
Tienen buena intención los legisladores …? cuando han impuesto el término emprendedores en toda su burocracia para erradicar el de empresario, es decir : el de aquel que viendo una oportunidad de mercado, arriesga su patrimonio, si se equivoca pierde y si acierta gana dinero, lo que automáticamente le convierte en sospechoso.
Ante esto se ha instalado un neo lenguaje que se utiliza con objetivo indubitado, modificar la percepción de las cosas y abrirse a nuevas posibilidades que sin duda, son de «negocio».
En esta búsqueda, primero, consolidación después, de nuevos modelos de negocio el ámbito identitario se ha revelado como un nuevo «El Dorado» que utiliza como punta de lanza el «comercio lingüístico» para diferenciarse, alcanzar estatus dentro de la tribu y además, por encima de todo la pasta, que en este ecosistema es abundante y se reparte con generosidad.
Los espacios de actuación son tan «amplios» que permiten montar las más variopintas actividades, que utilizan con habilidad y descaro como no es de otra manera el idioma, que otorga muchísimo «business» que permiten crear asignaturas especificas y por lo tanto profesores, comisarios idiomáticos, que continuando con el negocio editorial exclusivo para la lengua vernácula, alcanzan la presencia en todo tipo de ferias del libro con generosos viáticos y un amplísimo circuito de conferencias, seminarios, pregones … que alimentan los bolsillos de los columnistas orgánicos.
El sistema da también para la creación de «delatores lingüísticos» que lo mismo se utilizan para espiar en que idioma se comunican los estudiantes durante los recreos, como se dedican a la delación con la rotulación que los comerciantes exhiben en sus escaparates.
En este quehacer el dominio de los canales de comunicación es fundamental en sus estrategia el dinero continúa fluyendo como un torrente, ya sea en mantenimiento de ignotas páginas web, contratación de presentaciones en programas radiofónicos y / o televisivos que condenan en las tinieblas exteriores a todo desafecto al sistema, mientras se expanden las doctrinas de aquellos «sabios» capaces de argumentar que en realidad Gengis Kan descendía del terruño.
La política del leguaje es una actividad destinada a aprisionar fondos, lo que convierte en clave el control de las administraciones , inventando obstáculos de acceso para los ajenos facilitando la manutención de los propios para hacer pervivir la doctrina tribal cuidándola desde el interior de esas instituciones.
Depresivas sociedades cerradas con rechazables objetivos reales, que no son otros que disponer a su albedrío de las instituciones con las canongías y dinero que ello supone, estos son sus objetivos ciertos, aunque cínicamente se sustentan sin objeción de conciencia política alguna con el dinero aportado por todos.