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CATALUÑA COMO PROBLEMA

Publicado en Diario Montañés 9 noviembre 2017

El problema catalán no se puede resolver,
abecedari-independenciasólo se puede conllevar.”
Ortega y Gasset

           Los historiadores del fututro encontrarán un hito de referencia en la sima moral, económica y política a la que el nacionalismo ha precipitado Cataluña . Los separatistas han cosechado tres fracasos con los que no contaban: el rechazo de la comunidad internacional, la espantada del sector empresarial y la pérdida del monopolio en las calles, pero también han abierto una brecha social de futuro impredecible. Sembrando vientos de discordia cosecharon una oleada de rechazos dentro de su propia comunidad y del resto de España. Con anterioridad el Gobierno no había aprendido del desafío que supuso el referéndum de hace un año. No actuó cuando el parlamento catalán inicio la elaboración del proceso de independencia sino que se continuó con la búsqueda de un diálogo con el sedicioso, y el intento de comprar su voluntad con mayores concesiones económicas, desoyendo el clamor nacional y las consecuencias de una deriva, que entre otros males ha conducido a la huida de inversores en España y a la de las empresas radicadas en Cataluña.

Los separatistas anunciaron leyes de desconexión y las aprobaron; convocaron un referéndum y lo celebraron; comprometieron la declaración de independencia y la proclamaron. Han sido la intervención del Rey, y los gentes de Cataluña echándose a la calle con banderas nacionales y senyeras lo que finalmente ha forzado la reacción del Gobierno con la dubitativa ayuda de una oposición que días antes llegaba a pedir la dimisión de la Vicepresidenta por emplear la fuerza pública para impedir un referéndum ilegal. Ante esta situación límite, la aplicación del artículo 155 era una obligación ineludible, aunque se ha hecho a regañadientes, casi pidiendo perdón y con tanto miedo que se ha llegado a pactar con el PSOE la no intervención de TV3, que mantiene aún su actitud de desafío, hablando desde la Republica catalana e incluyendo entrevistas con un Presidente huido de la Justicia .

Con esta tímida aplicación del 155 se ha espantado, de momento, a los revoltosos que tomaron las calles y a los arrogantes nacionalistas que rápidamente huyeron y ahora reclaman el amparo de los tribunales despreciados. ,¿Dónde están las masas vociferantes que acosaban a las fuerzas de público, los organizadores de huelgas generales, los alcaldes con sus bastones alzados?. Toda la arrogancia del desafío parece diluirse el día en que el gobierno decidió aplicar la ley, disolviendo un parlamento desafiante y cesando a sus líderes. Porque se había sobrevalorado la respuesta . Acostumbrados a ceder en continuas demandas, con la amenaza de la acción fiscal, se creía que el problema podría acallarse. Durante años se ha actuado así, mientras el movimiento nacionalista crecía , dedicando los recursos públicos a la causa independentista y mostrando su continuada deslealtad nacional.

Gobernar supone la toma de decisiones, no sólo administrar las cuentas públicas. La tímida y lenta, reacción del Gobierno, acostumbrado a no ejercer su autoridad , temeroso de una reacción popular, aterrado ante las supuestas imágenes en la prensa internacional de la policía disolviendo tumultos, receloso de la reacción de los nacionalistas vascos, y descargando responsabilidades sobre los jueces y fiscales, es la muestra de gobernantes acostumbrados a ejercer labores de técnicos, cuando su cometido es fundamentalmente político, y la defensa de la unidad nacional y el interés de todos los ciudadanos es prioritario en cualquier decisión. De esta forma da la impresión de que el Estado careciese de instrumentos adecuados para hacer frente a una rebelión perpetrada dentro del país. De la contundencia frente al golpismo militar realizada un desgraciado 23-F por Tejero y Milans en el comienzo de la democracia , se ha pasado a recurrir al Juzgado de Guardia para resolver una situación incluso más grave.

Pero el problema catalán no es solo un asunto de leyes sino el enfrentamiento a unas creencias que se han incrustado firmemente por años de permisividad suicida. Para combatir los sentimientos no vale la aplicación simple del Derecho. La convivencia nacional es mucho más que cumplir las mismas leyes sino la aceptación de la misma identidad nacional. Queda pendiente de resolver la brecha social provocada por los sentimientos nacionalistas que han nutrido a generaciones de jóvenes durante las cuatro ultimas décadas.

Las futuras elecciones anuncian un panorama no muy diferente al hasta ahora presente. Puede que la situación económica. conduzca a algún cambio, pero el radicalismo de los independentistas se mantendrá amenazando con un escenario similar. Serán necesarias décadas para que cambie el sentimiento de ser tan diferentes que no acepten la convivencia con el resto de los españoles. Se puede convivir con religiones, con razas, con lenguas distintas, pero no entre quienes se sienten diferentes y oprimidos . Y este es el desafío que se mantendrá durante aún muchos años. Es la triste herencia que nos dejan unas leyes electorales absurdas y la persistencia de complejos para actuar con sentido de Patria.

VOTARON

Publicado en Diario Montañes 7 octubre 2017

    1624661Pues ya han votado. Y lo han hecho como a la Generalidad de Cataluña le ha dado la gana con independencia del calificativo que se emplee, referéndum, plebiscito ilegal o paripé electoral. Como han querido y con el resultado que han deseado. Y han conseguido la imagen de las primeras planas de la prensa internacional mostrando la acción de la policía, cumpliendo una orden judicial que les ordenaba impedir la votación. Han contado los resultados esperados pese a los medios empleados para impedirlo y ahora se consideran legitimados para la proclamación unilateral de independencia. Y es muy probable que este se de. Nos encontraremos otra vez frente a la siguiente etapa del desafío independentista y nuevamente diremos que se conculca la ley y tralará, tralará, tralará…

Todo lo cual lleva a una primera conclusión. El fracaso sin paliativos de la presencia y la fuerza del Estado. Sus instituciones, desde el Gobierno a los tribunales de Justicia han quedado seriamente desprestigiadas por su incapacidad de detener a tiempo y con contundencia la consumación de un delito de sedición. Ha habido de una parte, políticos que se han mofado de la Justicia y de otra, quienes en su afán por no crispar a los insurrectos, se han mostrado incapaces de impedir lo que cualquier ciudadano normal sabia que iba a ocurrir. De poco han servido las ridículas amenazas de multas a quienes formasen parte de las mesas electorales. O los avisos reiterados para el cierre de los colegios, donde se organizaron acampadas días antes. O la confianza en una policía autonómica dependiente de una ideología política. De nada han servido las reiteradas órdenes de los tribunales. Como ocurrió tras la votación de hace un año, ensayo de lo ocurrido ahora.

Como en cualquier proceso revolucionario, el escenario siguiente ha sido la promoción de una huelga general desde la mismísima Generalidad y el acoso hacia la policía, los cortes de carreteras, la algarada callejera y hasta la intervención de los bomberos municipales participando en los disturbios. Descargando toda la responsabilidad sobre jueces y fiscales, el Estado y el Gobierno han sido incapaces de tomar las decisiones políticas a las que estaba obligados. Y estas incluían la suspensión de la Autonomía catalana nada más incumplir la primera manifestación del Tribunal Constitucional. Y como cómplices, una oposición sin visión del interés nacional, empecinada en forzar la dimisión de Rajoy o en conseguir mayores ventajas presupuestarias. Todos han forzado la intervención del Rey, como ocurrió la noche de un lejano 23-F frente a un golpe de Estado, contundente y sin matices , para que los españoles sientan una leve sensación de esperanza y para que muchos despierten.

Pero ¿se atreverán a intervenir de forma radical en el proceso catalán?. ¿Cómo se solucionara ahora la escisión y la fractura social adonde ha derivado todo?. Cualquier medida que se tome no puede pasar por ceder a ninguna concesión hacia quienes han violentado la democracia. No puede premiarse a los insurrectos, cuando estos han puesto en jaque la imagen de España en el mundo. No se puede regresar a ninguna situación que conceda a los independentistas la mínima excusa. Desde sus dirigentes, hasta los funcionarios y policías que han colaborado pasivamente al pulso actual.

Junto a muchos silenciados por el miedo, existe una parte de población catalana impregnada del sentimiento nacionalista que han ignorado el enfrentamiento y la fractura social de la que ahora son responsables. Los padres y los maestros que han tolerado la formación de generaciones de niños en el odio y la falsedad histórica. Los políticos que han dedicado sus esfuerzos hacia la escisión en vez de gobernar para todos. Los empresarios, encerrados en sus tradicionales prebendas. Los periodistas convertidos en voceros de sus mensajes. Los curas que pretendieron justificar la convivencia sin ver que conduciría a la división de sus feligreses. Las fuerzas de orden y los funcionarios medrosos, bajo la excusa de la obediencia debida. Los deportistas que han aprovechado su fama para adherirse a las proclamas independentistas, los intelectuales perdidos en cábalas de artificio. Todos son cómplices y culpables.

¿El actual Gobierno de España está capacitado para resolver los políticos?. La imagen dada hasta ahora es la misma que podría haber hecho la junta directiva de una empresa : resolver los problemas económicos y derivar a los tribunales los asuntos sujetos a la toma de decisiones más serias Ahora queda la búsqueda de responsabilidades, y la duda sobre qué hacer. Para unos la solución es el diálogo con quienes delinquen. Para otros, los cambios constitucionales que nunca se concretan. Pero a la inmensa mayoría de los españoles les invade el estupor por la pasividad ejercida y un profundo sentimiento de irritación. No solo se ha fracturado la sociedad catalana, sino que se ha producido una sensación de fracaso colectivo que marcará a España como ocurrió tras el desastre del 98 y que, con cualquier medida que se tome, tardará décadas a la espera de nuevas generaciones para que sane.

LOS DEMONIOS ESTAN EN CASA

Publicado en Diario Montañes, 30 agosto 2017

 

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Se suele argumentar que la lucha contra el terrorismo lleva asociada a una reducción de libertades y nos olvidamos de que constantemente miles de cámaras vigilan nuestra vida diaria, no se nos permite circular sin cinturón de seguridad y son habituales los controles de alcoholemia en cualquier cruce de carreteras sin que lo consideremos como limitación de nuestro derecho a la intimidad.. Unos pocos funcionarios son capaces de repasar al detalle las declaraciones de impuestos para evitar el fraude fiscal y muchos se dedican a vigilar los permisos e instalaciones de muchas empresas, aunque todo lo tengan en regla. ¿porque no se emplea el mismo rigor contra potenciales criminales terroristas?. ¿Se infringe la presunción de inocencia de quienes acuden a mezquitas donde se preconiza el odio o frente a los que no denuncian los comportamientos criminales de quienes comparten su religión?. ¿Tan complicado es identificar a quienes viajan a Yemen, Libia o Siria no como turistas ni cooperantes precisamente, y considerarlos ciudadanos libres de toda sospecha?. ¿Se atenta contra los derechos de los 5.000 yihadistas europeos que han regresado , sin ninguna restricción, a sus países tras la semiderrota del Estado Islámico?

La sociedad occidental ha acogido a millones de musulmanes, admite sus costumbres y les ha otorgado derechos negados en sus países de origen. La inmensa mayoría conviven pacíficamente contribuyendo al bienestar común pero ahora, una parte de ellos o sus hijos, se han empeñado en destruir la civilización donde viven. Entre los 55 millones de musulmanes de Europa un 15 % admite admirar el Estado Islámico y casi teniendo empleos o vivíendo en aparente integración con sus vecinos, mientras eran adoctrinados en mezquitas o a través de las redes informáticas. La habitual excusa sobre su desarraigo social es una ofensa hacía muchos que sufren su pobreza sin propósitos asesinos. No es precisamente entre los pobres donde surge el radicalismo criminal pero en barrios enteros de muchas ciudades europeas la vigilancia policial se considere una provocación y cuando ocurre un atentado, se descubre que sus autores mantenían comportamientos sospechosos o estaban identificados, sin que se hubieran tomado medidas preventivas con cuerpos policiales de eficacia insuficiente, jueces amparados en legislaciones obsoletas que se excusan en la presunción de inocencia y políticos temerosos de adoptar decisiones firmes que defiendan la seguridad nacional. Con casi cinco mil muertos, aún estamos esperando que la población musulmana se manifieste de forma inequívoca y masiva, condenando claramente los crímenes o a que colabore abiertamente en la prevención de los atentados.

Muchos insisten con la monserga de la responsabilidad de Occidente y ahora va a resultar que las víctimas son las culpables y los asesinos son los hombres justos. ¿Somos responsables del enfrentamiento religioso entre chiítas y sunitas o de la pobreza y el hambre en Sudán, Mali y la República Centroafricana?. ¿Qué tiene que ver Europa con los males de Yemen, Libia o Somalia?. El régimen talibán afgano y el ataque a las Torres Gemelas ocurrieron mucho antes que las primaveras árabes, la masacre a la Casa de España en Rabat en 2003 o la sangrienta guerra civil argelina de los años 80. ¿Cuándo y dónde atacaron Australia, Argentina, Japón o Suecia, por poner unos ejemplos, al mundo musulmán?. Y suele utilizarse la simpleza de atribuir a Israel el origen de todos los males, cuando ni siquiera los islamistas dirigen sus ataques contra ella y por otra parte, Palestina ni tiene relación alguna con el Califato islamista ni con los asesinatos de cristianos en Pakistán o de coptos en Egipto.

Hace medio siglo se iniciaron las agresiones a Israel y comenzamos a justificar el terrorismo como arma política. Siguíó la destrucción del Líbano, un país que era un ejemplo de convivencia. Luego nos acostumbramos a los secuestros y las bombas en aviones y siguieron la toma de periodistas o cooperantes para decapitarlos en público. Finalmente, llegaron los ataques suicidas provocando en los últimos 4.900 muertos en Occidente, mientras vivimos el horror de la guerra siria y de los millones de huídos.

Buscar el diálogo, frente a quienes utilizan la bomba, la metralleta o vehículos aplastando a paseantes, no es solo inútil, sino sencillamente actuar como imbéciles borregos esperando el sacrificio. Hoy vivimos un conflicto sin frentes, ni identificación clara del atacante, aunque conocemos su perfil. En una guerra normal, ante una agresión enemiga, aceptaríamos el reclutamiento de los jóvenes, el toque de queda o la censura, sin que por ello nos lamentásemos de la limitación de nuestras libertades porque formarían parte de la defensa común. Pero en la lucha contra el terrorismo al anteponer la libertad frente a la seguridad, ya podemos resignarnos a llevar flores, encender velas en honor a los muertos o convertirnos en cuerpos despanzurrados por haber defendido los derechos de los asesinos. Discutir sobre libertades y derechos es ya una obscenidad cuando las victimas suman más de 4.900 personas. La ultima tragedia ha recorrido un trayecto asesino en las Ramblas de Barcelona. Tenemos los demonios en casa, pero ¿cuantos más nos esperan por nuestra inacción?

EL DÍA DE LAS LAMENTACIONES

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En Cantabria se ha vuelto a celebrar una fiesta, ajena al sentimiento popular, que es el Día de las Instituciones, una demostración del folclore local, con pasacalles y conjuntos gaiteros ante la presencia de la clase política, elegantemente vestida para la ocasión. Normalmente las fiestas hacen para conmemorar un hecho histórico o un motivo religioso. Dedicar un acto festivo en honor de las Instituciones resulta tan extraño , como honrar con un festejo al Tribunal Supremo.

En ese Dia de las Instituciones, últimamente viene siendo habitual en los discursos que, aparte de la exaltación a los valores de la región , no se hable de los logros de la Autonomía sino de sus carencias, convirtiendo el acto en un eco del debate político o de lo que se proclama en las ruedas de prensa, añadiéndole un componente de lamentación, dirigido hacia lo que el Gobierno central hace o deja de hacer por Cantabria, según el criterio del gobernante autónomo de turno.

Este año el Presidente Regional se ha adornado con un discurso lleno de afirmaciones como “No nos va a humillar, somos pocos pero con honor y exigiremos que paguen lo que nos deben”, “Los españoles nos quieren, pero el Gobierno de España nada”, tan aplaudido como si estuviese en una de sus habituales apariciones televisivas, mostrando su malestar frente a un Gobierno que “premia las deslealtades y es desleal con los leales”, en alusión a los acuerdos alcanzados para la aprobación de los presupuestos del Estado. En un acto institucional estas afirmaciones desentonan, pero cuando un Presidente las realiza tras llevar dos legislaturas dirigiendo la región, con gobiernos centrales de distinto signo, es que algo falla en su gestión.

Como es lógico no se mencionaron las pérdidas que han supuesto algunos fallos frecuentes de la administración autonómica, achacando su exclusión a un error burocrático la fracasada declaración de múltiples fiestas locales, como el Coso Blanco de Castro Urdiales, la Folía de San Vicente de la Barquera, el Día de Campoo de Reinosa, la Gala Floral de Torrelavega, el Carnaval de Santoña y el Día de Cantabria en Cabezón de la Sal para que alcanzasen el reconocimiento de Interés Turístico Nacional. También fue, al parecer, un fallo administrativo, la pérdida de 22 millones de euros dedicados al hospital Valdecilla, por pedirlos fuera de plazo. Y quizás también fuesen fallos administrativos la oferta de empleo público para combatir el paro de 500 puestos de profesores con un sueldo de 560 euros a la que solo se presentaron 180, mientras que en una convocatoria para 24 plazas de barrendero acudieron 1.470 candidatos.

A estos datos se añaden otros que muestran la pobre situación económica de una región donde la afiliación a la Seguridad Social ha caído en 4.000 personas desde que PRC y PSOE gobiernan juntos. O la reducción de 12 millones de euros en el presupuesto de Educación, mientras se regula la sorprendente genialidad de un calendario escolar descabellado y único en España. O que Cantabria sea un lugar donde no sólo no se genera empleo, sino que se destruye, cuando ocurre lo contrario en el resto de las comunidades autónomas. Todo ello, seguro que por culpa de Madrid. Y por supuesto, nada se dice sobre el dato de que el presidente de Cantabria, y los ocho consejeros del Gobierno regional gastaron el pasado año 21.300 euros en dietas . Una minucia, añadida a sus sueldos habituales, en la que no suele haber errores administrativos.

Pero de todo esto no se ha hablado, sino que se ha elegido la vía del discurso llorón, de la continúa demanda y el agravio, como un adolescente que, incapaz de resolver sus problemas, achaca sus frustraciones a otros, convirtiendo el Dia de las Institucioness en el Dia de las Lamentaciones.

 

EL DESAFIO CATALAN

Publicado en Diario Montañés el 26  julio  2017

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               La identidad española se ha forjado por la unión de territorios y el sentimiento de pertenecer a una misma comunidad compartida durante siglos por encima de costumbres e idiomas. Sin diferencias étnicas ni religiosas desde hace años en Cataluña, se ha gestado una abierta confrontación con la idea global de España, utilizando como excusa la existencia de una lengua minoritaria y un particularismo presente en cualquier otra región.

                Muchos factores han contribuido a ello: la ley electoral premió a los partidos nacionalistas y se toleró una política hostil hacia el concepto de españolidad, forjadas por políticas educativas que han formado a dos generaciones de jóvenes en la creencia de un pasado inexistente derivando a la creencia en una historia falseada, donde Cataluña aparece como víctima esquilmada por un centralismo egoísta, cuando lo cierto es que siempre ocurrió lo contrario. Convencidos de ser diferentes, despreciando al resto, incluyen en su delirio secesionista, a lo que llaman “países catalanes”, Baleares y Valencia como parte de su quimera. Podrían, hacerlo igualmente con el Rosellón, Sicilia y Nápoles, que fueron durante siglos parte de la Corona de Aragón.

Hoy, las dificultades económicas de Cataluña, como si no existieran en el resto de España, se utilizan como expresión de marginación y se proclaman abiertamente los aspectos diferenciales para iniciar una aventura secesionista, sin importar las consecuencias: desde pagar sus propias pensiones y deudas, hasta construir sus estructuras o buscar mercados sin la cobertura de la Unión Europea. Una losa económica que deberán soportar por sí mismos. Pero incluso aunque nadasen en riqueza, se esgrimirían con igual fuerza las mismas intenciones secesionistas seguros de convertirse, de la noche a la mañana, en Luxemburgo o Mónaco, como antes quisieron ser Quebec o Eslovaquia.

Frente a las continuadas exigencias nacionalistas muchos angelicales políticos consideran el cambio Constitucional como medida necesaria, aunque nadie explica en qué consistiría. ¿Sería una nueva reorganización poliédrica de España?. ¿Se apagarían definitivamente los sentimientos de mutuo agravio o conducirían a la emigración de masas de población de unas zonas a otras?. Un gran número de catalanes se sienten también españoles, pero su voz está ahogada dentro del clamor independentista y tras la secesión podría iniciarse la marginación de quienes comparten el amor a su patria chica con la pertenencia a España. ¿Cómo reaccionarían sin renunciar a sus propias raíces?. ¿Y cómo lo haría el resto del país ante los catalanes que viven y trabajan en las demás tierras de España?. Ya se comienzan a oir voces de hartazgo pidiendo la ruptura definitiva, incluso la extensión de un referéndum en toda España para aclarar la situación.

Hemos olvidado que España ha sido la única nación del mundo occidental donde en el último siglo las diferencias políticas condujeron a una guerra civil y junto a Yugoslavia el único país europeo donde las escisiones se han ahogado en sangre. La separación de Noruega y Suecia fue un acuerdo final para resolver los continuos enfrentamientos entre ambos desde la Edad Media. Lituania es un recuerdo medieval, señorío de los caballeros Teutónicos y ocupantes rusos y alemanes, cuya historia se mezcla con Polonia. Letonia y Estonia fueron creaciones artificiales tras la Primera Guerra Mundial para aislar a la revolución rusa. Eslovaquia se separó de Chequia, tras poco más de medio siglo de convivencia mutua y fue el resultado de una decisión política, no de sus gentes. Y hace no muchos años, Yugoslavia, tras matanzas y desplazamientos de población justificados por la religión, la lengua y el despropósito criminal de sus dirigentes acabó desintegrado en siete países: Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Macedonia y Kosovo, casi todos hundidos en la pobreza. La mayor parte jamás existieron o sus antecedentes históricos se remontaban a breves periodos de independencia. ¿Alguien les advirtió que algún día el infierno estallaría entre ellos?.

Hoy una parte de los catalanes rechaza la permanencia con el resto de España, porque están dirigidos por radicales que no se consideran españoles, desafiando a la Constitución que masivamente votaron en su día como ley suprema del Estado y el desprecio de sus símbolos. El referéndum anunciado tendría escasa utilidad porque el resultado nunca sería aceptado por una de las partes ni acallaría las demandas o apagaría los sentimientos fomentados por sus actuales dirigentes. El sentimiento de ser español y catalán se ha convertido en una cuestión financiera donde los deseos independentistas se argumentan como sin la pertenencia a un país se tratase de un simple balance económico, olvidando los lazos familiares e históricos que durante siglos les mantuvieron unidos. Es el final que se ve venir y que puede acabar en un enfrentamiento y una escisión social de dimensiones dramáticas. La responsabilidad final radica en la falta de pulso que impregna a un país, donde la exhibición de los símbolos que nos unen o el recuerdo a una historia común se consideran hechos vergonzantes y en la falta de valor suficiente para acabar con todo lo que signifique un desafío a la convivencia y a la ley.

REGRESO A LAS BARRICADAS

barrPublicado en DM 17 junio 2017

           En toda Europa la socialdemocracia se encuentra en retirada. Derrotada en Francia e Inglaterra, marginal en Holanda y Austria, retrocediendo en Suecia y Dinamarca, inexistente en Italia, destrozada en Grecia y afrontando su tercera derrota consecutiva en Alemania, la antes siempre presente izquierda moderada ha quedado arrinconada.

Desde mediado el siglo XIX los polos que rigieron la política europea fueron el socialismo y el liberalismo y desde entonces la política siempre osciló entre derechas e izquierdas , en muchas ocasiones desplazadas por sus extremos, que asumían dictaduras opresoras: fascismo o comunismo. Al final, tras sangrientos experimentos, se alcanzó una convivencia de ambas propuestas que permitió a Europa lograr una situación de bienestar y respeto a los derechos humanos que para convertirla en la imagen ansiada por todos los pueblo del mundo. Pero iniciado el siglo XXI los nuevos desafíos son las dificultades económicas sin poder competir frente a la mano de obra de países del tercer mundo que vacía sus fábricas, la realidad de una inmigración masiva cambiando nuestra sociedad, el terrorismo como amenaza constante, y sobretodo la ausencia de líderes capaces de ilusionar a un electorado envejecido, sin más interés que defender su estatus económico y sus pensiones.

En un continente envejecido y colmado de bienestar, ya no se lucha por la defensa del proletariado, ni se discute la propiedad privada , sino por el mantenimiento de los privilegios logrados y las nuevas generaciones quieren ser las protagonistas, sin esperar a conseguir los méritos de quienes les precedieron. Surge un concepto adolescente de la política reclamando más derechos que obligaciones, el desprecio a todo lo anterior, el relativismo como nueva ética, el proteccionismo medioambiental sin la búsqueda de recursos alternativos para mantener el nivel de desarrollo, la confianza plena en el poder del Estado y el rechazo de la democracia actual sustituida por la algarada callejera y la defensa de movimientos culturales alternativos. La globalización ha conducido a una pérdida de valores y componentes ideológicos, que ya no parecen interesar a nadie. Lo que fracaso en el utópico mayo del 68 va camino de hacerse realidad.

En los países del norte y del centro, el malestar lo recogen nuevas formaciones cargadas con la fuerza nacionalista que protagonizaron sus años más negros, y en el sur del continente surgen los partidarios de volver a una izquierda radical. En Italia el protagonismo político, tras continuos casos de corrupción ha quedado a merced de partidos sin componente ideológico. En Francia surge triunfa un salto político experimental para hacer frente a la descomposición de un socialismo rechazado y el miedo al nacionalismo que recogió los votos de los viejos comunistas. Y la próspera Inglaterra de hace unos años se separa de Europa mientras asoma la escisión de Escocia.

Cuando todo esto ocurre, España, la nación más vieja del continente, debate su propia identidad con los nacionalistas catalanes pidiendo la independencia , alcanzando en el País Vasco las instituciones quienes hicieron de la lucha armada su medio de diálogo y se contempla a Venezuela como modelo, cuando ya una Grecia hundida, no parece ser el ejemplo a seguir. El espíritu de la Transición esta perdido, porque las generaciones actuales ni vivieron sus dificultades ni conocen lo que existía antes. Desaparecidos los estadistas que hacían del consenso la forma de gobernar, en vez de reformar las leyes se busca en el cambio de la Constitución como la solución de los problemas, reinventándonos el país con cada generación, para regresar a los viejos debates de República frente a Monarquia, la pérdida del concepto de interés nacional, el derecho decimonónico a que cada región decida su futuro, el pronunciamiento del pueblo más que en sus representantes y el regreso de los demonios de la guerra civil con sesgadas memorias históricas, sin más bagaje ideológico que la vuelta a los planteamientos de hace medio siglo, como si el mundo se hubiera detenido hace casi cien años.

Mientras Europa busca en la moderación su futuro, la izquierda española, huérfana de un mensaje moderno como sus hermanas, ha decidido tomar el camino de radicalizarse levantar barricadas e intentar el asalto del Palacio de invierno, llamando a sus bases a la nueva revolución, volviendo a enarbolar las banderas del “arriba parias de la tierra, en píe famélica legión”…

El problema no es que huela a polilla de armario viejo , sino que no aporta nada nuevo y solo cosecha el desapego del electorado, que se refugia entre el nacionalismo extremo o las quimeras de las nuevas revoluciones

OTRA VEZ EL RIDICULO

 

Publicado en el DM el 18 mayo 2017

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Eurovisión es un concurso que pese a su tediosa votación, llega a millones de espectadores en toda Europa y constituye la retransmisión con más audiencia después de las deportivas, donde han triunfado artistas como Abba, Gigliolla Cinquetti, Celine Dion y participado algunos que alcanzarían fama como Sergio Dalma, Domenico Modugno, Mocedades, Al Bano, Cliff Richards o Raphael aunque casi todos han quedado oscurecidos con el tiempo o relegados a la fama en su propio país. El reciente fracaso de un cantante español en el festival de Eurovisión, con un gallo espectacular en plena actuación y una puesta en escena de feria de pueblo, es más que una anécdota que se une al recuerdo de la esperpéntica actuación de Chikilicuatre no hace mucho, son ejemplos que exportan una visión de la España moderna.

Participar en Eurovisión, junto al abono de los gastos de viaje, estancia y montaje le cuesta a Televisión Española 400.000 euros y casi siempre se acompaña de una selección oscura con maloliente tufo de escándalo. Lo primero que habría que preguntarse es quienes son los supuestos expertos que escogen al representante español y la canción, porque a tenor de los resultados conseguidos a lo largo de los últimos años, donde en quince ocasiones se ha quedado entre los cinco últimos puestos, no se puede decir que sean unas lumbreras. La oportunidad de mostrar la calidad artística de España en un ámbito internacional, debería estar sujeta a mayores controles cuando esta se realiza con dinero público. De entrada resulta curioso que mientras Francia y Bélgica cantan en francés, Italia en italiano y Alemania en alemán, nosotros lo hacemos en inglés, despreciando el español, un idioma usado por 400 millones de personas en el mundo, con la creencia de que así estamos a la moda. Solo aquellos países cuya lengua no se habla más que en su limitado ámbito, como los eslavos, escandinavos o caucásicos eligen el inglés como letra de sus canciones. Y con independencia de que los sistemas de votación estén viciados, lo cierto es que multitud de países han ganado u obtenido un puesto decoroso con participaciones que pueden gustar o no. Sin embargo España consigue notoriedad en actuaciones que llevan, en los últimos años a reiterados fracasos. Ahora se ha seleccionado a un cantante y una coreografía surfista a Ucrania, un país donde este deporte es tan ajeno como las auroras boreales en el nuestro. En otras ocasiones aparecieron artistas desconocidos que volvieron al anonimato tras mostrar su gris calidad.

Se nos llena la boca demandando bajadas en el IVA para la cultura, la protección de los artistas o la exportación de la imagen de la marca España y cuando tenemos ocasión de mostrarla en foros internacionales, muchas veces conseguimos un completo ridículo, porque creemos que hacer el payaso en un escenario o la provocación por sí misma tienen el mismo valor en España que en otros países. Y aunque se considere que el festival de Eurovisión es un tema menor, especialmente como consecuencia de las pobres cosechas conseguidas con nuestros representantes, no ocurre así con otros países. De entrada resulta curioso que mientras Francia y Bélgica cantan en francés, Italia en italiano, Alemania en alemán y Portugal en portugués, nosotros nos empeñamos en cantar en inglés, un idioma usado por 400 millones de personas en el mundo y el segundo de occidente, con la creencia de que así estamos a la moda y alcanzamos mayor difusión.

Si existe un organismo llamado Consejo de Televisión, con sus miembros espléndidamente pagados, lo menos que habría que pedirles por su extenuante trabajo, es que cuiden lo que se envía al extranjero, cuando se emplean casi medio millón de euros en seleccionar al representante de España y su canción, porque esa va a ser la imagen de nuestro nivel artístico ante millones de espectadores.

Pero no se preocupen. El próximo año, un nuevo desconocido nos volverá a deleitar con sus gorgoritos ingleses obsesionados en hacer olvidar vieja imagen de la España de pandereta por otra de supuesta modernidad que cosechará otro ridículo bajo el amparo de RTVE. Y si no, al tiempo.

LOS TARADOS NIÑOS DEL FRANQUISMO

Publicado en DM 2 mayo 2017

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              Ahora hemos descubierto que los niños nacidos durante el franquismo, éramos unos tarados oprimidos por la disciplina, educados en la ignorancia, lastrados por la religión e incapacitados para el futuro. Nuestra infancia, que creíamos feliz, debió ser solo el espejismo de un tiempo oscuro.

               Fuimos unos pobres tarados que oíamos en la radio las aventuras de Diego Valor, el piloto del espacio, y disfrutábamos con el Guerrero del Antifaz, cuando matar a moros malvados no era un desprecio racial, y con Roberto Alcázar y Pedrin o el Jabato, que nos descubrían un mundo de héroes y la lucha de los buenos contra los malos o las películas donde frente a la amenaza de los siuox siempre llegaba a tiempo el Séptimo de Caballería al mando de John Wayne, cuyo beso final a la protagonista se cortaba por la censura. Pobres tarados cuya merienda de foigras o chocolate Matías López, no producía niños obesos ni adolescentes con anorexia. Los regalos eran para los cumpleaños o tarea de los Reyes Magos, que quizás traían ese deseo tantas veces contemplado en el escaparate de una juguetería. Comprábamos el TBO, pipas, regaliz o bolitas de anís exhibidas en la cesta del pipero presente en la puerta del colegio. Los niños jugaban a las chapas o al fútbol con pelotas de trapos atadas con cuerda y las niñas se divertían con muñecas o saltando a la comba, en calles que aún no eran territorio de violencia, vomitorio de botellón o mercado de droga, nunca aburridos ni necesitados de acudir a un psicólogo.

Fuimos tan tarados que aguantamos sin secuelas de por vida, los capones sufridos en el colegio y el dominio de los mayores. Aprendíamos la lista de los reyes godos para ejercitar la memoria, los dictados eran una prueba de ortografía básica, las raíces cuadradas había que resolverlas sin calculadora y traducíamos del latín la Guerra de las Galias. Y si suspendías en junio, te perdías las vacaciones. Tras ello, muchos acabaron en la Universidad y muchos más aprendieron un oficio, iniciado como aprendices. Y el futuro no parecía gris, lastrado por la bota opresora de una dictadura, cuando se soñaba con comprar una Vespa, el deseado Seiscientos o llegar a firmar la primera hipoteca.

Asi estábamos de tarados o es lo que pretenden hacernos creer hoy muchos que, años después, criados en una sociedad opulenta sin más valores que el logro del éxito y el hedonismo, confunden la infancia de nuestra época con la opresión. No son solo supuestos intelectuales estudiosos del pasado. Son también muchos que, incapaces de finalizar sus estudios, se cobijaron en el mundo de la farándula como intérpretes de nuevos valores artísticos, comentaristas que convierten sus tertulias en ágoras del pensamiento moderno o nuevos políticos equipados con el bagaje del resentimiento.

Fuimos tan tarados que, sin valorar el esfuerzo de unos padres que nunca tuvieron vacaciones, fracasamos al proyectar sobre nuestros hijos una permisividad que nunca nos habían tolerado. Fuimos tan tarados que ahora nos sorprende al ver como esos retoños, crecidos en un mundo de derechos y ninguna obligación, se alzan contra la sociedad que les ha permitido disfrutar lo que jamás tuvimos, reanimando odios y reescribiendo la historia cercana. Unos, abrazando nacionalismos, para inventarse sus orígenes y despreciando a quienes no forman parte de su estirpe imaginada. Otros para derruir la convivencia en paz lograda por unos tarados ya maduros, en los años de la transición a la democracia, revolviendo el odio y exaltando ideas abandonados hace decenios tras haber dejado tras si naciones esclavizadas y empobrecidas. Es el triste final de acto de la tragedia cíclica en nuestra Historia, donde los enfrentamientos son más frecuentes que los encuentros, donde la envidia supera al aprecio, donde personajes de inanes trayectorias personales, pretenden dirigir las vidas de los demás para imponer su sociedad soñada.

Tan tarados fuimos.

LA MATE PORQUE ERA MIA

 

Publicado en DM el 27 marzo 2017

“…y si volviera a nacer, mil veces la mataría”.

Copla popular

Unknown

Día tras día llegan las dramáticas noticias sobre mujeres asesinadas por sus parejas. Día tras día, asistimos a las mismas concentraciones de repudio. Y día tras día nos empeñamos en elaborar nuevas leyes que acabe con la lacra. El tema ha pasado de aparecer en las páginas de sucesos a convertirse en un estado de alarma e irritación, en la que policías, jueces, políticos y víctimas, se echan en cara las ineficaces medidas de protección o prevención. Más de 24 millones de euros  se emplean en sistemas de vigilancia, teléfonos de asistencia y centros de ayuda, pero la escalada prosigue. Solo el pasado año hubo 57 víctimas, sin contar con los miles de agresiones no mortales, con menos de una cuarta parte denunciadas previamente, y sigue el  ascenso.

Cuando ocurre  uno de estos  crímenes, aparte de los  detalles de dónde y cómo se cometió, de si existía o no denuncia previa, hay algo que sistemáticamente se oculta: la identidad del responsable. No me refiero a su nombre y apellidos, ni siquiera a su foto con o sin el rostro cubierto. Hablo de su nacionalidad de origen. Ya me veo  acusado de xenófobo, pero las cifras son claras y tozudas. Una gran parte de esta violencia tiene como protagonistas a personas de  entornos culturales diferentes en este aspecto a los nuestros, donde el papel de la mujer  es secundario y sometida al hombre. En casi  un tercio de los casos ocurridos  las víctimas o los agresores provienen de Sudamérica, Europa Oriental o del continente africano. Y son precisamente  las regiones con más población inmigrante las que sufren la mayor incidencia: Andalucía, Levante, Cataluña y Canarias. Esta es la realidad que se esconde bajo el drama de la violencia de género.

Aunque sigamos elaborando leyes, las agresiones persistirán en tanto exista una numerosa colonia portadora de otros valores culturales que nos son ajenos  o, en el mejor de los casos, similares a los que teníamos hace muchísimos años. Tras acogerlos, en vez de impregnarles con nuestra concepción ética de la vida, seguimos una política de tolerancia y aceptación de costumbres que chocan con nuestra forma de entender  la convivencia, los derechos humanos y la igualdad de sexos, lo que frecuentemente  conlleva al mantenimiento de costumbres y hábitos  muy distintos.

No es cierto que el machismo y las prácticas violentas hacia la mujer hayan aumentado entre los españoles, pese a la facilidad con que se concede la nacionalidad a cualquier recién llegado. De hecho ocurre lo contrario. Según los datos aportados por el Observatorio de Violencia de Género, 790 mujeres han sido asesinadas por sus parejas desde el año 2003 y se ha pasado de un 14 % de encarcelados de origen extranjero al 38 % en el 2010. Es decir que se han multiplicado por tres en ese periodo de tiempo, en tanto que los  de origen español se redujeron desde el 86 al 60 %, ocurriendo estas últimas mayoritariamente entre la población  de mayor edad y en ámbitos rurales. Sin embargo, políticos, periodistas y organizaciones feministas jamás mencionan la nacionalidad ni el origen cultural de los agresores. Y si alguien osa decir que hay una mayor incidencia entre la población extranjera residente  en España, rápidamente es tachado de racista.

Cuando se hace un análisis de cualquier tipo de delito, las medidas preventivas deben dirigirse a la raíz del problema, pero si  no somos capaces  de mostrar los grupos sociales con mayor riesgo, de poco servirán las leyes que se elaboren. No es a base de éstas como se cambia una cultura. Si seguimos aceptando como tolerables las costumbres de aquellos que se resisten a aceptar los valores de la sociedad adonde acuden y contemplan a la mujer como si se tratase de una posesión de derecho, disponiendo de ella o pudiéndola matar “porque era mía” , como decía la vieja copla seguiremos clamando en el desierto y  lamentando el constante goteo de muertes. Por muchas leyes que elaboremos.

TODO SIGUE IGUAL

Publicado en DM 15 febrero 2017

PLATON                   El año 2016 con la llegada de Trump y el “Brexit”, ha cambiado la situación geopolítica mundial. En Francia y otros países europeos es posible el triunfo del ultranacionalismo. Millones de desplazados por guerras se amontonan en las fronteras de Europa, siguen las matanzas en Oriente Próximo, Estados Unidos rompe sus acuerdos comerciales en el área del Pacífico y con la Unión Europea, el futuro de la OTAN se reconsidera, China compra cuanto se le pone por delante, incluida la deuda de muchos países. Y en España seguimos sin mirar al exterior, porque es peligroso asomarse a las ventanillas. Bastante tenemos con afrontar el problema de Cataluña. Allí, quien roba, no va a la cárcel, como tampoco quién desafía al Tribunal Constitucional o se burla de los símbolos del Estado. En pocos lugares del mundo la libertad de expresión se disfruta como en tierras catalanas, gracias a la complacencia de sus jueces.

Hemos tenido un invierno, como tantos otros, sin energía suficiente para mantenernos y, aunque sin viento ni lluvias, seguimos importando como siempre energía nuclear francesa, gas ruso o argelino y nos olvidamos de cómo conseguir energía solar en el país más soleado del Europa. Rechazamos el “fracking” que ha sustituido al petróleo en Estados Unidos, Canadá y Australia o la fuerza de los vientos de la que se benefician Alemania, Dinamarca, Suecia, Austria, Finlandia y los países bálticos. Y nos quejamos del recibo de la luz o de la alarmante subida las berenjenas, que parecen ser elemento indispensable en la dieta normal. Llegarán la primavera y los deshielos, y nuevamente el Ebro se desbordará, anegando campos de cultivos o vertiendo millones de toneladas de agua al mar, tras una década de abandono del plan hidrológico que riegue la España seca.

Las pensiones amenazan quiebra, sin que nadie aclare cuál va a ser su futuro, en un país envejecido y con un tercio de su población desempleada. Existen desde hace siglos, 8.122 ayuntamientos con una administración dotada de 445.000 cargos públicos, el doble que Francia o Italia y 300.000 más que Alemania, esperando nuevas ofertas de empleo público para atender las necesidades de una gigantesca maquinaria burocrática, presionamos a las empresas con los impuestos más altos de Europa y esperamos ser la alternativa a Londres como futura sede financiera del viejo continente. Somos una potencia mundial en ingeniería civil, aunque las obras se realicen fuera de España, donde ya no se construyen ni autopistas ni vías para alta velocidad ferroviaria. Muchos pretenden el regreso a la banca pública como garantía futura, mientras pocos recuerdan el hundimiento de las Cajas de Ahorro, infectadas por la acción de los políticos. Seguimos siendo el país preferido en Europa en atracción turística, pero ya estamos pensando en cómo cambiar nuestros horarios para emular a quienes abandonan sus oscuros inviernos y el aburrimiento de las ciudades desiertas desde las seis de la tarde.  Hemos pasado todo un año, con la atención centrada en las posibles combinaciones de grupos políticos para elegir un Presidente, con el país dirigido por un gobierno en funciones, sin poder dictar leyes. Jamás el Boletín Oficial del Estado, había descansado tanto.

Durante ese tiempo, ha habido dos elecciones generales y a punto estuvimos de votar una tercera por el empecinamiento del “no es no”, los remilgos de Ciudadanos y las exigencias de Podemos. Al final, tras la formación de un nuevo Gobierno, dos meses después, seguimos sin presupuestos. Y ante este panorama, observen lo que se debate en los Congresos de los Partidos políticos. El PSOE sigue en sus dudas sobre el liderazgo y el futuro de un socialismo para definir el federalismo asimétrico y cambiar una política laboral en la que los sindicatos han sido desplazados en las negociaciones salariales globales por las realizadas a nivel de cada empresa. Ciudadanos se duda entre la socialdemocracia y el liberalismo, lo que ya es notorio a estas alturas en la ciencia política. Podemos ha sustituido la política de la provocación por la lucha interna de unos contra otros sin que parezca unirles otra cohesión que la oposición al sistema. Los nacionalistas catalanes que protagonizaron el “3 por ciento” durante décadas, se han echado al monte, convertidos en separatistas confesos unidos a los antisistema, y los vascos miran de reojo, pensando como siempre, en el lado del que pueden caer las nueces del árbol agitado. Mientras tanto, en el PP parece ser que lo importante es saber si se legalizan la marihuana, la maternidad subrogada o si un ministro puede ser a la vez Secretario del Partido.

Como ven, la vida sigue igual.

Opiniones Libres