EL REINADO DE WITIZA
Articulo publicado el 19 de marzo de 2004,
y que por sus aspectos proféticos rememoro cinco años después
Es evidente que el resultado electoral del pasado día 14 ha sido sorprendente, incluso para los propios dirigentes socialistas. Todas las encuestas realizadas ántes del 11-M seguían señalando ganador al PP, y solo la conmoción del brutal atentado provocó un vuelco de votantes hacia el PSOE. Bajo una inmensa presión emocional, se votó contra de un aspecto concreto de la política exterior del PP, no contra su labor general en la política del país. Pocas veces un acto terrorista, tan oportunamente provocado y del que aún quedan muchos flecos y probables connivencias por aclarar, produce unas consecuencias tan importantes, que suponen una situación de incertidumbre y unos graves retos a los que deberá enfrentarse la futura administración socialista.
Con independencia de la investidura del señor Zapatero, que se conseguirá con los habituales malabarismos de abstenciones y votos a favor, el problema surgirá inmediatamente después en cuatro frentes distintos:
1)–La concepción de España:
Zapatero ha señalado su decisión de cambiar el Estatuto de Cataluña según la demanda de los socialistas de Maragall y sus socios de ERC, incluso con el apoyo de CiU. Lo hizo como promesa electoral y a ello se verá comprometido. De inmediato, Chaves ha reclamado para Andalucía otro nuevo Estatuto. Y de igual forma, el “plan Ibarreche”, que implica un radical cambio del Estatuto vasco, deberá considerarse con sus ineludibles consecuencias en el Pacto Antiterrorista, no firmado por el PNV.
Es decir, se abren – de momento – tres focos de inestabilidad constitucional, de modelo de Estado, que incluye desde mantener la situación actual, hasta federalismos simétricos o asimétricos e incluso la segregación nacional.
2)–La política internacional:
Zapatero, ha anunciado su determinación de cambiar la posición española en el Tratado de Niza, para alinearse con las tesis de Francia y Alemania favorables a una Europa de “dos velocidades”, y una nueva concepción de la futura Constitución europea, que coloca a España en una segunda fila, frente a la concepción defendida por el PP.
Igualmente, se ha puesto fecha a la retirada de las tropas españolas en Iraq. La conmoción internacional ha sido enorme. Es evidente que la ONU no puede sustituir a los militares, puesto que ya abandonó el país tras haber sido ella misma objeto de un atentado. La ocupación militar hasta la transición a un régimen estable, garantizada por las fuerzas de diferentes países allá desplegadas, se verá seriamente comprometida. La ruptura de las alianzas internacionales suelen traer malas consecuencias para quien las rompe: los socios abandonados se sienten traicionados y los nuevos aliados contemplan al recién llegado como un advenedizo de última hora.
3)–La política interior:
Se abren varias dudas sobre el futuro en muy diversas cuestiones, de las que pueden señalarse la política de inmigración hasta ahora fuertemente cuestionada por el PSOE e IU más proclives a abrir las puertas a los huídos del Tercer Mundo. Quizás la amenaza del integrismo islámico y la inseguridad ciudadana puedan obligar al futuro gobierno a reconsiderar su postura e incluso a aplacar la previsible ola de rechazo hacia todo lo musulmán, incluida la población ya residente en España. Y no puede olvidarse la política antiterrorista — incluso con el apoyo del PP – que se verá fuertemente condicionada por los nacionalistas vascos y catalanes, tanto si se cede a su pretensión de reforma de estatutos como si se les deniega
Incluso aspectos concretos, pero de enorme impacto social y económico, como el Plan Hidrológico Nacional puede verse comprometido. En tanto el PP se mantenía unánime a favor del mismo, no ocurría lo mismo en el PSOE: los aragoneses lo rechazan y los valencianos y murcianos lo apoyan. Unos por otros, puede llegase a un aplazamiento indefinido.
4)—La política económica:
La incertidumbre nacional e internacional tiene un efecto directísimo sobre la economía: no hay duda de que el nuevo planteamiento frente a la administración Bush puede provocar una retirada de inversiones de fondos americanos en España, y no es previsible su sustitución por dinero procedentes de Europa en tanto la crisis siga afectando al Viejo Continente.
Los anuncios hechos respecto a nuevas políticas fiscales y especialmente la propuesta de creación de agencias tributarias en las diferentes Autonomías supondrá un desbarajuste hacendístico en el que, incluso a los más profanos, nos alarma la previsible desigualdad tributaria que puede devenir y la pregunta de cómo se puede aplicar un impuesto nacional como el IVA en ese pandemonium administrativo.
La opacidad del programa económico alternativo del PSOE, que nunca ha sido expuesto, va a condicionar — cuando menos – un periodo de incertidumbre que ineludiblemente repercutirá en la economía. Porque se han hecho promesas cuyo cumplimiento deberá asumirse: la conversión de los empleos eventuales en fijos, el abaratamiento y facilidad de acceso a la vivienda para los jóvenes, el aumento de las pensiones, la creación de nuevos Ministerios para la Mujer y para la Juventud, el cumplimiento estricto de los acuerdos medioambientales de Kioto, la anunciada poltica de abandono en materia energética nuclear …Y si a todo ello añadimos que la amenaza de los atentados islamistas convierten a España en zona de riesgo, la posible retracción del turismo, nuestra principal fuente de riqueza.
El cambio político originado tras la tragedia del 11-M no ha unido al país, salvo en el dolor. A diferencia del caso americano, que tras el atentado de las Torres Gemelas, supuso el cierre de filas de un pueblo contra la agresión terrorista, aquí se han buscado culpables y se da la impresión, ante el mundo y entre nosotros, de un ajuste de cuentas.
Oscuro e incierto se presentaba el reinado de Witiza, decían las antiguas enciclopedias infantiles. No lo tiene hoy fácil el gobierno socialista, que deberá gobernar solo mediante acuerdos puntuales con fuerzas políticas de muy diversa índole, pero con un denominador común: su carácter nacionalista, vinculado a los intereses de zonas concretas de España. Con el riesgo de que lo ganado en estos años, — la convivencia nacional, el prestigio exterior, el crecimiento económico — puedan deteriorarse tanto, como para tener que desandar lo andado y reiniciar la tarea.
1 comentario
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By La mano invisible, 10 julio 2009 @ 13:25
Los que le reconocemos legitimidad y le profesamos respeto intelectual, lo hacemos por algo, desde luego no es gratuito.