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VOLVER A EMPEZAR

Publicado en Diario Montañes 233 diciembre 2017

images                   Lo que todos teníamos se ha confirmado. Cataluña vuelve a encontrarse en una situación similar a la de hace dos meses. La medrosa aplicación del 155 no ha servido para nada, salvo para generar más irritación, como tampoco la precipitada convocatoria de elecciones sin haber resuelto la raíz de los problemas, confiando en que el juzgado de Guardia o el Fiscal de turno se encargarían de ello. Y volvemos a empezar mostrando de forma rotunda la división de Cataluña en dos. De una parte, con el espectacular crecimiento de Ciudadanos, que ha recogido sus votos de un PSOE lastrado en la ambigüedad y del hundimiento de un PP anodino. Y de otra, el mantenimiento de los independentistas, que vuelven a quedar en manos de los antisistema de la CUP. Es decir, la vuelta a la situación anterior, pero con mayor crispación y con unas posiciones tan extremas que difícilmente parece posible un mínimo acuerdo. Para complicar aún más las cosas, muchos líderes independentistas están encarcelados o huidos, y otros imputados bajo fianzas, lo que añade un componente añadido de incertidumbre sobre los siguientes pasos que la Justicia debe tomar y una situación difícilmente explicable ante la opinión pública internacional. Es el resultado de unas leyes electorales absurdas, de gobiernos pusilánimes llenos de complejos, de una oposición mirando de reojo a la Moncloa, y ahora toca afrontar las consecuencias.

               Pero por encima de todo, hay un aspecto clave. El problema catalán ni puede resolverse con medidas legales, ni el Derecho o el Código Penal sirven para combatir los sentimientos. La convicción independentista se ha incrustado firmemente tras años de permisividad suicida y de dejar crecer al cachorro de un tigre, creyendo que se mantendría como un gatito domesticado. Súbitamente, nos hemos dado cuenta de que muerde la mano que le alimento y reclama su territorio. Hoy, la mitad de la población catalana no se siente española y la mayoría del conjunto nacional contempla a los catalanes como arrogantes y molestos vecinos de los que se comienza a estar hartos. Frente a la creencia de no sentirse españoles se alza, con igual fuerza, una reacción generalizada de irritación, en Cataluña y en el resto de España.

                 La convivencia nacional es mucho más que cumplir las mismas leyes, sino la aceptación de la misma identidad. Y no es este el caso catalán, donde el nacionalismo ha evidenciado ser más que una ideología: es un sentimiento similar al religioso, del que no se abjura ni por las miserias humanas de algunos de sus dirigentes, ni ante la posibilidad de un caos económico. Se puede convivir con religiones, razas o lenguas distintas, pero es imposible entre quienes se sienten diferentes y oprimidos, ni hay razonamientos posibles para convencer a un pueblo de que abandone sus creencias religiosas. Esta es la realidad con la que deberemos vivir en el futuro. Serán necesarios muchos años para que cambie el sentimiento de ser diferentes. Y este es el desafío que debemos afrontar o, sencillamente, como decía Ortega, acostumbrarnos a vivir con un problema sin solución.

                 Ahora queda una situación similar a la del pasado octubre pero con una mayor polarización de las dos posturas en litigio y sin que podamos excusarnos en la Cataluña silenciosa. Y aunque Ciudadanos haya ganado las elecciones y triunfado en las diez ciudades más populosas, ya se sabe que todos los demás se unirán en su contra, para defender, no una política, sino una forma de ser.

                  Queda por ver la repercusión que causará en la política nacional futura. Mucho tendrá que esforzarse el PP para reconocer, que pese a sus aciertos macroeconómicos, con ello no se convence a los votantes. Mucho tendrá que meditar el PSOE por sus ambigüedades. Mucho tendrá que reconsiderar la izquierda ante su apoyo al nacionalismo. Mucho tendrán que pensar los
movimientos populistas en su búsqueda de lo imposible.

                 Y mientras tanto, la empresas huyendo de Cataluña, Puigdemont en olor de multitudes y todos un poco más pobres.

SIN SOLUCION

Publicado en Diario Montañes 16 diciembre 2017

images                      Pero,  cómo es que siguen insistiendo con su independentismo, se preguntan muchos. ¿No han visto que son rechazados por todos los países con la excepción de la exótica república de Osetia del Sur?. ¿O como en pocas semanas huían más de 3.000 empresas, bajaba el turismo y aumentaban sus parados?. ¿El ejemplo de sus líderes encarcelados o imputados por delitos graves y el horizonte de prisión no han sido suficientes?. La actitud de sus dirigentes, acatando el articulo 155 de la Constitución ¿no es una prueba de la imposibilidad de seguir con su quimera?. ¿Cómo van a pagar sus pensiones, obtener energía, construir infraestruturas, conseguir créditos internacionales?. ¿Aún no se han dado cuenta de que existe un boicot a sus productos que les empobrece más?. Porque aunque se diga que daña a todos los españoles, esto es solo una verdad parcial. Quien no compra productos catalanes los sustituye adquiriendo otros similares en otras zonas de España.

El sentimiento nacionalista tiene el mismo componente que las creencias religiosas. Cuando alguien está convencido de una verdad que ha sido inculcada desde la propia infancia o cuando ésta ha sido asumida como signo identitario, la raíz de esa idea esta asociada al alma y es muy difícil convencer a nadie de su falsedad. Cuando se cree en una religión o en un dios, los argumentos disuasorios son casi imposibles, aunque ello suponga una vida más dura o riesgo para la misma. ¿Se puede convencer a un musulmán de que coma carne de cerdo, aunque pase hambre?. ¿Dejará su religión el budista que pertenezca a la casta de los parias, aunque este marginado en su sociedad?. ¿Modificaron los cristianos sus creencias pese a las persecuciones ?.

El independentismo ha hecho de su ideología una religión que no se puede cambiar con razones, ni pretender que abjuren de la misma con las leyes. Por muy democráticas que estas sean, siempre les parecerán ajenas e injustas. Ningún razonamiento es aceptable para ellos. No hay diálogo ni pacto posible cuando lo que se exige es todo a cambio de nada.

Muchos catalanes están convencidos de pertenecer a un país de historia utópica, de poseer unos valores superiores, de no pagar sus impuestos a una España que ” les roba”, de merecer más que el resto de los españoles. Así fueron educados durante generaciones y no van a cambiar porque la ley no les de la razón. La defensa del sentimiento romántico de pertenecer a otro país cuya historia se falsea, el convencimiento de sufrir una opresión jamás ejercida y olvidar las continuadas prebendas, la creencia de ser mejores que el resto, están incrustados profundamente en la mitad de su población. Quizás los más jóvenes, con el paso del tiempo abandonen esa quimera, de la misma forma que los niños dejan de creer en los Reyes Magos, pero para la mayoría no habrá cambio posible en sus convicciones, y buscarán en el exterior modelos que justifiquen su estado. Un día Quebec, otro Eslovaquia, otro Escocia, aunque puedan acabar como Kosovo. Unos días claman a Europa. Otros la rechazan. De momento solo los grupos antieuropeístas de ultraderecha muestran una cierta comprensión hacia ellos.

La sociedad catalana esta fracturada entre quienes se creen diferentes al resto del país y quienes se sienten tan españoles como catalanes. Las sucesivas elecciones y encuestas evidencian esta brecha permanente y cada vez más amplia, sin que se observen cambios, porque el sentimiento identitario y supremacista está fuertemente inculcado en sus mentes. Y eso no tiene solución ni a corto ni a medio plazo, ni con un gobierno ni con otro, ni con cambios constitucionales ni sin ellos. Sobretodo, cuando no hay una voluntad clara de imponer en Cataluña las mismas reglas del juego que se aplican en el resto de España. Y por si fuera poco, cuando el candidato socialista propone la amnistía por todos los delitos y daños cometidos, con el fin de regresar a un angelical diálogo de sordos.

Entretanto, Cataluña vivirá en continuo conflicto, se empobrecerá y probablemente ocurra un éxodo, económico y demográfico, inverso al que han disfrutado desde hace décadas. El conflicto, por muchas elecciones que haya, permanecerá en tanto sobrevivan quienes se mantienen en esa creencia. Así que mejor será que aceptemos esa realidad y nos preparemos para vivir en continuo conflicto durante años. Todo por haber tolerado que el nacionalismo impregnase a varias generaciones de jóvenes, mientras tratábamos de aplacar al mismo con cesiones de competencias y alimentándolo económicamente a costa del resto del país.

LA PERTINAZ SEQUIA

10pantanoPUBLICADO EN DIARIO MONTAÑES 26 noviembre 2017

 

Ahora que los pantanos están casi vacíos y la sequía impide los cultivos y amenaza el suministro de agua para las ciudades, se alzan todas las alarmas como si fuese algo nuevo, condicionado por el cambio climático. Mientras que la mayoría de los países europeos, pueden aprovechar las aguas de sus ríos sin necesidad de construir embalses, en el nuestro la agricultura más rentable asienta precisamente en la llamada España seca, donde hoy vemos el fondo agrietado de los embalses, los ríos convertidos en senderos pedregosos y los campos cubiertos de hierbas secas aunque con frecuencia las lluvias torrenciales sean tan dispersas que no rellenan los acuíferos subterráneos. Y volvemos al lamento por la pertinaz sequía. Dicen los expertos que aparece en España cada seis o siete años, y así viene ocurriendo desde que se tienen registros. Las cosechas mueren y en las zonas urbanas, además de la contaminación del aire, se anuncian las restricciones de agua. Pero además, por si fuera poco, la disminución de las reservas hidráulicas supone un aumento del precio de la electricidad y se deberán importar más gas, petróleo y energía nuclear de otros países.

Para hacer frente a un clima imposible de cambiar y que periódicamente reduce las lluvias, desde los tiempos de Primo de Rivera se inició la construcción de pantanos y se continuó durante los años del franquismo, relacionándose este tipo de obra pública con regímenes autoritarios. La habitual burla de la imagen del Caudillo inaugurando pantanos ha derivado a que desde el 2000 hasta ahora, tan solo se hayan construido 5 embalses al año y un trasvase de la cuenca del Tajo a la del Segura, que es continuo foco de enfrentamiento entre dos comunidades resecadas. De los diez embalses mayores de España, solo uno, el de La Serena, ha sido construido en plena democracia. Otro data de 1935, el de Ricobayo. El resto, a un ritmo de 20 presas anuales se fueron construyendo en la segunda mitad del siglo XX, pero posteriormente ha ido paralizándose su construcción, como si entre los bienes de la democracia, los cielos hubiesen decidido suministrar el maná de las lluvias, antes negado a un país dictatorial. Es mucho más frecuente el lamento por los pueblos de mísera agricultura que tuvieron que abandonarse al construir un embalse, que la consideración de los beneficios que se obtendrían con reservas que permitiesen riegos, agua para beber o energía eléctrica.

A la vez, durante los últimos años, se ha paralizado la producción de energía nuclear, se ha reducido en una cuarta parte la derivada del carbón y el petróleo, pero ha aumentado un 150 por ciento la proveniente del gas natural. Y se ha despreciado el trasvase del Ebro, que suponía derivar millones de toneladas de agua inutilizada vertidas al mar, hacia el riego de las cuencas mediterráneas, una obra financiada por la Unión Europea, que hoy estaría casi completada, pero que se paralizó por la oposición de unas comunidades que consideraron que el río les pertenecía en exclusiva, y unos políticos que cedieron a esa estupidez, prefiriendo la construcción de plantas desaladoras, insuficientes, caras y contaminadoras. Mientras tanto, los recursos públicos se destinaron a la construcción de carreteras, hospitales, aeropuertos, polideportivos, museos y el desarrollo de un estado de bienestar que se olvidó el agua como parte fundamental de la vida diaria. Ahora los españolitos pueden desplazarse más fácilmente, practicar deportes y gozar de mejor salud, pero quedan al albur de la meteorología, para disponer de agua suficiente pata regar y para beber.

Hemos pasado de los años del hambre a los años de sed. Y persistimos en la escasez de recursos energéticos. De su factura ya se encargan los impuestos, importando gas, hidrocarburos o energía nuclear de Argelia, Rusia o Francia. Pero el agua no puede importarse del exterior. Sin embargo, una ciega política conservacionista del medio ambiente, una falta de previsión inaudita o los enfrentamientos entre comunidades, recelosas de proveer de agua a sus vecinos, han conducido a una situación como la actual, en la que unos contemplan los cielos y otros las isobaras del hombre del tiempo, esperando con fatalismo el maná de las lluvias, que siempre será escaso.

CATALUÑA COMO PROBLEMA

Publicado en Diario Montañés 9 noviembre 2017

El problema catalán no se puede resolver,
abecedari-independenciasólo se puede conllevar.”
Ortega y Gasset

           Los historiadores del fututro encontrarán un hito de referencia en la sima moral, económica y política a la que el nacionalismo ha precipitado Cataluña . Los separatistas han cosechado tres fracasos con los que no contaban: el rechazo de la comunidad internacional, la espantada del sector empresarial y la pérdida del monopolio en las calles, pero también han abierto una brecha social de futuro impredecible. Sembrando vientos de discordia cosecharon una oleada de rechazos dentro de su propia comunidad y del resto de España. Con anterioridad el Gobierno no había aprendido del desafío que supuso el referéndum de hace un año. No actuó cuando el parlamento catalán inicio la elaboración del proceso de independencia sino que se continuó con la búsqueda de un diálogo con el sedicioso, y el intento de comprar su voluntad con mayores concesiones económicas, desoyendo el clamor nacional y las consecuencias de una deriva, que entre otros males ha conducido a la huida de inversores en España y a la de las empresas radicadas en Cataluña.

Los separatistas anunciaron leyes de desconexión y las aprobaron; convocaron un referéndum y lo celebraron; comprometieron la declaración de independencia y la proclamaron. Han sido la intervención del Rey, y los gentes de Cataluña echándose a la calle con banderas nacionales y senyeras lo que finalmente ha forzado la reacción del Gobierno con la dubitativa ayuda de una oposición que días antes llegaba a pedir la dimisión de la Vicepresidenta por emplear la fuerza pública para impedir un referéndum ilegal. Ante esta situación límite, la aplicación del artículo 155 era una obligación ineludible, aunque se ha hecho a regañadientes, casi pidiendo perdón y con tanto miedo que se ha llegado a pactar con el PSOE la no intervención de TV3, que mantiene aún su actitud de desafío, hablando desde la Republica catalana e incluyendo entrevistas con un Presidente huido de la Justicia .

Con esta tímida aplicación del 155 se ha espantado, de momento, a los revoltosos que tomaron las calles y a los arrogantes nacionalistas que rápidamente huyeron y ahora reclaman el amparo de los tribunales despreciados. ,¿Dónde están las masas vociferantes que acosaban a las fuerzas de público, los organizadores de huelgas generales, los alcaldes con sus bastones alzados?. Toda la arrogancia del desafío parece diluirse el día en que el gobierno decidió aplicar la ley, disolviendo un parlamento desafiante y cesando a sus líderes. Porque se había sobrevalorado la respuesta . Acostumbrados a ceder en continuas demandas, con la amenaza de la acción fiscal, se creía que el problema podría acallarse. Durante años se ha actuado así, mientras el movimiento nacionalista crecía , dedicando los recursos públicos a la causa independentista y mostrando su continuada deslealtad nacional.

Gobernar supone la toma de decisiones, no sólo administrar las cuentas públicas. La tímida y lenta, reacción del Gobierno, acostumbrado a no ejercer su autoridad , temeroso de una reacción popular, aterrado ante las supuestas imágenes en la prensa internacional de la policía disolviendo tumultos, receloso de la reacción de los nacionalistas vascos, y descargando responsabilidades sobre los jueces y fiscales, es la muestra de gobernantes acostumbrados a ejercer labores de técnicos, cuando su cometido es fundamentalmente político, y la defensa de la unidad nacional y el interés de todos los ciudadanos es prioritario en cualquier decisión. De esta forma da la impresión de que el Estado careciese de instrumentos adecuados para hacer frente a una rebelión perpetrada dentro del país. De la contundencia frente al golpismo militar realizada un desgraciado 23-F por Tejero y Milans en el comienzo de la democracia , se ha pasado a recurrir al Juzgado de Guardia para resolver una situación incluso más grave.

Pero el problema catalán no es solo un asunto de leyes sino el enfrentamiento a unas creencias que se han incrustado firmemente por años de permisividad suicida. Para combatir los sentimientos no vale la aplicación simple del Derecho. La convivencia nacional es mucho más que cumplir las mismas leyes sino la aceptación de la misma identidad nacional. Queda pendiente de resolver la brecha social provocada por los sentimientos nacionalistas que han nutrido a generaciones de jóvenes durante las cuatro ultimas décadas.

Las futuras elecciones anuncian un panorama no muy diferente al hasta ahora presente. Puede que la situación económica. conduzca a algún cambio, pero el radicalismo de los independentistas se mantendrá amenazando con un escenario similar. Serán necesarias décadas para que cambie el sentimiento de ser tan diferentes que no acepten la convivencia con el resto de los españoles. Se puede convivir con religiones, con razas, con lenguas distintas, pero no entre quienes se sienten diferentes y oprimidos . Y este es el desafío que se mantendrá durante aún muchos años. Es la triste herencia que nos dejan unas leyes electorales absurdas y la persistencia de complejos para actuar con sentido de Patria.

VOTARON

Publicado en Diario Montañes 7 octubre 2017

    1624661Pues ya han votado. Y lo han hecho como a la Generalidad de Cataluña le ha dado la gana con independencia del calificativo que se emplee, referéndum, plebiscito ilegal o paripé electoral. Como han querido y con el resultado que han deseado. Y han conseguido la imagen de las primeras planas de la prensa internacional mostrando la acción de la policía, cumpliendo una orden judicial que les ordenaba impedir la votación. Han contado los resultados esperados pese a los medios empleados para impedirlo y ahora se consideran legitimados para la proclamación unilateral de independencia. Y es muy probable que este se de. Nos encontraremos otra vez frente a la siguiente etapa del desafío independentista y nuevamente diremos que se conculca la ley y tralará, tralará, tralará…

Todo lo cual lleva a una primera conclusión. El fracaso sin paliativos de la presencia y la fuerza del Estado. Sus instituciones, desde el Gobierno a los tribunales de Justicia han quedado seriamente desprestigiadas por su incapacidad de detener a tiempo y con contundencia la consumación de un delito de sedición. Ha habido de una parte, políticos que se han mofado de la Justicia y de otra, quienes en su afán por no crispar a los insurrectos, se han mostrado incapaces de impedir lo que cualquier ciudadano normal sabia que iba a ocurrir. De poco han servido las ridículas amenazas de multas a quienes formasen parte de las mesas electorales. O los avisos reiterados para el cierre de los colegios, donde se organizaron acampadas días antes. O la confianza en una policía autonómica dependiente de una ideología política. De nada han servido las reiteradas órdenes de los tribunales. Como ocurrió tras la votación de hace un año, ensayo de lo ocurrido ahora.

Como en cualquier proceso revolucionario, el escenario siguiente ha sido la promoción de una huelga general desde la mismísima Generalidad y el acoso hacia la policía, los cortes de carreteras, la algarada callejera y hasta la intervención de los bomberos municipales participando en los disturbios. Descargando toda la responsabilidad sobre jueces y fiscales, el Estado y el Gobierno han sido incapaces de tomar las decisiones políticas a las que estaba obligados. Y estas incluían la suspensión de la Autonomía catalana nada más incumplir la primera manifestación del Tribunal Constitucional. Y como cómplices, una oposición sin visión del interés nacional, empecinada en forzar la dimisión de Rajoy o en conseguir mayores ventajas presupuestarias. Todos han forzado la intervención del Rey, como ocurrió la noche de un lejano 23-F frente a un golpe de Estado, contundente y sin matices , para que los españoles sientan una leve sensación de esperanza y para que muchos despierten.

Pero ¿se atreverán a intervenir de forma radical en el proceso catalán?. ¿Cómo se solucionara ahora la escisión y la fractura social adonde ha derivado todo?. Cualquier medida que se tome no puede pasar por ceder a ninguna concesión hacia quienes han violentado la democracia. No puede premiarse a los insurrectos, cuando estos han puesto en jaque la imagen de España en el mundo. No se puede regresar a ninguna situación que conceda a los independentistas la mínima excusa. Desde sus dirigentes, hasta los funcionarios y policías que han colaborado pasivamente al pulso actual.

Junto a muchos silenciados por el miedo, existe una parte de población catalana impregnada del sentimiento nacionalista que han ignorado el enfrentamiento y la fractura social de la que ahora son responsables. Los padres y los maestros que han tolerado la formación de generaciones de niños en el odio y la falsedad histórica. Los políticos que han dedicado sus esfuerzos hacia la escisión en vez de gobernar para todos. Los empresarios, encerrados en sus tradicionales prebendas. Los periodistas convertidos en voceros de sus mensajes. Los curas que pretendieron justificar la convivencia sin ver que conduciría a la división de sus feligreses. Las fuerzas de orden y los funcionarios medrosos, bajo la excusa de la obediencia debida. Los deportistas que han aprovechado su fama para adherirse a las proclamas independentistas, los intelectuales perdidos en cábalas de artificio. Todos son cómplices y culpables.

¿El actual Gobierno de España está capacitado para resolver los políticos?. La imagen dada hasta ahora es la misma que podría haber hecho la junta directiva de una empresa : resolver los problemas económicos y derivar a los tribunales los asuntos sujetos a la toma de decisiones más serias Ahora queda la búsqueda de responsabilidades, y la duda sobre qué hacer. Para unos la solución es el diálogo con quienes delinquen. Para otros, los cambios constitucionales que nunca se concretan. Pero a la inmensa mayoría de los españoles les invade el estupor por la pasividad ejercida y un profundo sentimiento de irritación. No solo se ha fracturado la sociedad catalana, sino que se ha producido una sensación de fracaso colectivo que marcará a España como ocurrió tras el desastre del 98 y que, con cualquier medida que se tome, tardará décadas a la espera de nuevas generaciones para que sane.

LOS DEMONIOS ESTAN EN CASA

Publicado en Diario Montañes, 30 agosto 2017

 

islam

Se suele argumentar que la lucha contra el terrorismo lleva asociada a una reducción de libertades y nos olvidamos de que constantemente miles de cámaras vigilan nuestra vida diaria, no se nos permite circular sin cinturón de seguridad y son habituales los controles de alcoholemia en cualquier cruce de carreteras sin que lo consideremos como limitación de nuestro derecho a la intimidad.. Unos pocos funcionarios son capaces de repasar al detalle las declaraciones de impuestos para evitar el fraude fiscal y muchos se dedican a vigilar los permisos e instalaciones de muchas empresas, aunque todo lo tengan en regla. ¿porque no se emplea el mismo rigor contra potenciales criminales terroristas?. ¿Se infringe la presunción de inocencia de quienes acuden a mezquitas donde se preconiza el odio o frente a los que no denuncian los comportamientos criminales de quienes comparten su religión?. ¿Tan complicado es identificar a quienes viajan a Yemen, Libia o Siria no como turistas ni cooperantes precisamente, y considerarlos ciudadanos libres de toda sospecha?. ¿Se atenta contra los derechos de los 5.000 yihadistas europeos que han regresado , sin ninguna restricción, a sus países tras la semiderrota del Estado Islámico?

La sociedad occidental ha acogido a millones de musulmanes, admite sus costumbres y les ha otorgado derechos negados en sus países de origen. La inmensa mayoría conviven pacíficamente contribuyendo al bienestar común pero ahora, una parte de ellos o sus hijos, se han empeñado en destruir la civilización donde viven. Entre los 55 millones de musulmanes de Europa un 15 % admite admirar el Estado Islámico y casi teniendo empleos o vivíendo en aparente integración con sus vecinos, mientras eran adoctrinados en mezquitas o a través de las redes informáticas. La habitual excusa sobre su desarraigo social es una ofensa hacía muchos que sufren su pobreza sin propósitos asesinos. No es precisamente entre los pobres donde surge el radicalismo criminal pero en barrios enteros de muchas ciudades europeas la vigilancia policial se considere una provocación y cuando ocurre un atentado, se descubre que sus autores mantenían comportamientos sospechosos o estaban identificados, sin que se hubieran tomado medidas preventivas con cuerpos policiales de eficacia insuficiente, jueces amparados en legislaciones obsoletas que se excusan en la presunción de inocencia y políticos temerosos de adoptar decisiones firmes que defiendan la seguridad nacional. Con casi cinco mil muertos, aún estamos esperando que la población musulmana se manifieste de forma inequívoca y masiva, condenando claramente los crímenes o a que colabore abiertamente en la prevención de los atentados.

Muchos insisten con la monserga de la responsabilidad de Occidente y ahora va a resultar que las víctimas son las culpables y los asesinos son los hombres justos. ¿Somos responsables del enfrentamiento religioso entre chiítas y sunitas o de la pobreza y el hambre en Sudán, Mali y la República Centroafricana?. ¿Qué tiene que ver Europa con los males de Yemen, Libia o Somalia?. El régimen talibán afgano y el ataque a las Torres Gemelas ocurrieron mucho antes que las primaveras árabes, la masacre a la Casa de España en Rabat en 2003 o la sangrienta guerra civil argelina de los años 80. ¿Cuándo y dónde atacaron Australia, Argentina, Japón o Suecia, por poner unos ejemplos, al mundo musulmán?. Y suele utilizarse la simpleza de atribuir a Israel el origen de todos los males, cuando ni siquiera los islamistas dirigen sus ataques contra ella y por otra parte, Palestina ni tiene relación alguna con el Califato islamista ni con los asesinatos de cristianos en Pakistán o de coptos en Egipto.

Hace medio siglo se iniciaron las agresiones a Israel y comenzamos a justificar el terrorismo como arma política. Siguíó la destrucción del Líbano, un país que era un ejemplo de convivencia. Luego nos acostumbramos a los secuestros y las bombas en aviones y siguieron la toma de periodistas o cooperantes para decapitarlos en público. Finalmente, llegaron los ataques suicidas provocando en los últimos 4.900 muertos en Occidente, mientras vivimos el horror de la guerra siria y de los millones de huídos.

Buscar el diálogo, frente a quienes utilizan la bomba, la metralleta o vehículos aplastando a paseantes, no es solo inútil, sino sencillamente actuar como imbéciles borregos esperando el sacrificio. Hoy vivimos un conflicto sin frentes, ni identificación clara del atacante, aunque conocemos su perfil. En una guerra normal, ante una agresión enemiga, aceptaríamos el reclutamiento de los jóvenes, el toque de queda o la censura, sin que por ello nos lamentásemos de la limitación de nuestras libertades porque formarían parte de la defensa común. Pero en la lucha contra el terrorismo al anteponer la libertad frente a la seguridad, ya podemos resignarnos a llevar flores, encender velas en honor a los muertos o convertirnos en cuerpos despanzurrados por haber defendido los derechos de los asesinos. Discutir sobre libertades y derechos es ya una obscenidad cuando las victimas suman más de 4.900 personas. La ultima tragedia ha recorrido un trayecto asesino en las Ramblas de Barcelona. Tenemos los demonios en casa, pero ¿cuantos más nos esperan por nuestra inacción?

EL DÍA DE LAS LAMENTACIONES

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En Cantabria se ha vuelto a celebrar una fiesta, ajena al sentimiento popular, que es el Día de las Instituciones, una demostración del folclore local, con pasacalles y conjuntos gaiteros ante la presencia de la clase política, elegantemente vestida para la ocasión. Normalmente las fiestas hacen para conmemorar un hecho histórico o un motivo religioso. Dedicar un acto festivo en honor de las Instituciones resulta tan extraño , como honrar con un festejo al Tribunal Supremo.

En ese Dia de las Instituciones, últimamente viene siendo habitual en los discursos que, aparte de la exaltación a los valores de la región , no se hable de los logros de la Autonomía sino de sus carencias, convirtiendo el acto en un eco del debate político o de lo que se proclama en las ruedas de prensa, añadiéndole un componente de lamentación, dirigido hacia lo que el Gobierno central hace o deja de hacer por Cantabria, según el criterio del gobernante autónomo de turno.

Este año el Presidente Regional se ha adornado con un discurso lleno de afirmaciones como “No nos va a humillar, somos pocos pero con honor y exigiremos que paguen lo que nos deben”, “Los españoles nos quieren, pero el Gobierno de España nada”, tan aplaudido como si estuviese en una de sus habituales apariciones televisivas, mostrando su malestar frente a un Gobierno que “premia las deslealtades y es desleal con los leales”, en alusión a los acuerdos alcanzados para la aprobación de los presupuestos del Estado. En un acto institucional estas afirmaciones desentonan, pero cuando un Presidente las realiza tras llevar dos legislaturas dirigiendo la región, con gobiernos centrales de distinto signo, es que algo falla en su gestión.

Como es lógico no se mencionaron las pérdidas que han supuesto algunos fallos frecuentes de la administración autonómica, achacando su exclusión a un error burocrático la fracasada declaración de múltiples fiestas locales, como el Coso Blanco de Castro Urdiales, la Folía de San Vicente de la Barquera, el Día de Campoo de Reinosa, la Gala Floral de Torrelavega, el Carnaval de Santoña y el Día de Cantabria en Cabezón de la Sal para que alcanzasen el reconocimiento de Interés Turístico Nacional. También fue, al parecer, un fallo administrativo, la pérdida de 22 millones de euros dedicados al hospital Valdecilla, por pedirlos fuera de plazo. Y quizás también fuesen fallos administrativos la oferta de empleo público para combatir el paro de 500 puestos de profesores con un sueldo de 560 euros a la que solo se presentaron 180, mientras que en una convocatoria para 24 plazas de barrendero acudieron 1.470 candidatos.

A estos datos se añaden otros que muestran la pobre situación económica de una región donde la afiliación a la Seguridad Social ha caído en 4.000 personas desde que PRC y PSOE gobiernan juntos. O la reducción de 12 millones de euros en el presupuesto de Educación, mientras se regula la sorprendente genialidad de un calendario escolar descabellado y único en España. O que Cantabria sea un lugar donde no sólo no se genera empleo, sino que se destruye, cuando ocurre lo contrario en el resto de las comunidades autónomas. Todo ello, seguro que por culpa de Madrid. Y por supuesto, nada se dice sobre el dato de que el presidente de Cantabria, y los ocho consejeros del Gobierno regional gastaron el pasado año 21.300 euros en dietas . Una minucia, añadida a sus sueldos habituales, en la que no suele haber errores administrativos.

Pero de todo esto no se ha hablado, sino que se ha elegido la vía del discurso llorón, de la continúa demanda y el agravio, como un adolescente que, incapaz de resolver sus problemas, achaca sus frustraciones a otros, convirtiendo el Dia de las Institucioness en el Dia de las Lamentaciones.

 

EL DESAFIO CATALAN

Publicado en Diario Montañés el 26  julio  2017

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               La identidad española se ha forjado por la unión de territorios y el sentimiento de pertenecer a una misma comunidad compartida durante siglos por encima de costumbres e idiomas. Sin diferencias étnicas ni religiosas desde hace años en Cataluña, se ha gestado una abierta confrontación con la idea global de España, utilizando como excusa la existencia de una lengua minoritaria y un particularismo presente en cualquier otra región.

                Muchos factores han contribuido a ello: la ley electoral premió a los partidos nacionalistas y se toleró una política hostil hacia el concepto de españolidad, forjadas por políticas educativas que han formado a dos generaciones de jóvenes en la creencia de un pasado inexistente derivando a la creencia en una historia falseada, donde Cataluña aparece como víctima esquilmada por un centralismo egoísta, cuando lo cierto es que siempre ocurrió lo contrario. Convencidos de ser diferentes, despreciando al resto, incluyen en su delirio secesionista, a lo que llaman “países catalanes”, Baleares y Valencia como parte de su quimera. Podrían, hacerlo igualmente con el Rosellón, Sicilia y Nápoles, que fueron durante siglos parte de la Corona de Aragón.

Hoy, las dificultades económicas de Cataluña, como si no existieran en el resto de España, se utilizan como expresión de marginación y se proclaman abiertamente los aspectos diferenciales para iniciar una aventura secesionista, sin importar las consecuencias: desde pagar sus propias pensiones y deudas, hasta construir sus estructuras o buscar mercados sin la cobertura de la Unión Europea. Una losa económica que deberán soportar por sí mismos. Pero incluso aunque nadasen en riqueza, se esgrimirían con igual fuerza las mismas intenciones secesionistas seguros de convertirse, de la noche a la mañana, en Luxemburgo o Mónaco, como antes quisieron ser Quebec o Eslovaquia.

Frente a las continuadas exigencias nacionalistas muchos angelicales políticos consideran el cambio Constitucional como medida necesaria, aunque nadie explica en qué consistiría. ¿Sería una nueva reorganización poliédrica de España?. ¿Se apagarían definitivamente los sentimientos de mutuo agravio o conducirían a la emigración de masas de población de unas zonas a otras?. Un gran número de catalanes se sienten también españoles, pero su voz está ahogada dentro del clamor independentista y tras la secesión podría iniciarse la marginación de quienes comparten el amor a su patria chica con la pertenencia a España. ¿Cómo reaccionarían sin renunciar a sus propias raíces?. ¿Y cómo lo haría el resto del país ante los catalanes que viven y trabajan en las demás tierras de España?. Ya se comienzan a oir voces de hartazgo pidiendo la ruptura definitiva, incluso la extensión de un referéndum en toda España para aclarar la situación.

Hemos olvidado que España ha sido la única nación del mundo occidental donde en el último siglo las diferencias políticas condujeron a una guerra civil y junto a Yugoslavia el único país europeo donde las escisiones se han ahogado en sangre. La separación de Noruega y Suecia fue un acuerdo final para resolver los continuos enfrentamientos entre ambos desde la Edad Media. Lituania es un recuerdo medieval, señorío de los caballeros Teutónicos y ocupantes rusos y alemanes, cuya historia se mezcla con Polonia. Letonia y Estonia fueron creaciones artificiales tras la Primera Guerra Mundial para aislar a la revolución rusa. Eslovaquia se separó de Chequia, tras poco más de medio siglo de convivencia mutua y fue el resultado de una decisión política, no de sus gentes. Y hace no muchos años, Yugoslavia, tras matanzas y desplazamientos de población justificados por la religión, la lengua y el despropósito criminal de sus dirigentes acabó desintegrado en siete países: Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo, casi todos hundidos en la pobreza. La mayor parte jamás existieron o sus antecedentes históricos se remontaban a breves periodos de independencia. ¿Alguien les advirtió que algún día el infierno estallaría entre ellos?.

Hoy una parte de los catalanes rechaza la permanencia con el resto de España, porque están dirigidos por radicales que no se consideran españoles, desafiando a la Constitución que masivamente votaron en su día como ley suprema del Estado y el desprecio de sus símbolos. El referéndum anunciado tendría escasa utilidad porque el resultado nunca sería aceptado por una de las partes ni acallaría las demandas o apagaría los sentimientos fomentados por sus actuales dirigentes. El sentimiento de ser español y catalán se ha convertido en una cuestión financiera donde los deseos independentistas se argumentan como sin la pertenencia a un país se tratase de un simple balance económico, olvidando los lazos familiares e históricos que durante siglos les mantuvieron unidos. Es el final que se ve venir y que puede acabar en un enfrentamiento y una escisión social de dimensiones dramáticas. La responsabilidad final radica en la falta de pulso que impregna a un país, donde la exhibición de los símbolos que nos unen o el recuerdo a una historia común se consideran hechos vergonzantes y en la falta de valor suficiente para acabar con todo lo que signifique un desafío a la convivencia y a la ley.

REGRESO A LAS BARRICADAS

barrPublicado en DM 17 junio 2017

           En toda Europa la socialdemocracia se encuentra en retirada. Derrotada en Francia e Inglaterra, marginal en Holanda y Austria, retrocediendo en Suecia y Dinamarca, inexistente en Italia, destrozada en Grecia y afrontando su tercera derrota consecutiva en Alemania, la antes siempre presente izquierda moderada ha quedado arrinconada.

Desde mediado el siglo XIX los polos que rigieron la política europea fueron el socialismo y el liberalismo y desde entonces la política siempre osciló entre derechas e izquierdas , en muchas ocasiones desplazadas por sus extremos, que asumían dictaduras opresoras: fascismo o comunismo. Al final, tras sangrientos experimentos, se alcanzó una convivencia de ambas propuestas que permitió a Europa lograr una situación de bienestar y respeto a los derechos humanos que para convertirla en la imagen ansiada por todos los pueblo del mundo. Pero iniciado el siglo XXI los nuevos desafíos son las dificultades económicas sin poder competir frente a la mano de obra de países del tercer mundo que vacía sus fábricas, la realidad de una inmigración masiva cambiando nuestra sociedad, el terrorismo como amenaza constante, y sobretodo la ausencia de líderes capaces de ilusionar a un electorado envejecido, sin más interés que defender su estatus económico y sus pensiones.

En un continente envejecido y colmado de bienestar, ya no se lucha por la defensa del proletariado, ni se discute la propiedad privada , sino por el mantenimiento de los privilegios logrados y las nuevas generaciones quieren ser las protagonistas, sin esperar a conseguir los méritos de quienes les precedieron. Surge un concepto adolescente de la política reclamando más derechos que obligaciones, el desprecio a todo lo anterior, el relativismo como nueva ética, el proteccionismo medioambiental sin la búsqueda de recursos alternativos para mantener el nivel de desarrollo, la confianza plena en el poder del Estado y el rechazo de la democracia actual sustituida por la algarada callejera y la defensa de movimientos culturales alternativos. La globalización ha conducido a una pérdida de valores y componentes ideológicos, que ya no parecen interesar a nadie. Lo que fracaso en el utópico mayo del 68 va camino de hacerse realidad.

En los países del norte y del centro, el malestar lo recogen nuevas formaciones cargadas con la fuerza nacionalista que protagonizaron sus años más negros, y en el sur del continente surgen los partidarios de volver a una izquierda radical. En Italia el protagonismo político, tras continuos casos de corrupción ha quedado a merced de partidos sin componente ideológico. En Francia surge triunfa un salto político experimental para hacer frente a la descomposición de un socialismo rechazado y el miedo al nacionalismo que recogió los votos de los viejos comunistas. Y la próspera Inglaterra de hace unos años se separa de Europa mientras asoma la escisión de Escocia.

Cuando todo esto ocurre, España, la nación más vieja del continente, debate su propia identidad con los nacionalistas catalanes pidiendo la independencia , alcanzando en el País Vasco las instituciones quienes hicieron de la lucha armada su medio de diálogo y se contempla a Venezuela como modelo, cuando ya una Grecia hundida, no parece ser el ejemplo a seguir. El espíritu de la Transición esta perdido, porque las generaciones actuales ni vivieron sus dificultades ni conocen lo que existía antes. Desaparecidos los estadistas que hacían del consenso la forma de gobernar, en vez de reformar las leyes se busca en el cambio de la Constitución como la solución de los problemas, reinventándonos el país con cada generación, para regresar a los viejos debates de República frente a Monarquia, la pérdida del concepto de interés nacional, el derecho decimonónico a que cada región decida su futuro, el pronunciamiento del pueblo más que en sus representantes y el regreso de los demonios de la guerra civil con sesgadas memorias históricas, sin más bagaje ideológico que la vuelta a los planteamientos de hace medio siglo, como si el mundo se hubiera detenido hace casi cien años.

Mientras Europa busca en la moderación su futuro, la izquierda española, huérfana de un mensaje moderno como sus hermanas, ha decidido tomar el camino de radicalizarse levantar barricadas e intentar el asalto del Palacio de invierno, llamando a sus bases a la nueva revolución, volviendo a enarbolar las banderas del “arriba parias de la tierra, en píe famélica legión”…

El problema no es que huela a polilla de armario viejo , sino que no aporta nada nuevo y solo cosecha el desapego del electorado, que se refugia entre el nacionalismo extremo o las quimeras de las nuevas revoluciones

OTRA VEZ EL RIDICULO

 

Publicado en el DM el 18 mayo 2017

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Eurovisión es un concurso que pese a su tediosa votación, llega a millones de espectadores en toda Europa y constituye la retransmisión con más audiencia después de las deportivas, donde han triunfado artistas como Abba, Gigliolla Cinquetti, Celine Dion y participado algunos que alcanzarían fama como Sergio Dalma, Domenico Modugno, Mocedades, Al Bano, Cliff Richards o Raphael aunque casi todos han quedado oscurecidos con el tiempo o relegados a la fama en su propio país. El reciente fracaso de un cantante español en el festival de Eurovisión, con un gallo espectacular en plena actuación y una puesta en escena de feria de pueblo, es más que una anécdota que se une al recuerdo de la esperpéntica actuación de Chikilicuatre no hace mucho, son ejemplos que exportan una visión de la España moderna.

Participar en Eurovisión, junto al abono de los gastos de viaje, estancia y montaje le cuesta a Televisión Española 400.000 euros y casi siempre se acompaña de una selección oscura con maloliente tufo de escándalo. Lo primero que habría que preguntarse es quienes son los supuestos expertos que escogen al representante español y la canción, porque a tenor de los resultados conseguidos a lo largo de los últimos años, donde en quince ocasiones se ha quedado entre los cinco últimos puestos, no se puede decir que sean unas lumbreras. La oportunidad de mostrar la calidad artística de España en un ámbito internacional, debería estar sujeta a mayores controles cuando esta se realiza con dinero público. De entrada resulta curioso que mientras Francia y Bélgica cantan en francés, Italia en italiano y Alemania en alemán, nosotros lo hacemos en inglés, despreciando el español, un idioma usado por 400 millones de personas en el mundo, con la creencia de que así estamos a la moda. Solo aquellos países cuya lengua no se habla más que en su limitado ámbito, como los eslavos, escandinavos o caucásicos eligen el inglés como letra de sus canciones. Y con independencia de que los sistemas de votación estén viciados, lo cierto es que multitud de países han ganado u obtenido un puesto decoroso con participaciones que pueden gustar o no. Sin embargo España consigue notoriedad en actuaciones que llevan, en los últimos años a reiterados fracasos. Ahora se ha seleccionado a un cantante y una coreografía surfista a Ucrania, un país donde este deporte es tan ajeno como las auroras boreales en el nuestro. En otras ocasiones aparecieron artistas desconocidos que volvieron al anonimato tras mostrar su gris calidad.

Se nos llena la boca demandando bajadas en el IVA para la cultura, la protección de los artistas o la exportación de la imagen de la marca España y cuando tenemos ocasión de mostrarla en foros internacionales, muchas veces conseguimos un completo ridículo, porque creemos que hacer el payaso en un escenario o la provocación por sí misma tienen el mismo valor en España que en otros países. Y aunque se considere que el festival de Eurovisión es un tema menor, especialmente como consecuencia de las pobres cosechas conseguidas con nuestros representantes, no ocurre así con otros países. De entrada resulta curioso que mientras Francia y Bélgica cantan en francés, Italia en italiano, Alemania en alemán y Portugal en portugués, nosotros nos empeñamos en cantar en inglés, un idioma usado por 400 millones de personas en el mundo y el segundo de occidente, con la creencia de que así estamos a la moda y alcanzamos mayor difusión.

Si existe un organismo llamado Consejo de Televisión, con sus miembros espléndidamente pagados, lo menos que habría que pedirles por su extenuante trabajo, es que cuiden lo que se envía al extranjero, cuando se emplean casi medio millón de euros en seleccionar al representante de España y su canción, porque esa va a ser la imagen de nuestro nivel artístico ante millones de espectadores.

Pero no se preocupen. El próximo año, un nuevo desconocido nos volverá a deleitar con sus gorgoritos ingleses obsesionados en hacer olvidar vieja imagen de la España de pandereta por otra de supuesta modernidad que cosechará otro ridículo bajo el amparo de RTVE. Y si no, al tiempo.

Opiniones Libres