Category: General

Renovarse (o morir)

He seguido con interés de portero de finca urbana el proceso electoral del PP de Cantabria. Me motiva mucho la pelea ajena, mejor si es con malos modos y palabras gruesas. Han tenido los populares el acierto de conseguir que su elección se haya parecido a la de las izquierdas de Podemos y PSOE. Para que no se pierdan las costumbres de la puñalada trapera de pícaro y la lucha en el barro. Así ya no hay confusión. Todos son iguales en su divergencia, e idénticos en su diferencia.

No están en ese partido mis simpatías ideológicas. Seguro que nadie lo pone en duda. Pero en lo personal, y en general, nada tengo contra sus gentes. Así que me siento empático con Ignacio Diego. No sé si es el mejor presidente que pueden tener. Tampoco me importa mucho. Pero desde luego el hombre no se merece la campaña de su contrincante. Ni siquiera se merece a su contrincante. Hay que tener mucho cuajo para haber estado en el mando varios lustros y oponerse ahora al jefe abanderando el cambio y la renovación. No recuerdo de Buruaga críticas cuando fue elegida secretaria general del presidente al que pone a escurrir. Ni cuando la hizo vicepresidenta del gobierno. A la vista queda que el frío de la oposición y la soledad al perderse el poder trastornan.

También las fotos de grupo de los que acompañan a una y a otro en su aventura dicen mucho. Sobre todo que el resentimiento es poderoso a la hora de escoger bando. La fidelidad es una virtud en desuso en política. Y la coherencia hace tiempo que bajó a por tabaco. Ojo que tampoco se me escapan apoyos que huelen a supervivencia. Es humano apostar para no perder, ni siquiera status. Pero el equilibrio con el discurso, con todo respeto, sólo lo encuentro en un lado. La mesura también. Qué tendrá el poder que a la hora de alcanzarlo dan igual la unidad, la historia, la memoria, el respeto, la lealtad.

Qué vida esta…

Ni condenan a la infanta, ni Iñaki va a la cárcel. Ni viene papa, ni cenamos… La vida se nos pone de costado. Que Blesa y Rato sean ya chorizos oficiales no compensa. La justicia solo nos da disgustos. Todos aquí esperando para merendarnos al rey con lo del Noos y nos han dejado compuestos sin carnicería. La república tendrá que esperar, que han decretado dieta de monarquía. Eso o que los defensores de otro régimen ganen la elecciones con suficiencia como para cambiar la Constitución. La democracia tiene sus cauces, sin necesidad de que se los regateen los jueces. Ni siquiera con sentencias que se acomoden a la casquería popular. Hay veces que las cosas son lo que tienen que ser incluso aunque no gusten. Y esto con la Justicia pasa mucho.

Así que nada. La infanta ha sido absuelta y a su marido delincuente (que viene de quien delinque y es condenado por ello) le espera la cárcel después de recurso. O no, que todo es posible. Tantos ejemplos hay de entrar por menos años como de no hacerlo por más. Las sentencias se basan en leyes en papel y en interpretaciones humanas. También en otras sentencias. Si Urdangarín no entra en el trullo por algo será. Pongámonos en lo justo, que no es ni lo malo ni lo peor. Por cierto, que juzgaban a la hermana del rey, no al rey ni a la Corona. Que aquí somos muy de confundir mezclando. El Pisuerga siempre pasa por Valladolid, sobre todo para hacer daño.

Política de medianías

Sigo con interés todo lo que pasa en Cantabria. El circo de tres pistas de la política nacional me aburre, así que qué mejor que pasar al espectáculo de provincias, mucho más pobre pero con esa gracia mediocre que entretiene durante más tiempo. Además, conozco mejor a la troupé, y me cuesta menos identificar sus derivas, que son por cierto las de toda la vida porque ellos mismos son los de toda la vida. Los Revilla, Diez Tezanos, De la Serna, Diego, Casares, Fuentes Pila… son mis campeones de la sinsustancia guerrera y el ridículo cateto.

Cada nuevo asunto que salta al escenario público es un remedo de otros tiempos. Esa pelea bronca entre el ayuntamiento de Santander y el gobierno de Cantabria es tan vieja, tan inútil y tan perjudicial como lo fue siempre. Esos dos gobiernos en uno, esa coalición entre el ego del presidente y la necesidad de supervivencia de la vicepresidenta, da para lo mismo que en 2003. O sea, para nada que no haya sido el ir tirando colocando amigos y pagando favores. Ese parlamento de bullicio de mercado y runrún de pelea tabernaria sirve para la misma nada que hace años. Cantabria ha vuelto al pasado de los remiendos políticos y la desnutrida mediocridad intelectual de sus dirigentes.

La vida política ha cambiado casi en todas partes. Los emergentes, esos que van de lo nuevo pero que tienen los mismos tics soberbios de lo viejo, han elevado un tono el gris que lo inunda todo. Ahí está el ayuntamiento de Santander, en manos de un pijo engreído que tiene que plegarse a tiempo parcial a su otra derecha si no quiere que la multioposición no le tumbe los grandes planes para la ciudad -un metro…-  Y la oposición misma, un cóctel rancio de intereses personales y equilibrios de partido que baila la conga de las izquierdas revolucionarias llegadas desde las mismísimas manifestaciones populares, la necesidad de reivindicarse de líderes de paja como Casares, y la de revalidar con viejos discursos el acierto de su proyecto de candidatos de marketing como Fuentes Pila. Un poco lo de siempre aderezado con lo de toda la vida.

En fin. Que estar pendiente es lo que tiene. Hoy unas risas, mañana otras y al final de semana, carcajadas incontenibles al aire. Madrid está muy bien. Tiene el congreso y el senado, dos bolsas de vagos incuestionables. Y un ayuntamiento mezcla entre ministerio y caja de truenos. Pero Cantabria, y Santander, son mi show, una fuente inagotable de sano cachondeo a cuenta de incapacidades, chulearías, excesos verbales y pose, mucha pose de medianías disfrazas de excelencias a las que no llegan ni por asomo. Es lo que hay (y que no falte).

Opiniones Libres