{"id":9,"date":"2010-05-21T12:50:43","date_gmt":"2010-05-21T10:50:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.opinoineslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/?p=9"},"modified":"2010-05-21T12:50:43","modified_gmt":"2010-05-21T10:50:43","slug":"un-regusto-ligeramente-amargo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/?p=9","title":{"rendered":"\u00abUn regusto ligeramente amargo\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong> <\/strong><\/p>\n<blockquote><p>\u00ab<em>Sapore di sale, sapore di mare,<\/em><\/p>\n<p><em>un gusto un po&#8217; amaro di cose perdute,<\/em><\/p>\n<p><em>di cose lasciate lontano da noi,<\/em><\/p>\n<p><em>dove il mondo \u00e8 diverso, diverso da qui.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p><em> <\/em><\/p>\n<p>(<em>Sabor a sal, sabor a mar<\/em><\/p>\n<p><em>El regusto ligeramente amargo de las cosas perdidas<\/em><\/p>\n<p><em>De las cosas que dejamos lejos de nosotros <\/em><\/p>\n<p><em>En otro mundo distinto a \u00e9ste<\/em>)<\/p>\n<p>(\u00abSapore di Sale\u00bb, Gino Paoli 1963)<\/p><\/blockquote>\n<p align=\"center\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie sabe con certeza donde reside el alma humana. Se oculta en alg\u00fan templo secreto perdido en la impenetrable jungla neuronal. Donde retumba el tam?tam de la conciencia y centellean las sinapsis que traducen nuestro mundo al lenguaje de los impulsos nerviosos. Nadie, jam\u00e1s, podr\u00e1 alcanzar ese lugar porque desde el cerebro trasciende el tiempo y el espacio. Y en la ruta que lleva a \u00e9l acechan, feroces, las falsas memorias, las lembranzas del futuro, los remordimientos, los olvidos y las fantasmagor\u00edas imposibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El p\u00e1rrafo anterior no es la introducci\u00f3n a un ensayo epistemol\u00f3gico. Simplemente es un forma de \u00ab<em>cubrirse las espaldas<\/em>\u00ab. Puesto que voy a hablar de un breve viaje a M\u00f3naco que tuvo lugar a mediados del siglo pasado y hay en mis recuerdos m\u00e1s de la vaporosa variabilidad de las nubes que de la fijeza de las obsesiones, nadie debe sentirse aludido. Como los pol\u00edticos, me he reservado el privilegio de mentir y de ocultaros las verdades que hay en mi alma. Respetad tal privilegio y consolaos pensando que nunca os vereis en la tesitura de votarme y no correis, por tanto, el riesgo de que os gobierne un embustero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more-->Las contadas im\u00e1genes reales que del mini-pa\u00eds retengo no sobrepasan el escaso n\u00famero de piedrecillas que encierra un caleidospio. Pero de los espejismos que genera esa parca pedrer\u00eda en los espejos del artilugio surge un Principado de M\u00f3naco poco parecido al pa\u00eds recurrente en las revistas elegantes. Lo cual no implica que sus cr\u00f3nicas sean m\u00e1s cre\u00edbles que la m\u00eda. Son publicaciones que buscan hacernos pasar directamente del estado s\u00f3lido al estado vaporoso con im\u00e1genes de mansiones, yates, palacios y palafitos, donde, a diferencia de cuanto ocurre en nuestras exiguas viviendas del extrarradio, las mujeres rejuvenecen cada a\u00f1o, los ni\u00f1os son \u00ab<em>puttini<\/em>\u00bb manieristas, las antiguedades permanecen nuevas y el dinero no cuenta porque se d\u00e1 por descontado.\u00a0 En sus textos -al contrario que en los m\u00edos- nunca se habla de hadas madrinas. Lo fe\u00e9rico casa mal con los materialismos acomodaticios y a las hadas les basta un \u00ab<em>leasing<\/em>\u00bb de calabac\u00edn?carroza y media docena de ratas para subvertir los m\u00e1s exquisitos saraos de \u00ablista cerrada\u00bb, infiltrando atractivas candidatas, cuyo personal\u00edsimo calzado y sutil sentido cr\u00edtico desconciertan a las tiendas\u00a0 de \u00abpares sueltos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y como \u00ab<em>en la tardanza est\u00e1 el peligro<\/em>\u00bb vayamos al punto presto. Mediaba la d\u00e9cada de 1960 y la Primavera verdeaba entre aluviones arc\u00f3sicos al sur de los granitos de la Sierra madrile\u00f1a. Las aristocr\u00e1ticas estaciones del a\u00f1o a\u00fan no se avergonzaban de ser diferentes entre s\u00ed y por los Altos del Hip\u00f3dromo, a partir de la primera eclosi\u00f3n de las forsitias, comenzaba la sucesi\u00f3n de pinceladas florales mesetarias. Fue en tan rom\u00e1ntico momento cuando la Jerarqu\u00eda del\u00a0 organismo gubernamental donde trabajaba me comunic\u00f3 que ir\u00eda a Montecarlo en comisi\u00f3n de servicio. No en calabac\u00ecn?carroza, todo hay que decirlo, sino en vuelo Madrid-Niza con escala en Palma de Mallorca. Cualquier otro empleado hubiese recibido alborozado semejante nueva: en v\u00edsperas de otro \u00ab<em>Grand Prix<\/em>\u00ab, sin la compa\u00f1\u00eda de superior alguno, con gastos pagados y cobrando vi\u00e1ticos de extranjero. Mi gozo, empero, se ahogaba en un pozo: el de trabajar, sin ninguna garant\u00eda, para una Administraci\u00f3n P\u00fablica corporativista que liquidaba mi n\u00f3mina con cargo a una vergonzante partida de \u00ab<em>l\u00e1pices y material fungible<\/em>\u00bb y que, hablando con propiedad, debieron haber llamado \u00ab<em>El salario del miedo<\/em>\u00bb -honrando as\u00ed de paso el cine negro de Henri?Georges Clouzot?. Hubiese podido negarme a viajar, es cierto, pero cualquier esquirol hubiese tomado en el acto mi puesto y no era aquella la mejor tropa para andarse con gestos testimoniales. De todas maneras, pens\u00e9 para consolarme, siempre hab\u00eda alimentado la quimera de apostar mi \u00abdosis\u00bb mensual de \u00ab<em>l\u00e1pices y material fungible<\/em>\u00bb en el Gran Casino de\u00a0 Montecarlo y ganar suficientes \u00ab<em>fungibles<\/em>\u00bb para comenzar una nueva vida en alg\u00fan lugar decemte y lejano. Por ejemplo en Auckland, Nueva Zelanda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El anunciado viaje a Monaco estaba directamente relacionado con mi soltura para redactar discursos que eran le\u00eddos en festejos y efem\u00e9rides oficinescas y cuyos guiones no inspiraban las musas sino los Jefes de Negociado. No menos apreciadas eran mis pulidas cartas. Y no digamos ya el ser lengua en dos o tres jergas for\u00e1neas. Gan\u00e9 con ello cierto renombre como \u00abescribano cortesano\u00bb, oficio que exist\u00eda sin figurar en los organigramas, y que la envidiosa plebe antes ten\u00eda por trampol\u00edn de aduladores que por tintero de buenas plumas. Puede que algo de raz\u00f3n no les faltara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la de \u00abescribano cortesano\u00bb actividad en v\u00edas de extinci\u00f3n. Una manera de hacerse necesario sin serlo en realidad. En suma: uno de esos \u00ab<em>modos de vivir que no d\u00e1n para vivir<\/em>\u00ab, cual dijera Larra all\u00e1 por 1835. Un oficio menudo pero sapiencial, parad\u00f3jicamente sentenciado a muerte por la actual profusi\u00f3n de textos prefabricados, digitales e impresos, que a fuerza de buscar la \u00abpersonalizaci\u00f3n\u00bb acaban resultando impersonales y que valiendo para todas las ocasiones no sirven, en el fondo, para ninguna. Los de \u00abmujer bigotuda\u00bb y \u00abbombero torero\u00bb tambi\u00e9n fueron, no hace demasiado, otros tantos oficios cuyos d\u00edas estaban contados pese a su gran demanda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada tuvo, pues, de extra\u00f1o que fuese yo, escribano cortesano por antonomasia, el encargado de dar digna respuesta a la carta que una oronda Comisi\u00f3n Cient\u00edfica con sede en M\u00f3naco nos envi\u00f3 y que, al inquirir inopinadamente sobre nuestros proyectos en el Mediterr\u00e1neo, toc\u00f3 el ego -verdadero \u00ab<em>Punto Gr\u00e4fenberg<\/em>\u00ab- de la Jerarqu\u00eda que nos gestionaba. Una Jerarqu\u00eda que no iba m\u00e1s all\u00e1 de un pu\u00f1ado de ingenieros burocratizados, timoneles de una vetusta instituci\u00f3n que, queri\u00e9ndose buque insignia, hac\u00eda agua por todos sus pa\u00f1oles. Cumpl\u00ed mi cometido con un exagerado \u00abPlan de Acci\u00f3n\u00bb que el Director de Proyectos aprob\u00f3 sin leer. Vaya en su descargo que se trataba de un texto doblemente dif\u00edcil por su prolijidad y por estar redactado en un ingl\u00e9s que amalgamaba el denso lenguaje administrativo hind\u00fa con las frases sint\u00e9ticas que triunfan, lustros despu\u00e9s, en las eurocoplillas del grupo musical sueco \u00abAbba\u00bb. En cualquier caso, a pesar de las afirmaciones del Director en sentido contrario, no creo que fuera el tipo de persona que William Shakespeare hubiese elegido para echarse una partida de <em>scrabble<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo excesivo del \u00abPlan de Acci\u00f3n\u00bb produjo alguna sorpresa y mucha desconfianza en Montecarlo. Hubimos, pues, de conformarnos con una tibia reacci\u00f3n a nuestro entusiasmo madrile\u00f1o: los s\u00fabditos de Lady Grace Patricia Kelly suger\u00edan un gen\u00e9rico encuentro bilateral en el Principado para discutir all\u00ed \u00ab<em>con alguien<\/em>\u00bb los detalles del asaz imaginativo \u00abPlan\u00bb que les hab\u00edamos env\u00edado. Ni siquiera ofrec\u00edan viajar a Madrid. La contrarr\u00e9plica de los monegascos pudo no pasar de la tibieza, pero la sensaci\u00f3n t\u00e9rmica que caus\u00f3 entre nuestra Jerarqu\u00eda fu\u00e9 la del cl\u00e1sico jarro de agua helada. Aquellos extranjeros renunciaban al sinn\u00famero de cenas y comidas con los que la prodigalidad del dinero p\u00fablico los hubiese homenajeado \u00bfRecelaban los monegascos un nuevo desembarco del temible conquistador y lud\u00f3pata espa\u00f1ol Carlo Monte en Monte Carlo?\u00bfPensar\u00edan acaso que en Madrid confunden la \u00ab<em>langouste \u00e0 la parisienne<\/em>\u00bb con cascarones de bogavante rellenos de guisantes de lata y pejesapo enchungados en mayonesa?&#8230; Aquella \u00ab<em>gaffe<\/em>\u00bb diplom\u00e1tica monegasca sell\u00f3 mi suerte. No solamente se ver\u00edan privadas las papilas gustatorias montecarlistas de las suculencias del Madrid gastron\u00f3mico. Adem\u00e1s, para mayor oprobio se les negar\u00eda el honor de tratar con un verdadero Ingeniero del Estado. En lugar de ello ser\u00edan visitados por un Licenciado en Ciencias Naturales. Un ectoplasma pr\u00f3ximo a la inexistencia. <em>Vanitas vanitatis<\/em>. Poco m\u00e1s que \u00ab<em>L\u00e1pices y material fungible<\/em>\u00ab&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un \u00abpisp\u00e1s\u00bb ?unidad en la cual miden los laicistas lapsos de tiempo muy breves a fin de obviar el cat\u00f3lico e incorrecto \u00absantiam\u00e9n\u00bb? me encontr\u00e9 volando rumbo a Niza. En Palma de Mallorca hubo exceso de reservas y, para mi solaz, fui transferido a la Primera Clase. Volaba en un avi\u00f3n muy innovador para la \u00e9poca: el aerodin\u00e1mico y gr\u00e1cil SE?210 VI?R \u00abCaravelle\u00bb de Sud Aviation, probablemente la \u00fanica aeronave capaz de planear y hacer figuras antes de estrellarse. All\u00e1 a mi frente, sobre una bandeja desplegada cual Estambul en \u00abLa Canci\u00f3n del Pirata\u00bb, rielaba el hielo en la mar de un g\u00fcisqui doble. Y sedente a mi estribor destacaba ?aunque no demasiado por ser de talla m\u00e1s bien menuda- la estatuaria \u00ab<em>Bond Girl<\/em>\u00bb cuya memorable emersi\u00f3n de las aguas en la pel\u00edcula \u00ab<em>Dr. No<\/em>\u00bb hundi\u00f3 al \u00ab<em>Nacimiento de Venus<\/em>\u00bb de Sandro Botticelli: Ursula Andress en persona. La actriz me impresion\u00f3, m\u00e1s que nada, por su simpat\u00eda y naturalidad. Durante todo el vuelo conversamos sobre los problemas que plagaban el mantenimiento de su chalet mallorqu\u00edn. No ten\u00eda la impresi\u00f3n de hablar con una celebridad cortejada por actores como Marlon Brando. Aquella mujer, pese a su apabullante abrigo de piel, segu\u00eda siendo la chica sencilla de Ostermundigen, un pueblo de 15.000 habitantes -los mismos de Zafra, Badajoz? en el cant\u00f3n de Berna. Su falta de afectaci\u00f3n era tal que de un momento a otro esperaba verla extraer del portaequipajes una docena de patatas hervidas y pepinillos curados, envueltos en un grasiento ejemplar del <em>Berner Zeitung<\/em>, y empu\u00f1ar la navaja cabritera del abuelo de Heidi,\u00a0 para ponerse a rebanar queso e invitarme a compartir una sustanciosa \u00abraclette\u00bb. Pero el avi\u00f3n se anticip\u00f3 y sac\u00f3 las ruedas antes que Ursula Andress su queso <em>raclette<\/em>. Infortunadamente, el refr\u00e1n neozeland\u00e9s que reza \u00ab<em>shipboard romances seldom last<\/em>\u00bb (\u00abromance de crucero, poco duradero\u00bb) es la constataci\u00f3n de un hecho. Nada m\u00e1s salir del aeropuerto Ursula Andress hu\u00eda veloz en direcci\u00f3n al centro de Niza a bordo de un Jaguar negro mientras a m\u00ed me daba la bienvenida B., un ge\u00f3logo del BOM (\u00ab<em>Base Oc\u00e9anologique de M\u00e9diterran\u00e9e<\/em>\u00ab), casi tan irrelevante en su organizaci\u00f3n como yo en la m\u00eda, que tuvo la amabilidad de ir a recibirme y transportarme hasta Montecarlo en un viejo autom\u00f3vil matriculado en el Argel que fu\u00e9 franc\u00e9s. De color gris, naturalmente&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">B. me hab\u00eda reservado habitaci\u00f3n en un hotel econ\u00f3mico que ya no existe. Estaba situado en el barrio de La Condamine, en pleno <em>Quai des Etats-Unis<\/em>, casi al final de la rampa del muelle donde confluyen las v\u00edas que descienden serpenteando desde los altos de Montecarlo. La peque\u00f1a habitaci\u00f3n que me asignaron, no hab\u00eda sido renovada desde 1856, fecha memorable en la que el rey de Cerde\u00f1a cedi\u00f3 la d\u00e1rsena y el lazareto de la cercana Villefranche-sur-Mer a la Flota del Zar de todas las Rusias como puerto carbonero. A cambio del descuido, la vista de las embarcaciones fondeadas en la rada de\u00a0 <em>Port Hercule<\/em> era magn\u00edfica. y, m\u00e1s all\u00e1 del espig\u00f3n meridional, se divisaba el mont\u00edculo que coronaba el imponente Instituto Oceanogr\u00e1fico de M\u00f3naco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente, tras una parvedad \u00abcontinental\u00bb con pretensiones de desayuno, B. y yo salimos del hotel y nos encaminamos a pi\u00e9 hasta el Museo Oceanogr\u00e1fico, lugar donde estaba citado con los representantes de los centros oceanol\u00f3gicos que deseaban ser informados sobre nuestro \u00abPlan de Acci\u00f3n\u00bb. Lo m\u00e1s llamativo del Museo es que est\u00e1 colgado sobre un acantilado de 85m. del que parece formar parte. En la planta baja se pod\u00eda visitar un acuario interesante pero discreto, mientras que en la primera se exhib\u00edan las colecciones del Pr\u00edncipe Alberto I de Monaco, creador del Museo, con archivos, instrumentos y curiosidades biol\u00f3gicas de su \u00e9poca. Ambas plantas ten\u00edan un aire trasnochado que aumentaba a medida que el ascensor, verdadera m\u00e1quina del tiempo, iba ascendiendo por el interior del edificio. Al abrir la puerta de la Sala de Juntas del cuarto piso donde estaba convocada la reuni\u00f3n, en vez del previsible ruido de polillas mascando las actas de la Sociedad Geol\u00f3gica de Francia, me recibi\u00f3 el runr\u00fan de los cient\u00edficos con los cuales deb\u00eda dialogar que, sentados ya alrededor de una gran mesa, tomaban caf\u00e9 y fumaban departiendo animadamente entre ellos. Al verme todo el mundo guard\u00f3 silencio y B., haciendo de introductor de embajadores, me present\u00f3 a la concurrencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No esperaba ni remotamente encontrar all\u00ed al Comandante V. ?Director del Museo Oceanogr\u00e1fico durante casi tres d\u00e9cada? pues sus numerosos compromisos internacionales lo manten\u00edan ausente del Principado durante casi todo el a\u00f1o. Era el suyo un nombramiento m\u00e1s pol\u00edtico que cient\u00edfico, mutuamente beneficioso para M\u00f3naco y \u00e9l mismo. Hab\u00eda delegado por ello sus funciones en un amigo y miembro destacado de su equipo: el asimismo comandante W.. Desgraciadamente tambi\u00e9n \u00e9ste debi\u00f3 ausentarse del Principado durante mi visita, y dej\u00f3 un escueto mensaje disculp\u00e1ndose por no poder recibirme. En aquella Sala de Juntas no estaba presente ninguna de las figuras se\u00f1eras del campo de la Oceanolog\u00eda. Esas que firmaban las separatas que yo le\u00eda con tanta fruici\u00f3n. Mi audiencia estaba compuesta por insignes segundones venidos del Instituto Oceanogr\u00e1fico monegasco, de los laboratorios oceanol\u00f3gicos cercanos y de varias entidades gubernamentales francesas con delegaciones en la regi\u00f3n. Casi ninguna de las personas all\u00ed reunidas estaba verdaderamente interesada en escucharme. Buscaban, sobre todo, establecer contactos que facilitasen la obtenci\u00f3n de permisos para llevar a cabo sus propias investigaciones en territorio espa\u00f1ol o ver la mejor forma de alquilarnos servicios y equipos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No me atrever\u00eda a culparlos por el bajo nivel de la reuni\u00f3n. A ninguno de ellos. Ni a los presentes ni a los ausentes. Lo que m\u00e1s me preocupaba era impedir que aquellos franceses se apercibieran de la complacencia con la que los que me enviaban recib\u00edan a los demonios que se ense\u00f1oreaban de sus almas. Ven\u00eda de una sociedad a cuyos miembros nada les importaba el discurso que ellos mismos me hab\u00edan env\u00edado a pronunciar. Solamente pretend\u00edan cubrir unas apariencias. Bajo la m\u00e1scara, aparentemente saludable, del Dorian Gray hispano no hab\u00eda sino rostros horriblemente lacerados por los bubones del politiqueo, la codicia, la hipocres\u00eda, el arribismo, la envidia, el nepotismo, el sectarismo, la ignorancia, la corrupci\u00f3n y sabe Dios cuantas miserias m\u00e1s. Ven\u00eda del Pa\u00eds de Gerasa. De un lazareto donde los enfermos se cre\u00edan sanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escapar del presente en b\u00fasqueda de tiempos y lugares donde se ha sido feliz, puede dejar un regusto ligeramente amargo. Entre otros motivos porque tal vez en ellos no fu\u00edmos tan felices como cre\u00edamos. Resultar\u00eda ofensivo para muchas personas comparar aquellos a\u00f1os de \u00ab<em>l\u00e1pices y material fungible<\/em>\u00ab, con los terribles \u00ab<em>anni di piombo<\/em>\u00bb o \u00ab<em>anni oscuri<\/em>\u00bb italianos, porque no son perversiones equiparables. Sin embargo, los a\u00f1os de \u00ab<em>l\u00e1pices y material fungible<\/em>\u00bb tambi\u00e9n llevaban en s\u00ed un germen de violencia en la medida en que eran radicalmente injustos. De aquellos polvos vinieron estos lodos. Las cosas que creemos dejar relegadas para siempre en otro mundo distinto, acaban por regresar a \u00e9ste tras la enga\u00f1osa laxitud de un d\u00eda de playa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando abandon\u00e9 el Museo e Instituto Oceanogr\u00e1fico de M\u00f3naco, s\u00f3lo, caminando de regreso al hotel, me invadi\u00f3 un vago malestar al pensar en los males, aparentemente incurables, de mi patria. Puede que si hubiera podido leer el futuro de cada uno de los asistentes a la reuni\u00f3n mi malestar hubiese sido m\u00e1s universal. Hoy, casi medio siglo despu\u00e9s, el futuro de aquellos segundones que asistieron a mi presentaci\u00f3n, y con los cuales segu\u00ed en contacto algunos a\u00f1os m\u00e1s, ya es pret\u00e9rito, no necesariamente perfecto. Tambi\u00e9n ellos estuvieron pose\u00eddos por sus propios demonios. No todos consiguieron exorcizarlos. Hubo quienes alcanzaron gran renombre en Francia llegando, incluso, a ser ministros. Otros crearon empresas, buenas y malas. No falt\u00f3 quien decidi\u00f3 apostar por poner sus conocimientos al servicio de los pa\u00edses pobres. Por no faltar no falt\u00f3 ni el asistente a aquella reuni\u00f3n que termin\u00f3 sus d\u00edas como patr\u00f3n de yate en Auckland -s\u00ed, en Nueva Zelanda- tras verse involucrado en un est\u00fapido fraude.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez en el hotel decid\u00ed acortar mi estancia en el Principado y partir al d\u00eda siguiente. Dispon\u00eda de material suficiente para redactar un \u00abInforme de Misi\u00f3n\u00bb tan grandilocuente como el \u00abPlan de Acci\u00f3n\u00bb que me llev\u00f3 a M\u00f3naco. Nada m\u00e1s comer emprend\u00ed las visitas tur\u00edsticas de rigor. Me acerqu\u00e9 hasta la antigua Iglesia de Santa Devota, Patrona del Principado, que tras su ejecuci\u00f3n en C\u00f3rcega en el a\u00f1o 312 lleg\u00f3 en barca a M\u00f3naco, como Santiago a Padr\u00f3n, y desde all\u00ed remont\u00e9 nuevamente los acantilados del barrio de M\u00f3naco para contemplar el Palacio principesco. Al anochecer, s\u00f3lo me faltaba subir hasta Montecarlo para ver el famoso Casino por dentro. El ascenso por <em>l&#8217;Avenue d&#8217;Ostende<\/em> fue agradable. Hac\u00eda buena noche y soplaba brisa fresca del mar. Cuando llegu\u00e9 al Casino me desilusion\u00f3 encontrarlo atestado de turistas curiosos y descubrir que la zona m\u00e1s exclusiva s\u00f3lo se abre para los millonarios, as\u00ed que me dispuse a seguir caminando pero me detuvo un espect\u00e1culo fuera de lo com\u00fan frente al Casino&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un llamativo y reluciente Rolls Royce rodaba con notable parsimonia aproxim\u00e1ndose al estacionamiento de la puerta principal del Hotel de Paris, uno de los establecimientos m\u00e1s elegantes de la Costa Azul. Contempl\u00e9 fascinado a la hermosa muchacha que viajaba s\u00f3la en el asiento posterior del coche y cuya larga cabellera rubia reposaba ondulante sobre sus hombros desnudos. Cuando el autom\u00f3vil por fin se detuvo ante la puerta principal del edificio el ch\u00f3fer, impecablemente uniformado, permaneci\u00f3 en su puesto sin soltar el volante. La joven elev\u00f3 la mirada y yo segu\u00ed la direcci\u00f3n que indicaban sus ojos h\u00famedos. Por la larga escalinata de acceso al hotel iban descendiendo, con pausada coreograf\u00eda, un grupo de violinistas, todos con id\u00e9ntico frac, pechera blanca y pajarita al cuello. Tocaban espl\u00e9ndidamente una canci\u00f3n, muy popular, de Gino Paoli: \u00ab<em>Sapore di Sale<\/em>\u00ab. Comenzaron a cantar sin dejar de tocar al un\u00edsono:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Sapore di sale, sapore di mare<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Che hai sulla pelle che hai sulle labbra<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Quando esci dall&#8217;acqua e ti vieni a sdraiare<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Vicino a me, vicino a me<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em> <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Sapore di sale, sapore di mare<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Un gusto un po\u00b4amaro di cose perdute,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Di cose lasciate lontano da noi<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dove il mondo \u00e8 diverso, diverso da qui&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con gesto r\u00e1pido y determinado el ch\u00f3fer sali\u00f3 del coche y se dirigi\u00f3 al maletero por el lado izquierdo para no interponerse entre la muchacha y los m\u00fasicos. Al llegar lo abri\u00f3 y extrajo un admin\u00edculo que despleg\u00f3 con destreza: una silla de ruedas. Entonces se acerc\u00f3 a la puerta de la joven, la abri\u00f3 delicadamente y, con todo el cari\u00f1o del mundo, la alz\u00f3 en sus brazos, recogiendo la cola del largo traje de seda azul sin dejar de sujetarle las piernas. La muchacha era parapl\u00e9jica y sus manos deformadas se aferraban a los hombros del ch\u00f3fer. Este, mientras un empleado del hotel se adelantaba con la silla de ruedas, comenz\u00f3 a ascender cuidadosamente los escalones sosteni\u00e9ndola en alto, mientras los violinistas los segu\u00edan a cierta distancia, retomando la canci\u00f3n una vez m\u00e1s. La muchacha no dejaba de mirarlos, arrobada. Y en sus ojos brill\u00f3 un instante perfecto de felicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nunca supe quien era, pero aquella noche intu\u00ed que\u00a0 las hadas y el alma humana habitan en la misma morada. Descubr\u00ed que existe un Universo donde la bondad rompe barreras. Donde una joven bella y adinerada, condenada a vivir inmovilizada de por vida, conoc\u00eda la felicidad gracias al esfuerzo de su empleado y de lo que a todas luces era un grupo de m\u00fasicos italianos que se hab\u00edan coaligado para hacer m\u00e1gica una noche. Hab\u00eda en aquellos hombres un empe\u00f1o que rebasaba con creces los deberes que van asociados a un sueldo o a una militancia. Aunque nunca lo cit\u00e9 en mi \u00abInforme de Misi\u00f3n\u00bb hab\u00eda visto el rostro de la Esperanza. Esa en la que seguir\u00e9 creyendo aunque retiren los crucifijos de todas las escuelas y lugares p\u00fablicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jaime Colson-Puello<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abSapore di sale, sapore di mare, un gusto un po&#8217; amaro di cose perdute, di cose lasciate lontano da noi, dove il mondo \u00e8 diverso, diverso da qui.\u00bb (Sabor a sal, sabor a mar El regusto ligeramente amargo de las cosas perdidas De las cosas que dejamos lejos de nosotros En otro mundo distinto a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-9","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.opinioneslibres.es\/memoriasdeunexcentrico\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}