{"id":83,"date":"2010-06-04T10:50:33","date_gmt":"2010-06-04T08:50:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/anecdotaseironiasdesdecabomayor\/?p=83"},"modified":"2010-06-04T10:50:33","modified_gmt":"2010-06-04T08:50:33","slug":"la-decima-historia-el-substrato-religioso-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/anecdotaseironiasdesdecabomayor\/?p=83","title":{"rendered":"La D\u00e9cima Historia: El Substrato Religioso 5"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #000000;\"><strong>Las pla\u00f1ideras parlanchinas<\/strong><\/span><\/p>\n<p>La segunda historia como monaguillo me ocurri\u00f3 en un entierro en San Salvador, en el que tambi\u00e9n act\u00faa como celebrante don Marcelino. Cuento este pasaje porque hace referencia a la tradici\u00f3n popular, muy allerana, del comportamiento de los familiares del difunto, en sus manifestaciones de dolor, en el momento de iniciarse la comitiva desde la casa mortuoria. Ese d\u00eda de nuevo llevaba el incensario, pero nada an\u00f3malo me ocurri\u00f3 por causa de este brasero colgante, fueron las circunstancias que rodearon al entierro las que me causaron sorpresa, sobre todo el proceder\u00a0 de los familiares y del celebrante.<\/p>\n<p><!--more-->Los monaguillos llegamos con el cura hasta la entrada de la casa, mientras cuatro hombres sacaban el f\u00e9retro delante de la puerta. Don Marcelino inici\u00f3 las oraciones funerarias propias del ritual e hizo se\u00f1a a los portadores del ata\u00fad para que iniciaran la marcha. Tres monaguillos con la cruz alzada y dos ciriales abr\u00edan el cortejo. A continuaci\u00f3n una corona usada de flores de tela morada llevada por tres jovencitas, una la aguantaba y las otras dos ense\u00f1aban, una a cada lado, las cintas moradas con letras de plata que sal\u00edan del centro. El cura, acompa\u00f1ado por otros dos monaguillos que port\u00e1bamos el incensario y el calder\u00edn de agua bendita con el hisopo, segu\u00eda detr\u00e1s del ataud. Cuando ya se hab\u00eda iniciado la procesi\u00f3n funeraria y recorrido unos veinte metros desde la casa, camino de la plaza del pueblo, aparecieron en el balc\u00f3n las hijas del difunto profiriendo tales gritos de dolor que ser\u00eda dif\u00edcil mejorar por cualquiera otra pla\u00f1idera al uso.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo fueron las voces, las que me causaron sorpresa y sobresalto, sino tambi\u00e9n lo que dec\u00edan:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Adi\u00f3s padre del alma!<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Da recuerdos a madre!<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Si vieras la cantidad de gente que vino al entierro, no te lo\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 creer\u00edas!<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Los se\u00f1ores de Oviedo te trajeron una corona!<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Si supieras qui\u00e9n se atrevi\u00f3 a venir!Hablaban con el difunto desde el corredor de la casa, como si de un resucitado se tratara. Se desped\u00edan de \u00e9l, le mandaban mensajes para los familiares ya difuntos, le dec\u00edan las gentes que hab\u00edan venido al entierro e incluso le comentaban, sin decir el nombre, que hab\u00eda venido un hermano suyo con el que no se hablaba. Daba la impresi\u00f3n que el difunto las o\u00eda pero no nos ve\u00eda, ni sent\u00eda al resto de la comitiva. Ante el esc\u00e1ndalo producido por las mujeres don Marcelino se detuvo, gir\u00f3 el cuerpo hacia la casa y mir\u00f3 al balc\u00f3n a la vez que dec\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No es para tanto! . !No es para tanto! .No sirvi\u00f3 de nada el juicio de valor e indiferencia del cura. Las hijas siguieron despidi\u00e9ndose de su padre a su manera, mientras el resto del cortejo continu\u00e1bamos camino del cementerio.<\/p>\n<p>Esta pr\u00e1ctica de hablar con los difuntos en el momento de la separaci\u00f3n de la familia y del domicilio, era muy usual en las zonas del alto Aller, seg\u00fan pude comprobar por testigos presenciales as\u00ed como por experiencias propias. Comentando este acontecimiento me ilustraron con otros que hab\u00edan vivido ellos y que por no tener costumbre de verlos llegaron a producirles risa. Me refiero a un entierro en Felechosa donde una t\u00eda de la difunta, siempre las mujeres son las protagonistas de este comportamiento, sali\u00f3 a la ventana de la casa para despedirse y narrarle a la difunta, en este caso, la cantidad de coronas que llevaba, dici\u00e9ndole a voz en grito:<\/p>\n<p>&#8211; Una corona, dos coronas, tres coronas, cuatro coronas, cinco coronas. ! Mante!. ! !Cu\u00e1ntas coronas chevas<a name=\"_ftnref\" href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>! .<\/p>\n<p>Es l\u00f3gico que la persona que no est\u00e9 acostumbrada a estos mon\u00f3logos funerarios, le resulte sorprendente e incluso le produzcan risa.<\/p>\n<hr size=\"1\" \/><a name=\"_ftn1\" href=\"#_ftnref\">[1]<\/a> Chevas, llevas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las pla\u00f1ideras parlanchinas La segunda historia como monaguillo me ocurri\u00f3 en un entierro en San Salvador, en el que tambi\u00e9n act\u00faa como celebrante don Marcelino. 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