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Senado jaja, Senado jiji

Hace años, cuando el sistema se estaba asentando, pasadas las turbulencias de la Transición, en el Senado acababan su carrera las viejas glorias de los partidos. Allí las ponían los suyos a decorar, a juego con la arquitectura antigua y el mobiliario de época. Bien es verdad que en aquellos tiempos, los viejos políticos solían ser los sabios, mientras que los jóvenes que les pasaban por encima iban camino de serlo. A salvo de alguna excepción, claro, que ser tonto y empeñarse en demostrarlo es un mal muy de los españoles. El caso es que el Senado se convirtió en el museo de la política nacional, entre arqueológico y de cera. Y así lleva lustros y lustros, acogiendo jubilados y perdedores de batallas partidistas internas. La sobada cantinela de darle utilidad, que esconde en si misma el silogismo de que en realidad no vale para nada, nunca ha terminado de concretarse.

Las elecciones del 28 de abril podían haber sido la oportunidad de cambiar esa tendencia de hacer del Senado un desguace, inútil y caro. Pero los partidos siguen teniendo sus tendencias, que no pasan precisamente por prestigiarlo, por mucho que digan otra cosa. En las listas siguen yendo sobrantes de tapicería, enemigos internos a los que sacar del foco, y amiguetes sin suficiente textura como para hacer otra cosa. La clase política, ese club de cínicos que siempre procura tener el culo bien posado en buena silla por si acaso, ha encontrado en el Senado el lugar perfecto para que paguemos el retiro a los que les sobra y que no tienen donde caerse muertos. O si, pero que molestan en otro sitio. A razón de casi 5000 euros mensuales por cabeza colocada, la Cámara Alta es el trastero de lujo de los partidos y sus miserias.

Y todo cuando la última legislatura, tan convulsa e inmoderada, ha sido para cosas importantes la del Senado. Allí se cocinó a fuego lento la aplicación del articulo 155 de la Constitución a Cataluña. Allí se cerró la puerta a la aprobación del techo de gasto, que fue el principio del fin de los presupuestos de Pedro Sánchez. Y también allí se atrincheró el PP para desgastar al gobierno socialista después de que Rajoy saliera dando tumbos del restaurante donde hizo la sobremesa de la moción de censura. Eso a pesar de portavoces de outlet, rellenos de cojines y recibís de facturas orgánicas. La Cámara ha tenido su trascendencia, pero como pasa desde que dejó de haber senadores reales, no ha estado alineada con la de sus miembros y miembras. A los partidos se la chufla que en el Senado haya calidad y categoría, y por eso hacen las listas que hacen, y mandan allí a dormitar a las momias a las que mandan. No es de extrañar que lo más interesante que puede dar esa institución sean las visitas guiadas de los fines de semana…

Menudo circo…

Dicen que el circo Ringling Bros era el mejor circo del mundo. Cerró en 2017 después de 146 años de funciones. Era tan grande que lo llevaban por Estados Unidos en dos trenes de más de kilómetro y medio de largo. Con su patrocinio se ayudaba a cuidar de elefantes mayores y de tigres de Bengala, y se creó hasta una escuela de payasos. Pequeño se va a quedar el Ringling con la campaña electoral regional que se avecina en Cantabria, que a la vista de las cabezas de cartel va a ser un circo de cuatro pistas, la risión en mítines y actos por la calle.

Revilla es más de lo mismo. Y además lo es todo el año. El presidente tiene un don especial para la estridencia, la inoportunidad y la desmesura, que le mantienen en la cima del ridículo con la persistencia de las hojas de los árboles de hoja perenne. Revilla no hace ascos a dónde ni a cómo ser el centro de la mofa ni el protagonista de los chistes. Vive cómodo en el hazmereir y se ha convertido en un personaje de comedia bufa de sí mismo. Una campaña con él asegura chascarrillos y chanzas, sin la pesadez, además, de las grandes construcciones intelectuales.

Zuloaga lleva meses coronándose. Usar la Delegación del Gobierno para hacerse la campaña por la cara le ha dado a conocer tanto como le ha expuesto. Y no le ha expuesto amablemente, por muchos dientes que haya mostrado en las fotos, y por muchas fotos que se haya hecho. Que no tenga gusto para el vestir es lo de menos. Incluso lo es ese afán acomplejado por estar en todas partes a sacar tajada para los medios. Lo importante en Zuloaga es nada, porque nada tiene más allá de cuatro folios programáticos hechos de retales y un par o tres de espacios comunes para rellenar titulares.

Felisuco es una apuesta segura para la risa. Ha dado la vuelta al mono de bufón que vestía en el pasado para reconvertirse en un político con la poca gracia de la derecha. El Locha tiene un pasado, que es su tesoro, aunque lo ha cubierto con la pesada manta de la capacidad espontánea y la sesuda mirada en perspectiva, que en cualquier payaso es el aviso de que se avecina una payasada. Felix Alvarez ha querido reinventarse con su barba, su traje y su pose frente a los micros del Congreso, pero para su desgracia nunca dejará de ser el del tanga de leopardo en el anuncio de un conocido programa de radio.

Y Beitia… Beitia es el colofón de la mofa regional. Esa presentación leyendo “fichas” y haciéndolo mal, pasando las hojas después de chuparse un dedo, es como un número de Benny Hill, pero en cutre y en 2019. No saben en el PP lo que han hecho con su elección. No va a haber tiempo suficiente de aquí a mayo para reírse con las chirigotas y los memes de esta mujer. Ni después de mayo tampoco. Ruth Beitia no está dotada del don de la palabra, y se le nota.  Sus contrincantes se la van a comer con patatas, incluso valiendo tanto como ella, políticamente hablando.

Total, que con este panorama, el circo está en la ciudad, y el show acaba de empezar. Ya veréis lo que nos duele la tripa de reírnos…

 

Se fue el caimán…

Hay elecciones a la vista. No hace falta saber cuándo, pero será pronto, porque las calles están levantadas y los politicuchos que nos han caído en desgracia prometen el oro y el moro. Los que mandan y los que lo sueñan, que en esto, como prometer es gratis, no hay distingos. Hombre, los apoltronados más arriba, como manejan nuestro dinero, tienen para cohetes. El resto se han de conformar con el humo. Pero el humo, bien gestionado, da para muchas ofertas. Que se lo pregunten si no al ministro efímero, que cuando era alcalde de Santander para bien de infografías, fotografías y hasta ortofotos que le dio el truco. Su heredera, que se quedó la alcaldía sin hacerlo a beneficio de inventario, es muy de cercanía, y se ha perdido en grandes proyectos, como ese fiasco millonario del MetroTUS. También ha tenido mala suerte. Se le quemó el MAS, Guetta no dio su concierto, Fomento paraliza los espigones de La Magdalena y encima tiene que dar de comer a un tránsfuga indolente que le saca las castañas del fuego de la minoría. Pobre. Además está pendiente de que la confirmen que se queda las llaves. Yo creo que lo tiene crudo. No es de los de Casado, y lo mismo le pasan garlopa y acaba teniendo que pedir a De la Serna que la coloque, ahora que vive en un safari permanente cazando talentos. Aunque como tenga que colocar a todos los que dejó en el consistorio, lo tiene difícil. Muchos son, talentos pocos.

Algunos que saben, y muchos de los que no pero lo anhelan, dicen que el próximo alcalde va a ser Pedrito Casares, el chico del master de Transportes. Casares, como su primo-hermano Zuloaga, tienen una flor en el culo. Vendieron a los que les enseñaron con el mercado al alza, y ahora están en la cresta de la ola aprovechándose del tirón nacional. Las camisas blancas, los vaqueros y las americanas informales son trendic topic. Yo no creo que los chicos valgan mucho, pero están en el sitio adecuado en el momento preciso. Vamos, que de ser portavoz, o delegado, un mono, también sacaría lo suyo. Y tan felices. El PSOE de Cantabria está en manos de mediocres que valen lo que valen sus divergentes internos. Y el día que estos se rindan y se marchen, adiós muy buenas. Casares es aburrido, se parece mucho a Sota cuando era leal. Y Zuloaga es un producto de mercado fabricado con sobras, como una conocida marca de coches subsidiaria de Renault. Si este es el futuro para Santander, para Cantabria y para el PSOE regional, pues qué pena. Los electores son soberanos, desde luego, pero verles en los balcones del poder dará grima y un poco de lástima. Ojalá los números sean tozudos y la sangre no llegue al río…

Y nada, que por lo demás todo bien. Revilla vuelve a los carteles, que es como decir que en el PRC no son nada. Se van todos haciendo viejos, como el líder, así que cuando haya que reponer no se de dónde van a sacar recambio. Ciudadanos bulle con El Locha haciéndose a fuego lento. Alguna gente con talento anda intentándolo, pero no se yo si habrá caldo para tanto cordero. Y Podemos, ay Podemos… Menudo panorama. Leo siempre que puedo El Diario Montañés (José Manuel me lo trae a Madrid alguna vez de las que viene. Me recuerda a cuando mi abuelo Valentín le mandaba el Alerta por correo a un cuñado que tenía en Sevilla, mi tío Mariano, que había sido telegrafista) por si algo cambia, pero nada, no hay suerte. Todo sigue igual: lento, tosco, soso, tedioso, plomizo. Y con lluvia.

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