Abriendo carteras

Cuando el diablo no sabe qué hacer, espanta moscas con el rabo. Y cuando el gestor que tiene la caja vacía necesita líquido para fabricar humo, estruja a los contribuyentes. El héroe que «tiene que estar en todo», alcalde de Santander en los ratos libres que le dejan vigilar su ciudad, está asaltando las carteras de los constructores y revisando las autoliquidaciones de sus licencias urbanísticas. Las arcas municipales están que hacen eco, y habiendo elecciones en mayo De la Serna necesita efectivo para pagar las nóminas, y que no se le revele el personal, y para contratar carteles y diseñar fotomontajes.

No fiarse de la autiliquidación de un obligado a tributar parece inoportuno y peligroso, porque siembra la duda sobre la honestidad de quien la cumplimenta. Si la administración no se fía de todos, lo tiene tan sencillo como cambiar el modelo y poner a los funcionarios a liquidar. A veces es prudente no fiarse de algunos, pero para eso está el procedimiento de inspección. Ahora, que mantener el sistema como regla general pero de repente revisarlas todas tiene toda la pinta de que alguien se acaba de dar cuenta de que tiene que pagar una fiesta y no lleva pasta encima.

Casa mal apretar el bolsillo con la pretensión de resultar atractivo para que más empresas se vengan con sus trastos a la ciudad. Y muy cínico culpar a otros de la presión fiscal al tiempo que se ponen patas arriba los despachos hurgando en papeles para rascar unos euros subiendo las tasas de construcción. De la Serna es un manirroto, como lo son los más incapaces de entre los incapaces en la gestión pública. Y es más fácil volver a pedir sobre lo ya pedido que ser más prudente gastando.

Un marrón en la CEOE

Yves Díaz de Villegas ha sido un valiente. O un loco. Ventilar los asuntos oscuros del presidente de la CEOE exige tener los datos y las manos limpias. Pero también asumir lo que pueda pasar. No me veo yo a Mirones quedarse tan pancho esperando a que escampe. Así que Díaz de Villegas ya puede vigilar que no le dejen un muerto en el maletero del coche, figuradamente hablando, claro.

Aqui hacerle a uno un traje está chupado, y como siempre paga el pato el que denuncia, negro futuro tiene el secretario general. Lo que ha contado en su carta que pasaba con las contrataciones en su organización tiene todo el color de las trapisondas de un chorizo. Aunque también es verdad que mezclado con un cierto destilado a ingenuidad y a dejarse hacer, lo que en frío podría tacharse de falta de personalidad.

Si los dineros gastados de aquella manera en la CEOE fueran sólo los de sus socios, pues bueno, allá ellos con sus juicios y sus condenas. Pero parte de lo que se han pulido en cosas con los amigos se ha pagado con lo de todos los cotizantes, así que hay que poner negro sobre blanco, sacar hasta el papel más amarillo, y que luego cada palo aguante su vela. A quien le toque el marrón de hurgar en el marrón para dejar claras las cosas quizá debiera ir poniéndose a ello.

Candidaturas en fideicomiso

Básicamente explicado para que se entienda, el fideicomiso es una institución jurídica por la cual una persona transmite un bien o un derecho a otra para que esta, a su vez, se la haga llegar pasado un tiempo a un tercero, que es el destinatario último. En el derecho civil español esta figura se contempla en materia sucesoria como forma de sustitución hereditaria, mientras que en el derecho anglosajón se emplea mucho en el tráfico mercantil. Los americanos lo usan para asegurar dotes económicas a sus hijos con las que estos puedan subsistir cuando ellos falten. El bien o el derecho se conservan hasta la cesión final, y pueden incluso mejorar si se administran con la diligencia de un buen padre de familia.

En un partido regional han copiado la idea del fideicomiso y la aplican a sus candidaturas electorales. Eligen un cabeza de cartel que deja la institución antes de empezar la legislatura. Luego, colocan como portavoz a alguien de los que se quedan, para que al terminarse el mandato el que ha llevado las riendas entregue el proyecto a otro nuevo candidato que no es él, y que será otra vez el primero o alguien de su patrocinio. Si el portavoz fiduciario lo hace bien, mejorará las perspectivas de su partido pero sin llevarse ni uno solo de los frutos de su labor. Y si lo hace mal, el candidato fideicomisario podrá desligarse y venderse como un mejor producto, dejando el fracaso para quien ha sido el depositario temporal de la carga de las siglas.

Las herencias suelen ser objeto de disputa familiar. Siempre hay alguien que no se queda satisfecho con el reparto que hace el difunto. A partir de ahí, se forman bandos, se lanzan puyas, y la armonía se esfuma sin solución de continuidad. Y si recibir poco creyendo merecer mucho encorajina, habrá que imaginar lo que cabrea recibir algo para tener que entregarlo después de cuidarlo y sin catar beneficio. Un fideicomiso no parece la mejor fórmula para evitar conflictos mortis causa entre la parentela.

Tampoco parece que el trajín de la sustitución de candidatos de este partido vaya camino de quedarse sin una bronca, o al menos sin alguien muy enfadado, por mucha foto de conjunto que se hagan. Es lo que tiene apurar al máximo las aspiraciones de la gente, y zamparse el crédito de cuatro años de trabajo para que engorde otro. Libres son, por supuesto, de seleccionar a quienes crean los mejores para representar su proyecto político. Pero el fideicomiso electoral parece complicado de gestionar sin herir sensibilidades ni dar una imagen cortoplacista que al final deja saludos retirados y posos de resentimiento. En los partidos políticos, este es el caldo de cultivo de las fisuras, por muchos abrazos que se den los parientes con el deudo aún sin enterrar, además de un aviso a navegantes para que se den por cumplidos si al marchar acaso les dan las gracias.

Opiniones libres