A las 10 de la mañana del 6 de Diciembre de 1978 entré en la Cafetería Bellini de Santander, ahí estaba ya Javier Domenech, con el cigarro encendido y una taza de café humeante. Javier Domenech es un eminente cardiólogo, cafetero y fumador.
Habiamos quedado para analizar la situación de los diferentes Colegios Electorales en la primera ronda de un día que fue largo y que finalizamos en la Calle Cadiz nº 10, sede de UCD nuestro Partido, siguiendo el resultado final del Referendúm Constitucional, satisfechos como votantes y con la responsabilidad partidaria que teníamos.
En 2010 con treinta y dos años de vigencia constitucional nunca pude imaginarme la deriva que la Nación española ha ido adquiriendo en base a una organización territorial que se ha demostrado depredadora para el conjunto , además de reduccionista y empobrecedora tanto en lo económico como en lo intelectual.
En estos días el Tribunal Constitucional ha hecho pública su sentencia sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, y las cosas claras, aunque nos duela España ha perdido, ha perdido porque se abre un camino sin retorno para modificar los diferentes Estatutos de las Comunidades Autónomas que no querrán bajo ningún concepto «ser menos que los catalanes» aunque ello sea letal para nuestra Nación.
Desgraciadamente este desguace que viene sufriendo España no es nuevo, merced a las muy dificilmente entendibles sentencias que el Constitucional está emitiendo a los largo de años, la disgregación tiene muy mala solución si es que la tiene.
Esta preocupación no es algo repentino, me ha venido asaltando cada vez que el Constitucional ha resuelto sobre conflictos de competencias y en donde sistemáticamente han venido cayendo del lado autonómico frente al conjunto de la Nación planteamientos insostenibles. Recuerdo con especial desasosiego la referida a la Justicia, la cual permitió a las Autonomías meter mano a uno de los poderes básicos, eso a pesar de que el artículo 149.5 de la Constitución señala que la competencia exclusiva en la materia es del Estado.
De sentencia en sentencia hasta el suicidio final , así podemos decir que evoluciona España desde aquel 6 de Diciembre de 1978, continuamente despojada de sus competencias , con sus poderes entregados a los virreyes de cada comunidad autónoma e iniciando un camino que puede conducirnos a ser como Bélgica o acabar como Checoslovaquia.
Sin embargo lo peor de toda esta situación es el atentado que se está produciendo contra las esencias básicas de la democracia, la formada por ciudadanos libre e iguales.
De que clase de democrácia podemos hablar si en función del territorio los españoles tenemos diferentes obligaciones fiscales o recibimos distintas prestaciones públicas…? o que decir sobre los distintos tribunales superiores de justicia en cada autonomía interpretando con sensibilidad localista…? que demonios democrácia es esta que nos diferencia según terruño socavando el principio de libres e iguales.
Don Alfonso, la altura de miras de nuestros politicos no llega más lejos de la puerta de sus coches oficiales.
Estoy totalmente de acuerdo con Vd. Don Alfonso. Ya sólo nos quedará por decidir con nuestro voto a qué Reino de Taifas queremos pertenecer, y ni tan siquiera está claro que eso nos vayan a permitir. Pero claro, ya lo dijo ayer Don Mariano, ahora toca hablar de fútbol, es decir, de lo importante. ¡Hay que joderse!, y luego querrá que yo le vote….
Pues mire uv, herr osterreicher: durante los últimos años he «rabiado» por la deriva del proceso autonómico en España, casi en completa soledad, con cafe y puro, como usted dice. Sin embargo, en los últimso meses, me parece otear un cierto horizonte de esperanza. Ya comenzamos a ser muchos quienes criticamos abiertamente las Autonomais españolas, malas en época de bonanza e insostenibles en época de crisis. Y me da que, –eso si, dentro de bastante — el proceso seguirá un camino inverso, como han hecho los alemanes con sus landers, y como cualquier persona sensata puede percibir.
Si añora usted lo de la Bellini, está invitado a otro café e incluso el veguero
Es Vd., D. Alfonso, el primer dirigente de la antigua UCD, que veo pronunciarse con esa honradez. El estado de las autonomías, se veía venir, se ha convertido en el mayor disparate de la historia de España. Y, lo siento, creo que la enorme responsabilidad del desastre les corresponde a quienes por ingenuidad,complejo o cobardía cedieron a las presiones de los minipartidos ( en aquellos tiempos )marxistas o separatistas. En fin, ya es tarde, el infinito daño causado irremediable, pero se agradece la sinceridad. Siempre le he tenido por un caballero.
Ningún liberal, nungún ucedista, nungún partidario en su día de la Constitución de 1978, como usted, tiene derecho a quejarse.
Todo esto ya lo dijimos algunos en aquel momento, y sólo recibimos de ustedes insulto y desprecio. Pero, como siempre, volverán ustedes, los que presumen de eternos incomprendidos, a recetar más dosis de la misma medicina que nos ha conducido a esto.
Pues yo me quejo amargamente, yo denuncio los años perdidios, yo lamentoel tiempo perdido combatioendo entre autonomias cuando el contricante estaba en Corea, Taiwan o Eslovaquia. Yo lamento que una clase politica de tercera fila se haya hecho con el poder enlas autonomias. Yo sufro al ver un pais divididio en 18, un mercado fraccionado, unas leyes desiguales y unos enfretamientos inimaginables hace años.
COmo liberal de primera hornada me pronucié claramente contra el Estado Autonomico. Y asi lo he venido haciendo duarnte un cuarto de siglo.
Un buen amigo mío, economista de provfesión, Miguel Ángel Bolado, con quien comparto sesiones de trabajo y alguna que otra de ocio, durante más de treinta años ha ido contra coriente. Siempre que surge un debate político manifiesta su opinión sobre el gravísimo error -a su jueicio- cometido por los españoles al dotarse de un Estado de las Autonomías. Yo, como tanta otras personas bienintencionadas, a día de hoy, también tengo m is dudas. ha llegado el momento de la reflexión y del debate sobre el futuro de España y su organización pilítica.
Un buen amigo mío, economista de profesión, Miguel Ángel Bolado, con quien comparto sesiones de trabajo y alguna que otra de ocio, durante más de treinta años ha ido contra coriente. Siempre que surge un debate político manifiesta su opinión sobre el gravísimo error -a su juicio- cometido por los españoles al dotarse de un Estado de las Autonomías. Yo, como tanta otras personas bienintencionadas, a día de hoy, también tengo mis dudas. Ha llegado el momento de la reflexión y del debate sobre el futuro de España y su organización política.