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AND THE WINNER IS …

Publicado en el DM , 16 junio 2018

lider 

A la hora de elegir un candidato para asumir la dirección de un partido  político y pretender gobernar un país, hay varias cuestiones que se deben exigir. De una parte la solvencia personal, pero además  que trasmita un proyecto político de alcance nacional que le identifique con un electorado ilusionado por su liderazgo, un  programa económico y un mensaje social.

El mensaje nacional, implica la defensa de España como concepto y la defensa ante quienes pretendan su desestructuración en nacionalidades o autogobiernos. En aspectos económicos, se debe clarificar claramente cuales van a ser las prioridades, si aumentarlos impuestos, pagar la deuda, reducir el gasto público o promover la iniciativa individual. En aspectos sociales, aparte de clamar por la Justicia social, mensaje común exigible a cualquier formación política, debe clarificarse cuales serán las prioridades y qué medidas se tomarán para conseguir el dinero que permita mantener un estado de bienestar. Si en educación se  colaborará con la iniciativa privada o se dará prioridad a la pública. Si se está con Europa con toda sus consecuencias, incluida la política de defensa o no. Qué postura se va a adoptar frente a las olas de inmigración que llegan a Europa. Cuál va a ser la política energética,  si se va a cambiar el sistema electoral, cómo se va a ajustar la dispersión del estado autonómico y cómo van a abordar la modernización de la Justicia. No vale que prometan un AVE o una nueva autopista, ni que van a fomentar la creatividad, la manida I + D, o la cultura como pronunciamientos generales. No vale que se va a crear riqueza y que se reducirá el paro, como tampoco que se va a luchar contra la corrupción y el fraude fiscal. Eso son proclamas al aire. Hay que concretar las medidas sobre política laboral, pensiones y desafío al secesionismo.

Los socialistas, con todos sus devaneos entre la radicalidad o la moderación, a la hora de gobernar nunca olvidan los componentes ideológicos. El nombramiento como Delegado del Gobierno del  Secretario del Partido en Cantabria es un ejemplo claro de que no les tiembla la mano a la hora de tomar decisiones. Podemos sigue empecinado en la quimera de que  todo cambie  y  creyendo que el dinero es maná llovido del cielo. Ciudadanos, aún se debate en casi todos los frentes, salvo en la defensa del concepto de España.

El PP ha demostrado ser un buen gestor, especialmente notable cuando  soluciona los desmanes económicos de los políticos socialistas. Pero luego se queda estancado en los miedos para llevar a cabo su programa ideológico, cada vez más difuminado. No se  puede ofrecer como gobernantes a un cuerpo de tecnócratas por muy cualificados que parezcan. El gran error de su gestión en los últimos años ha sido precisamente dirigir al país olvidando la ideología que debe impregnar toda acción política y la toma de decisiones firmes sin atreverse a corregir con firmeza las imposiciones hechas por gobiernos anteriores y sin conocer otros pactos que los que no vayan acompañados de dádivas económicas al nacionalismo. Y desde hace décadas, sabemos como acaba la fidelidad de estos socios.

Mientras escribo estas líneas, se especula sobre quien dirigirá próximamente al Partido Popular. Acostumbrados al culto reverencial hacia el jefe, siempre  temerosos a los  debates internos,  hay que  esperar un nuevo cónclave que otorgue el cetro de oro al sucesor de Rajoy. Las ideas y los programas, teóricamente, serán los de siempre, que luego no se aplican. Pero entre los candidatos con  quienes se especula para dirigir al PP  se desconoce aún su mensaje político dirigido al electorado de centro derecha. Feijoo es un vencedor en las elecciones gallegas, del que  se desconoce mensaje político alguno a escala nacional.  Santamaría y Cospedal, son brillantes abogados del Estado, de las que se ignora casi todo, salvo su labor parlamentaria. ¿Cambiamos todo para que nada cambie?.  Pronto se pronunciará el esperado  “The winner is … “  y todos a aplaudir enfervorizados.

VIVIR EN LAS NUBES

Publicado en DM el 16 abril 2018

              A1336644290_589754_1336644486_noticia_normalbran las páginas de cualquier periódico, escuchen cualquier emisora de radio o televisión. Los titulares son reiteradamente iguales: Puigdemont y sus afines desafiando al gobierno y los tribunales, denuncias sobre actos de corrupción evidentes o supuestos, y vueltas y más vueltas sobre sí los presupuestos se aprueban o no. Esa parece la España real para cualquier observador.

               Del PP se alaba la gestión económica, que muchos consideraron imposible, pero hay que preguntarse si ese logro será suficiente para volver a ganar la confianza de los electores. Porque por mucho que crezca el PIB, también ocurrió lo mismo en otras ocasiones, igualmente difíciles. La UCD de Suárez tuvo que afrontar una transición política en medio de un caos económico mundial y al final, pese a sus éxitos, desapareció. González transformó España modernizándola y abriéndola al exterior, pero perdió las elecciones, envuelto en escandalosas corrupciones que ya parecen olvidadas. Aznar lanzó económicamente al país de forma espectacular, pero también fue derrotado, envuelto en su orgullo y tras perder credibilidad. Incluso con el mismísimo Franco, el país creció, y ahora su protagonista es un proscrito histórico.

Y es que no sólo de pan vive el hombre. Hoy, además de los problemas económicos a los españoles les preocupa la situación de Cataluña y la corrupción. Perciben una falta de liderazgo político y les irrita ver cómo tras aplicar el temido artículo 155 de la Constitución siguen sin tomarse decisiones políticas valientes, con toda la responsabilidad que conlleva la acción de gobernar, para resolver la situación de desafío al Estado que se mantiene viva. La televisión pública catalana persiste alimentando el separatismo, siguen en sus puestos la mayoría de los responsables del problema y en vez de buscar soluciones acercándose a los más afines, se continua en la descalificación mutua imposibilitando futuros pactos, para resolver los graves problemas nacionales. Que se llame lenguaraz a Rivera puede ser un calentón en un encuentro entre afines, pero supone otra piedra añadida a un posible entendimiento. No deja de ser un sarcasmo que se tilde de imprevisibles o inexpertos a unos posibles socios, mientras se muestra la inoperancia de muchos responsables del Gobierno. Interior es incapaz de mantener el orden en las calles y carreteras de Cataluña, deteniendo a cuenta gotas a algunos de sus protagonistas. Educación se declara impotente para resolver el problema de la segregación del castellano, Exteriores ignora su labor principal de cuidar la imagen de España y lograr la comprensión de sus socios comunitarios, y Hacienda sigue creyendo que los problemas se resuelven dando dinero a quienes más se aprovechan del chantaje nacionalista.

Es cierto que el partido de Rivera se ha mostrado desigual en sus planteamientos, incluso contemplativo con algunos casos de corrupción y extremadamente duro en otros o que la inexperiencia sea una carga que conlleva. Pero muchas veces en política lo que entusiasma al elector es el aire nuevo. La política no es solo administrar un país, porque quizás esa labor la realizaría mejor el director general de una multinacional de éxito, sino en hacerlo atendiendo las necesidades de los ciudadanos y sintonizando con ellos en la manera de pensar. Hay que recordar que en nuestro pasado reciente la situación más difícil tuvo lugar en los años de la transición. Ganó UCD, pero en pocos años, fue derrotada por un partido socialista dirigido por unos jóvenes inexpertos y una militancia de aluvión, porque lo que la ciudadanía pedía era un cambio. Ahora estamos en una situación similar. Hoy, también un líder bisoño apoyado por el desencanto hacia los populares o los socialistas, está creciendo día a día con el simple mérito de haber hecho de la defensa de España su estandarte y de la lucha contra la corrupción su arma principal. Algo que los demás olvidaron, enredados en pactos o enfrentamientos.

Mientras el PP se enroca en la defensa de la gestión económica, sin que sus logros parezcan convencer a los electores, los socialistas buscan una nueva identidad volcándose hacia la izquierda más radical y más alejada del centro. Con estos mensajes de resignación, ni el PP van a levantar a sus alicaídos partidarios, ni el PSOE recuperará a sus electores perdidos. Ya no vale pensar en ser mejores porque los demás son peores. O se suscita una nueva sensación de liderazgo y de cambio, o los dos grandes partidos pueden despertar con una dolorosa resaca por haberse creído los reyes del mambo y vivir en las nubes. Y al tiempo me remito.

ENTRE EUGENIO Y TIP Y COLL

Publicado en DM 23 febrero 2018

                                        TIP Y COLL

Después de cinco meses de haber aplicado el temidísimo articulo 155 de la Constitución, en una reciente conferencia de prensa, el portavoz del Gobierno nos ha anunciado que están contemplando introducir algunas reformas en la enseñanza de los niños catalanes con el fin de dedicar más horas al castellano. Tras las preguntas obligadas de los periodistas, aclaró que no era una reforma de las competencias del Estatuto, sino el estudio de cómo estudiar los estudios de los estudiantes que estudian en Cataluña, estudiando cómo sus estudios podrían reformarse, dejando bien claro que tan solo era un estudio inicial que significaba el estudio cuidadoso de cómo estudiar la aplicación de las mejoras estudiantiles. Ni Tip y Coll lo habrían hecho mejor. Eso lo decía , lleno de precauciones, nada más y nada menos que el Ministro de Educación y Cultura, quien viene ocupando su cargo desde hace tiempo, y al parecer, aún no había estudiado adecuadamente el problema. Y al poco, la Ministra de Sanidad, que como no tiene nada que hacer, salta con una historia distinta. Pues que bien.

Si el ministro del ramo aún no se había dado cuenta de que la enseñanza en Cataluña lleva años ignorando los pronunciamientos del Tribunal Constitucional reiteradamente ignorados por los nacionalistas de la Generalitat catalana sentenciando que debían dedicar más horas a la enseñanza en castellano para hacerla equiparable a la dada en catalán el asunto es más grave de lo que todos conocíamos. Todos excepto el señor ministro y sus directores generales de educación, comenzando por la inspección de servicios y terminando por los fiscales.

Han sido necesarias las continuadas quejas de los padres y de las asociaciones civiles en defensa del castellano en Cataluña, para que el responsable de la política educativa en nuestro país se de cuenta del continuado incumplimiento de las leyes y del adoctrinamiento que durante años se viene practicando en Cataluña. Aquello de que el río Ebro nacía en tierras extrañas, que Santa Teresa nació en Barcelona e incluso que Cristóbal Colón era catalán, nunca fueron motivo de estudio para los inspectores de educación. Al final, miles de jóvenes crecieron con las convicciones que les dieron sus adoctrinadores maestros y, entre ellas, que Cataluña no sólo no es España, sino que constituye un vecino opresor.

Mientras la sociedad catalana ha venido sufriendo las consecuencias de una enseñanza que condicionaba el acceso a puestos de responsabilidad o al funcionariado en función del conocimiento del idioma, y entretanto los gobiernos nacionales miraban a otro lado o, como ahora, estudian cómo resolver el desaguisado, ciertamente tenemos un problema. El mismo que se añade a la inoperancia de un Ministerio de Interior incapaz de controlar lo que hacen los cuerpos policiales autonómicos. O la de un Ministerio de Presidencia, que ignora la existencia de una televisión pública pagada con los impuestos de todos, en la que se siguen defendiendo a los independentistas y contempla al fugado Puigdemont y toda su corte, como representantes legítimos del pueblo catalán. E idéntico al de un Ministerio de Justicia que contempla inane como una diputada autonómica, llamada a declarar por un juez, afirma sin tapujos que la proclamación de la Republica el pasado 1 de octubre, fue una acción premeditada y cierta, sin que el fiscal de turno adopte ninguna medida, imposibilitando al juez que tome la misma decisión por la que otros compañeros de rebelión están encarcelados hasta el día de hoy. O como el ministerio de Hacienda, incapaz de controlar las cuentas públicas de una Autonomía en rebeldía, estudia, — otro con la misma historia — como reducir la deuda catalana mediante generosas quitas económicas, negadas a otras regiones.

Con ese panorama, no es extraño que muchos catalanes, convencidos de pertenecer a un país llamado España se sientan no sólo abandonados, sino incluso estafados por los partidos que se proclaman constitucionalistas y busquen en nuevas formaciones la identidad orgullosa de seguir sintiéndose españoles. Y desde luego, el hartazgo del resto de España hacia quienes dedican toda su atención a vigilar el nivel de la prima de riesgo, el nombramiento de un vicepresidente para el Banco Central Europeo, o el retiro al limbo de qué hacer con el futuro de las pensiones, mientras permiten que el endeudamiento sigue su ascendente galopada, confiados en que los demás son aún peores.

El genial Eugenio se preguntaba: “¿Sabes aquel que diu?…. Uno que va a ver a un adivino, llama a la puerta y le contestan: ¿Quién es?. Y él responde: ¡Pues vaya mierda de adivino!”. Pues en eso estamos. O dejan de estudiar los problemas y toman medidas o las próximas elecciones van a colocar a cada uno en el lugar que se merece.

MAS DIFICIL TODAVIA

n_real_madrid_anti_barca-10621835Publicado en DM 11 febrero 2018

           Señores, pasen y vean, la función ya ha comenzado.

        Ofrecemos el mejor espectáculo del mundo y la sorpresa está garantizada. En la pista de nuestro circo actúan acróbatas, contorsionistas, equilibristas, magos, malabaristas, payasos, titiriteros, tragafuegos, y sorprendentes trapecistas. Hemos convertido lo que antes constituía la maravilla de los niños en la principal atracción de los adultos. Ya no asombran los tigres amaestrados, ni las mujeres barbudas, porque su magia ha sido reemplazada por los canales de televisión con programas infantiles o documentales zoológicos. No hacen ya falta trapecistas, ni tigres rugientes, ni focas sosteniendo globos. ¿Acaso no es más divertido hoy día oír a muchos políticos que el ir y venir de los payasos en la pista?. ¿Qué nos ofrece como novedad el fonambulista oscilando en un cable?. ¿No es más incierta la actitud de quienes hacen malabarismos y equilibrios con las leyes?. ¿Nos sorprende el hombre tragasables cuando todos los días les vemos hacer lo mismo con todo tipo de sapos y donde dijeron digo dicen Diego ?.

En nuestro espectáculo hay actores que, en vez de vestir como arlequines, lucirán lacitos amarillos para que sepamos de antemano cuál va a ser su papel. Los que ganan las elecciones no dirigen la función y quien las pierde acusa a los vencedores de mezquindad por no dejarles un diputado para tener mejor asiento que el incómodo del gallinero. Los socialistas, digieren con bicarbonato su chasco electoral mirando de reojo cómo desmarcarse de los constitucionalistas sin que se note mucho. Los nacionalistas de CIU, responsables de la estafa multimillonaria del 3 por ciento no se responsabilizan de la deuda porque han cambiado de nombre, y con sus mismos dirigentes ahora se llaman PDdeCat y junto a Esquerra Republicana vuelven a las andadas, sin haber renunciado a nada, salvo a lo estrictamente necesario para que los que están imputados y bajo fianza sobrevivan a la función, contactando con los presos, desde sus celdas, vía Whatsapp. Tenemos un ex director de función que hasta ayer insistía en que debía votarse a un fugado de la Justicia, en espera de nuevas demandas al Tribunal Constitucional, aunque fuera candidato por vía telemática o por delegación de voto sin debate alguno, porque el reglamento de nuestro circo no contempla que puedan ser presidentes ni los elefantes ni los ornitorrincos, lo que constituye un autentico dilema que deberán resolver sesudos magistrados. Y más difícil todavía: los de la CUP amenazan con quemar la carpa para que todo cambie.

Entretanto, hemos blindado las fronteras como si llegase una invasión, por si acude nuestro principal protagonista con toda su corte, tras su ir y venir por los helados parques de Bruselas exhibiendo la propaganda de nuestro del espectáculo, aunque al final, el genial artista ha preferido olvidar su papel de payaso-estrella y probablemente, en una nueva pirueta, acabe marchando a Rumanía porque ni Estremera ni Soto del Real seducen a quien prefiere vivir en una mansión de Waterloo, la tierra donde Napoleón perdió sus sueños imperiales, dejando desolado a la alegre muchachada de los lacitos amarillos.

Hay quienes dicen que al final todo se arreglará, pero ofrecemos la incertidumbre de ocultar al personal cuál va ser el desarrollo del espectáculo. Una parte de los artistas quieren repetir la función, con los mismos fonambulistas, los mismos payasos y los mismos titiriteros, ignorando que una parte de los espectadores ya están hartos de esas bromas y equilibrios sobre la pista. Otros protestan e insisten en que debe cambiarse la gala, con nuevos actores. Per aunque la función se retrase un poco, no se preocupen, que la diversión está garantizada, y seguirán oyendo los rugidos de las fieras en la pista, contemplarán las piruetas de los contorsionistas y se deleitarán con las payasadas de quienes han convertido un Parlamento en el mayor espectáculo del mundo mundial. Es parte del más difícil todavía, él no va más de la gracia y se sorprenderán de lo mucho que aún no han visto. Porque todo puede pasar en una carpa como la nuestra donde la diversión está garantizada sin que puedan ver nada parecido en ningún rincón del mundo. Olviden sus problemas, y déjense llevar por la magia que les ofrecemos. Enamórense de nuestros actores, ríanse con las declaraciones de nuestros protagonistas, maravíllense de sus piruetas. No encontrarán nada mejor para olvidar sus problemas.

Y sigan subvencionando la función, para pasmar al personal. Señores, no se preocupen por el precio de la entrada, pasen y disfruten del espectáculo. La función continuará.

EL CASO DIANA QUER

Publicado en Diario Montañes, 22 enero 2018

 

426909-181-260                A un mes de la detención del asesino de Diana Quer hoy sabemos que, desde el principio, estaba siendo investigado y la policía tenía certeza de su culpabilidad, pero seguía buscando más pruebas aceptables para el juez. ¿Qué otras se necesitaban cuando no se ha añadido ninguna mas salvo que la última víctima identificó a un individuo que intentó secuestrarla?. Si llega consumarse, nos encontraríamos con otro caso más pendiente de resolver entre los numerosos sucesos similares ocurridos en esa zona y la policía seguiría buscando, después de año y medio, más pruebas para la Justicia. Sin embargo , la realidad es que no se ha añadido nada nuevo a los indicios que claramente señalaban al Chicle como principal sospechoso, y que tan solo, al ser detenido tras su identificación por la última víctima , se ha aclarado el caso, permitiendo conocer el culpable, y el lugar donde ocultó el cadáver.

Hoy nos felicitemos por la labor policial, pero no se puede decir lo mismo del juez que se resistiría a la detención cautelar del principal sospechoso. Es más ¿han ocurrido otros secuestros o hay otras víctimas durante el tiempo transcurrido sin la suerte de la última víctima?. En otros casos se realiza la detención yante la evidencia de los hechos y la presión del interrogatorio policial terminan confesando. Que es exactamente lo que ha hecho, el Chicle, revelando el lugar donde ocultó el cuerpo, admitiendo que la secuestró, desnudó y estranguló. Si hubo o no violación es ya solo una cuestión de añadir más años a la condena.

Aunque todo el mundo sea inocente en tanto no se demuestre lo contrario , los indicios de culpabilidad en los casos especialmente graves, debieran alertar a fiscales y jueces entre otras cosas para evitar la pérdida de pruebas y nuevos males. ¿No ocurre así cuando alguien es investigado por supuesto fraude fiscal y debe mostrar su inocencia? ¿No pasa igualmente cuando un conductor es multado por exceso de velocidad o presencia de alcohol en el aliento , sin posibilidad de recurso hasta que no demuestre que el radar o el alcoholímetro estaban bien reglados?

Pues en el caso de Diana Quer o la policía solo contaba con indicios lleves o algo falla en un sistema judicial tan garantista de derechos que limita la labor investigadora y posibilita la continuada comisión de crímenes. Aunque el asesino aparecía desde el inicio como el principal sospechoso , ha sido necesario un año y medio hasta su detención. Y esto ha ocurrido casi por azar, cuando se identifica al agresor de una nueva víctima, que coincide con el principal sospechoso. Ahora se investiga también a su mujer como encubridora y convendría preguntarse cómo un sujeto con antecedentes de agresión sexual, traficante de drogas, albañil o pintor ocasional, ha sido capaz de tener tres vehículos, un Alfa Romeo, un Audi y un Fiat, y vivienda propia sin llamar la atención ni de sus vecinos, ni de Hacienda, ni incluso de la propia policía que le vigilaba de cerca, según dicen.

Y justo ahora que se descubre al autor del crimen, con toda la alarma e irritación social el caso conlleva, en el Congreso no se les ocurre más a los partidos políticos de la oposición que intentar la derogación de la ley de prisión permanente revisable, alegando que es una condena perpetua oculta y que impide la reinserción social de los condenados. La ha promovido el PNV con la mirada puesta en los pobrecitos etarras, pero le siguen otros partidos con ese buenismo que busca la reinserción de los crimínales más que su castigo. Y , en vez de interpretar la voluntad popular, la sustituyen por el despotismo ilustrado de quienes pretenden imponer sus criterios a la sociedad que dicen representar. Que se lo pregunten a las víctimas del terrorismo, pederastia o agresiones sexuales.

No es cuestión de que cualquiera de su señorías, tan ocupadas por la reinserción de los criminales , llegue a sufrir en sus propias carnes el dolor de cualquiera de estos crímenes, pero de verdad, que casi dan ganas de ello.

VOLVER A EMPEZAR

Publicado en Diario Montañes 233 diciembre 2017

images                   Lo que todos teníamos se ha confirmado. Cataluña vuelve a encontrarse en una situación similar a la de hace dos meses. La medrosa aplicación del 155 no ha servido para nada, salvo para generar más irritación, como tampoco la precipitada convocatoria de elecciones sin haber resuelto la raíz de los problemas, confiando en que el juzgado de Guardia o el Fiscal de turno se encargarían de ello. Y volvemos a empezar mostrando de forma rotunda la división de Cataluña en dos. De una parte, con el espectacular crecimiento de Ciudadanos, que ha recogido sus votos de un PSOE lastrado en la ambigüedad y del hundimiento de un PP anodino. Y de otra, el mantenimiento de los independentistas, que vuelven a quedar en manos de los antisistema de la CUP. Es decir, la vuelta a la situación anterior, pero con mayor crispación y con unas posiciones tan extremas que difícilmente parece posible un mínimo acuerdo. Para complicar aún más las cosas, muchos líderes independentistas están encarcelados o huidos, y otros imputados bajo fianzas, lo que añade un componente añadido de incertidumbre sobre los siguientes pasos que la Justicia debe tomar y una situación difícilmente explicable ante la opinión pública internacional. Es el resultado de unas leyes electorales absurdas, de gobiernos pusilánimes llenos de complejos, de una oposición mirando de reojo a la Moncloa, y ahora toca afrontar las consecuencias.

               Pero por encima de todo, hay un aspecto clave. El problema catalán ni puede resolverse con medidas legales, ni el Derecho o el Código Penal sirven para combatir los sentimientos. La convicción independentista se ha incrustado firmemente tras años de permisividad suicida y de dejar crecer al cachorro de un tigre, creyendo que se mantendría como un gatito domesticado. Súbitamente, nos hemos dado cuenta de que muerde la mano que le alimento y reclama su territorio. Hoy, la mitad de la población catalana no se siente española y la mayoría del conjunto nacional contempla a los catalanes como arrogantes y molestos vecinos de los que se comienza a estar hartos. Frente a la creencia de no sentirse españoles se alza, con igual fuerza, una reacción generalizada de irritación, en Cataluña y en el resto de España.

                 La convivencia nacional es mucho más que cumplir las mismas leyes, sino la aceptación de la misma identidad. Y no es este el caso catalán, donde el nacionalismo ha evidenciado ser más que una ideología: es un sentimiento similar al religioso, del que no se abjura ni por las miserias humanas de algunos de sus dirigentes, ni ante la posibilidad de un caos económico. Se puede convivir con religiones, razas o lenguas distintas, pero es imposible entre quienes se sienten diferentes y oprimidos, ni hay razonamientos posibles para convencer a un pueblo de que abandone sus creencias religiosas. Esta es la realidad con la que deberemos vivir en el futuro. Serán necesarios muchos años para que cambie el sentimiento de ser diferentes. Y este es el desafío que debemos afrontar o, sencillamente, como decía Ortega, acostumbrarnos a vivir con un problema sin solución.

                 Ahora queda una situación similar a la del pasado octubre pero con una mayor polarización de las dos posturas en litigio y sin que podamos excusarnos en la Cataluña silenciosa. Y aunque Ciudadanos haya ganado las elecciones y triunfado en las diez ciudades más populosas, ya se sabe que todos los demás se unirán en su contra, para defender, no una política, sino una forma de ser.

                  Queda por ver la repercusión que causará en la política nacional futura. Mucho tendrá que esforzarse el PP para reconocer, que pese a sus aciertos macroeconómicos, con ello no se convence a los votantes. Mucho tendrá que meditar el PSOE por sus ambigüedades. Mucho tendrá que reconsiderar la izquierda ante su apoyo al nacionalismo. Mucho tendrán que pensar los
movimientos populistas en su búsqueda de lo imposible.

                 Y mientras tanto, la empresas huyendo de Cataluña, Puigdemont en olor de multitudes y todos un poco más pobres.

SIN SOLUCION

Publicado en Diario Montañes 16 diciembre 2017

images                      Pero,  cómo es que siguen insistiendo con su independentismo, se preguntan muchos. ¿No han visto que son rechazados por todos los países con la excepción de la exótica república de Osetia del Sur?. ¿O como en pocas semanas huían más de 3.000 empresas, bajaba el turismo y aumentaban sus parados?. ¿El ejemplo de sus líderes encarcelados o imputados por delitos graves y el horizonte de prisión no han sido suficientes?. La actitud de sus dirigentes, acatando el articulo 155 de la Constitución ¿no es una prueba de la imposibilidad de seguir con su quimera?. ¿Cómo van a pagar sus pensiones, obtener energía, construir infraestruturas, conseguir créditos internacionales?. ¿Aún no se han dado cuenta de que existe un boicot a sus productos que les empobrece más?. Porque aunque se diga que daña a todos los españoles, esto es solo una verdad parcial. Quien no compra productos catalanes los sustituye adquiriendo otros similares en otras zonas de España.

El sentimiento nacionalista tiene el mismo componente que las creencias religiosas. Cuando alguien está convencido de una verdad que ha sido inculcada desde la propia infancia o cuando ésta ha sido asumida como signo identitario, la raíz de esa idea esta asociada al alma y es muy difícil convencer a nadie de su falsedad. Cuando se cree en una religión o en un dios, los argumentos disuasorios son casi imposibles, aunque ello suponga una vida más dura o riesgo para la misma. ¿Se puede convencer a un musulmán de que coma carne de cerdo, aunque pase hambre?. ¿Dejará su religión el budista que pertenezca a la casta de los parias, aunque este marginado en su sociedad?. ¿Modificaron los cristianos sus creencias pese a las persecuciones ?.

El independentismo ha hecho de su ideología una religión que no se puede cambiar con razones, ni pretender que abjuren de la misma con las leyes. Por muy democráticas que estas sean, siempre les parecerán ajenas e injustas. Ningún razonamiento es aceptable para ellos. No hay diálogo ni pacto posible cuando lo que se exige es todo a cambio de nada.

Muchos catalanes están convencidos de pertenecer a un país de historia utópica, de poseer unos valores superiores, de no pagar sus impuestos a una España que ” les roba”, de merecer más que el resto de los españoles. Así fueron educados durante generaciones y no van a cambiar porque la ley no les de la razón. La defensa del sentimiento romántico de pertenecer a otro país cuya historia se falsea, el convencimiento de sufrir una opresión jamás ejercida y olvidar las continuadas prebendas, la creencia de ser mejores que el resto, están incrustados profundamente en la mitad de su población. Quizás los más jóvenes, con el paso del tiempo abandonen esa quimera, de la misma forma que los niños dejan de creer en los Reyes Magos, pero para la mayoría no habrá cambio posible en sus convicciones, y buscarán en el exterior modelos que justifiquen su estado. Un día Quebec, otro Eslovaquia, otro Escocia, aunque puedan acabar como Kosovo. Unos días claman a Europa. Otros la rechazan. De momento solo los grupos antieuropeístas de ultraderecha muestran una cierta comprensión hacia ellos.

La sociedad catalana esta fracturada entre quienes se creen diferentes al resto del país y quienes se sienten tan españoles como catalanes. Las sucesivas elecciones y encuestas evidencian esta brecha permanente y cada vez más amplia, sin que se observen cambios, porque el sentimiento identitario y supremacista está fuertemente inculcado en sus mentes. Y eso no tiene solución ni a corto ni a medio plazo, ni con un gobierno ni con otro, ni con cambios constitucionales ni sin ellos. Sobretodo, cuando no hay una voluntad clara de imponer en Cataluña las mismas reglas del juego que se aplican en el resto de España. Y por si fuera poco, cuando el candidato socialista propone la amnistía por todos los delitos y daños cometidos, con el fin de regresar a un angelical diálogo de sordos.

Entretanto, Cataluña vivirá en continuo conflicto, se empobrecerá y probablemente ocurra un éxodo, económico y demográfico, inverso al que han disfrutado desde hace décadas. El conflicto, por muchas elecciones que haya, permanecerá en tanto sobrevivan quienes se mantienen en esa creencia. Así que mejor será que aceptemos esa realidad y nos preparemos para vivir en continuo conflicto durante años. Todo por haber tolerado que el nacionalismo impregnase a varias generaciones de jóvenes, mientras tratábamos de aplacar al mismo con cesiones de competencias y alimentándolo económicamente a costa del resto del país.

LA PERTINAZ SEQUIA

10pantanoPUBLICADO EN DIARIO MONTAÑES 26 noviembre 2017

 

Ahora que los pantanos están casi vacíos y la sequía impide los cultivos y amenaza el suministro de agua para las ciudades, se alzan todas las alarmas como si fuese algo nuevo, condicionado por el cambio climático. Mientras que la mayoría de los países europeos, pueden aprovechar las aguas de sus ríos sin necesidad de construir embalses, en el nuestro la agricultura más rentable asienta precisamente en la llamada España seca, donde hoy vemos el fondo agrietado de los embalses, los ríos convertidos en senderos pedregosos y los campos cubiertos de hierbas secas aunque con frecuencia las lluvias torrenciales sean tan dispersas que no rellenan los acuíferos subterráneos. Y volvemos al lamento por la pertinaz sequía. Dicen los expertos que aparece en España cada seis o siete años, y así viene ocurriendo desde que se tienen registros. Las cosechas mueren y en las zonas urbanas, además de la contaminación del aire, se anuncian las restricciones de agua. Pero además, por si fuera poco, la disminución de las reservas hidráulicas supone un aumento del precio de la electricidad y se deberán importar más gas, petróleo y energía nuclear de otros países.

Para hacer frente a un clima imposible de cambiar y que periódicamente reduce las lluvias, desde los tiempos de Primo de Rivera se inició la construcción de pantanos y se continuó durante los años del franquismo, relacionándose este tipo de obra pública con regímenes autoritarios. La habitual burla de la imagen del Caudillo inaugurando pantanos ha derivado a que desde el 2000 hasta ahora, tan solo se hayan construido 5 embalses al año y un trasvase de la cuenca del Tajo a la del Segura, que es continuo foco de enfrentamiento entre dos comunidades resecadas. De los diez embalses mayores de España, solo uno, el de La Serena, ha sido construido en plena democracia. Otro data de 1935, el de Ricobayo. El resto, a un ritmo de 20 presas anuales se fueron construyendo en la segunda mitad del siglo XX, pero posteriormente ha ido paralizándose su construcción, como si entre los bienes de la democracia, los cielos hubiesen decidido suministrar el maná de las lluvias, antes negado a un país dictatorial. Es mucho más frecuente el lamento por los pueblos de mísera agricultura que tuvieron que abandonarse al construir un embalse, que la consideración de los beneficios que se obtendrían con reservas que permitiesen riegos, agua para beber o energía eléctrica.

A la vez, durante los últimos años, se ha paralizado la producción de energía nuclear, se ha reducido en una cuarta parte la derivada del carbón y el petróleo, pero ha aumentado un 150 por ciento la proveniente del gas natural. Y se ha despreciado el trasvase del Ebro, que suponía derivar millones de toneladas de agua inutilizada vertidas al mar, hacia el riego de las cuencas mediterráneas, una obra financiada por la Unión Europea, que hoy estaría casi completada, pero que se paralizó por la oposición de unas comunidades que consideraron que el río les pertenecía en exclusiva, y unos políticos que cedieron a esa estupidez, prefiriendo la construcción de plantas desaladoras, insuficientes, caras y contaminadoras. Mientras tanto, los recursos públicos se destinaron a la construcción de carreteras, hospitales, aeropuertos, polideportivos, museos y el desarrollo de un estado de bienestar que se olvidó el agua como parte fundamental de la vida diaria. Ahora los españolitos pueden desplazarse más fácilmente, practicar deportes y gozar de mejor salud, pero quedan al albur de la meteorología, para disponer de agua suficiente pata regar y para beber.

Hemos pasado de los años del hambre a los años de sed. Y persistimos en la escasez de recursos energéticos. De su factura ya se encargan los impuestos, importando gas, hidrocarburos o energía nuclear de Argelia, Rusia o Francia. Pero el agua no puede importarse del exterior. Sin embargo, una ciega política conservacionista del medio ambiente, una falta de previsión inaudita o los enfrentamientos entre comunidades, recelosas de proveer de agua a sus vecinos, han conducido a una situación como la actual, en la que unos contemplan los cielos y otros las isobaras del hombre del tiempo, esperando con fatalismo el maná de las lluvias, que siempre será escaso.

CATALUÑA COMO PROBLEMA

Publicado en Diario Montañés 9 noviembre 2017

El problema catalán no se puede resolver,
abecedari-independenciasólo se puede conllevar.”
Ortega y Gasset

           Los historiadores del fututro encontrarán un hito de referencia en la sima moral, económica y política a la que el nacionalismo ha precipitado Cataluña . Los separatistas han cosechado tres fracasos con los que no contaban: el rechazo de la comunidad internacional, la espantada del sector empresarial y la pérdida del monopolio en las calles, pero también han abierto una brecha social de futuro impredecible. Sembrando vientos de discordia cosecharon una oleada de rechazos dentro de su propia comunidad y del resto de España. Con anterioridad el Gobierno no había aprendido del desafío que supuso el referéndum de hace un año. No actuó cuando el parlamento catalán inicio la elaboración del proceso de independencia sino que se continuó con la búsqueda de un diálogo con el sedicioso, y el intento de comprar su voluntad con mayores concesiones económicas, desoyendo el clamor nacional y las consecuencias de una deriva, que entre otros males ha conducido a la huida de inversores en España y a la de las empresas radicadas en Cataluña.

Los separatistas anunciaron leyes de desconexión y las aprobaron; convocaron un referéndum y lo celebraron; comprometieron la declaración de independencia y la proclamaron. Han sido la intervención del Rey, y los gentes de Cataluña echándose a la calle con banderas nacionales y senyeras lo que finalmente ha forzado la reacción del Gobierno con la dubitativa ayuda de una oposición que días antes llegaba a pedir la dimisión de la Vicepresidenta por emplear la fuerza pública para impedir un referéndum ilegal. Ante esta situación límite, la aplicación del artículo 155 era una obligación ineludible, aunque se ha hecho a regañadientes, casi pidiendo perdón y con tanto miedo que se ha llegado a pactar con el PSOE la no intervención de TV3, que mantiene aún su actitud de desafío, hablando desde la Republica catalana e incluyendo entrevistas con un Presidente huido de la Justicia .

Con esta tímida aplicación del 155 se ha espantado, de momento, a los revoltosos que tomaron las calles y a los arrogantes nacionalistas que rápidamente huyeron y ahora reclaman el amparo de los tribunales despreciados. ,¿Dónde están las masas vociferantes que acosaban a las fuerzas de público, los organizadores de huelgas generales, los alcaldes con sus bastones alzados?. Toda la arrogancia del desafío parece diluirse el día en que el gobierno decidió aplicar la ley, disolviendo un parlamento desafiante y cesando a sus líderes. Porque se había sobrevalorado la respuesta . Acostumbrados a ceder en continuas demandas, con la amenaza de la acción fiscal, se creía que el problema podría acallarse. Durante años se ha actuado así, mientras el movimiento nacionalista crecía , dedicando los recursos públicos a la causa independentista y mostrando su continuada deslealtad nacional.

Gobernar supone la toma de decisiones, no sólo administrar las cuentas públicas. La tímida y lenta, reacción del Gobierno, acostumbrado a no ejercer su autoridad , temeroso de una reacción popular, aterrado ante las supuestas imágenes en la prensa internacional de la policía disolviendo tumultos, receloso de la reacción de los nacionalistas vascos, y descargando responsabilidades sobre los jueces y fiscales, es la muestra de gobernantes acostumbrados a ejercer labores de técnicos, cuando su cometido es fundamentalmente político, y la defensa de la unidad nacional y el interés de todos los ciudadanos es prioritario en cualquier decisión. De esta forma da la impresión de que el Estado careciese de instrumentos adecuados para hacer frente a una rebelión perpetrada dentro del país. De la contundencia frente al golpismo militar realizada un desgraciado 23-F por Tejero y Milans en el comienzo de la democracia , se ha pasado a recurrir al Juzgado de Guardia para resolver una situación incluso más grave.

Pero el problema catalán no es solo un asunto de leyes sino el enfrentamiento a unas creencias que se han incrustado firmemente por años de permisividad suicida. Para combatir los sentimientos no vale la aplicación simple del Derecho. La convivencia nacional es mucho más que cumplir las mismas leyes sino la aceptación de la misma identidad nacional. Queda pendiente de resolver la brecha social provocada por los sentimientos nacionalistas que han nutrido a generaciones de jóvenes durante las cuatro ultimas décadas.

Las futuras elecciones anuncian un panorama no muy diferente al hasta ahora presente. Puede que la situación económica. conduzca a algún cambio, pero el radicalismo de los independentistas se mantendrá amenazando con un escenario similar. Serán necesarias décadas para que cambie el sentimiento de ser tan diferentes que no acepten la convivencia con el resto de los españoles. Se puede convivir con religiones, con razas, con lenguas distintas, pero no entre quienes se sienten diferentes y oprimidos . Y este es el desafío que se mantendrá durante aún muchos años. Es la triste herencia que nos dejan unas leyes electorales absurdas y la persistencia de complejos para actuar con sentido de Patria.

VOTARON

Publicado en Diario Montañes 7 octubre 2017

    1624661Pues ya han votado. Y lo han hecho como a la Generalidad de Cataluña le ha dado la gana con independencia del calificativo que se emplee, referéndum, plebiscito ilegal o paripé electoral. Como han querido y con el resultado que han deseado. Y han conseguido la imagen de las primeras planas de la prensa internacional mostrando la acción de la policía, cumpliendo una orden judicial que les ordenaba impedir la votación. Han contado los resultados esperados pese a los medios empleados para impedirlo y ahora se consideran legitimados para la proclamación unilateral de independencia. Y es muy probable que este se de. Nos encontraremos otra vez frente a la siguiente etapa del desafío independentista y nuevamente diremos que se conculca la ley y tralará, tralará, tralará…

Todo lo cual lleva a una primera conclusión. El fracaso sin paliativos de la presencia y la fuerza del Estado. Sus instituciones, desde el Gobierno a los tribunales de Justicia han quedado seriamente desprestigiadas por su incapacidad de detener a tiempo y con contundencia la consumación de un delito de sedición. Ha habido de una parte, políticos que se han mofado de la Justicia y de otra, quienes en su afán por no crispar a los insurrectos, se han mostrado incapaces de impedir lo que cualquier ciudadano normal sabia que iba a ocurrir. De poco han servido las ridículas amenazas de multas a quienes formasen parte de las mesas electorales. O los avisos reiterados para el cierre de los colegios, donde se organizaron acampadas días antes. O la confianza en una policía autonómica dependiente de una ideología política. De nada han servido las reiteradas órdenes de los tribunales. Como ocurrió tras la votación de hace un año, ensayo de lo ocurrido ahora.

Como en cualquier proceso revolucionario, el escenario siguiente ha sido la promoción de una huelga general desde la mismísima Generalidad y el acoso hacia la policía, los cortes de carreteras, la algarada callejera y hasta la intervención de los bomberos municipales participando en los disturbios. Descargando toda la responsabilidad sobre jueces y fiscales, el Estado y el Gobierno han sido incapaces de tomar las decisiones políticas a las que estaba obligados. Y estas incluían la suspensión de la Autonomía catalana nada más incumplir la primera manifestación del Tribunal Constitucional. Y como cómplices, una oposición sin visión del interés nacional, empecinada en forzar la dimisión de Rajoy o en conseguir mayores ventajas presupuestarias. Todos han forzado la intervención del Rey, como ocurrió la noche de un lejano 23-F frente a un golpe de Estado, contundente y sin matices , para que los españoles sientan una leve sensación de esperanza y para que muchos despierten.

Pero ¿se atreverán a intervenir de forma radical en el proceso catalán?. ¿Cómo se solucionara ahora la escisión y la fractura social adonde ha derivado todo?. Cualquier medida que se tome no puede pasar por ceder a ninguna concesión hacia quienes han violentado la democracia. No puede premiarse a los insurrectos, cuando estos han puesto en jaque la imagen de España en el mundo. No se puede regresar a ninguna situación que conceda a los independentistas la mínima excusa. Desde sus dirigentes, hasta los funcionarios y policías que han colaborado pasivamente al pulso actual.

Junto a muchos silenciados por el miedo, existe una parte de población catalana impregnada del sentimiento nacionalista que han ignorado el enfrentamiento y la fractura social de la que ahora son responsables. Los padres y los maestros que han tolerado la formación de generaciones de niños en el odio y la falsedad histórica. Los políticos que han dedicado sus esfuerzos hacia la escisión en vez de gobernar para todos. Los empresarios, encerrados en sus tradicionales prebendas. Los periodistas convertidos en voceros de sus mensajes. Los curas que pretendieron justificar la convivencia sin ver que conduciría a la división de sus feligreses. Las fuerzas de orden y los funcionarios medrosos, bajo la excusa de la obediencia debida. Los deportistas que han aprovechado su fama para adherirse a las proclamas independentistas, los intelectuales perdidos en cábalas de artificio. Todos son cómplices y culpables.

¿El actual Gobierno de España está capacitado para resolver los políticos?. La imagen dada hasta ahora es la misma que podría haber hecho la junta directiva de una empresa : resolver los problemas económicos y derivar a los tribunales los asuntos sujetos a la toma de decisiones más serias Ahora queda la búsqueda de responsabilidades, y la duda sobre qué hacer. Para unos la solución es el diálogo con quienes delinquen. Para otros, los cambios constitucionales que nunca se concretan. Pero a la inmensa mayoría de los españoles les invade el estupor por la pasividad ejercida y un profundo sentimiento de irritación. No solo se ha fracturado la sociedad catalana, sino que se ha producido una sensación de fracaso colectivo que marcará a España como ocurrió tras el desastre del 98 y que, con cualquier medida que se tome, tardará décadas a la espera de nuevas generaciones para que sane.

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