antes de llegar a este pueblo. La curva tiene, por el lado de la montaña, un muro natural de piedra caliza que sube inclinado unos diez metros por encima del camino, por el otro un precipicio que conduce al río Aller. Los pícaros se situaron por encima de esta pared natural, porque era imposible que los caminantes pudieran descubrirlos. Urdieron una aparición burlesca del fantasma del presunto padre de Ramonín, a la vez que uno de ellos, con voz de ultratumba exclamaba:-  ¡ Ramonín ¡  ¡ Raa – moo – niin – niin ¡<br />
Ramonín aturdido y sobresaltado por aquella voz del cielo exclamó.<br />
-  ¿Quién me llama?<br />
La voz continuó  profiriendo:<br />
-  Soy tu paadree. Soy tu paadree&#8230;<br />
Ramonín que era muy vivaracho e inocente contestó:<br />
-  Yo no tengo padre.<br />
La voz con más intensidad y casi sin dejarle acabar recitó:<br />
- Soy tu padre y estoy en el purgatorio. Tienes que encargarme unas misas gregorianas en la iglesia de San Salvador.<br />
Ramonín muy enfadado con su presunto padre le gritó:<br />
- Nunca te acordaste de mí en vida. Así que a quien dejaste las perras que te pague las misas.</p>
<p>MORALEJA:<br />
En tiempo de elecciones debemos aplicar la filosofía de Ramonín</p>
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