LOS TARADOS NIÑOS DEL FRANQUISMO

Publicado en DM 2 mayo 2017

juego de canicas

              Ahora hemos descubierto que los niños nacidos durante el franquismo, éramos unos tarados oprimidos por la disciplina, educados en la ignorancia, lastrados por la religión e incapacitados para el futuro. Nuestra infancia, que creíamos feliz, debió ser solo el espejismo de un tiempo oscuro.

               Fuimos unos pobres tarados que oíamos en la radio las aventuras de Diego Valor, el piloto del espacio, y disfrutábamos con el Guerrero del Antifaz, cuando matar a moros malvados no era un desprecio racial, y con Roberto Alcázar y Pedrin o el Jabato, que nos descubrían un mundo de héroes y la lucha de los buenos contra los malos o las películas donde frente a la amenaza de los siuox siempre llegaba a tiempo el Séptimo de Caballería al mando de John Wayne, cuyo beso final a la protagonista se cortaba por la censura. Pobres tarados cuya merienda de foigras o chocolate Matías López, no producía niños obesos ni adolescentes con anorexia. Los regalos eran para los cumpleaños o tarea de los Reyes Magos, que quizás traían ese deseo tantas veces contemplado en el escaparate de una juguetería. Comprábamos el TBO, pipas, regaliz o bolitas de anís exhibidas en la cesta del pipero presente en la puerta del colegio. Los niños jugaban a las chapas o al fútbol con pelotas de trapos atadas con cuerda y las niñas se divertían con muñecas o saltando a la comba, en calles que aún no eran territorio de violencia, vomitorio de botellón o mercado de droga, nunca aburridos ni necesitados de acudir a un psicólogo.

Fuimos tan tarados que aguantamos sin secuelas de por vida, los capones sufridos en el colegio y el dominio de los mayores. Aprendíamos la lista de los reyes godos para ejercitar la memoria, los dictados eran una prueba de ortografía básica, las raíces cuadradas había que resolverlas sin calculadora y traducíamos del latín la Guerra de las Galias. Y si suspendías en junio, te perdías las vacaciones. Tras ello, muchos acabaron en la Universidad y muchos más aprendieron un oficio, iniciado como aprendices. Y el futuro no parecía gris, lastrado por la bota opresora de una dictadura, cuando se soñaba con comprar una Vespa, el deseado Seiscientos o llegar a firmar la primera hipoteca.

Asi estábamos de tarados o es lo que pretenden hacernos creer hoy muchos que, años después, criados en una sociedad opulenta sin más valores que el logro del éxito y el hedonismo, confunden la infancia de nuestra época con la opresión. No son solo supuestos intelectuales estudiosos del pasado. Son también muchos que, incapaces de finalizar sus estudios, se cobijaron en el mundo de la farándula como intérpretes de nuevos valores artísticos, comentaristas que convierten sus tertulias en ágoras del pensamiento moderno o nuevos políticos equipados con el bagaje del resentimiento.

Fuimos tan tarados que, sin valorar el esfuerzo de unos padres que nunca tuvieron vacaciones, fracasamos al proyectar sobre nuestros hijos una permisividad que nunca nos habían tolerado. Fuimos tan tarados que ahora nos sorprende al ver como esos retoños, crecidos en un mundo de derechos y ninguna obligación, se alzan contra la sociedad que les ha permitido disfrutar lo que jamás tuvimos, reanimando odios y reescribiendo la historia cercana. Unos, abrazando nacionalismos, para inventarse sus orígenes y despreciando a quienes no forman parte de su estirpe imaginada. Otros para derruir la convivencia en paz lograda por unos tarados ya maduros, en los años de la transición a la democracia, revolviendo el odio y exaltando ideas abandonados hace decenios tras haber dejado tras si naciones esclavizadas y empobrecidas. Es el triste final de acto de la tragedia cíclica en nuestra Historia, donde los enfrentamientos son más frecuentes que los encuentros, donde la envidia supera al aprecio, donde personajes de inanes trayectorias personales, pretenden dirigir las vidas de los demás para imponer su sociedad soñada.

Tan tarados fuimos.

LA MATE PORQUE ERA MIA

 

Publicado en DM el 27 marzo 2017

“…y si volviera a nacer, mil veces la mataría”.

Copla popular

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Día tras día llegan las dramáticas noticias sobre mujeres asesinadas por sus parejas. Día tras día, asistimos a las mismas concentraciones de repudio. Y día tras día nos empeñamos en elaborar nuevas leyes que acabe con la lacra. El tema ha pasado de aparecer en las páginas de sucesos a convertirse en un estado de alarma e irritación, en la que policías, jueces, políticos y víctimas, se echan en cara las ineficaces medidas de protección o prevención. Más de 24 millones de euros  se emplean en sistemas de vigilancia, teléfonos de asistencia y centros de ayuda, pero la escalada prosigue. Solo el pasado año hubo 57 víctimas, sin contar con los miles de agresiones no mortales, con menos de una cuarta parte denunciadas previamente, y sigue el  ascenso.

Cuando ocurre  uno de estos  crímenes, aparte de los  detalles de dónde y cómo se cometió, de si existía o no denuncia previa, hay algo que sistemáticamente se oculta: la identidad del responsable. No me refiero a su nombre y apellidos, ni siquiera a su foto con o sin el rostro cubierto. Hablo de su nacionalidad de origen. Ya me veo  acusado de xenófobo, pero las cifras son claras y tozudas. Una gran parte de esta violencia tiene como protagonistas a personas de  entornos culturales diferentes en este aspecto a los nuestros, donde el papel de la mujer  es secundario y sometida al hombre. En casi  un tercio de los casos ocurridos  las víctimas o los agresores provienen de Sudamérica, Europa Oriental o del continente africano. Y son precisamente  las regiones con más población inmigrante las que sufren la mayor incidencia: Andalucía, Levante, Cataluña y Canarias. Esta es la realidad que se esconde bajo el drama de la violencia de género.

Aunque sigamos elaborando leyes, las agresiones persistirán en tanto exista una numerosa colonia portadora de otros valores culturales que nos son ajenos  o, en el mejor de los casos, similares a los que teníamos hace muchísimos años. Tras acogerlos, en vez de impregnarles con nuestra concepción ética de la vida, seguimos una política de tolerancia y aceptación de costumbres que chocan con nuestra forma de entender  la convivencia, los derechos humanos y la igualdad de sexos, lo que frecuentemente  conlleva al mantenimiento de costumbres y hábitos  muy distintos.

No es cierto que el machismo y las prácticas violentas hacia la mujer hayan aumentado entre los españoles, pese a la facilidad con que se concede la nacionalidad a cualquier recién llegado. De hecho ocurre lo contrario. Según los datos aportados por el Observatorio de Violencia de Género, 790 mujeres han sido asesinadas por sus parejas desde el año 2003 y se ha pasado de un 14 % de encarcelados de origen extranjero al 38 % en el 2010. Es decir que se han multiplicado por tres en ese periodo de tiempo, en tanto que los  de origen español se redujeron desde el 86 al 60 %, ocurriendo estas últimas mayoritariamente entre la población  de mayor edad y en ámbitos rurales. Sin embargo, políticos, periodistas y organizaciones feministas jamás mencionan la nacionalidad ni el origen cultural de los agresores. Y si alguien osa decir que hay una mayor incidencia entre la población extranjera residente  en España, rápidamente es tachado de racista.

Cuando se hace un análisis de cualquier tipo de delito, las medidas preventivas deben dirigirse a la raíz del problema, pero si  no somos capaces  de mostrar los grupos sociales con mayor riesgo, de poco servirán las leyes que se elaboren. No es a base de éstas como se cambia una cultura. Si seguimos aceptando como tolerables las costumbres de aquellos que se resisten a aceptar los valores de la sociedad adonde acuden y contemplan a la mujer como si se tratase de una posesión de derecho, disponiendo de ella o pudiéndola matar “porque era mía” , como decía la vieja copla seguiremos clamando en el desierto y  lamentando el constante goteo de muertes. Por muchas leyes que elaboremos.

TODO SIGUE IGUAL

Publicado en DM 15 febrero 2017

PLATON                   El año 2016 con la llegada de Trump y el “Brexit”, ha cambiado la situación geopolítica mundial. En Francia y otros países europeos es posible el triunfo del ultranacionalismo. Millones de desplazados por guerras se amontonan en las fronteras de Europa, siguen las matanzas en Oriente Próximo, Estados Unidos rompe sus acuerdos comerciales en el área del Pacífico y con la Unión Europea, el futuro de la OTAN se reconsidera, China compra cuanto se le pone por delante, incluida la deuda de muchos países. Y en España seguimos sin mirar al exterior, porque es peligroso asomarse a las ventanillas. Bastante tenemos con afrontar el problema de Cataluña. Allí, quien roba, no va a la cárcel, como tampoco quién desafía al Tribunal Constitucional o se burla de los símbolos del Estado. En pocos lugares del mundo la libertad de expresión se disfruta como en tierras catalanas, gracias a la complacencia de sus jueces.

Hemos tenido un invierno, como tantos otros, sin energía suficiente para mantenernos y, aunque sin viento ni lluvias, seguimos importando como siempre energía nuclear francesa, gas ruso o argelino y nos olvidamos de cómo conseguir energía solar en el país más soleado del Europa. Rechazamos el “fracking” que ha sustituido al petróleo en Estados Unidos, Canadá y Australia o la fuerza de los vientos de la que se benefician Alemania, Dinamarca, Suecia, Austria, Finlandia y los países bálticos. Y nos quejamos del recibo de la luz o de la alarmante subida las berenjenas, que parecen ser elemento indispensable en la dieta normal. Llegarán la primavera y los deshielos, y nuevamente el Ebro se desbordará, anegando campos de cultivos o vertiendo millones de toneladas de agua al mar, tras una década de abandono del plan hidrológico que riegue la España seca.

Las pensiones amenazan quiebra, sin que nadie aclare cuál va a ser su futuro, en un país envejecido y con un tercio de su población desempleada. Existen desde hace siglos, 8.122 ayuntamientos con una administración dotada de 445.000 cargos públicos, el doble que Francia o Italia y 300.000 más que Alemania, esperando nuevas ofertas de empleo público para atender las necesidades de una gigantesca maquinaria burocrática, presionamos a las empresas con los impuestos más altos de Europa y esperamos ser la alternativa a Londres como futura sede financiera del viejo continente. Somos una potencia mundial en ingeniería civil, aunque las obras se realicen fuera de España, donde ya no se construyen ni autopistas ni vías para alta velocidad ferroviaria. Muchos pretenden el regreso a la banca pública como garantía futura, mientras pocos recuerdan el hundimiento de las Cajas de Ahorro, infectadas por la acción de los políticos. Seguimos siendo el país preferido en Europa en atracción turística, pero ya estamos pensando en cómo cambiar nuestros horarios para emular a quienes abandonan sus oscuros inviernos y el aburrimiento de las ciudades desiertas desde las seis de la tarde.  Hemos pasado todo un año, con la atención centrada en las posibles combinaciones de grupos políticos para elegir un Presidente, con el país dirigido por un gobierno en funciones, sin poder dictar leyes. Jamás el Boletín Oficial del Estado, había descansado tanto.

Durante ese tiempo, ha habido dos elecciones generales y a punto estuvimos de votar una tercera por el empecinamiento del “no es no”, los remilgos de Ciudadanos y las exigencias de Podemos. Al final, tras la formación de un nuevo Gobierno, dos meses después, seguimos sin presupuestos. Y ante este panorama, observen lo que se debate en los Congresos de los Partidos políticos. El PSOE sigue en sus dudas sobre el liderazgo y el futuro de un socialismo para definir el federalismo asimétrico y cambiar una política laboral en la que los sindicatos han sido desplazados en las negociaciones salariales globales por las realizadas a nivel de cada empresa. Ciudadanos se duda entre la socialdemocracia y el liberalismo, lo que ya es notorio a estas alturas en la ciencia política. Podemos ha sustituido la política de la provocación por la lucha interna de unos contra otros sin que parezca unirles otra cohesión que la oposición al sistema. Los nacionalistas catalanes que protagonizaron el “3 por ciento” durante décadas, se han echado al monte, convertidos en separatistas confesos unidos a los antisistema, y los vascos miran de reojo, pensando como siempre, en el lado del que pueden caer las nueces del árbol agitado. Mientras tanto, en el PP parece ser que lo importante es saber si se legalizan la marihuana, la maternidad subrogada o si un ministro puede ser a la vez Secretario del Partido.

Como ven, la vida sigue igual.

VALDECILLA Y EL PUESTO 27

Publicado en DM 23 diciembre 2016hospital_santander_3

           Puede haber sorprendido que en un reciente informe sobre calidad hospitalaria, Valdecilla haya sido situado en la posición 27, pero no  a los profesionales sanitarios que trabajan allí, muchos de los cuales han ejercido su trabajo, desde hace 15 años, en una situación de constantes obras. La valoración, realizada por un organismo independiente de la Seguridad Social, se basa en informes aportados por el propio hospital, asociaciones profesionales y la apreciación de los enfermos. El hospital que durante años se situaba entre los primeros de España es ahora uno más; bueno, pero sin destacar entre los mejores.

A esa situación se ha descendido por varias causas. En primer lugar por su pérdida de hospital de referencia. Lógicamente, los hospitales con mayor área de atención asistencial son los que mejor se sitúan en la valoración general y Valdecilla, con el desarrollo del Estado Autonómico, vio en pocos años, cómo reducía su atención al pequeño marco regional de una población de 500.000 habitantes, similar a la de muchos barrios y pueblos de Madrid o Barcelona En segundo lugar, el hospital se ha visto sometido durante dieciséis largos años a una reorganización, durante los cuales los enfermos debían ser distribuidos entre el edificio principal, la residencia Cantabria, Liencres y Santa Clotilde, en un constante ir y venir de los servicios, con continuos desplazamientos de médicos y enfermos para realizar procedimientos diagnósticos o tratamientos.

El Valdecilla que ahora se añora, fue obra de la idea de un médico a quien aún se debe un merecido homenaje, el doctor López Vélez, que transformó la vieja Casa de Salud en un moderno hospital en tan solo dos años. Tras él, las sucesivas direcciones han sido ocupadas por gerentes ajenos a su historia, nombrados por el gobierno de turno y muchos de los cuales ni siquiera eran clínicos de prestigio reconocido. Los jefes de servicios clínicos que señalaban las prioridades fueron apartados del protagonismo en la toma de decisiones, se mermó su autoridad y el hospital se disgregó en parcelas súper especializadas, cada una con su respectivo encargado. Esto conduce a que el enfermo sea atendido por múltiples médicos, sin que exista el concepto de atención integral, con repetición de pruebas diagnósticas, nuevas esperas y consultas continuadas, antes de llegar a un tratamiento definitivo. Curiosamente, solo la profesionalidad del personal sanitario, cuya opinión es sistemáticamente ignorada por los órganos de gestión hospitalaria, es el que produce mayor satisfacción en los enfermos, tras ser ingresados y haber superado largas listas de espera en consulta o en urgencias.

El malestar de los sanitarios es constante por el continuo cambio de su lugar de trabajo, la aglomeración de pacientes y los tiempos de estancia hospitalaria, en detrimento a la atención del enfermo. Pero además, un hospital es primero un centro asistencial, después docente  y por último investigador. Esta secuencia se ve con frecuencia alterada en Valdecilla, donde muchos médicos dedican más tiempo a labores investigadoras o docentes, que a las de la prioritaria atención clínica.

Pero hay más. La política sanitaria realizada en los últimos años, ha convertido Valdecilla en un inmenso complejo, en el que más que un hospital con consultas, se ha convertido en unas consultas con hospital anexo. Esto daña su valoración, contemplada como una consulta masificada por procesos que podrían estar a cargo de los médicos de cabecera o cualquier especialista extra hospitalario. Junto a ello, no se ha abordado una política racional de Urgencias, que limite el acceso a las mismas. Los enfermos que la saturan son fuente del mayor número de quejas por su lentitud y acumulación de pacientes en las mismas, sin que se hayan dado las suficientes alternativas fuera del hospital, que permitan la solución de muchos procesos en otros centros de Urgencia más pr´pxomos al paciente, dotados con más medios diagnósticos y mayor equipamiento humano.

El problema no es que el puesto 27 refleje que la atención médica sea mala, sino que a juicio de muchos profesionales y enfermos, no funciona adecuadamente su prestación, con largas listas de espera, escaso contacto humano  y malestar generalizado de todos. Y todo ello, con la creencia de que la inversión de miles de millones en edificios iba a hacer de Valdecilla el mejor hospital del mundo mundial. Al final, ha resultado que el dinero gastado no resuelve todo lo que se esperaba.

LA I+D+I DEL MURCIELAGO

Publicado en Diario Montañes, 2 diciembre 2016

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Igual que  los murciélagos se ofuscan a la luz del día,

 la inteligencia se ofusca ante cosas evidentes.

 Metafisica. ARISTOTELES

                Nada menos que 118.000 euros va a gastarse el gobierno regional en contar el número de murciélagos que hay en Cantabria, para seguir una inaudita  normativa europea de conservación del hábitat.  La decisión  se tomó en un Consejo de Gobierno el pasado mes de octubre y el anuncio del concurso público, que ha sido enviado al Boletín Oficial de Cantabria, parece conllevar  cierta urgencia en adjudicarlo, ya que sólo se permiten ocho días para presentar las ofertas. Una vez conseguido el contrato, la empresa o el particular  que presente la mejor propuesta económica dispondrá de dos años enteros para terminar el estudio. Las exigencias son muy concretas sobre el tipo de expertos en murciélagos que se buscan. Entre otras cosas, el Gobierno se pide experiencia previa en trabajos sobre murciélagos en Cantabria realizados en los últimos tres años, donde seguro que existen mucha gente  dedicada a ello. La medida tiene su lado bueno. Con independencia que  se siga escrupulosamente lo ordenado por un extraño gabinete de Bruselas, siempre encontraremos a un grupo de biólogos en desempleo que obtengan los miles de euros destinados a este fin. Pero es imposible evitar la sospecha de un cierto grado de amiguismo, cuando se es tan meticuloso en sentar unas bases tan estrictas y abonar al adjudicatario una dotación económica que más que triplica el sueldo medio de un médico, un maestro, un policía o un bombero.

No se trata de una broma. Que nadie desdeñe la importancia de los murciélagos, como recientemente  han señalado dos altos responsables de la Consejería de Medio Ambiente. Su alimentación insectívora es fundamental para el campo y no hay que olvidar su potencial propiedad de ser transmisores de la rabia. Incluso han señalado como muchas obras públicas millonarias se ven paralizadas por no haber tenido en cuenta el hábitat de la biodiversidad cántabra.

Nuestro Gobierno Regional, en sus últimos presupuestos, destina una cantidad similar para la lucha contra las plagas, 120.000 para actuaciones de vialidad en algunos pueblos ante las nevadas,  110.000 en convenios con la Universidad para investigaciones prehistóricas, 100.000 para erradicar el chabolismo y el mismo importe  para la recuperación de zonas de marisqueo o ayudas para explotaciones ganaderas tras epidemias. Si observamos otras partidas resulta sorprendente que solo se destinen 300.000 euros para incentivos del empresariado industrial,  250.000 para reforestación de los montes o 500.000 para el fomento de energías renovables. Cantidades ridículamente superiores a las destinadas para contar murciélagos. Claro que siempre han existido prioridades y las directrices de Bruselas, salvo las de ahorro, deben cumplirse a rajatabla.

Mientras se anuncia una subida de impuestos para hacer frente a la deuda autonómica, cabe la duda de si para  los 500.000 habitantes de la región será motivo de orgullo el haber cumplido la normativa europea y la tranquilidad de tener identificada claramente la población de murciélagos de nuestro entorno. Será el chocolate del loro, pero tengan por seguro que sobretodo, quienes saltarán de alegría serán los adjudicatarios de los 118.000 euros, para asumir su trascendente trabajo.

Esperemos, que el Presidente podrá señalar en sus numerosas apariciones públicas, donde explica los caminos para combatir la crisis, haga referencia a  cómo Cantabria dedica recursos a investigaciones de altura, no sólo en ensalzar las anchoas y los sobaos como ejemplos de I+D+I.

 

 

 

TORTUGA A LA FLORENTINA

Publicado en DM 22 agosto 2016

tortugaHace unos años, un alcalde de Madrid tuvo la ocurrencia de adornar la tradicional iluminación navideña desde una óptica vanguardista contratando a una ignorada artista quien realizó un despliegue de bandas horizontales de bombillas a lo largo de varias avenidas del centro de la capital. La singularidad radicaba en que lo iluminado no eran campañas, hojas de acebo, estrellas u otros motivos navideños, sino palabras como “resaca” ,”mierda” y “escoria”. La instalación produjo estupefacción, pero la artista justificó su léxico declarando que la luminosa creación reflejaba su idea de la Navidad. Fue un episodio más, añadido a los excesos del arte contemporáneo, tantas veces unido a la impostura.

                       En un reciente viaje a Florencia he sido víctima de una nueva superchería. La ciudad transporta a otra época donde, pese a las multitudes turísticas, los tenderetes sin gracia y los vendedores ambulantes, aparecen fachadas de viejos palacios renacentistas, estrechas callejuelas medievales, iglesias que guardan frescos y esculturas de serena belleza. Un maravilloso conjunto de arte conservado desde hace ocho siglos que hacen de Florencia un lugar único en el mundo. Ese era el recuerdo de la ciudad tantas veces disfrutada, hasta que llegue a la plaza della Signoria, dominada por el imponente Palazzo Vecchio y su afilada torre. Allí, en el mismo lugar donde un día fue ajusticiado el monje Savonarola, han colocado una gigantesca tortuga de reluciente bronce dorado, cabalgada por un extraño jinete, desplazando el protagonismo de la estatua ecuestre de Cosme de Medici, la fuente de Neptuno de Ammannati y la evocadora belleza del conjunto. Es imposible obtener una visión de la plaza sin que aparezca el imponente quelonio brillando al sol. La gente dirige su vista sin remedio, hacia el monstruoso adefesio elevado sobre una base de mármol de más de cuatro metros por cada lado. Para cualquiera que visite por vez primera el lugar, quedará plasmada en su recuerdo y me temo, que incluso, en sus pesadillas, la imagen de la brillante tortuga como protagonista. Por si fuera poco, sobre la fachada del Palazzo Vecchio han añadido otra creación del mismo autor: la escultura de un personaje portando una regla, como si intentase medir el cielo, bajo los escudos nobiliarios que adornan el edificio. Hacia ellos se dirige la atención de las multitudes, mientras las obras de la incomparable Loggia de los Lanzi quedan marginadas. Los responsables artísticos de la ciudad han considerado idóneo el emplazamiento para mostrar la creación de un artista desconocido. En nombre del arte actual, decidieron hacer algo para llamar la atención. Y a fe, que la han conseguido. Afortunadamente no han colgado ninguna otra de sus obras en el Puente Vecchio o a los pies del David de Miguel Ángel. De momento.

Stendhal describió la profunda impresión que le produjo la visión de la basílica de Santa Croce y su reacción ha quedado inmortalizada como un síndrome con su nombre, un conjunto de síntomas producidos ante la contemplación de la belleza artística más sublime. No se exige un sentimiento similar a cualquier viajero ni se trata de despreciar el arte contemporáneo. Durante el mimo viaje tuve ocasión de admirar en el Palazzo Strozzi una magnífica exposición con obras de Motherwell, Kandinsky , Pollock , Ernst y Kooning, entre otros muchos. Y en mi despacho cuelgan láminas de Rothko, Miro y Miralles, con cuya contemplación disfruto. Los abusos surgen cuando se pretende que la gente comulgue con ruedas de molino o, en el mejor de los casos, al confundir sin más lo bello con lo nuevo.

Mientras se desprecia a los pintores que venden amables paisajes y se ignora a muchos, que dedican años a formarse, se fomenta la creencia de que el arte contemporáneo debe ser ante todo provocador, como lo hace el búlgaro Christo, un absurdamente aclamado “creador de arte”, que envuelve con inmensos plásticos de color, islas, parques, puentes y edificios de muchas ciudades del mundo. O con tantos otros que habitualmente exponen sus extravagancias bajo el patrocinio del dinero público en grandes edificios, como el Guggenheim de Bilbao, que valen más por sí mismos como obra arquitectónica que por lo que habitualmente albergan, con la presunción de que el arte actual es la simple búsqueda deliberada de lo nuevo.

Hoy en Florencia, ha sido más importante mostrar los excesos del arte contemporáneo, en una decidida destrucción de toda estética anterior y una alocada búsqueda de provocación, que mantener intacta la imagen de la belleza de otra época, la que buscan quienes acuden a la ciudad. Y en la memoria del visitante y de los “selfies” de las multitudes quedará la dorada tortuga florentina dominando el recuerdo de su estancia en la ciudad que fue capital del Renacimiento.

A TRUMP NO SE LE ESPERA

Publicado en DM 3 agosto 2016

trump-hair         En una Europa convulsa donde amenaza la toma del poder por grupos antisistema y xenófobos, parece posible la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos. Aunque a veces la irracionalidad del electorado condiciona el futuro de un país, esto nunca no ha ocurrido en Estados Unidos. El malestar de Vietnam, las mentiras de Nixon y el desastre económico de Cárter, se pagaron con los triunfos de sus contrincantes. No es el caso actual, donde surge un estrafalario millonario desafiando el estatus, que ha adquirido especial notoriedad por la cobertura mediática que producen tanto el personaje como sus mensajes. Se dice que recoge el voto de quienes hasta ahora han callado y representar el sentir profundo del americano medio dando por sentado que ni la población de color ni los latinos, que le son hostiles, pertenecen a ese segmento de americano medio.

                    En las elecciones americanas los Estados juegan un papel clave, donde los electores elegidos no se corresponden con el voto popular, que debe inscribirse previamente para participar. El sistema electoral depende de 538 delegados provenientes de los 50 Estados y quien consiga 270, es el ganador de la presidencia. Dieciocho de ellos son plazas fuertes donde los demócratas suelen conseguir victorias consistentes y tienen más votos electorales, lo que conduce a que solo ganen los republicanos cuando cuentan con un candidato excelente o tras una situación de grave crisis. La habitual alternancia que cada ocho años ocurre en Estados Unidos entre administraciones demócratas y republicanas solo se rompe cuando estos consiguen encontrar un líder que movilice al país, como hiciera Reagan en los ochenta.

                      La fuerza de Trump, asienta en los Estados menos poblados de la América interior y algunos del sur, incluida la conservadora Texas, en tanto que Hillary Clinton triunfa ampliamente en los de mayor población y número de representantes, como California, Oregón, Nuevo México, Michigan, Maryland, Colorado, Nueva York, Massachusetts, Illinois, New Jersey, Minnesota, Wisconsin, Virginia, Pennsylvania y Ohio, donde puede obtener más de 186 de los 270 votos electorales requeridos para alcanzar la Casa Blanca. Hillary Clinton que, ciertamente no es un candidato carismático, atraerá al electorado moderado independiente e incluso el de muchos republicanos que consideran inaceptable a Trump y además los votos de las minorías étnicas, no tan pequeñas como habitualmente se cree. En su contra está la sombra de la corrupciones que han sido desestimadas por la Corte Suprema de Estados Unidos, pero también cuenta con el recuerdo de la exitosa presidencia de su marido y la experiencia de una larga trayectoria política desde el Senado hasta la Secretaria de Exteriores. Además Hillary Clinton cuenta con el apoyo masivo del voto femenino que ve la posibilidad histórica de que una mujer dirija a Estados Unidos, como ocurrió con la victoria de Obama primer presidente afroamericano cuya popularidad, según las encuestas últimas ha evolucionado hacia una amplia aprobación, con un desempleo de solo el 5 %, la reducción del déficit público, la recuperación del dólar, su gestión con Cuba y acabar con Bin Laden, cerebro de la masacre de las Torres Gemelas

                 Trump necesitaría mirar hacia atrás y observar cómo George Bush triunfó ampliamente sobre Dukakis, Nixon sobre McGovern o Reagan sobre Mondale. Pero lo que más recuerda la actual situación fue el triunfo de Lyndon Johnson sobre Goldwater en 1964, en plena Guerra Fría o el de Obama sobre McCain con Irak y Afganistán ardiendo. En estos últimos casos los candidatos aspiraban a la Presidencia con un discurso agresivo, y los dos fueron ampliamente derrotados. El énfasis de Donald Trump, pretendiendo atraer el voto con promesas radicales de fortalecer América, construir un muro en las fronteras y deportar a los inmigrantes indocumentados, lleva un mensaje de agresividad y catastrofismo sin parangón en elecciones presidenciales previas. Pero ahora que este país se ha convertido en la mayor potencia del mundo y su guardián virtual, no se escuchan los clamores de “traer nuestros chicos a casa ” como ocurría en situaciones previas que determinaron la victoria de otros candidatos, ni genera el entusiasmo que caracterizaba a Reagan o la ilusión de los mensajes de Kennedy, en plena Guerra Fría. Solo se sostiene en el miedo y este nunca llegó a la Casa Blanca, donde no se le espera.

              No será extraño por tanto, un landslide , una victoria amplia, de Hillary Clinton.

UNA SELECTIVIDAD INUTIL

Publicado en DIARIO MONTAÑES 10 julio 2016

unis                  Miles de estudiantes se han sometido recientemente al examen de selectividad. La temida prueba ha sido aprobada, como ocurre todos los años, por el 95 por ciento de ellos, lo que deja en la cuneta a un minúsculo 5 por ciento de zoquetes, abriendo las puertas de estudios universitarios a la práctica totalidad. Una de dos, o tenemos un nivel excelente en nuestro alumnado de secundaria o es un trámite inútil. ¿Para qué sirve un examen que conduce prácticamente al aprobado general?. ¿No es suficiente la nota media de los resultados obtenidos a lo largo de los estudios de secundaria o se trata de otorgar otra oportunidad a quienes durante ese tiempo obtuvieron calificaciones mediocres?. O lo que es peor, ¿deben unas décimas condicionar la vocación profesional de los más capacitados?. De esta forma, nuestras 85 universidades, ninguna de las cuales figura entre las primeras 300 del mundo, se llenarán de alumnos en busca de titulaciones superiores con la creencia de que eso les abre un futuro mejor. Muchos de ellos, incluso tendrán un acceso con beca, a la que se exige una calificación media de 5,5 , un raspado aprobado.

Con el convencimiento de tener la generación de jóvenes más preparados de nuestra historia, masificamos la Universidades con miles de alumnos que en otros países se rechazarían por su insuficiente calificación, convirtiéndolas en simples expendedoras de títulos. Además de esta permisividad académica, los estudiantes dedican una media de siete años en completar cursos diseñados para realizarse en cuatro y al finalizar, se encuentran con que lo estudiado no les sirve y deben completarlo con masters más selectivos. Estos cursos han sustituido la excelencia de las universidades, pero entre los miles que se ofrecen, pocos son los que poseen un nivel de excelencia adecuado e incluso comienzan a florecer algunos con contenidos y calidades mas que ridículos.

En otros países, la Universidad selecciona a los mejores, permitiendo el acceso solo a los más capaces y dotando con becas a aquellos que, mostrada su capacidad, no pueden pagar los estudios. No es el caso español, donde la mayoría se otorgan con calificaciones mediocres, tan solo atendiendo a la situación económica del aspirante, con la falsa creencia que los estudios superiores son un derecho, del que se encarga el Estado, dedicando más de 9.000 euros por estudiante, aunque ni esté capacitado ni se esfuerce.

Que un país gaste mucho en educación, no garantiza que ésta sea buena. Depende del profesorado, de cómo se enseña y del esfuerzo del alumnado. En España, sin embargo, casi un tercio de nuestros estudiantes abandonan sus estudios y aunque en educación dedicamos un poco menos que los países de la OCDE (1 punto del PIB), la eficiencia es mala, gastando mucho en comparación con los resultados. Además existe una brecha entre la formación que reciben los jóvenes y lo que exige el mercado laboral. Al despreciar la formación profesional y su preparación práctica, no se puede dar respuesta a la demanda de las empresas, necesitadas de buenos grados medios, no de excelentes titulados superiores. Producimos más licenciados en Derecho que Francia e Inglaterra juntas, muchos más médicos que Estados Unidos, miles de periodistas, arquitectos y psicólogos que no lograrán un puesto de trabajo, mientras carecemos de cuadros intermedios y otorgamos rango universitario a dietistas, educadores sociales, profesores de gimnasia e incluso cocineros, pensando que un buen profesional debe tener siempre una titulación superior.

El éxito se basa en que partiendo de una igualdad de oportunidades, se premie el esfuerzo y la capacidad. Si consideramos que la educación superior es un derecho generalizado, la sociedad cae a un nivel dominado por la mediocridad. Así que no nos quejemos cuando decimos que nuestros chicos no encuentran trabajo. Primero, que los responsables de la educación en España, abandonen su demagogia de derechos para todos, premien el mérito y ajusten la enseñanza a las necesidades reales de la época en que vivimos. Y segundo que los estudiantes se esfuercen, que aprendan idiomas y que no se cieguen pensando que la Universidad es la puerta del éxito seguro, por la simple obtención de un título. Aunque hayan aprobado una “selectividad” que no selecciona nada.

LAS FOCAS DE GROENLANDIA

Publicado en DIARIO MONTAÑES 13 junio 2016

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A Groenlandia le ha venido tocando desde hace tiempo, una generosa lotería pagada con nuestros impuestos. La Unión Europea aportaba 29 millones de euros anuales al programa de “Cooperación con Groenlandia”, un territorio cubierto de hielos con 60.000 habitantes, lo que supone medio millón por cabeza, aunque una parte se destine también a cuidar su gélido medio ambiente o a la búsqueda de minerales raros. En duro contraste, este año se van a dedicar 900 millones para atender al millón de refugiados que intentan acceder a Europa huyendo de la miseria y del horror. La sensibilización medioambiental imperante llega a la atrocidad de que las ayudas previstas para ellos apenas supongan el 0,025 % del presupuesto de la Unión Europea, porcentaje menor que el destinado la traducción de los documentos comunitarios o a pagar las dietas de sus funcionarios. Pero nuestra sociedad parece conmoverse mas por el deambular hambriento de un oso polar que por la existencia de miles de seres humanos, que aún no han sido expulsados o contenidos  por alambradas de púas.

Hoy, junto a la salvación de las focas de Groenlandia, nos preocupa el deshielo de sus glaciares, fenómeno que viene ocurriendo desde 1800, detectado por los niveles de sedimentación de los hielos. Resulta curioso que cuando los vikingos llegaron a Groenlandia a mediados del siglo VIII, la llamaron así, ” tierra verde” , precisamente porque no estaba cubierta de un manto de nieves. Probablemente fueron años de notable calentamiento global, en los que la acción del hombre no jugo papel alguno, a la que siguió otro periodo de enfriamiento.

Por si fuera poco, la Unión Europea tiene previsto destinar 180.000 millones de euros hasta el año 2020, –unos 35.000 anuales–, para combatir el cambio climático, con medidas como reducción del consumo de agua, normas sobre nuevas energías y emisiones de CO2 , defensas contra inundaciones y desarrollo de cultivos más resistentes a las sequías.

Aunque nos empeñemos en legislar contra el calentamiento global, los cambios en la radiación solar, la progresiva deriva de la trayectoria elíptica de la Tierra y la alternancia de eras cálidas seguidas de otras gélidas son hechos que vienen ocurriendo desde hace millones de años en la vida del planeta. Si los polos se derriten progresivamente, por mucho que se ayude a las focas y a los osos blancos, me temo que su futuro quedará reducido a los zoológicos. La supervivencia del mamut o de los bisontes en nuestro continente no habría sido nunca compatible con el crecimiento humano. La presencia de hielos permanentes tampoco habría posibilitado la vida en los territorios que hoy habitamos. Y lo mismo ocurre con los cambios climáticos. Ahora pensamos que las glaciaciónes y las fases de calentamiento dependieron de la vida biológica, cuando ocurrió justo lo contrario. Vivimos en el ínterglacial Holoceno, una era cálida que ha coincidido con la expansión del Homo sapiens, en la cual las especies animales y vegetales, se ajustaron a los cambios térmicos geológicos. Quizás el actual calentamiento, en la parte que corresponda a la acción humana, adelante la próxima glaciación para dentro de 45.000 años, cinco milenios antes de lo previsto según las teorías de Milankowitch. O puede ocurrir lo mismo que con la temida desaparición de la capa de ozono, que todos los expertos señalaban apocalípticamente para el 2018 y ahora se dice que estará recuperada en el 2050.

El verdadero problema no es que cambie el clima, sino que se degrade el mundo que vivimos. Mientras China, India, Indonesia, Brasil , México, Rusia, los Emiratos Arabes y Estados Unidos, lideran la contaminación mundial por deforestación, destrucción de acuíferos o emisión de gases tóxicos y contabilizan más del 80 por ciento de la población del planeta, sus representantes se reúnen cumbre tras cumbre para acabar diciendo siempre lo mismo. Algo mas importante que cuidar las focas de Groenlandia habrá que hacer.

HAY QUE, HAY QUE, HAY QUE …

Publicado en DIARIO MONTAÑES, 12 mayo 2016

Me interesa el futuro porque es el lugar donde voy a pasar el resto de mi vida.
Woody Allen

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Ahora que casi estamos otra vez en periodo electoral, los partidos políticos insisten en la necesidad de regenerar la vida política. En sus mensajes todos dicen que hay que reformar la constitución, que hay que mejorar la enseñanza y la justicia, que hay que modernizar la contratación laboral, que hay que luchar contra la corrupción, que hay que cambiar el sistema de pensiones. Hay que… hay que… hay que… Pero ninguno concreta cómo.

A tenor de los debates habidos parece que la corrupción de los demás es el mayor problema. Se ha impuesto el mensaje negativo, donde al adversario no se le combate con argumentos, sino con descalificaciones personales. Más que el pacto, se impone el rechazo y la exclusión. Más que la cooperación para resolver problemas, se defiende la creación de frentes opuestos. Más que la llamada a levantar un país, se esgrimen banderas de lucha. Y entretanto , unos por otros, con el ” tu mas”, la casa sin barrer.

Si los desafíos independentistas de Cataluña o del País Vasco se solucionan con una reforma constitucional, aun estamos esperando conocer en qué consistiría esta. Si las pensiones del futuro deben asegurarse con cambios en la Seguridad Social, nadie dice cómo. Si la enseñanza precisa una reforma urgente, ninguno concreta de qué forma. Si el déficit económico es una losa que hipoteca el futuro, mientras unos proclaman que hay que renegociar la deuda ignorando la opinión de los acreedores, otros insisten en que hay que reducir gastos sin precisar en qué partidas, con la sempiterna persecución del fraude fiscal y el aumento de impuestos para los ricos.

España tiene una deuda superior al 90 % de su PIB, es decir que la mayoría de lo que produce se destina a pagar los préstamos obtenidos y cada españolito se enfrenta a un futuro en el que debe pagar 23.000 euros, aproximadamente lo que ingresa una familia media al año. Pero existe un paro laboral del 20 % y una Seguridad Social amenazada de quiebra, una población envejecida con más de ocho millones de pensionistas, donde cada dos trabajadores activos deben ganarse su vida y sostener a otro inactivo. Una justicia que tarda años en resolver cualquier tema, con sorprendente inacción de los fiscales y la lentitud de los jueces; una administración duplicada en dieciocho sistemas autonómicos con reglamentaciones diferentes que aumenta su déficit año tras año compitiendo entre si, olvidando que los auténticos competidores se encuentran más allá de nuestras fronteras.

Padecemos una enseñanza sometida a cambios constantes, cada uno más ineficaz que el precedente, convencidos que nuestra generación de estudiantes es la mejor preparada, y existe un desafío independentista que pone en riesgo la estabilidad nacional y, de triunfar, la pérdida de la cuarta parte del PIB, junto a un largo etcétera de problemas cuya solución nadie concreta.

Todo esto no parece ser prioritario en el debate político, donde importa mas cuantos imputados por corrupción tiene cada partido y el origen del dinero que les financia. Aunque me indigne, me preocupa mucho menos conocer la identidad del siguiente sinvergüenza o de quien tenga una cuenta corriente en Panamá o Suiza que lo que piensa hacer un aspirante a gobernar con la Administración del Estado, la Justicia, la Educación o los impuestos. Me importa más que nuestros estudiantes sepan hablar ingles, que vasco, catalán, gallego o valenciano. Y quiero saber cómo va a abordarse la reforma de la Seguridad Social y la reglamentación laboral, más que la política de subvenciones o los trazados de las nuevas vías del AVE. Todo ello es mucho más importante que el debate sobre la memoria histórica, la reducción del IVA para la cultura o la persistencia de las Diputaciones provinciales.

Porque una cosa tengo clara. No quiero que me cambien el modelo de sociedad en la que vivo, sino que mejoren su funcionamiento. Y que no me vengan con grandes proclamas o descalificaciones personales, sino que aporten soluciones concretas. Lo demás sobra.

Opiniones Libres

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