LOS DEMONIOS ESTAN EN CASA

Publicado en Diario Montañes, 30 agosto 2017

 

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Se suele argumentar que la lucha contra el terrorismo lleva asociada a una reducción de libertades y nos olvidamos de que constantemente miles de cámaras vigilan nuestra vida diaria, no se nos permite circular sin cinturón de seguridad y son habituales los controles de alcoholemia en cualquier cruce de carreteras sin que lo consideremos como limitación de nuestro derecho a la intimidad.. Unos pocos funcionarios son capaces de repasar al detalle las declaraciones de impuestos para evitar el fraude fiscal y muchos se dedican a vigilar los permisos e instalaciones de muchas empresas, aunque todo lo tengan en regla. ¿porque no se emplea el mismo rigor contra potenciales criminales terroristas?. ¿Se infringe la presunción de inocencia de quienes acuden a mezquitas donde se preconiza el odio o frente a los que no denuncian los comportamientos criminales de quienes comparten su religión?. ¿Tan complicado es identificar a quienes viajan a Yemen, Libia o Siria no como turistas ni cooperantes precisamente, y considerarlos ciudadanos libres de toda sospecha?. ¿Se atenta contra los derechos de los 5.000 yihadistas europeos que han regresado , sin ninguna restricción, a sus países tras la semiderrota del Estado Islámico?

La sociedad occidental ha acogido a millones de musulmanes, admite sus costumbres y les ha otorgado derechos negados en sus países de origen. La inmensa mayoría conviven pacíficamente contribuyendo al bienestar común pero ahora, una parte de ellos o sus hijos, se han empeñado en destruir la civilización donde viven. Entre los 55 millones de musulmanes de Europa un 15 % admite admirar el Estado Islámico y casi teniendo empleos o vivíendo en aparente integración con sus vecinos, mientras eran adoctrinados en mezquitas o a través de las redes informáticas. La habitual excusa sobre su desarraigo social es una ofensa hacía muchos que sufren su pobreza sin propósitos asesinos. No es precisamente entre los pobres donde surge el radicalismo criminal pero en barrios enteros de muchas ciudades europeas la vigilancia policial se considere una provocación y cuando ocurre un atentado, se descubre que sus autores mantenían comportamientos sospechosos o estaban identificados, sin que se hubieran tomado medidas preventivas con cuerpos policiales de eficacia insuficiente, jueces amparados en legislaciones obsoletas que se excusan en la presunción de inocencia y políticos temerosos de adoptar decisiones firmes que defiendan la seguridad nacional. Con casi cinco mil muertos, aún estamos esperando que la población musulmana se manifieste de forma inequívoca y masiva, condenando claramente los crímenes o a que colabore abiertamente en la prevención de los atentados.

Muchos insisten con la monserga de la responsabilidad de Occidente y ahora va a resultar que las víctimas son las culpables y los asesinos son los hombres justos. ¿Somos responsables del enfrentamiento religioso entre chiítas y sunitas o de la pobreza y el hambre en Sudán, Mali y la República Centroafricana?. ¿Qué tiene que ver Europa con los males de Yemen, Libia o Somalia?. El régimen talibán afgano y el ataque a las Torres Gemelas ocurrieron mucho antes que las primaveras árabes, la masacre a la Casa de España en Rabat en 2003 o la sangrienta guerra civil argelina de los años 80. ¿Cuándo y dónde atacaron Australia, Argentina, Japón o Suecia, por poner unos ejemplos, al mundo musulmán?. Y suele utilizarse la simpleza de atribuir a Israel el origen de todos los males, cuando ni siquiera los islamistas dirigen sus ataques contra ella y por otra parte, Palestina ni tiene relación alguna con el Califato islamista ni con los asesinatos de cristianos en Pakistán o de coptos en Egipto.

Hace medio siglo se iniciaron las agresiones a Israel y comenzamos a justificar el terrorismo como arma política. Siguíó la destrucción del Líbano, un país que era un ejemplo de convivencia. Luego nos acostumbramos a los secuestros y las bombas en aviones y siguieron la toma de periodistas o cooperantes para decapitarlos en público. Finalmente, llegaron los ataques suicidas provocando en los últimos 4.900 muertos en Occidente, mientras vivimos el horror de la guerra siria y de los millones de huídos.

Buscar el diálogo, frente a quienes utilizan la bomba, la metralleta o vehículos aplastando a paseantes, no es solo inútil, sino sencillamente actuar como imbéciles borregos esperando el sacrificio. Hoy vivimos un conflicto sin frentes, ni identificación clara del atacante, aunque conocemos su perfil. En una guerra normal, ante una agresión enemiga, aceptaríamos el reclutamiento de los jóvenes, el toque de queda o la censura, sin que por ello nos lamentásemos de la limitación de nuestras libertades porque formarían parte de la defensa común. Pero en la lucha contra el terrorismo al anteponer la libertad frente a la seguridad, ya podemos resignarnos a llevar flores, encender velas en honor a los muertos o convertirnos en cuerpos despanzurrados por haber defendido los derechos de los asesinos. Discutir sobre libertades y derechos es ya una obscenidad cuando las victimas suman más de 4.900 personas. La ultima tragedia ha recorrido un trayecto asesino en las Ramblas de Barcelona. Tenemos los demonios en casa, pero ¿cuantos más nos esperan por nuestra inacción?

EL DÍA DE LAS LAMENTACIONES

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En Cantabria se ha vuelto a celebrar una fiesta, ajena al sentimiento popular, que es el Día de las Instituciones, una demostración del folclore local, con pasacalles y conjuntos gaiteros ante la presencia de la clase política, elegantemente vestida para la ocasión. Normalmente las fiestas hacen para conmemorar un hecho histórico o un motivo religioso. Dedicar un acto festivo en honor de las Instituciones resulta tan extraño , como honrar con un festejo al Tribunal Supremo.

En ese Dia de las Instituciones, últimamente viene siendo habitual en los discursos que, aparte de la exaltación a los valores de la región , no se hable de los logros de la Autonomía sino de sus carencias, convirtiendo el acto en un eco del debate político o de lo que se proclama en las ruedas de prensa, añadiéndole un componente de lamentación, dirigido hacia lo que el Gobierno central hace o deja de hacer por Cantabria, según el criterio del gobernante autónomo de turno.

Este año el Presidente Regional se ha adornado con un discurso lleno de afirmaciones como “No nos va a humillar, somos pocos pero con honor y exigiremos que paguen lo que nos deben”, “Los españoles nos quieren, pero el Gobierno de España nada”, tan aplaudido como si estuviese en una de sus habituales apariciones televisivas, mostrando su malestar frente a un Gobierno que “premia las deslealtades y es desleal con los leales”, en alusión a los acuerdos alcanzados para la aprobación de los presupuestos del Estado. En un acto institucional estas afirmaciones desentonan, pero cuando un Presidente las realiza tras llevar dos legislaturas dirigiendo la región, con gobiernos centrales de distinto signo, es que algo falla en su gestión.

Como es lógico no se mencionaron las pérdidas que han supuesto algunos fallos frecuentes de la administración autonómica, achacando su exclusión a un error burocrático la fracasada declaración de múltiples fiestas locales, como el Coso Blanco de Castro Urdiales, la Folía de San Vicente de la Barquera, el Día de Campoo de Reinosa, la Gala Floral de Torrelavega, el Carnaval de Santoña y el Día de Cantabria en Cabezón de la Sal para que alcanzasen el reconocimiento de Interés Turístico Nacional. También fue, al parecer, un fallo administrativo, la pérdida de 22 millones de euros dedicados al hospital Valdecilla, por pedirlos fuera de plazo. Y quizás también fuesen fallos administrativos la oferta de empleo público para combatir el paro de 500 puestos de profesores con un sueldo de 560 euros a la que solo se presentaron 180, mientras que en una convocatoria para 24 plazas de barrendero acudieron 1.470 candidatos.

A estos datos se añaden otros que muestran la pobre situación económica de una región donde la afiliación a la Seguridad Social ha caído en 4.000 personas desde que PRC y PSOE gobiernan juntos. O la reducción de 12 millones de euros en el presupuesto de Educación, mientras se regula la sorprendente genialidad de un calendario escolar descabellado y único en España. O que Cantabria sea un lugar donde no sólo no se genera empleo, sino que se destruye, cuando ocurre lo contrario en el resto de las comunidades autónomas. Todo ello, seguro que por culpa de Madrid. Y por supuesto, nada se dice sobre el dato de que el presidente de Cantabria, y los ocho consejeros del Gobierno regional gastaron el pasado año 21.300 euros en dietas . Una minucia, añadida a sus sueldos habituales, en la que no suele haber errores administrativos.

Pero de todo esto no se ha hablado, sino que se ha elegido la vía del discurso llorón, de la continúa demanda y el agravio, como un adolescente que, incapaz de resolver sus problemas, achaca sus frustraciones a otros, convirtiendo el Dia de las Institucioness en el Dia de las Lamentaciones.

 

EL DESAFIO CATALAN

Publicado en Diario Montañés el 26  julio  2017

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               La identidad española se ha forjado por la unión de territorios y el sentimiento de pertenecer a una misma comunidad compartida durante siglos por encima de costumbres e idiomas. Sin diferencias étnicas ni religiosas desde hace años en Cataluña, se ha gestado una abierta confrontación con la idea global de España, utilizando como excusa la existencia de una lengua minoritaria y un particularismo presente en cualquier otra región.

                Muchos factores han contribuido a ello: la ley electoral premió a los partidos nacionalistas y se toleró una política hostil hacia el concepto de españolidad, forjadas por políticas educativas que han formado a dos generaciones de jóvenes en la creencia de un pasado inexistente derivando a la creencia en una historia falseada, donde Cataluña aparece como víctima esquilmada por un centralismo egoísta, cuando lo cierto es que siempre ocurrió lo contrario. Convencidos de ser diferentes, despreciando al resto, incluyen en su delirio secesionista, a lo que llaman “países catalanes”, Baleares y Valencia como parte de su quimera. Podrían, hacerlo igualmente con el Rosellón, Sicilia y Nápoles, que fueron durante siglos parte de la Corona de Aragón.

Hoy, las dificultades económicas de Cataluña, como si no existieran en el resto de España, se utilizan como expresión de marginación y se proclaman abiertamente los aspectos diferenciales para iniciar una aventura secesionista, sin importar las consecuencias: desde pagar sus propias pensiones y deudas, hasta construir sus estructuras o buscar mercados sin la cobertura de la Unión Europea. Una losa económica que deberán soportar por sí mismos. Pero incluso aunque nadasen en riqueza, se esgrimirían con igual fuerza las mismas intenciones secesionistas seguros de convertirse, de la noche a la mañana, en Luxemburgo o Mónaco, como antes quisieron ser Quebec o Eslovaquia.

Frente a las continuadas exigencias nacionalistas muchos angelicales políticos consideran el cambio Constitucional como medida necesaria, aunque nadie explica en qué consistiría. ¿Sería una nueva reorganización poliédrica de España?. ¿Se apagarían definitivamente los sentimientos de mutuo agravio o conducirían a la emigración de masas de población de unas zonas a otras?. Un gran número de catalanes se sienten también españoles, pero su voz está ahogada dentro del clamor independentista y tras la secesión podría iniciarse la marginación de quienes comparten el amor a su patria chica con la pertenencia a España. ¿Cómo reaccionarían sin renunciar a sus propias raíces?. ¿Y cómo lo haría el resto del país ante los catalanes que viven y trabajan en las demás tierras de España?. Ya se comienzan a oir voces de hartazgo pidiendo la ruptura definitiva, incluso la extensión de un referéndum en toda España para aclarar la situación.

Hemos olvidado que España ha sido la única nación del mundo occidental donde en el último siglo las diferencias políticas condujeron a una guerra civil y junto a Yugoslavia el único país europeo donde las escisiones se han ahogado en sangre. La separación de Noruega y Suecia fue un acuerdo final para resolver los continuos enfrentamientos entre ambos desde la Edad Media. Lituania es un recuerdo medieval, señorío de los caballeros Teutónicos y ocupantes rusos y alemanes, cuya historia se mezcla con Polonia. Letonia y Estonia fueron creaciones artificiales tras la Primera Guerra Mundial para aislar a la revolución rusa. Eslovaquia se separó de Chequia, tras poco más de medio siglo de convivencia mutua y fue el resultado de una decisión política, no de sus gentes. Y hace no muchos años, Yugoslavia, tras matanzas y desplazamientos de población justificados por la religión, la lengua y el despropósito criminal de sus dirigentes acabó desintegrado en siete países: Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo, casi todos hundidos en la pobreza. La mayor parte jamás existieron o sus antecedentes históricos se remontaban a breves periodos de independencia. ¿Alguien les advirtió que algún día el infierno estallaría entre ellos?.

Hoy una parte de los catalanes rechaza la permanencia con el resto de España, porque están dirigidos por radicales que no se consideran españoles, desafiando a la Constitución que masivamente votaron en su día como ley suprema del Estado y el desprecio de sus símbolos. El referéndum anunciado tendría escasa utilidad porque el resultado nunca sería aceptado por una de las partes ni acallaría las demandas o apagaría los sentimientos fomentados por sus actuales dirigentes. El sentimiento de ser español y catalán se ha convertido en una cuestión financiera donde los deseos independentistas se argumentan como sin la pertenencia a un país se tratase de un simple balance económico, olvidando los lazos familiares e históricos que durante siglos les mantuvieron unidos. Es el final que se ve venir y que puede acabar en un enfrentamiento y una escisión social de dimensiones dramáticas. La responsabilidad final radica en la falta de pulso que impregna a un país, donde la exhibición de los símbolos que nos unen o el recuerdo a una historia común se consideran hechos vergonzantes y en la falta de valor suficiente para acabar con todo lo que signifique un desafío a la convivencia y a la ley.

REGRESO A LAS BARRICADAS

barrPublicado en DM 17 junio 2017

           En toda Europa la socialdemocracia se encuentra en retirada. Derrotada en Francia e Inglaterra, marginal en Holanda y Austria, retrocediendo en Suecia y Dinamarca, inexistente en Italia, destrozada en Grecia y afrontando su tercera derrota consecutiva en Alemania, la antes siempre presente izquierda moderada ha quedado arrinconada.

Desde mediado el siglo XIX los polos que rigieron la política europea fueron el socialismo y el liberalismo y desde entonces la política siempre osciló entre derechas e izquierdas , en muchas ocasiones desplazadas por sus extremos, que asumían dictaduras opresoras: fascismo o comunismo. Al final, tras sangrientos experimentos, se alcanzó una convivencia de ambas propuestas que permitió a Europa lograr una situación de bienestar y respeto a los derechos humanos que para convertirla en la imagen ansiada por todos los pueblo del mundo. Pero iniciado el siglo XXI los nuevos desafíos son las dificultades económicas sin poder competir frente a la mano de obra de países del tercer mundo que vacía sus fábricas, la realidad de una inmigración masiva cambiando nuestra sociedad, el terrorismo como amenaza constante, y sobretodo la ausencia de líderes capaces de ilusionar a un electorado envejecido, sin más interés que defender su estatus económico y sus pensiones.

En un continente envejecido y colmado de bienestar, ya no se lucha por la defensa del proletariado, ni se discute la propiedad privada , sino por el mantenimiento de los privilegios logrados y las nuevas generaciones quieren ser las protagonistas, sin esperar a conseguir los méritos de quienes les precedieron. Surge un concepto adolescente de la política reclamando más derechos que obligaciones, el desprecio a todo lo anterior, el relativismo como nueva ética, el proteccionismo medioambiental sin la búsqueda de recursos alternativos para mantener el nivel de desarrollo, la confianza plena en el poder del Estado y el rechazo de la democracia actual sustituida por la algarada callejera y la defensa de movimientos culturales alternativos. La globalización ha conducido a una pérdida de valores y componentes ideológicos, que ya no parecen interesar a nadie. Lo que fracaso en el utópico mayo del 68 va camino de hacerse realidad.

En los países del norte y del centro, el malestar lo recogen nuevas formaciones cargadas con la fuerza nacionalista que protagonizaron sus años más negros, y en el sur del continente surgen los partidarios de volver a una izquierda radical. En Italia el protagonismo político, tras continuos casos de corrupción ha quedado a merced de partidos sin componente ideológico. En Francia surge triunfa un salto político experimental para hacer frente a la descomposición de un socialismo rechazado y el miedo al nacionalismo que recogió los votos de los viejos comunistas. Y la próspera Inglaterra de hace unos años se separa de Europa mientras asoma la escisión de Escocia.

Cuando todo esto ocurre, España, la nación más vieja del continente, debate su propia identidad con los nacionalistas catalanes pidiendo la independencia , alcanzando en el País Vasco las instituciones quienes hicieron de la lucha armada su medio de diálogo y se contempla a Venezuela como modelo, cuando ya una Grecia hundida, no parece ser el ejemplo a seguir. El espíritu de la Transición esta perdido, porque las generaciones actuales ni vivieron sus dificultades ni conocen lo que existía antes. Desaparecidos los estadistas que hacían del consenso la forma de gobernar, en vez de reformar las leyes se busca en el cambio de la Constitución como la solución de los problemas, reinventándonos el país con cada generación, para regresar a los viejos debates de República frente a Monarquia, la pérdida del concepto de interés nacional, el derecho decimonónico a que cada región decida su futuro, el pronunciamiento del pueblo más que en sus representantes y el regreso de los demonios de la guerra civil con sesgadas memorias históricas, sin más bagaje ideológico que la vuelta a los planteamientos de hace medio siglo, como si el mundo se hubiera detenido hace casi cien años.

Mientras Europa busca en la moderación su futuro, la izquierda española, huérfana de un mensaje moderno como sus hermanas, ha decidido tomar el camino de radicalizarse levantar barricadas e intentar el asalto del Palacio de invierno, llamando a sus bases a la nueva revolución, volviendo a enarbolar las banderas del “arriba parias de la tierra, en píe famélica legión”…

El problema no es que huela a polilla de armario viejo , sino que no aporta nada nuevo y solo cosecha el desapego del electorado, que se refugia entre el nacionalismo extremo o las quimeras de las nuevas revoluciones

OTRA VEZ EL RIDICULO

 

Publicado en el DM el 18 mayo 2017

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Eurovisión es un concurso que pese a su tediosa votación, llega a millones de espectadores en toda Europa y constituye la retransmisión con más audiencia después de las deportivas, donde han triunfado artistas como Abba, Gigliolla Cinquetti, Celine Dion y participado algunos que alcanzarían fama como Sergio Dalma, Domenico Modugno, Mocedades, Al Bano, Cliff Richards o Raphael aunque casi todos han quedado oscurecidos con el tiempo o relegados a la fama en su propio país. El reciente fracaso de un cantante español en el festival de Eurovisión, con un gallo espectacular en plena actuación y una puesta en escena de feria de pueblo, es más que una anécdota que se une al recuerdo de la esperpéntica actuación de Chikilicuatre no hace mucho, son ejemplos que exportan una visión de la España moderna.

Participar en Eurovisión, junto al abono de los gastos de viaje, estancia y montaje le cuesta a Televisión Española 400.000 euros y casi siempre se acompaña de una selección oscura con maloliente tufo de escándalo. Lo primero que habría que preguntarse es quienes son los supuestos expertos que escogen al representante español y la canción, porque a tenor de los resultados conseguidos a lo largo de los últimos años, donde en quince ocasiones se ha quedado entre los cinco últimos puestos, no se puede decir que sean unas lumbreras. La oportunidad de mostrar la calidad artística de España en un ámbito internacional, debería estar sujeta a mayores controles cuando esta se realiza con dinero público. De entrada resulta curioso que mientras Francia y Bélgica cantan en francés, Italia en italiano y Alemania en alemán, nosotros lo hacemos en inglés, despreciando el español, un idioma usado por 400 millones de personas en el mundo, con la creencia de que así estamos a la moda. Solo aquellos países cuya lengua no se habla más que en su limitado ámbito, como los eslavos, escandinavos o caucásicos eligen el inglés como letra de sus canciones. Y con independencia de que los sistemas de votación estén viciados, lo cierto es que multitud de países han ganado u obtenido un puesto decoroso con participaciones que pueden gustar o no. Sin embargo España consigue notoriedad en actuaciones que llevan, en los últimos años a reiterados fracasos. Ahora se ha seleccionado a un cantante y una coreografía surfista a Ucrania, un país donde este deporte es tan ajeno como las auroras boreales en el nuestro. En otras ocasiones aparecieron artistas desconocidos que volvieron al anonimato tras mostrar su gris calidad.

Se nos llena la boca demandando bajadas en el IVA para la cultura, la protección de los artistas o la exportación de la imagen de la marca España y cuando tenemos ocasión de mostrarla en foros internacionales, muchas veces conseguimos un completo ridículo, porque creemos que hacer el payaso en un escenario o la provocación por sí misma tienen el mismo valor en España que en otros países. Y aunque se considere que el festival de Eurovisión es un tema menor, especialmente como consecuencia de las pobres cosechas conseguidas con nuestros representantes, no ocurre así con otros países. De entrada resulta curioso que mientras Francia y Bélgica cantan en francés, Italia en italiano, Alemania en alemán y Portugal en portugués, nosotros nos empeñamos en cantar en inglés, un idioma usado por 400 millones de personas en el mundo y el segundo de occidente, con la creencia de que así estamos a la moda y alcanzamos mayor difusión.

Si existe un organismo llamado Consejo de Televisión, con sus miembros espléndidamente pagados, lo menos que habría que pedirles por su extenuante trabajo, es que cuiden lo que se envía al extranjero, cuando se emplean casi medio millón de euros en seleccionar al representante de España y su canción, porque esa va a ser la imagen de nuestro nivel artístico ante millones de espectadores.

Pero no se preocupen. El próximo año, un nuevo desconocido nos volverá a deleitar con sus gorgoritos ingleses obsesionados en hacer olvidar vieja imagen de la España de pandereta por otra de supuesta modernidad que cosechará otro ridículo bajo el amparo de RTVE. Y si no, al tiempo.

LOS TARADOS NIÑOS DEL FRANQUISMO

Publicado en DM 2 mayo 2017

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              Ahora hemos descubierto que los niños nacidos durante el franquismo, éramos unos tarados oprimidos por la disciplina, educados en la ignorancia, lastrados por la religión e incapacitados para el futuro. Nuestra infancia, que creíamos feliz, debió ser solo el espejismo de un tiempo oscuro.

               Fuimos unos pobres tarados que oíamos en la radio las aventuras de Diego Valor, el piloto del espacio, y disfrutábamos con el Guerrero del Antifaz, cuando matar a moros malvados no era un desprecio racial, y con Roberto Alcázar y Pedrin o el Jabato, que nos descubrían un mundo de héroes y la lucha de los buenos contra los malos o las películas donde frente a la amenaza de los siuox siempre llegaba a tiempo el Séptimo de Caballería al mando de John Wayne, cuyo beso final a la protagonista se cortaba por la censura. Pobres tarados cuya merienda de foigras o chocolate Matías López, no producía niños obesos ni adolescentes con anorexia. Los regalos eran para los cumpleaños o tarea de los Reyes Magos, que quizás traían ese deseo tantas veces contemplado en el escaparate de una juguetería. Comprábamos el TBO, pipas, regaliz o bolitas de anís exhibidas en la cesta del pipero presente en la puerta del colegio. Los niños jugaban a las chapas o al fútbol con pelotas de trapos atadas con cuerda y las niñas se divertían con muñecas o saltando a la comba, en calles que aún no eran territorio de violencia, vomitorio de botellón o mercado de droga, nunca aburridos ni necesitados de acudir a un psicólogo.

Fuimos tan tarados que aguantamos sin secuelas de por vida, los capones sufridos en el colegio y el dominio de los mayores. Aprendíamos la lista de los reyes godos para ejercitar la memoria, los dictados eran una prueba de ortografía básica, las raíces cuadradas había que resolverlas sin calculadora y traducíamos del latín la Guerra de las Galias. Y si suspendías en junio, te perdías las vacaciones. Tras ello, muchos acabaron en la Universidad y muchos más aprendieron un oficio, iniciado como aprendices. Y el futuro no parecía gris, lastrado por la bota opresora de una dictadura, cuando se soñaba con comprar una Vespa, el deseado Seiscientos o llegar a firmar la primera hipoteca.

Asi estábamos de tarados o es lo que pretenden hacernos creer hoy muchos que, años después, criados en una sociedad opulenta sin más valores que el logro del éxito y el hedonismo, confunden la infancia de nuestra época con la opresión. No son solo supuestos intelectuales estudiosos del pasado. Son también muchos que, incapaces de finalizar sus estudios, se cobijaron en el mundo de la farándula como intérpretes de nuevos valores artísticos, comentaristas que convierten sus tertulias en ágoras del pensamiento moderno o nuevos políticos equipados con el bagaje del resentimiento.

Fuimos tan tarados que, sin valorar el esfuerzo de unos padres que nunca tuvieron vacaciones, fracasamos al proyectar sobre nuestros hijos una permisividad que nunca nos habían tolerado. Fuimos tan tarados que ahora nos sorprende al ver como esos retoños, crecidos en un mundo de derechos y ninguna obligación, se alzan contra la sociedad que les ha permitido disfrutar lo que jamás tuvimos, reanimando odios y reescribiendo la historia cercana. Unos, abrazando nacionalismos, para inventarse sus orígenes y despreciando a quienes no forman parte de su estirpe imaginada. Otros para derruir la convivencia en paz lograda por unos tarados ya maduros, en los años de la transición a la democracia, revolviendo el odio y exaltando ideas abandonados hace decenios tras haber dejado tras si naciones esclavizadas y empobrecidas. Es el triste final de acto de la tragedia cíclica en nuestra Historia, donde los enfrentamientos son más frecuentes que los encuentros, donde la envidia supera al aprecio, donde personajes de inanes trayectorias personales, pretenden dirigir las vidas de los demás para imponer su sociedad soñada.

Tan tarados fuimos.

LA MATE PORQUE ERA MIA

 

Publicado en DM el 27 marzo 2017

“…y si volviera a nacer, mil veces la mataría”.

Copla popular

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Día tras día llegan las dramáticas noticias sobre mujeres asesinadas por sus parejas. Día tras día, asistimos a las mismas concentraciones de repudio. Y día tras día nos empeñamos en elaborar nuevas leyes que acabe con la lacra. El tema ha pasado de aparecer en las páginas de sucesos a convertirse en un estado de alarma e irritación, en la que policías, jueces, políticos y víctimas, se echan en cara las ineficaces medidas de protección o prevención. Más de 24 millones de euros  se emplean en sistemas de vigilancia, teléfonos de asistencia y centros de ayuda, pero la escalada prosigue. Solo el pasado año hubo 57 víctimas, sin contar con los miles de agresiones no mortales, con menos de una cuarta parte denunciadas previamente, y sigue el  ascenso.

Cuando ocurre  uno de estos  crímenes, aparte de los  detalles de dónde y cómo se cometió, de si existía o no denuncia previa, hay algo que sistemáticamente se oculta: la identidad del responsable. No me refiero a su nombre y apellidos, ni siquiera a su foto con o sin el rostro cubierto. Hablo de su nacionalidad de origen. Ya me veo  acusado de xenófobo, pero las cifras son claras y tozudas. Una gran parte de esta violencia tiene como protagonistas a personas de  entornos culturales diferentes en este aspecto a los nuestros, donde el papel de la mujer  es secundario y sometida al hombre. En casi  un tercio de los casos ocurridos  las víctimas o los agresores provienen de Sudamérica, Europa Oriental o del continente africano. Y son precisamente  las regiones con más población inmigrante las que sufren la mayor incidencia: Andalucía, Levante, Cataluña y Canarias. Esta es la realidad que se esconde bajo el drama de la violencia de género.

Aunque sigamos elaborando leyes, las agresiones persistirán en tanto exista una numerosa colonia portadora de otros valores culturales que nos son ajenos  o, en el mejor de los casos, similares a los que teníamos hace muchísimos años. Tras acogerlos, en vez de impregnarles con nuestra concepción ética de la vida, seguimos una política de tolerancia y aceptación de costumbres que chocan con nuestra forma de entender  la convivencia, los derechos humanos y la igualdad de sexos, lo que frecuentemente  conlleva al mantenimiento de costumbres y hábitos  muy distintos.

No es cierto que el machismo y las prácticas violentas hacia la mujer hayan aumentado entre los españoles, pese a la facilidad con que se concede la nacionalidad a cualquier recién llegado. De hecho ocurre lo contrario. Según los datos aportados por el Observatorio de Violencia de Género, 790 mujeres han sido asesinadas por sus parejas desde el año 2003 y se ha pasado de un 14 % de encarcelados de origen extranjero al 38 % en el 2010. Es decir que se han multiplicado por tres en ese periodo de tiempo, en tanto que los  de origen español se redujeron desde el 86 al 60 %, ocurriendo estas últimas mayoritariamente entre la población  de mayor edad y en ámbitos rurales. Sin embargo, políticos, periodistas y organizaciones feministas jamás mencionan la nacionalidad ni el origen cultural de los agresores. Y si alguien osa decir que hay una mayor incidencia entre la población extranjera residente  en España, rápidamente es tachado de racista.

Cuando se hace un análisis de cualquier tipo de delito, las medidas preventivas deben dirigirse a la raíz del problema, pero si  no somos capaces  de mostrar los grupos sociales con mayor riesgo, de poco servirán las leyes que se elaboren. No es a base de éstas como se cambia una cultura. Si seguimos aceptando como tolerables las costumbres de aquellos que se resisten a aceptar los valores de la sociedad adonde acuden y contemplan a la mujer como si se tratase de una posesión de derecho, disponiendo de ella o pudiéndola matar “porque era mía” , como decía la vieja copla seguiremos clamando en el desierto y  lamentando el constante goteo de muertes. Por muchas leyes que elaboremos.

TODO SIGUE IGUAL

Publicado en DM 15 febrero 2017

PLATON                   El año 2016 con la llegada de Trump y el “Brexit”, ha cambiado la situación geopolítica mundial. En Francia y otros países europeos es posible el triunfo del ultranacionalismo. Millones de desplazados por guerras se amontonan en las fronteras de Europa, siguen las matanzas en Oriente Próximo, Estados Unidos rompe sus acuerdos comerciales en el área del Pacífico y con la Unión Europea, el futuro de la OTAN se reconsidera, China compra cuanto se le pone por delante, incluida la deuda de muchos países. Y en España seguimos sin mirar al exterior, porque es peligroso asomarse a las ventanillas. Bastante tenemos con afrontar el problema de Cataluña. Allí, quien roba, no va a la cárcel, como tampoco quién desafía al Tribunal Constitucional o se burla de los símbolos del Estado. En pocos lugares del mundo la libertad de expresión se disfruta como en tierras catalanas, gracias a la complacencia de sus jueces.

Hemos tenido un invierno, como tantos otros, sin energía suficiente para mantenernos y, aunque sin viento ni lluvias, seguimos importando como siempre energía nuclear francesa, gas ruso o argelino y nos olvidamos de cómo conseguir energía solar en el país más soleado del Europa. Rechazamos el “fracking” que ha sustituido al petróleo en Estados Unidos, Canadá y Australia o la fuerza de los vientos de la que se benefician Alemania, Dinamarca, Suecia, Austria, Finlandia y los países bálticos. Y nos quejamos del recibo de la luz o de la alarmante subida las berenjenas, que parecen ser elemento indispensable en la dieta normal. Llegarán la primavera y los deshielos, y nuevamente el Ebro se desbordará, anegando campos de cultivos o vertiendo millones de toneladas de agua al mar, tras una década de abandono del plan hidrológico que riegue la España seca.

Las pensiones amenazan quiebra, sin que nadie aclare cuál va a ser su futuro, en un país envejecido y con un tercio de su población desempleada. Existen desde hace siglos, 8.122 ayuntamientos con una administración dotada de 445.000 cargos públicos, el doble que Francia o Italia y 300.000 más que Alemania, esperando nuevas ofertas de empleo público para atender las necesidades de una gigantesca maquinaria burocrática, presionamos a las empresas con los impuestos más altos de Europa y esperamos ser la alternativa a Londres como futura sede financiera del viejo continente. Somos una potencia mundial en ingeniería civil, aunque las obras se realicen fuera de España, donde ya no se construyen ni autopistas ni vías para alta velocidad ferroviaria. Muchos pretenden el regreso a la banca pública como garantía futura, mientras pocos recuerdan el hundimiento de las Cajas de Ahorro, infectadas por la acción de los políticos. Seguimos siendo el país preferido en Europa en atracción turística, pero ya estamos pensando en cómo cambiar nuestros horarios para emular a quienes abandonan sus oscuros inviernos y el aburrimiento de las ciudades desiertas desde las seis de la tarde.  Hemos pasado todo un año, con la atención centrada en las posibles combinaciones de grupos políticos para elegir un Presidente, con el país dirigido por un gobierno en funciones, sin poder dictar leyes. Jamás el Boletín Oficial del Estado, había descansado tanto.

Durante ese tiempo, ha habido dos elecciones generales y a punto estuvimos de votar una tercera por el empecinamiento del “no es no”, los remilgos de Ciudadanos y las exigencias de Podemos. Al final, tras la formación de un nuevo Gobierno, dos meses después, seguimos sin presupuestos. Y ante este panorama, observen lo que se debate en los Congresos de los Partidos políticos. El PSOE sigue en sus dudas sobre el liderazgo y el futuro de un socialismo para definir el federalismo asimétrico y cambiar una política laboral en la que los sindicatos han sido desplazados en las negociaciones salariales globales por las realizadas a nivel de cada empresa. Ciudadanos se duda entre la socialdemocracia y el liberalismo, lo que ya es notorio a estas alturas en la ciencia política. Podemos ha sustituido la política de la provocación por la lucha interna de unos contra otros sin que parezca unirles otra cohesión que la oposición al sistema. Los nacionalistas catalanes que protagonizaron el “3 por ciento” durante décadas, se han echado al monte, convertidos en separatistas confesos unidos a los antisistema, y los vascos miran de reojo, pensando como siempre, en el lado del que pueden caer las nueces del árbol agitado. Mientras tanto, en el PP parece ser que lo importante es saber si se legalizan la marihuana, la maternidad subrogada o si un ministro puede ser a la vez Secretario del Partido.

Como ven, la vida sigue igual.

VALDECILLA Y EL PUESTO 27

Publicado en DM 23 diciembre 2016hospital_santander_3

           Puede haber sorprendido que en un reciente informe sobre calidad hospitalaria, Valdecilla haya sido situado en la posición 27, pero no  a los profesionales sanitarios que trabajan allí, muchos de los cuales han ejercido su trabajo, desde hace 15 años, en una situación de constantes obras. La valoración, realizada por un organismo independiente de la Seguridad Social, se basa en informes aportados por el propio hospital, asociaciones profesionales y la apreciación de los enfermos. El hospital que durante años se situaba entre los primeros de España es ahora uno más; bueno, pero sin destacar entre los mejores.

A esa situación se ha descendido por varias causas. En primer lugar por su pérdida de hospital de referencia. Lógicamente, los hospitales con mayor área de atención asistencial son los que mejor se sitúan en la valoración general y Valdecilla, con el desarrollo del Estado Autonómico, vio en pocos años, cómo reducía su atención al pequeño marco regional de una población de 500.000 habitantes, similar a la de muchos barrios y pueblos de Madrid o Barcelona En segundo lugar, el hospital se ha visto sometido durante dieciséis largos años a una reorganización, durante los cuales los enfermos debían ser distribuidos entre el edificio principal, la residencia Cantabria, Liencres y Santa Clotilde, en un constante ir y venir de los servicios, con continuos desplazamientos de médicos y enfermos para realizar procedimientos diagnósticos o tratamientos.

El Valdecilla que ahora se añora, fue obra de la idea de un médico a quien aún se debe un merecido homenaje, el doctor López Vélez, que transformó la vieja Casa de Salud en un moderno hospital en tan solo dos años. Tras él, las sucesivas direcciones han sido ocupadas por gerentes ajenos a su historia, nombrados por el gobierno de turno y muchos de los cuales ni siquiera eran clínicos de prestigio reconocido. Los jefes de servicios clínicos que señalaban las prioridades fueron apartados del protagonismo en la toma de decisiones, se mermó su autoridad y el hospital se disgregó en parcelas súper especializadas, cada una con su respectivo encargado. Esto conduce a que el enfermo sea atendido por múltiples médicos, sin que exista el concepto de atención integral, con repetición de pruebas diagnósticas, nuevas esperas y consultas continuadas, antes de llegar a un tratamiento definitivo. Curiosamente, solo la profesionalidad del personal sanitario, cuya opinión es sistemáticamente ignorada por los órganos de gestión hospitalaria, es el que produce mayor satisfacción en los enfermos, tras ser ingresados y haber superado largas listas de espera en consulta o en urgencias.

El malestar de los sanitarios es constante por el continuo cambio de su lugar de trabajo, la aglomeración de pacientes y los tiempos de estancia hospitalaria, en detrimento a la atención del enfermo. Pero además, un hospital es primero un centro asistencial, después docente  y por último investigador. Esta secuencia se ve con frecuencia alterada en Valdecilla, donde muchos médicos dedican más tiempo a labores investigadoras o docentes, que a las de la prioritaria atención clínica.

Pero hay más. La política sanitaria realizada en los últimos años, ha convertido Valdecilla en un inmenso complejo, en el que más que un hospital con consultas, se ha convertido en unas consultas con hospital anexo. Esto daña su valoración, contemplada como una consulta masificada por procesos que podrían estar a cargo de los médicos de cabecera o cualquier especialista extra hospitalario. Junto a ello, no se ha abordado una política racional de Urgencias, que limite el acceso a las mismas. Los enfermos que la saturan son fuente del mayor número de quejas por su lentitud y acumulación de pacientes en las mismas, sin que se hayan dado las suficientes alternativas fuera del hospital, que permitan la solución de muchos procesos en otros centros de Urgencia más pr´pxomos al paciente, dotados con más medios diagnósticos y mayor equipamiento humano.

El problema no es que el puesto 27 refleje que la atención médica sea mala, sino que a juicio de muchos profesionales y enfermos, no funciona adecuadamente su prestación, con largas listas de espera, escaso contacto humano  y malestar generalizado de todos. Y todo ello, con la creencia de que la inversión de miles de millones en edificios iba a hacer de Valdecilla el mejor hospital del mundo mundial. Al final, ha resultado que el dinero gastado no resuelve todo lo que se esperaba.

LA I+D+I DEL MURCIELAGO

Publicado en Diario Montañes, 2 diciembre 2016

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Igual que  los murciélagos se ofuscan a la luz del día,

 la inteligencia se ofusca ante cosas evidentes.

 Metafisica. ARISTOTELES

                Nada menos que 118.000 euros va a gastarse el gobierno regional en contar el número de murciélagos que hay en Cantabria, para seguir una inaudita  normativa europea de conservación del hábitat.  La decisión  se tomó en un Consejo de Gobierno el pasado mes de octubre y el anuncio del concurso público, que ha sido enviado al Boletín Oficial de Cantabria, parece conllevar  cierta urgencia en adjudicarlo, ya que sólo se permiten ocho días para presentar las ofertas. Una vez conseguido el contrato, la empresa o el particular  que presente la mejor propuesta económica dispondrá de dos años enteros para terminar el estudio. Las exigencias son muy concretas sobre el tipo de expertos en murciélagos que se buscan. Entre otras cosas, el Gobierno se pide experiencia previa en trabajos sobre murciélagos en Cantabria realizados en los últimos tres años, donde seguro que existen mucha gente  dedicada a ello. La medida tiene su lado bueno. Con independencia que  se siga escrupulosamente lo ordenado por un extraño gabinete de Bruselas, siempre encontraremos a un grupo de biólogos en desempleo que obtengan los miles de euros destinados a este fin. Pero es imposible evitar la sospecha de un cierto grado de amiguismo, cuando se es tan meticuloso en sentar unas bases tan estrictas y abonar al adjudicatario una dotación económica que más que triplica el sueldo medio de un médico, un maestro, un policía o un bombero.

No se trata de una broma. Que nadie desdeñe la importancia de los murciélagos, como recientemente  han señalado dos altos responsables de la Consejería de Medio Ambiente. Su alimentación insectívora es fundamental para el campo y no hay que olvidar su potencial propiedad de ser transmisores de la rabia. Incluso han señalado como muchas obras públicas millonarias se ven paralizadas por no haber tenido en cuenta el hábitat de la biodiversidad cántabra.

Nuestro Gobierno Regional, en sus últimos presupuestos, destina una cantidad similar para la lucha contra las plagas, 120.000 para actuaciones de vialidad en algunos pueblos ante las nevadas,  110.000 en convenios con la Universidad para investigaciones prehistóricas, 100.000 para erradicar el chabolismo y el mismo importe  para la recuperación de zonas de marisqueo o ayudas para explotaciones ganaderas tras epidemias. Si observamos otras partidas resulta sorprendente que solo se destinen 300.000 euros para incentivos del empresariado industrial,  250.000 para reforestación de los montes o 500.000 para el fomento de energías renovables. Cantidades ridículamente superiores a las destinadas para contar murciélagos. Claro que siempre han existido prioridades y las directrices de Bruselas, salvo las de ahorro, deben cumplirse a rajatabla.

Mientras se anuncia una subida de impuestos para hacer frente a la deuda autonómica, cabe la duda de si para  los 500.000 habitantes de la región será motivo de orgullo el haber cumplido la normativa europea y la tranquilidad de tener identificada claramente la población de murciélagos de nuestro entorno. Será el chocolate del loro, pero tengan por seguro que sobretodo, quienes saltarán de alegría serán los adjudicatarios de los 118.000 euros, para asumir su trascendente trabajo.

Esperemos, que el Presidente podrá señalar en sus numerosas apariciones públicas, donde explica los caminos para combatir la crisis, haga referencia a  cómo Cantabria dedica recursos a investigaciones de altura, no sólo en ensalzar las anchoas y los sobaos como ejemplos de I+D+I.

 

 

 

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