JOHN PROFUMO
Hay asuntos que salen a la palestra cada dos por tres. Y uno de ellos es la corrupción política. Por desgracia, el público en general, independientemente de su formación jurídica, ya se ha familiarizado con palabras como cohecho, prevaricación, tráfico de influencias etc. Estos días, nos sorprendemos al ver las facturas que sus señorías “los comunes” presentan en el Parlamento británico con cargo a las asignaciones que les corresponden como diputados. La primera víctima política de las situación es un alto cargo del “ministerio” de Justicia británico, una especie de subsecretario en nuestro sistema, ya que ocupa un puesto de tercer rango en el departamento. Su nombre es Shahid Malik, y si buscamos su fotografía en internet la primera que nos encontraremos es la suya con el rostro ensangrentado. Pero que nadie se asuste; no está ensangrentado por que le hayan agredido un grupo de ciudadanos al enterarse que se había comprado un “home cinema” a costa del erario público. Lo que ocurre es que la fotografía es de cuando este señor, en sus años “mozos” se peleaba con la policía de su pueblo (del que su padre era teniente de alcalde, por cierto) para protestar por problemas de segregación racial. Es una pena que el primer alto cargo de origen musulmán que ocupa responsabilidades en un gobierno británico, acabe así.
El siguiente en caer ha sido ni mas ni menos que el Speaker de la Cámara de los Comunes, Michael Martin, en el cargo desde el año 2000, al que se le responsabiliza de no haber tomado cartas en el asunto a pesar de ser advertido de ello. A sus veintidós predecesores en el cargo se les concedió un título nobiliario al término de su mandato, entre otras cosas para que pudiesen formar parte de la Cámara de los Lores. Este me parece que se queda sin título. Le dedicaré un artículo aquí en “opiniones libres” para ver si le consuela.
En cualquier caso, esto me trae a la cabeza la historia de otro político inglés, ya fallecido, cuyo apellido se convirtió sin duda en parte de la historia británica reciente: John Profumo, Secretario de Estado de Guerra, miembro del Partido Conservador. Exactamente lo que hizo no lo podemos llamar corrupción, sino que se debe englobar mas bien en lo que es un escándalo político. Este buen señor se buscó una amiguita infinitamente mas joven que él, Christine Keeler; hasta ahí nada sorprendente, independientemente de lo que se pueda reprochar a un hombre casado. Pero la amiguita en cuestión tenía otros amigos a los que les unía la misma amistad que tenía con Profumo. Es decir, también eran clientes. Y tampoco esto debía sorprender a Profumo ya que sabía que Keeler era una prostituta. El problema es que, mientras mantenía una relación con el máximo responsable de defensa británico, a la vez era meretriz del agregado militar de la embajada soviética, Yevgeny Ivanov, considerado un espía por el MI5.
Conozcamos algo mas de Profumo. Su apellido era italiano, mas concretamente de Cerdeña, pues de allí era originaria su familia. Su bisabuelo era diplomático y su abuelo se instaló definitivamente a vivir en Londres. Su padre era abogado e hizo mucho dinero con una compañía de seguros de vida y pensiones, Provident Life. Su familia tenía un título de nobleza italiano, Barón de Profumo, que heredó el protagonista de esta historia, pero que nunca ostentó. Técnicamente no era un “Lord” inglés, puesto que ese tratamiento se emplea en el Reino Unido para referirse a los aristócratas titulados, y a los hijos de los duques, marqueses y condes (y a los primogénitos de vizcondes y barones), pero solo cuando dichos títulos son británicos. En cualquier caso, si era aceptado y reconocido como un integrante de la alta sociedad, y como tal vivió al menos hasta 1963.
Estudio en el colegio Harrow, que es una de las nueve escuelas públicas reconocidas por una ley específica de la época victoriana. Hay que aclarar que en Inglaterra lo que se denominan “escuelas públicas” son colegios privados de altísimo nivel y de difícil acceso, como el de Eton. Baste señalar que en Harrow estudiaron personas como Winston Churchill o el pandit Nehru. Posteriormente completó su educación graduándose en Oxford en Política Económica y Agrícola.
Al comienzo de la II Guerra Mundial se incorporó al ejército, y sirvió en varias campañas en el norte de África y participó en la operación Overlord, el desembarco de Normandía. Antes, en 1940 había sido elegido por primera vez para ser miembro del Parlamento. Después de perder su escaño estuvo en una misión militar en Japón hasta el 47. A partir de ahí comenzó su ascensión política con responsabilidades de gobierno y recuperó su puesto en la Cármara de los Comunes. Estuvo en el “ministerio” de las colonias (después denominado Commonwealth Office) y en el Foreing Office ocupando altas responsabilidades, hasta que llegó al culmen de su carrera: Secretario de Guerra, la máxima autoridad de Defensa, miembro del Consejo de Ministros (no todos los ministros forman parte de él en el sistema británico) y del Consejo Privado de la Reina.
Sin embargo, todo ese éxito le llevó a moverse en ambientes hasta el momento desconocidos para él, y que finalmente, le llevaron a echar su carrera por la borda. Stephen Ward era un osteópata cuyas buenas relaciones con la alta sociedad le convirtieron un hombre de moda, una persona a la que todo el mundo quería conocer y pertenecer a su círculo: entre sus pacientes estaba el propio Príncipe Felipe, marido de Isabel II. Ward había alquilado una casa de campo dentro de la finca del Palacio de Cliveden, propiedad del Vizconde de Astor. Lord Astor, perteneciente a la importante familia de industriales (su abuelo era primo carnal de John Jacob Astor, el hombre mas rico de su tiempo que falleció en el naufragio del Titanic) había sido compañero de Profumo en el partido y les unía un estrecha amistad. Por esa razón, le invitó a él y a su mujer a pasar una temporada en su palacio, en julio de 1961. Uno de esos días, al terminar la cena se acercaron al estanque de los jardines del palacio, y allí se encontraron a Christine Keeler, su perdición, desnuda saliendo del agua. Keeler estaba invitada por Ward. Al día siguiente, se volvieron a ver Profumo y Keller, ya a plena luz del día, en el mismo lugar, la piscina donde los invitados de Lord Astor se estaban bañando aprovechando el buen tiempo. El primer encuentro a solas lo tuvieron en la sala de armaduras de la mansión de Astor. Después de ese día, mantuvieron su relación durante cuatro semanas. El premier Harold MacMillan se había enterado de esa relación y le hizo llegar a Profumo la conveniencia de cortar esa clase de escarceos. Dicho y hecho.
Pero la cosa se complicó dos años mas tarde de esa corta relación, en 1963. Keeler se sentía acosada por uno de sus antiguos clientes. Por eso contrató a un matón; este se enfrentó al acosador de Keeler, y le hirió haciéndole un corte profundo en la cara. El matón fue acusado formalmente y acudió a Keeler para que le consiguiese un abogado; viendo esta que el asunto se tornaba cada vez mas truculento, le negó toda ayuda. El matón se presentó en casa del osteópata donde se encontró a otra prostituta amiga de Keeler, que vivía con él (y que había mantenido relaciones “profesionales” con Lord Astor). Al impedirle el paso, descerrajó un tiro en la puerta. Llegó la policía y todos fueron detenidos. Keeler contó todo desde el principio.
El doctor Ward fué acusado de prosenetismo y se celebró el juicio contra el. Fueron apareciendo nombres, entre ellos el de Profumo. El problema no era la relación de un ministro con una prostituta, sino que lo que lo convertía en un asunto de Estado, era que Keller había mantenido relaciones con el agregado militar de la embajada soviética al mismo tiempo que con Profumo. A consecuencia de esto, y al conocerse que la seguridad británica podía haber estado en peligro se impulsó una investigación parlamentaria para esclarecer el asunto. En principio Profumo salió airoso de la investigación ya que negó ante sus compañeros y ante la cámara el haber tenido ninguna relación “inapropiada” con Keller. Tan decidido estaba en ocultar la verdad que llegó a demandar a dos revistas que se había hecho eco del asunto: Paris Match y Tempo Illustrato. No obstante la prensa siguió ahondando en la historia y los rumores corrían de boca en boca. Finalmente, tras un viaje a Venecia con su mujer, a la que le había confesado todo, y la cual le mostró todo su apoyo, dimitió. Se retiró a su mansión en Hertfordshire.
El sock para la sociedad británica fue tremendo. No se trataba solo de unos coqueteos con la prostitución, de una cadena de mentiras, o de un descuido de la protección de la información “sensible” del ministerio de Defensa. Se enfrentaban al hecho de que sus políticos se encontraban inmersos en escándalos sexuales, acudían a orgías en las que la alta sociedad, el “establishment” y hombres de negocios llevaban una conducta deprabada, mientras mantenían una doble moral con el electorado. De hecho una de las conjeturas que tuvo que esclarecer el juez que realizó el informe oficial sobre el asunto por encargo de Harold MacMillan, fue conocer si un hombre que asistió a una de esas fiestas completamente desnudo con el rostro cubierto por una máscara, y que cenó usando como vajilla un plato de comida para perros, era John Profumo; Lord Denning determinó que no se trataba de él.
En el juicio contra Ward siguieron saliendo nombres e historias. Finalmente, el osteópata no pudo soportarlo mas, y se tomó una sobredosis de tranquilizantes que le provocaron el coma; tres días después, murió.
Todo esto volvió a remover la conciencia de Profumo. Lo que había hecho no tenía consecuencias penales, pero si morales. Sobre el se cernía la culpa por haber mentido al Parlamento, a su familia, y a su partido. A falta de una pena de cárcel, el mismo se impuso el castigo; se dedicó el resto de su vida a trabajar en un establecimiento de caridad, Toynbee Hall, incluyendo en su trabajo la limpieza de los baños. Su esposa también se volcó en las obras de caridad. Es cierto que a lo largo de estos cuarenta años fué rehabilitado por la sociedad. El primer Ministro Harold Wilson de visita en Toynbee Hall saludó abiertamente a Profumo delante de la prensa. En 1975 se le propuso para la concesión de la Orden del Imperio Británico. Sin embargo como decía “The Economist” en su obtuario, desde el escándalo en que se vio envuelto hasta su muerte, “nunca dejó la fregona”.
Murió el 9 de marzo de 2006, a los 91 años de edad.
10 comentarios
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Enrique Meneses » El amargo té de los ingleses — 14 Enero 2010 @ 23:44
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Por fco. Javier Muñiz Bárcena, 7 Junio 2009 @ 8:18
Este artículo que has publicado, Alejandro, es muy oportuno en estos días, en el Reino Unido, en España y en tantos otros países desgraciadamente. Sin embargo, hay actitudes y decisiones que rehabilitan moralmente a quienes “pecaron” en algún momento de su vida pública, sin que ello sea motivo de justificación. El caso Profumo que has citado oportunamente, por la relevancia pública del puesto que desempeñaba, al menos palía moralmente el daño causado a la sociedad.¡veamos si cunde su ejemplo entre sus colegas laboristas! y ¿por qué no?, ¿veremos algún Profumo en nuesto país?
Por Rosendo, 9 Junio 2009 @ 10:34
Muy bueno Alejandro, piensa en recopilar tus artículos y publicarlos, de verdad muy bueno, lo que se pierde el Reino Unido sin Chavez.
Por Smith, 9 Junio 2009 @ 15:36
Interesantísimo. Cuán conveniente es que personas doctas en la materia como Ud. expandan estas singulares materias.
Por gatorabioso, 9 Junio 2009 @ 20:54
Yo no estoytan seguro de que en España se puedan dar situaciones como el caso Profumo. Aquí, el sexo no motiva tanta escandalera como los asuntos de dinero.
Por Libertario, 17 Junio 2009 @ 13:05
Muy interesante.Espero con impaciencia los próximo que Ud. escriba.
Por Juani, 18 Junio 2009 @ 20:45
Muy bueno Alejandro, curioso personaje y curiosa rehabilitación
Por Alfonso, 24 Junio 2009 @ 20:03
Me ha gustado mucho ver tu perfil
Por gatorabioso, 27 Junio 2009 @ 13:26
Don Alejandro, ¿para cuando se decidirá usted con otra semblanza?
Por gatorabioso, 10 Julio 2009 @ 13:41
Cada vez estoy más rabioso esperando algo más de usted. ¿Qué tal algo sobre la señorita Christina Keeler?. Al menos . “cuélguenos” la famosa fotografia de la silla.