La cantina de la estación del Vasco- asturiano en San Salvador es uno de los lugares que frecuentábamos habitualmente la gente joven del pueblo, pero de una manera especial los que estábamos estudiando fuera, que aprovechábamos durante las vacaciones para pasar el rato en la tertulia de Prada. Continuar leyendo »
La Virgen del Rosario, Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682)
Museo nacional del Prado, Madrid, España.
La conmemoración de la fiesta de Nuestra Señora la Virgen del Rosario fue instituida por el papa san Pío V en el día aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla naval de Lepanto (1571), victoria atribuida a la madre de Dios, invocada por la oración del rosario. El papa designó el siete de octubre de cada año para conmemorar esta fiesta cristiana. Es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios. Continuar leyendo »
La plaza de San Salvador era el lugar de celebración de la noche de San Juan, donde se prendía fuego a la hoguera, la “foguerona” de San Juan, como así se llamaba en toda la comarca del alto Aller.
En Asturias no es la hoguera exclusiva de este día, aunque sí es ritual generalizado en la noche del 23 de junio. A. del Llano[1] descubre la costumbre de encender la “foguera” la víspera de la fiesta del pueblo, delante de la iglesia o ermita. En Aller el fuego es inherente a las fiestas, hasta el punto de que por extensión, la “foguera” forma parte del conjunto de manifestaciones públicas que tienen lugar el día anterior a la festividad.
[1] Llano Roza de Ampudia, A de, Del folclore asturiano, Oviedo 1977.
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La escuela juega un papel importante en estos recuerdos de mi infancia.
La época del segundo grado en la Escuela de San Salvador la veo con más claridad, porque ya tenía entre siete y ocho años. Conservo la fotografía de la clase con la figura de don Juan, el maestro, sobresaliendo por encima de todos nosotros.
Don Juan era como un personaje sacado fuera de su época, muy alto, al menos así lo recuerdo, tenía el bigote poblado de canas, un hombre muy corpulento y bonachón que daba miedo sólo una vez al año, cuando ya acabábamos con su concienzuda paciencia. Continuar leyendo »
Esta conducta plañidera, ya en desuso, de las mujeres del alto Aller en los entierros, contrastaba con el proceder más alegre y poco edificante de los veladores en las casas de los fallecidos. En este caso los hombres eran los protagonistas de velar a los difuntos desde la media noche hasta la madrugada. Las mujeres y vecinas de la familia eran las que preparaban café y proveían de anís y coñac en abundancia, para que no faltara de nada a los sacrificados trasnochadores. Esta práctica solía jugar alguna mala pasada a los familiares del muerto cuando se excedían en su generosidad con los licores. Continuar leyendo »
Las plañideras parlanchinas
La segunda historia como monaguillo me ocurrió en un entierro en San Salvador, en el que también actúa como celebrante don Marcelino. Cuento este pasaje porque hace referencia a la tradición popular, muy allerana, del comportamiento de los familiares del difunto, en sus manifestaciones de dolor, en el momento de iniciarse la comitiva desde la casa mortuoria. Ese día de nuevo llevaba el incensario, pero nada anómalo me ocurrió por causa de este brasero colgante, fueron las circunstancias que rodearon al entierro las que me causaron sorpresa, sobre todo el proceder de los familiares y del celebrante.
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Las Inquietudes científicas de Juaco el de Soto
Presumía Prada de conocer cada rincón de la comarca y los cuentos más atractivos de los personajes graciosos que allí vivían. Prada gozaba contando las historias y las inquietudes filosóficas de un paisano que los de la comarca llamaban Xuaco el de Soto. Continuar leyendo »
Ramonín el pobrecillo valiente
Ramonín el de Cuérigo era uno más de estos personajes que forman el retablo del paisanaje del alto Aller. Aparecía todos los viernes que era mercado en San Salvador en busca de limosna. Tenía su propio recorrido selectivo y seguro por las casas de los vecinos. Comenzaba por la rectoral, porque él venía andando desde Cuérigo, y ésta era la primera casa del pueblo que se topaba. Desde aquí hasta al mercado iba recorriendo las viviendas que él sabía más caritativas, de esta manera recalaba a media mañana en la fonda de los Petimalé a recibir las once. Visitaba todos los comercios y chigres pidiendo limosna, cerraba su recorrido siempre comiendo en casa de la familia de doña Fermina y allí se unía a los demás pobres conocidos que habían venido al mercado. Todos ellos sabían de la buena acogida y cariño que la familia de doña Fermina les dispensaba. Continuar leyendo »
Agustín, el carnicero, como psiquiatra circunstancial.
Algunas veces resulta difícil resistirse a la evidencia de los hechos, que tienen que ver con la falta de coincidencia entre las aseveraciones científicas con la experiencia popular. Me estoy refiriendo a los hechos que ocurrieron en Collanzo, pueblo que está situado a siete kilómetros de San Salvador camino del Puerto de San Isidro, y que tienen que ver con el tema que acabo de introducir.
En Collanzo vivía un muchacho de unos veinticinco años que todos en el pueblo llamaban Pepín, el de la Iglesia, porque vivía cerca de este lugar, pero era un rapaz que había pasado desapercibido en el lugar hasta que protagonizó una serie de percances de falta de cordura, con los que terminó con sus huesos en la Cadellada de Oviedo, que era como se llamaba al Psiquiátrico Provincial. Desde este desenlace comenzaron a llamarle en toda la comarca Pepín, el loco. Continuar leyendo »
Quién más pobre que mi hermano
De las conversaciones con la abuela Mercedes
-Abuela, ¿por qué no nos cuentas más historias? – Le dijo su nieta Magdalena
-¿Qué queréis que os cuente, hija mía ?. – Respondió ella -.
- Cuéntanos, – respondió Magdalena -, ¿ por qué dices que tu abuelo era rico y tú eres pobre ?.
Eso es muy largo de contar, pero voy a intentar explicar que siempre anduvo la riqueza rondando nuestra casa para luego dejarnos plantados. Sin que por ello nos faltara la felicidad en ningún momento. Continuar leyendo »