LA CULTURA DE SUPER MARIO
Publicado en EL DIARIO MONTAÑES, 3 junio 2012
El premio Príncipe de Asturias está considerado como el Nobel del mundo hispánico. A lo largo de su treinta años de existencia ha reconocido a personas e instituciones olvidadas por el galardón sueco, limitado a ámbitos literarios o científicos, y posee más rigor que el desprestigiado Nobel de la Paz, acostumbrado a premiar a muchos artífices de guerras y a políticos del momento.
Este año, el jurado se ha pronunciado por un desconocido informático japonés, el señor Miyamoto, creador de videojuegos, y entre ellos el popular fontanero Super Mario, bigotudo protagonista principal de múltiples aventuras, de cuyo juego que se han vendido 400 millones del juego a lo largo y ancho del mundo, enriqueciendo a su creador y a la industria que lo comercializa. No es representante de la cultura japonesa, y no esgrime más violencia que la necesaria para escapar de los peligros. No fomenta ningún valor, solo pretende la simple distracción y habilidad en el manejo del teclado de una consola. Dicen que se ha convertido en el personaje más famoso de los videojuegos y su popularidad se extiende entre niños y adultos, que ocupan su ocio superando las pruebas que la memoria RAM del programa le permite y adjudicando puntos al jugador que lo maneja compulsivamente en la videoconsola.
Hasta hace poco, los dibujos animados de Walt Disney, –desde el Pato Donald a Tom y Jerry — eran los iconos del mundo de la diversión. Hoy, los Simpsons y Bob Esponja ocupan las cimas de la popularidad, junto a “Super Mario”, el informatizado monigote saltarín, atrapado en el brillo de una pantalla LED. El protagonista y su creador, han sido son reconocidos como Premio Príncipe de Asturias de Humanidades, a juicio del jurado, por sus méritos “didácticos, formativos y constructivos”. Casi nada. Quizás el próximo año se considere a los inventores de Facebook o de Twitter que, indiscutiblemente, han contribuido más a la comunicación entre los seres humanos. El galardón otorgado, le coloca al mismo nivel que el concedido en otras ocasiones a Sánchez Albornoz, Laín Entralgo, Alain Touraine, la National Geographic Society o la Royal Society como reconocimiento a valores universales que se suponen marcan un hito en la Historia del pensamiento nuestro tiempo. Y a fe, que esta vez el jurado ha dado en el clavo.
La cultura actual ya no premia valores, ni se ocupa de profundizar en el reconocimiento de lo mejor del ser humano y de sus creaciones universales. Aunque, quizás sí. Vivimos la época de la banalización de la cultura, entendiendo esta, como cualquier manifestación donde igual da premiar la “nueva cocina” que a un filósofo o una sociedad científica. Igual da reconocer una trayectoria vital que una victoria puntual. Ya en otras ocasiones se ha cuestionado la concesión del Premio a protagonistas de un momento concreto. Los casos de Fernando Alonso como piloto de Fórmula Uno, de Arancha Sanchez Vicario como tenista o de las victoriosas selecciones españolas de futbol y baloncesto, son exponentes claros de la simplificación del galardón, poniéndole a la altura del que podría otorgarle un diario deportivo en su convocatoria anual: la Bota de Oro o el Pichichi de turno. Con anterioridad, se ha mezclado al matemático Hawkins con Cáritas y Adolfo Suárez, a Mandela y Gorbachov con Al Gore, y se han premiado los méritos artísticos de Tápies, Muti y Moneo junto a Woody Allen, Bob Dylan o Fernando Fernán Gómez.
Las ciencias humanísticas, tan abandonadas por la sociedad actual, han encontrado su icono en la convocatoria de este año. Aunque los galardones están concebidos para premiar la sabiduría o el mérito a una trayectoria, en ocasiones se reconoce lo que la notoriedad que el momento considera deseable. “Super Mario” y su creador quedarán señalados con letras doradas cuya efeméride el tiempo oscurecerá. Es lástima que el jurado no haya considerado al inventor de la muñeca Barbie como Premio a las Ciencias Sociales, al chupa-chups como valor de Cooperación Internacional o a la maquinilla para depilar las piernas como reconocimiento científico de amplio uso
En un mundo donde los valores se apartan, nada tiene de extraño que se incluya la banalización de la cultura o que incluso la cantante Shakira figurase entre los candidatos del año en curso. Pocas veces, en vez de premiar la sabiduría, se homenajea lo banal, por muchos megabytes que se escondan tras ello.
Cultureta del momento a la que no puede escapar un jurado coherente con la época en que vive.
By margot, 3 junio 2012 @ 19:05
Has vuelto a dar en el clavo.Genial como siempre !!
By La Mano Invisible, 3 junio 2012 @ 20:12
Absolutamente subversivo, atreverse a criticar una decisión de ese galardón con pretensiones que es el Principe de Asturias solo puede hacerse desde la solvencia intelectual de este gato, que más que gato es un tigre.