La fe no era tan ciega
Sinforosa es otro de los personajes que sobresalían en el pueblo por la merecida fama que consiguió a base de apoderarse de lo ajeno. Cuando yo la conocí ya era una mujer entrada en años, pero ya tenía muy acreditada la costumbre antes mencionada. Cuentan en el vecindario que tenía la mayor y mejor colección de paraguas de la comarca como fruto de sus pesquisas. Los domingos lluviosos aprovechaba la confusión, por la aglomeración a la salida de la iglesia, para incrementar los ejemplares de su relicario.
Forosa era pobre de bienes y de espíritu, como decían en el pueblo era un poco faltosa . Esta carencia de sentido la conducía a muchas de las situaciones singulares que producía. En ella la inocencia y la picardía no tenían frontera. Cuando necesitaba algo lo cogía, cuando quería decir algo lo soltaba. Igual ordeñaba la vaca del vecino cuando necesitaba leche, que le decía al cura del pueblo que se había quedado preñada sin querer. Read more »
La confesión consulta
En este apartado del substrato religioso referiré el relato que, con mucha gracia, contaba Machote en el chigre de su propiedad sobre la confesión de Serafín con don Feliciano, que era natural de San Salvador y era canónigo, dignidad de Chantre , en la catedral de Oviedo. Don Feliciano además de ser canónigo lo parecía; corpulento pero proporcionado, bien parecido, de maneras toscas y poco clericales. Su personalidad queda reflejada en la anécdota que protagonizó en la plaza de la catedral de Oviedo, una mañana de los días que precedieron a la revolución de octubre en Asturias antes de comenzar la guerra civil española. Se dirigía a la catedral para el rezo diario con el resto del cabildo catedralicio, cuando uno de los obreros que trabajaban en una casa en construcción le insultó mientras hacía el canto del cuervo en son de mofa. Don Feliciano se acercó para preguntarle por la razón de estos insultos cuando sin mediar palabra alguna recibió una bofetada y sin rechistar le ofreció la otra mejilla recibiendo la segunda bofetada. El canónigo sin perder la compostura le dijo:
– Por Cristo cumplí el mandato evangélico de ofrecerte la otra mejilla, pero por Feliciano, el paisano que soy yo, recibe esta hostia pa que escarmientes pa otru día- mientras le arreaba una solemne bofetada que lo dejó tendido en el suelo inconsciente. Read more »