{"id":75,"date":"2009-09-21T22:50:14","date_gmt":"2009-09-21T20:50:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/apesardetodo\/?p=75"},"modified":"2009-09-21T22:50:14","modified_gmt":"2009-09-21T20:50:14","slug":"entre-la-quinta-avenida-y-harlem-nyc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/apesardetodo\/?p=75","title":{"rendered":"Entre la Quinta Avenida y Harlem (NYC)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">He pasado mis vacaciones en Nueva York, siete d\u00edas. Me encanta esa ciudad. Estuve ya en 2.006, y seguir\u00e9 volviendo cuantas veces pueda. Porque cada vez es igual y al mismo tiempo diferente. Supongo que es lo que tienen las ciudades cargadas de turistas, que son distintos por ciclos temporales y eso cambia el paisaje urbano que no est\u00e1 hecho de hormig\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Particip\u00e9 en un servicio religioso (all\u00ed los llaman as\u00ed para referirse a los oficios de los m\u00faltiples ritos e iglesias que pueblan el orbe espiritual USA) en la catedral cat\u00f3lica de San Patricio, en la Quinta Avenida, el s\u00e1bado por la tarde. Y en una celebraci\u00f3n pentecostal en el Harlem, en un piso de la calle 125, el domingo por la ma\u00f1ana. Nada m\u00e1s diferente, claramente distintivo de dos formas de vivir p\u00fablicamente la fe y probablemente identificador, adem\u00e1s, de las diferencias mismas de la sociedad norteamericana y de sus modos diversos de encarar la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la catedral todo era orden y circunstancias. Unos se\u00f1ores de traje revisan los bolsos al entrar, y otros te entregan un folleto de color sepia con los c\u00e1nticos del d\u00eda, que dirige una se\u00f1ora desde el atril de las lecturas vestida con traje largo oscuro. Los bancos de madera son grandes, cerrados y est\u00e1n repletos de misales y libros de salmos pulcramente encuadernados. La ceremonia es adusta, rigurosa, ordenada, muy solemne. No falta el cesto para el donativo, con un palo largo para no dejar de llegar a nadie y pasando tres veces, por si acaso alguien se olvida de contribuir. Silencio, m\u00fasica tutelada, gestos graves, orden, dos sacerdotes, un ayudante, polic\u00eda en la puerta y s\u00f3lo gente blanca. Bueno, lo que viene a ser la esencia de la m\u00e1s r\u00edgida puesta en escena del catolicismo, s\u00f3lo diferente a la de aqu\u00ed en el idioma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo de Harlem fue otra cosa, nada que ver. El oficio era en un primer piso de un edificio destartalado, y si no hubiera sido por las canciones que llegaban a la calle y por la invitaci\u00f3n a subir con una sonrisa de dos ni\u00f1as de color sentadas en el portal, ni hubi\u00e9ramos sabido que all\u00ed se celebraba nada. Por supuesto, el anciano que nos recibi\u00f3 no me revis\u00f3 el bolso, y la se\u00f1ora mayor que nos acomod\u00f3 en las sillas (pl\u00e1stico sin color en una multiciplicidad de modelos de piso de estudiantes) no nos pudo dar folleto musical alguno. Nos preguntaron la nacionalidad, y acorde con ella nos entregaron un sencillo cuadernillo de <em>agit prop <\/em>religioso. No ser\u00edamos m\u00e1s de veinte personas dispersas por un local social de 100 metros cuadrados, de paredes con p\u00f3steres de factura manual, con palmas, aleluyas, bailes, y canciones de lo m\u00e1s alegre. O sea, la ant\u00edtesis del orden y la severidad del rito cat\u00f3lico, mucho m\u00e1s jovial. Por supuesto, los \u00fanicos blancos \u00e9ramos los seis turistas que nos aventuramos a acompa\u00f1ar a aquellas gentes en su ceremonia religiosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seguro que a cada participante activo en los dos oficios (yo iba de visita), el contexto y la escenograf\u00eda del suyo le sirvieron. Tambi\u00e9n a m\u00ed. Me divert\u00ed m\u00e1s en Harlem que en San Patricio. All\u00ed hab\u00eda una celebraci\u00f3n festiva de verdad (la mujer que dirig\u00eda el rito lloraba pero se re\u00eda al mismo tiempo, y un padre de familia sali\u00f3 a jalear a los presentes que aplaud\u00edan y daban saltos con las canciones) y mucho j\u00fabilo. Nada de rostros contorsionados y compungidos, ni golpes de pecho, ni rodillas en tierra. Tan solo una ceremonia sencilla y participativa, nada ampulosa y muy humilde. No pasaron el cesto. Para los donativos, hab\u00eda unos sobres a la entrada y una bandeja para dejarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la forma de vivir la religiosidad marca impronta, seguro que la de los pentecostales es m\u00e1s abierta, espont\u00e1nea, alegre, optimista y amplia. La de los cat\u00f3licos, un poco m\u00e1s triste, recogida, oscura, rectil\u00ednea y dependiente. Y quiz\u00e1 por eso, los afroamericanos de Harlem estaban el domingo en la calle, disfrutando de su fe en cada esquina, en cada piso, en cada iglesia, con desbordada alegr\u00eda, en grupos grandes con decenas de ni\u00f1os, y los cat\u00f3licos blancos de la Quinta Avenida desfilaban el s\u00e1bado cabizbajos acabado el rito, sin hacer corros, solitarios, sin ni\u00f1os, puede que camino de las tiendas de lujo de la calle a gastar lo que no dejaron en el cestillo de los donativos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He pasado mis vacaciones en Nueva York, siete d\u00edas. Me encanta esa ciudad. 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