SPIRO AGNEW
Estos días nos sorprendemos con la dimisión de un diputado como vocal de la comisión de Seguridad Vial en el Congreso, por haber soplado más de la cuenta y ponerse al volante. Las opiniones que se han oído al respecto son de todo tipo: desde aquellos que ponen el grito en el cielo al saber que duplicaba la tasa de alcohol en sangre permitido, hasta aquellos otros que lo que les indigna es que volviese de copas a las siete de la mañana de un día de trabajo, independientemente de que lo hiciese al volante, en taxi o a gatas. ¿Que hace un diputado a esas horas de copas en pleno periodo de sesiones?
Pues ya lo ha explicado él mismo; estaba de despedida de soltero. Yo creo que no hay que dar mas vueltas al asunto y la única moraleja que tenemos que sacar es que debemos tener más respeto al volante. Siempre nos tomamos muy a la ligera ese asunto y por desgracia puede tener consecuencias fatales, mucho peores que el perder un escaño. Pero no olvidemos una cosa, la diligencia que hay que tener para ser diputado es la misma que para ser un profesor, ser padre de familia o ser juez, por ejemplo. Y ningún profesor, ni padre, ni juez, se le hace dimitir de profesor, ni de padre, ni de juez, por superar el límite permitido al volante. Por lo tanto el rasero aplicado con este diputado, debe ser el mismo.
No obstante, esta situación que ha hecho poner en peligro una carrera política, me trae a la cabeza deslices que han truncado recorridos más ambiciosos.
A cualquier persona a la que le pidas nombres de políticos de Estados Unidos te recitará sin duda una serie de ex-Presidentes: Washington, Adams, Lincoln, y todos los recientes; Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush etc.
Pero difícilmente alguien incluirá en esta lista de políticos norteamericanos el nombre de Spiro Agnew.
Pues aunque este nombre nos resulte tan raro, Spiro Agnew pudo haber sido el trigésimo octavo Presidente de los Estados Unidos de América en 1974.
Un desliz, complicado con otros asuntos más turbios, provocó que este nombre ya no se encuentre entre los protagonistas de la historia contemporánea.

Sepamos algo más de él. Spiro Agnew (1918-1996) era hijo de un inmigrante griego llamado originariamente Theodore Anagnostopoulos, pero que cambió su apellido al llegar a América, como otros muchos extranjeros. Inició la carrera de química, pero pronto se enroló en el ejército y fue movilizado con motivo de la 2ª Guerra Mundial, combatiendo en el frente de Francia, siendo condecorado por ello.
A su vuelta tras la guerra, comenzó a trabajar como agente de seguros y empleado de una tienda de alimentación, mientras estudiaba derecho en el turno de tarde de la Facultad de Leyes de la Universidad de Baltimore.
A partir de ahí su ascenso político fue meteórico. Comenzó a trabajar como voluntario en las campañas electorales del Partido Republicano. Debido a su formación jurídica le propusieron para diversos cargos judiciales electivos. Posteriormente en 1962 ganó las elecciones en el Condado de Baltimore.
A pesar de que Maryland no era una plaza fácil para los republicanos, Spiro Agnew accedió a presentarse como candidato a Gobernador de dicho Estado en 1966. La ocasión no pudo ser mas propicia, puesto que el Partido Demócrata presentó a un candidato que apoyaba políticas segregacionistas, mientras que Agnew era un hijo de inmigrantes. Ganó de calle.
Pero en su meteórica carrera, el salto mas espectacular lo dió cuando Richard Nixon le propuso para acompañarle como candidato a Vicepresidente, en la Campaña Presidencial de 1968. Nixon no tenía especial relación con el Gobernador de Maryland. Además, éste había mostrado públicamente su preferencia por Nelson Rockefeller como candidato republicano en lugar de Nixon. El tercer “pre-candidato” republicano a la Presidencia era el Gobernador de California, Ronald Reagan.
Pero precisamente Agnew encarnaba la integración de los inmigrantes en el Partido Republicano, y tenía estrecha relación con los Gobernadores de los Estados de la Costa Este, con los que Nixon estaba enfrentado. Durante la Convención Republicana, un grupo de delegados intentó deslegitimarle llamándole “Spiro Quién?” ironizando sobre su escasa trayectoria política y el desconocimiento de su figura por el electorado en general.
La campaña fue dura y Spiro Agnew fue muy criticado. El Partido Demócrata difundió un spot publicitario en el que se oía una carcajada mientras aparecía un cartel que decía “¿Spiro Agnew Vicepresidente?”. A pesar de ello, el resultado no pudo ser mejor, pues ganaron en la mayoría de los Estados, y con ello la Presidencia.
Su rol en la Casa Blanca fue el de azote de la oposición, lo que en el argot político americano se designa con el prometedor nombre de “el hombre del hacha”. Se consideró a sí mismo, como “la voz de la mayoría silenciosa”, en referencia a la inmensa mayoría de los americanos que no participaban en las multitudinarias manifestaciones anti-guerra de Viet-Nam.
No obstante, este matrimonio de conveniencia dentro de la familia republicana, pronto empezó a hacer aguas. Agnew apenas despachaba con Nixon. El castillo de naipes comenzó a desmoronarse. Por un lado, el escandalo Watergate; por otro los cadáveres en el armario que guardaba Spiro Agnew de su breve etapa como Gobernador.
En 1973, Agnew fue acusado de haber aceptado sobornos por valor de 29.000 dólares durante su mandato como Gobernador de Maryland. Lo que detonó esta acusación, fue una inverstigación de Hacienda por no haber declarado esos ingresos; un desliz parecido al de ser juez y cobrar dos sueldos mientras se está por el mundo; ¿conocen a alguno? Agnew utilizó un recurso legal existente en derecho procesal penal estadounidense, conocida por la expresión latina “nolo contendere”. Literalmente significa “no entro a discutirlo”. No es exactamente un allanamiento. El propio Agnew definió la figura de manera muy gráfica: “no he hecho nada de lo que se me acusa, pero juro que no lo volveré a hacer”. Mas claro, agua.
Como consecuencia de su descrédito, Spiro Agnew dimitió. Por primera vez se utilizó la Vigésimo Quinta Enmienda de la Constitución americana, que permite al Presidente designar al Vicepresidente ante la dimisión, destitución o muerte del predecesor. Cuando Lindon B. Jonhson fue designado Presidente tras el asesinato de Kennedy, no nombró Vicepresidente, y agotó el mandato en solitario. Paradójicamente, la segunda vez que se utilizo la Vigésimo Quinta Enmienda fué para que Ford nombrase a su Vicepresidente tras la dimisión de Nixon.
El favorito de Nixon era John Connally, quien fuera Gobernador de Texas cuando fue asesinado Kennedy. El propio Connally viajaba en el Lincoln descubierto del Presidente y fue gravemente herido por las balas que previamente habían impactado en Kennedy.
Finalmente fue designado Vicepresidente el jefe de la minoría republicana en la Cámara de Diputados, Gerald Ford. Al ser elegido el Jefe del Estado directamente por los ciudadanos, se puede dar la paradoja de que el partido del Presidente no sea el mayoritario en las Cámaras, como ocurría en este caso.
Pero ahí no terminaron los problemas de Nixon, puesto que ya se había destapado el escándalo Watergate.
Por todos es sabido lo que fue el Watergate. Richard Nixon tenía organizado un sistema de espionaje sistemático al Partido Demócrata, además de otros medios de “guerra sucia” contra sus adversarios políticos. El pastel se descubrió cuando cinco personas vinculadas a su comité electoral de reelección fueron detenidas en la sede principal del Partido Demócrata, tras haber tratado de intervenir los teléfonos y sustraer información. Dicha sede estaba en el Complejo de Oficinas Watergate, en la ribera del Potomac, en Washington. Fueron juzgados y condenados por estos hechos, pero muchos creyeron con razón, que desenrollando la madeja se llegaría hasta el propio despacho oval. Dos periodistas del Washington Post, Bernstein y Woodward con la ayuda del Director Adjunto del FBI, llamado en el caso “Garganta Profunda”, fueron publicando artículos sobre sus investigaciones que acabaron por forzar a las cámaras a comenzar el proceso de destitución del Presidente, conocido en el derecho anglosajón como “impeachment”. Para evitar esta deshonra, Nixon dimitió.
De este modo su Vicepresidente Gerald Ford, sustituto del dimitido Agnew, fue nombrado Presidente de los Estados Unidos de América.
Spiro Theodore Agnew, el hombre que pudo reinar, tocó con los dedos la corona republicana, pero no se la pudo ceñir por 29.000 dólares. Nunca sabremos si su negativa a dilucidar en juicio su inocencia fue para esconder su vergüenza, o para evitar destapar males mayores. En cualquier caso, los tropiezos políticos y la falta de de dignidad a la hora de desempeñar responsabilidades públicas pueden destrozar fulgurantes carreras como la de Agnew.
Su retrato oficial fue descolgado y retirado de la galería de gobernadores de Maryland, de la sede de la Cámara Estatal de Representantes. Se procedió por tanto a ejecutar la temida “damnatio memoriae” aplicada por los romanos; aquellos consules y altos magistrados que habían caído en desgracia se les condenaba al olvido, se borraba su nombre de las inscripciones, se hacía desaparecer cualquier vestigio de su existencia. Agnew pagó la misma pena; a pesar de haber podido llegar a ser Presidente de los Estados Unidos, nadie le recuerda.
Tras su retirada de la política se dedicó a varios negocios privados, falleciendo de leucemia en 1996. Sus cenizas reposan en Baltimore, su ciudad natal.





