Este Machinero impenitente ha escrito unas cuantas veces lo letal que resulta para un País la impunidad rampante de los meapilas del buenismo, clan de socio-conscientes caracterizado por su odio a la libertad , pecado original que les acompañará toda la vida sin posibilidad de redención dado lo homérico de su pasión liberticida.
Estos buenistas tienen blancos favoritos en donde dejar constancia de su gran corazón, pero es cierto que la especulación , la malvada especulación , ocupa sitial de honor , a pesar de que sea una estupidez, cuando no mala intención culparla como hacen ellos de cualquier movimiento en los mercados.
En el fondo, también en la epidermis, lo que se odia es el trabajo libre , la capacidad de visión y el esfuerzo individual de quienes asumiendo riesgos son capaces viendo más allá tomar decisiones para obtener beneficios, o …. pérdidas.
Como lo de la planificación centralizada les asusta ( tampoco mucho ) los meapilas del buenismo quieren decidir en que , o sobre que cosas se puede especular y a cuanto debe ascender el beneficio de esta, la especulación , porque son ellos los que determinan cual es lo bueno y el «beneficio justo». Que para eso son personas de recto proceder ¡¡¡
Los que creemos en la libertad individual y en la recompensa al trabajo reconocemos el esfuerzo y la capacidad de visión de quienes invierten en cualquier operación comercial con ánimo de obtener beneficio, porque es esta , la acción humana la que ha impulsado el desarrollo y bienestar de las Naciones a lo largo del tiempo, con ingenio, con riesgo, especulando.
Son los especuladores los que compran la cosecha recien plantada , a riesgo de granizo. Son los especuladores quienes se encargan de recoger lo que la tierra produzca , transportalo a los mercados para ponerlo a disposición de los consumidores garantizando la salubridad del producto, estableciendo una cadena de valor que beneficia a todos los prestatarios del servicio y como consecuencia de su decisión , inversión y riesgo obtener beneficios, o …. perdidas.
Esta es la realidad de una actividad comercial a la que los meapilas del buenismo siguen empeñados en demonizar.
