Al portero quebrado
A Zamoruca, portero racinguista quebrado y admirado, con motivo de su homenaje encendido por la Asociación Cántabra de Entrenadores en julio de 2004.
Quebrado por el choque de su alado,
húmedo húmero, prolongado y seguro,
se deslizó camino del futuro,
húmedo húmero quebrado en dos quebrado.
Bajo la lluvia en el Metropolitano
atrapas gotas de trágicos instantes,
gotas falsas de oro y de diamantes,
hasta donde podrá alcanzar tu mano.
Donde zumban las botas en orgías,
donde la hierba es tuya y embarrada,
tu envoltura de brisa, resbalada,
se estira límpida sin odas ni elegías.
Pero la caza del balón se ha equivocado,
y con puerta salvada,
húmedo húmero quebrado en dos quebrado,
escribes el final de la jugada.
“Oso rubio de Hungría” le llamaron,
era también valiente guardameta
y su sangre vertida, y su regreso,
emocionaron la oda del poeta:
“Nadie se olvida, nadie, nadie, nadie…”,
“el cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan…”
y Alberti acaba casi como empieza:
“No nadie, nadie, nadie”, dice.
Entre el “tumulto de breves pantalones”
otro portero herido, sin victoria,
Manuel Soler su nombre,
intercepta “el momento más bello de la historia”,
tumbándose en el viento,
y sobre lágrimas de apenada elegía,
Miguel Hernández no se olvida.
No se olvidaron del mejor, tu ídolo:
“Por ti, Ricardo, en que fundó la aurora
del fútbol español su luz crecida”…
Casi perfecto menos en la herida,
Zamora en ti vestido, ayer y ahora.
Se olvidaron de ti en los hospitales,
con médicos jugando con tus huesos,
sin lírica, sin épica tus gestos,
tu saque a bote pronto,
tus saltos en lo alto siempre honestos,
tu atención plena debajo de los palos,
tu portería a cero.
Con “doradas insignias”,
“cerradas, por ti abiertas”,
cincuenta años después has regresado,
húmedo húmero quebrado en dos quebrado,
sobre el aire del área, como pájaro herido,
con bandadas de amigos.
Ya inútil para el vuelo, tu corta ala quebrada
se despliega gigante entre polluelos.
Tanto vuelo que empolla, tanto vuelo,
que vuelan lo que tanto no has volado,
y ansiosos de volar, por volar vuelan
a Zamoruca, portero no olvidado.