COLECCIONISTAS DE ARTE
Publicado en DIARIO MONTAÑES, 26 noviembre 2012
Hace tiempo fue denunciada la pérdida de 200 obras de arte adquiridas por el Gobierno de Cantabria, cuyo valor se estimó en unos 200.000 euros. Hoy siguen sin aparecer 60 de ellas.
El hallazgo de los cuadros adquiridos por la Consejería de Cultura en un depósito privado encubre no solo la sospecha de un negocio turbio, sino la insensata política cultural desarrollada por los responsables de la Autonomía durante años.¿Qué criterio se siguió al adquirir obras de arte que luego eran almacenadas ?. ¿En qué mercados y con qué objeto se compran pinturas a cargo del presupuesto del ciudadano?.¿El mantenimiento y la subvención de artistas y merchantes es lafuente donde se nutre la política cultural de una Administración?. ¿Ha habido alguna exhibición de las obras compradas por la Comunidad cántabra con el dinero de los ciudadanos o simplemente ha sido el capricho del consejero de turno quien se encargaba de la compra y almacenamiento de arte, como una inversión de futuro ?. Aquí no ha habido patronazgo alguno sino la simple compra a cargo de losdineros públicos de obras donde probablemente el amiguismo y las simpatías políticas han contado más que los propios méritos de las obras adquiridas.
Pero además hay que preguntarse si la política cultural de una Autonomía debe dedicarse a la adquisición de patrimonio artístico como puede hacer cualquier coleccionista privado. Estos lo hacen con su propio dinero, siguiendo sus gustos particulares y se muestran orgullosos de exhibir sus colecciones y cuidarlas o utilizan la creación de fundaciones y la donación de obras de reconocido valor artístico como parte de un pago tributario.Se comprende el fomento de actividades culturales ayudando a artistas nuevos, concediendo premios, patrocinando becas de formación, participando en exposiciones, fomentando la creatividad, pero nunca acumulando obras para guardarlas en depósitos escondidos, almacenes privados o adornar despachos oficiales. Los dineros públicos en cultura deben destinarse,fundamentalmente a la digna conservación y guarda del patrimonio artístico, al fomento de su conocimiento y al disfrute ciudadano en su contemplación. Eso no incluye la compra de obras baratas y su almacenamientovergonzante.¿Son realmente obras dignas de ser compradas aquellas cuyo costo medio se calcula en 600 euros cada una?
El Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, escondido durante décadas en los bajos del antiguo edificio de la Diputación sigue buscando su sede. Piezasarqueológicas únicas del Paleolítico, Neolítico y Medioevo se amontonaron durante años en las vitrinas de la miserable sede, y aún hoy sigue buscando un lugar apropiado donde exhibirse.Cuando hace años el Presidente francés Jacques Chirac visitó Cantabria, manifestó su deseo de conocerlo. En la mente de muchos quedó la imagenavergonzada de mostrar al ilustre visitante las desangeladas vitrinas donde se amontonaban como en una oscura tienda, la mejor colección existente en España. Pero nada cambia. El museo siguió en su humilde escondite, y se contempla una inversión de medio millón de euros para volver a acondicionar los bajos de un espacio comercial como sede provisional donde probablementepermanecerá años.
Ahora, la misma Administración que tenía en el Guggenheim de Bilbao el ejemplo de cómoconvertir una ciudad en foco de atracción cultural, adquiría obras de artistas ajenos a las raíces culturales de la región, en las ferias de Arco o Expo-Santander, formando una heterogénea Colección Norte,e ignoraba las obras de artistas cántabros contemporáneos — Cossío, Quirós, de la Puente, Raba, Gran, de la Foz, Eduardo Sanz, Jesús Otero, Medina, Uslé, Gruber, Valdeón, Navarro Baldeweg, Joaquín Capa, Celis o los más recientes Victoria Civera, Gogar, Cuevas, Ricardo González, Martinez Cano y un largo plantel de artistas que quedaban reducidos al ámbito del coleccionismo privado.
El patronazgo de la cultura hoy es casi una misión reducida al ámbito de los económicamente poderosos. A lo largo de la historia han sido estos los únicos que ampararon a los artistas. Pero en los tiempos modernos, los creadores exhiben sus obras en galerías al público y son mecenas o coleccionistas privados quienes han asumido esta función. Los museos estatales se nutren de donaciones o de obras de valor acreditado o galardonadas en premios convocados por las instituciones, que pasan a formar parte del patrimonio patrocinador. Lo que no es admisible es que sean los impuestos de los ciudadanos los que se dediquen a la compra de obras de arte sin valor acreditado. Y asi se ha hecho en Cantabria, donde eran adquiridas y almacenadas, para finalmente, poder contemplarse en los depósitos de un Juzgado.
