Parece ser que el presidente del Congreso anda dándole vueltas a cómo hacer para que los días de los plenos pasen de ser tres a ser dos. Una de dos: o la carga de trabajo del parlamento es poca, o no quiere Bono que a los diputados se les tensione el cuello de quedarse dormidos en los escaños. Ya se sabe, eso de que el trabajo de sus señorías que no se ve es mucho. Tanto que a veces los plenos podrían hacerse en un pasillo con cuatro sillas, porque no muchos más asientos del plenario aparecen ocupados.
También está a ver si consigue un acuerdo para eliminar los complementos a las jubilaciones para que después de no sé cuantas legislaturas, los parlamentarios que se jubilen cobren el tope, o algo así. Esto tiene toda la pinta de ser un brindis al sol, porque de tapadillo ya se meterán entre pecho y espalda alguna otra prebenda que les compense la pérdida (la ganancia en realidad, porque les están dando lo que no debería corresponderles).
Y mientras están con estas (y con lo de hacer público el patrimonio de diputados y senadores, que es otro apaño para aliviar la conciencia y hacernos creer que diputado y minero -o plantador de pepinos- vienen a ser parecido), el Tribunal Constitucional se les descompone entre las manos, incapaces de tener más perspectiva que la de sus ombligos -y sus culos-. No me extraña nada que la gente, sobre todo la más joven, pase de todo y cambie ir a votar por irse a la playa de botellón o a acampar entre cartones y sillones viejos a una plaza.
(Por cierto, que me importa un bledo que me tachen de demagogo o que digan que sólo hablo de una parte de la labor de los parlamentarios. Esto es lo que hay, lo que la ciudadanía ve, y lo que al fin y a la postre cuenta. Incluso si los diputados y los senadores se pasan el fin de semana en sus circunscripciones atendiendo a los electores, que no creo).
La semana pasada dejó de editarse Aqui Diario. Cada vez que cierra un medio de comunicación, la libertad de expresión pierde un altavoz, y los ciudadanos dejan de tener un referente para los argumentos con los que formarse una opinión. La nota de cese de la publicación pone el acento en la bajada de los ingresos por publicidad para justificarla. Yo iría más lejos: lo que ha estrangulado al proyecto ha sido el carácter depredador de los medios de la derecha, incapaces de entender que la pluralidad enriquece, es sana y afianza la democracia.
Conseguir publicidad para un medio de información no es sólo poner a un comercial a recorrer tiendas que contraten anuncios por módulos en impar para un domingo. Bien saben los directores que la subsistencia económica depende de más cosas que de eso. Tiene mucho que ver con el juego limpio, el respeto y un sentido amplio del compañerismo en la rivalidad. Es verdad que en estos tiempos de crisis, la contención en el gastos de empresas y negocios ha reducido la contratación de publicidad. Pero no es menos cierto que en Cantabria, cada vez que un medio progresista ha querido asentarse, el estatus quo conservador regional se ha revuelto hasta ahogar el proyecto.
Con la misma naturalidad con la que el PP asumirá en nada el gobierno de la Comunidad Autónoma, debiera entenderse que un periódico de izquierdas trate de hacerse un hueco entre las opciones informativas para los cántabros. Los tics excluyentes de la derecha mediática regional, puestos al servicio de una sola opción política, han vuelto a dejar en agua de borrajas la posibilidad de que también se informe desde el activismo progresista, una desgracia con antecedentes que no es nada buena para el contexto democrático de los medios de comunicación en esta tierra.
Negación y aislamiento, ira, pacto, depresión y aceptación. Estas son las etapas que dicen los psicólogos conlleva toda pérdida de un ser querido. El duelo es un proceso de largo recorrido pero ineludible.
Reflexión, estrategia, cambios y nueva propuesta. Estas son las que debe afrontar el Partido Socialista después del domingo, también de forma ineludible. Con serenidad, con responsabilidad, sin egoísmos, con sentido colectivo y con las miras en el proyecto antes que en los ombligos. Sin familias, entre todos. Reconociendo cuanto de malo haya de reconocerse, y sacrificando todo cuanto haya de sacrificarse.
Los ciudadanos han dicho en estas elecciones muchas cosas, y todas deben ponerse en el debate de por qué y por qué tanto. La derrota ha sido de tal magnitud que no caben excusas, y todos, todos, debemos afrontar responsabilidades. Los que mandan porque algo habrán hecho mal, y los que no mandamos, porque en algo no habremos ayudado a mandar mejor.
Como con el duelo, el tránsito será de largo recorrido. Hay tiempo, pero no todo el tiempo, y cuanto antes se empiece, mejor. La fortaleza del cambio, y su alcance, será la medida para recuperar lo perdido. Lloremos, pero aceptemos cuanto antes, y renovemos, o no levantaremos cabeza.