La pasta de los fichajes

Vaya por delante que aunque no me gusta el futbol, no reniego. Pero también que no soy seguidor (si acaso, del Racing, por eso de que soy de Santander y es el equipo de la ciudad de toda la vida -el equipo y yo-). Lo adelanto para que nadie vea en esta opinión un alegato contra este deporte de masas que se ha convertido en el epicentro de las pulsiones vitales de millones de personas. Y también en un negocio milmillonario (en realidad sólo para los grandes) que se aprovecha de las venas hinchadas de los hinchas para hacer caja a un ritmo que ya quisieran algunas entidades financieras (y los clubes más modestos).

160 millones de euros ha soltado el nuevo presidente del Real Madrid por dos jugadores. En pesetas (de las de siempre, que así nos entendemos mejor) más de 26.000 millones. Un escándalo de dinero, vamos, por mucho que Florentino Pérez de lo suyo gaste (que no estoy yo tan seguro de que sea todo suyo suyo). Estas cosas son el caldo de cultivo ideal para la demagogia de algunos, con aquello de que con ese dinero comerían no sé cuantos y se podría vacunar a no sé cuántos otros. Pero que pueda ser excusa para la lirica de las peroratas de los que ven en el futbol la madre de todos los males de la incultura (esto forma parte de su argumentario, no del mío, que yo opino que para divertirse cada uno hace lo que quiere siempre que no moleste) no quiere decir que no se puedan poner esas cifras en relación con las inversiones de verdad que están dentro de lo que se conoce como el beneficio colectivo, para que futboleros y no futboleros se hagan una idea de qué alcance real tiene la tela pulida en los fichajes. Y hasta criticarlo, porque un toque de cierta indecencia, sobre todo en los tiempos que cor­ren (el paro, los ERES, los impagos de las hipotecas, el quiebra de empresas, la crisis de las cajas,… esas cosas), ya tiene cotizar así delanteros y medioscampos.

Por Kaká y Cristiano Ronaldo se ha pagado lo que costaría construir medio hospital Valdecilla o casi nueve como el comarcal de Reinosa (6.500 metros cuadrados útiles y 40 camas); con 60 millones más (otro Kaká, por ejemplo), se tendría el presupuesto del ayuntamiento de Santander para 2.009, y sin añadir nada, habría para ejecutar 5’5 veces el total de inversiones previstas para la ciudad durante este ejercicio; podría urbanizarse 72 veces el Cabildo de Arriba (o buscar 72 barrios parecidos para darles un poco de lustre) o construir 200 carriles-bici como el proyectado por el Consistorio para todo el área del Sardinero; con ese dineral, en fin, se podría pagar la asistencia en una residencia de mayores durante un año a 9.500 ancianos. Ahí quedan los datos, en crudo, como se lo van a llevar los clubes que han vendido a las estrellas. Ahora, que cada cual saque conclusiones. Si yo tuviera que elegir, me quedaba con las plazas para personas mayores, pero claro, yo no soy forofo y las cuestiones sociales me tiran mucho más que unos señores dando patadas a un balón. Y como la pasta no es mía…

Elecciones ¿europeas?

He leído en algún sitio que ha pasado con las elecciones europeas justamente lo que los dos grandes partidos querían que pasara: que se movilizaran los suyos, que los resultados tuvieran lectura en clave interna, y (añado yo) que a Europa le den por el saco. Se mire por donde se mire, esta convocatoria ha sido un fiasco para los ciudadanos y para la pobre Europa, a cuyas espaldas han cargado la cuenta de los navajazos traperos de los 15 días de campaña, del sopor de los candidatos de trapo que han puesto la cara en los carteles, de la inopia en la que seguimos sobre qué es Europa y para qué sirve, y supongo que de lo que se nos avecina los próximos meses con el runrún y la pelea en torno a eso del «cambio de ciclo» que los datos algunos dicen señalan en el horizonte.

Como siempre, nadie ha perdido y todos han ganado. Que si el resultado apuntala el liderazgo de no sé quién, que si la derrota pone contra a la cuerdas a no sé qué otro, que si la diferencia no es para tanto, que si el retroceso de los gobiernos ha sido general en todas partes, que si el resultado del segundo es el mejor de los iguales en Europa. Vamos, que más champán y que siga la fiesta, que aquí no ha pasado nada. O sí, pero los gritos y el crujir de dientes de los que han quedado peor quedarán escondidos detrás de sonrisas y palmaditas en el hombro, mientras los que han quedado mejor se pasarán ahora semanas y meses tirando cohetes y dando el coñazo. Y mientras, los ciudadanos seguiremos sabiendo más bien poco de Europa, porque a los  grandes partidos no les ha interesado explicárnoslo.

Dicen que de haberlo hecho, la participación hubiera sido más baja aún. Puede ser, pero al menos se habría hecho lo que había que hacer: didactismo con Europa. Hoy más gente sabría cuándo se elige al Presidente de la Unión, por qué ha bajado el número de diputados españoles, a qué se dedica Solana, para qué sirve la Comisión Europea y los Comisarios, cuánto van a ganar los eurodiputados,… Puede que nos siguiera a todos importando un pito, pero nadie podría reprochar a nuestros responsables políticos no habernos contando de qué va esto cuando la próxima decisión del Parlamento Europeo afecte, por ejemplo, a las pensiones, o a las medidas para fomentar el empleo o a las políticas sociales.

UNO (Primera entrada)

Cuando Alfonso del Amo, que es un hombre cabal de derechas -lo dice él- al que respeto porque me respeta, me propuso formar parte de la oferta de blogueros de este portal-contenedor, tuve que darle alguna vuelta antes de aceptar. Y no por falta de ganas, que yo de decir lo que pienso suelo tener siempre, sino por un cierto temor a ese rechazo hacia la pluralidad que genera el dogma impositivo de las siglas en quienes lo tienen por único alimento de su intelecto.

No entiendo por qué, pero en este país está mal vista la concentración de gentes ideológicamente diversas en un único espacio de opinión. Y cuando se propician, más parecen experimentos para lavar la conciencia de quien las patrocina que el fruto del convencimiento de que pluralidad y democracia forman un silogismo imprescindible para que la ciudadanía se forme una opinión sobre las cosas que pasan y que les pasan con una cierta garantía de solvencia intelectual. Al que se junta con otros de otra opción ideológica enseguida se le pone en la picota, que siempre es más fácil que hacer el esfuerzo de aportar algo al debate que en cada momento se plantee.

Participo en este portal porque creo que cuantos más opinadores de pelaje diverso nos juntemos a escribir en un mismo sitio lo que pensamos, más creíbles seremos, nosotros y el sistema. Estoy seguro de que no podré escapara a alguna crítica, hasta de mal gusto, por haberme embarcado en este viaje, pero en realidad me importa un bledo. Mi idea de la libertad trasciende los reducidos cotos de sectarios y radicales, y mis horizontes de expresión son mucho más anchos de lo que permite la envidia y la incapacidad.

No sé si tendremos éxito en la aventura, pero de lo que sí que estoy seguro es de que nos lo vamos a pasar bien, que en los tiempos que corren resulta esencial, y de que vamos a dar a quien nos lea la posibilidad de contrastar desde el respeto, la crítica constructiva y la sana contraposición de ideas y de argumentos. Porque no otra cosa es la participación activa en la conformación libre y democrática de la opinión de los ciudadanos. Y todo, a pesar de todo.

Opiniones libres