Aprendices de brujo

La actividad en los entresijos de la política han dado de lo mejor y también de lo peor de la condición humana. Cuando señalo esto me refiero únicamente a la actividad política democrática, las dictaduras o los regímenes iliberales tienen represión a la que hay que denunciar, combatir y despreciar.

La fontanería política, término que hizo fortuna a partir de los acontecimientos ocurridos en el Hotel Watergate al inicio de la década de 1970, es una actividad necesaria (que voy a decir yo …) que hay que realizar con seriedad, respeto por las instituciones y el común.

Por medio de la «fontanería política» se analiza el panorama, se pulsa a la opinión pública, se diseñan estrategias y se lanzan campañas de comunicación para que estas lleguen a la gente que posteriormente tomarán votando lo que más les convenza … o convenga.

Las personas tiene sus propias percepciones de la realidad, de lo que en cada momento  está ocurriendo, pues tanto el político como la acción política que este pueda desarrollar no es lo que es, ni siquiera lo que ellos desean que sea, son lo que los votantes perciben, no otra cosa.

Aquí se encuentra por lo tanto la cuestión clave, lo que en definitiva se trata es de  conocer al electorado, interpretar sus demandas y tratar de dar respuesta a las mismas, que otra cosa es cuando los aprendices de brujo trufados de soberbia comienzan a diseñar sus teorías de juegos pasando por encima de la opinión de la gente, creyendo que esta podrá ser manipulada o dirigida, cosa nada sencilla, pues para ello habría que hacer un trabajo constante y muy largo en el tiempo que no siempre se culminaría con éxito. Esto es lo que suele pasar, no triunfan las ocurrencias del momento planteadas sobre hipótesis no contrastadas por la realidad y confundidas por una opinión publicada en el ecosistema de medios de comunicación subvencionados o influidos por «lo público», llegando a equivocar la opinión o los estados de ánimo de la gente con lo que ellos  propician.

Hemos visto en estas últimas fechas como desde espacios públicos institucionales algunos aficionados a la brujería política han movido sus fichas tomando decisiones que no son controlables, que se apartan por completo de lo previsto por los aprendices de Doctor Bacterio, que han tratado desde la fontanería política actuar sin que ello afectase a la vida de la gente e incluso a ellos mismos.

El caso murciano en donde se ha pretendido cambiar un gobierno autonómico rompiendo una coalición gobernante es ejemplo de consecuencias no previstas por los alquimistas : Camino a la autodestrucción para uno de los promotores de la censura, convocatoria de elecciones autonómicas en la Capital del Reino que tendrán lectura nacional, cambios en el Gobierno de la Nación, partidos que se estima serán damnificados electorales, otro partido que aparecía sin rumbo claro reafirma su proyecto y algunos políticos que como juguetes rotos se quedarán por el camino. Además de esto, una sociedad cada vez más tensionada en unos momentos que la Nación requiere todo lo contrario, pues los partidos deberían estar explorando todas las vías de colaboración posible para afrontar una situación que ha traído miles de muertos, ruina económica y pérdida de libertades ciudadanas. Ah ¡ además lo que ha provocado todo esto, la moción de censura en Murcia, no ha prosperado.

Todo este pandemonium lo han incitado unos aprendices de brujo que se pusieron a enredar creyendo que podían cambiar las cosas como si de un guión televisivo se tratase y lo que han traído han sido consecuencias para mucha gente, aunque los perpetradores del embrollo continuarán en sus puestos como si nada de esto fuera con ellos.

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Pagad malditos, pagad ¡¡¡

Si por esas cosas que tiene la vida  tropezáramos con un ladrón de bancos y le preguntásemos por qué los atracaba este nos respondería : Porque es ahí donde está el dinero.

Si preguntásemos al Estado para que sirven los ciudadanos este nos diría : Los que trabajan en la economía productiva para ser esquilmados a impuestos.

Este es el destino cruel que espera a los ciudadanos, ya sean autónomos, profesionales, empresarios o asalariados de la economía real y productiva : Trabajar para pagar y pagar impuestos al Estado.

No deja de sorprender que muchos de los contribuyentes que obtienen sus ingresos trabajando en la economía de mercado, la real, la única productiva, cuando hablan de impuestos detengan su argumentario en el IRPF y no vayan más allá, sorprendiendo sobre todo que la sociedad no sea consciente del esclavismo impositivo que padece, en donde el IRPF no es nada más que el principio de una larga serie de impuestos. Figuras impositivas las llaman ….

Pues bien, todas estas «figuras impositivas» que comienzan por el IRPF continúan con el impuesto sobre Patrimonio, ese con el que se penaliza a los ahorradores, continuando con el de Sucesiones y también con donaciones, para que no se le ocurra a nadie darle dinero a un hijo que acabados los estudios quiera iniciar cualquier negocio o actividad profesional.

Esto es así, de entrada, sin mayor esfuerzo. Si además pretendemos vivir preparémonos a pagar impuestos por el combustible, la luz que consumimos en casa o el butano que gastemos. Nada se libra de la voracidad estatal.

Si conducimos no solamente pagaremos al Estado impuestos a cuenta del combustible que utilizamos, pagaremos impuesto de circulación, por aparcar y por tener una licencia para los vados del garaje. También los inherentes al seguro obligatorio de los vehículos.

Si somos adquirientes de una vivienda pagaremos en primer lugar Transmisiones Patrimoniales, seguido de Actos Jurídicos Documentados y la Plusvalía, además los pagos al Registro correspondiente y si como es lo habitual en España se formaliza un crédito hipotecario ahí volverán a clavar de nuevo con Actos Jurídicos Documentados. Todo ello acompañado del Impuestos de Bienes Inmuebles que hay que satisfacer todos los años.

Además de esto, los empresarios, autónomos o profesionales, es decir héroes,  continúan pagando el  Impuesto de Sociedades, cotizaciones sociales, los impuestos con los que se gravan los bienes intermedios, los que se suman a los costes energéticos, los beatíficos impuestos «verdes» y por supuesto el impuesto de Actividades Económicos, las cotizaciones de autónomos o las obligatorias cuotas a colegios profesionales.

Todo es pagar y más pagar impuestos por cualquier tipo de actividad, con cualquier disculpa. Se paga por tener una licencia de caza, por tripular un bote, por asistir a una representación operística, por las aguas, los desagues y las basuras. Incluso pagamos impuestos cada vez que compramos leche, pan, unos zapatos, un paraguas o los medicamentos que podamos necesitar.

Toda esta sangría fiscal  es para mantener al Estado y la inhumana burocracia que producen el Gobierno de la Nación, Comunidades Autónomas, Diputaciones Provinciales, Cabildos Insulares, Mancomunidades, Ayuntamientos, Pedanías, Juntas Vecinales, Entes, Observatorios … todos gastando  nuestro dinero,  generando deuda.

La situación como la conocemos hasta este momento es difícil que pueda soportarse   mucho tiempo más, tres millones de empleados públicos, cuatro millones de parados y otro millón en ERTES , además de nueve millones de pensionistas que suman en conjunto a  diecisiete millones de personas consumiendo los recursos que generan dieciseis millones de personas, que en la economía productiva real sostienen este elefantiásico sistema.

La gente tiene derecho a rebelarse ante esta situación, como tiene hacerlo ante cualquier otra tiranía, la de un Estado que lleva demasiados años actuando irresponsablemente, aumentando su estructura y cada vez con más gente dependiendo de menos personas que lo sostienen, colocando a la Nación en una situación muy delicada que no se podrá mantener mucho más tiempo y que no sabemos como acabará.

 

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La democracia y las leyes

Hagamos un panel comparativo. En un lado pongamos a los países con superior nivel de renta, con el PIB per cápita más elevado, mayor esperanza de vida al nacer, menor mortalidad infantil, los mejore índices de alfabetización, con las condiciones laborales más seguras, con mayor población lectora o en donde se conculcan menos los derechos humanos…. saben que aparecerá ahí …? pues que los Países en donde esos estándares son más elevados son todos democracias, mientras que los que se sitúan con los peores datos son todos dictaduras o regímenes iliberales con algunas formas pseudo democráticas.

Entonces cual es la diferencia …? la diferencia estriba en que las democracias se sostienen sobre leyes que emanan de legislativos con legitimidad democrática salidos de elecciones libres, mientras que las dictaduras no.  La libertad.

Estamos atravesando la peor crisis que se recuerda en España desde el final de la guerra civil, mucho más dañina que la desatada en 1973 con la crisis del petróleo o la situación hiper inflacionista que obligó a los Pactos de la Moncloa en 1977, por no hablar de la sufrida en 1992 o la más cercana en el tiempo y el recuerdo, la que se gestó entre 2008 y 2011.

La crisis actual que además de económica es sanitaria, se encuentra con un problema añadido como consecuencia del «Estado de Excepción» : La baja intensidad de actividad  y el menor control que puede ejercer el Legislativo.

Si algo caracteriza al sistema político español es que en realidad no existe separación real de poderes, en España tenemos una separación de funciones, puesto que el Jefe del Partido que gobierna, además del Ejecutivo, controla el Legislativo por medio de los Diputados de su grupo que le deben el escaño y además «mete cuchara» con los nombramientos del Tribunal Constitucional o el Consejo General del Poder Judicial sabiendo de sus nombramientos posteriores. Todo esto rebaja la calidad democrática puesto que hace las leyes más unidireccionales e impera el Decreto Ley como norma habitual, no como una excepción.

En estos momentos críticos para la Nación, con un Producto Interior Bruto cuya caída en 2020 ha sido del 11 % y con las estimaciones apuntando a otro descenso significativo para el primer semestre de 2021, es cuando más conveniente sería que toda la arquitectura legislativa necesaria para salir adelante emanase de un Parlamento con plena actividad  debatiendo y aportando libérrimamente.

Afrontar únicamente desde el Ejecutivo toda la situación sanitaria y económica provocada por el CORONAVIRUS ha sido un error, que aunque legal, no aporta mayor legitimidad democrática a las decisiones adoptadas, ya hayan sido estas de salud, económicas, de orden público, represivas o coercitivas, pues se perciben como intereses de gobierno o partido / s, lo cual esteriliza su eficacia en primer lugar y daña la visión  plural de conjunto retardando la necesaria salida de esta cruel situación.

Esta debería ser la principal cuestión, la calidad democrática, la calidad legislativa, el espíritu de unas leyes  dando cauce para todos, no únicamente para los poderes gubernamentales  que actúan siempre bajo el impulso de convertir sus deseos en órdenes no sujetas a contrapoderes, ni a la opinión pública, a la que se pretende distraer con propaganda en unos medios que no desean independientes, sino convertir en  meros agradaores.

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Santander : La decadencia de mi Ciudad

Soy de Santander, un STV, amo mi Ciudad, la quiero ver dispuesta, cuidada, competitiva. Me duele todo lo malo que la ocurre.

Santander, sin necesidad de profundizar en muchas derivadas al respecto, era competente, dinámica, el motor de Cantabria y ocupaba un espacio notable en el panorama Nacional, más allá de su importancia cuantitativa.

Esta posición ha experimentado durante los últimos años un deterioro apenas percibido  inicialmente, pero que nos coloca ante el espejo de una ciudad que se desangra por el abandono a que la someten quienes tienen las mayores responsabilidades y que en estos años han contribuido con su desempeño a dotar de contenido los principales manuales sobre gestión de la incompetencia.

Quizás uno de los ejemplos más notables sobre incapacidad estratégica y de futuro sea la ausencia de un Plan General de Ordenación Urbana, PGOU, que es algo más que señalar en donde se plantan casas. Se trata del documento base sobre el que se asienta el proyecto y futuro de Ciudad tanto en los ámbitos ciudadanos, como de recreo, comercial, profesional, empresarial y económico. Pues bien, en Santander estamos atascados en ello desde hace años, demostrando una impericia institucional que explica en buena medida el declinar socio-económico de Santander.

Santander que es la Capital de Cantabria y el municipio con mayor número de habitantes  está perdiendo población de manera constante, del entorno de los 5.000 habitantes en los últimos años, lo cual lleva a su vez a la pérdida de peso específico en la Comunidad Autónoma. Esta falta de concentración de masa poblacional, profesional y económica lleva, tal como lo reflejan los datos disponibles sobre renta, a la disminución de la misma, así Ribamontán al Mar con 27.187 euros, Santa Cruz de Bezana con 25.653 o Castro Urdiales con prácticamente otros 25.000 euros, superan a un Santander que con 24.300 euros de renta disponible se coloca al miso nivel de Villaescusa, perdiendo el liderazgo que tradicionalmente ostentó y que en comparación con otras Capitales de Provincia estamos en los mismos rangos que puedan tener Burgo o Palencia, ciudades que hasta no hace tanto tiempo superábamos claramente.

Como hemos llegado a esto …? pues básicamente por una concatenación de actuaciones en donde Santander ha ido perdiendo pulso en sus activos, además el mencionado PGOU que deja las posibilidades de implantación empresarial en los limbos burocráticos, el Festival Internacional de Santander se muestra incapaz de atraer a nadie con sus programaciones tipo «Fiesta de la vendimia» o con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, cuyo atractivo se ha quedado más triste que la imagen del equipo rectoral que contractualmente la dirige.

También tienen su aquel los proyectos anunciados con gran alharaca, caso del Banco de España, que sigue esperando que el Archivo Lafuente y el Reina Sofía sean una realidad para acompañar la oferta y posibilidades santanderinas en lugar de un edificio cerrado sin utilidad, o la incuria en la que se encuentra el Museo Municipal, que después de un indignante incendio continúa  cerrado cuatro años después, a lo que además tenemos que sumar la calamidad que se ha apoderado de las playas de Santander, uno de los recursos más determinantes de la oferta turística que tiene la Ciudad y que está sufriendo una acción política pedánea, afectando a un sector que aporta del entorno del 12 % del Producto Interior Bruto.

No son estas las únicas calamidades que la Capital de Cantabria está tolerando : La Machina, acotada entre la Grúa de Piedra y el Palacete a causa de fallos estructurales sigue sin resolverse, la zona portuaria del Pesquero inacabada, con un lamentable estado crepuscular que desanima al santanderinos más entusiasta.

No son estos los únicos problemas de Santander, son más. Se continúa con una política vetusta aferrada al estilo caciquil de contratación años 70, los de la chapucilla sin más visión que la obruca del momento, la que permite que los contratistas te «chuleen» y se tenga descuidado y sucio el casco urbano y con ocurrencias que llevan a proponer horteradas como la del espigón de Puerto Chico o ponerse muy «cool» con los carriles bici que fastidian la vida de los automovilistas junto con otras melonadas que producen bochorno. Esta es toda la visión de futuro que se tiene.

Mientras tanto seguiremos languideciendo, disminuyendo población, renta, envejeciendo la Ciudad y perdiendo atractivo para personas y empresas. Todo ello sigilosamente, sin desastres aparentes, ensimismados en una belleza natural cada vez más degradada, con unos gobernantes que no saben que hacer con Santander, la en otros tiempos orgullosa Ciudad del Norte de España Capital de la Comunidad Autónoma de Cantabria.

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España tiene un Estado mostrenco

Siempre ha querido vivir en un país que funcionase como funcionan los Países Bajos, Luxemburgo o Austria, en Estados que cumplan sus cometidos, además que estos fueran escasos, que el dinero que arrebatan a sus nacionales alcanzara rendimientos óptimos y que la administración pública no fuese un manirroto que tira por los desagues  de la incompetencia el dinero de los contribuyentes.

En España, 43 años después de las Elecciones Constituyentes y 42 del Referéndum Constitucional, el Estado «lo público» ha sido la gran barragana del trabajo y del esfuerzo de sus gentes, cultivando con verdadera fruición el arte de dificultar la vida a los administrados.

Soportamos un Estado con una estructura enorme, ineficiente y cara, muy cara. Tenemos Gobierno Central, Comunidades Autónomas, Diputaciones Provinciales, Cabildos Insulares, Mancomunidades, Ayuntamientos, Juntas Vecinales, Pedanías, Entes, Empresas Públicas y otra multitud de «chiringuitos», observatorios, patronatos, etc … todos ellos con dos características en común : Son ineficientes hasta la desesperación y desdeñan a los contribuyentes que los mantienen.

Este Estado omnipotente e incompetente que coloniza directa e indirectamente el 50 % del PIB y que necesita arrebatar 3,7 euros a los contribuyentes para aportar solo uno a ese mismo PIB, se ha situado en unos niveles de deuda del 128 % del Producto Interior Bruto.

Esta locura burocrática sostiene entre su maraña a tres millones de empleados estatales que paradójicamente disfrutando  de salarios medios situados en el entorno de los 25.000 euros, son mantenidos por trabajadores de la economía productiva con sueldos medios de 17.000 euros. Si, han leído bien.

Ha sido aparecer la pandemia en nuestras vidas para que este manirroto e incompetente Estado muestre impúdicamente su inutilidad. Ha bastado que el 3 % de la población esté afectada para que veamos lo incapaz que es, acuciada por todo tipo de problemas, desde la falta de suministro de jeringuillas o vacunas que ha provocado una sensación de angustia entre la gente que esta no se merece, hasta el abandono de otras atenciones.

No obstante esta situación tiene partidarios que defienden lo estatal, convirtiendo sus propagandistas la mentira en una de las bellas artes, pues es incomprensible que se pueda tener el menor respeto intelectual por un Estado que no actuó diligentemente ante el CORONAVIRUS, que seguidamente colapsó el sistema, que las mascarillas eran objetos superfluos, que las vacunas no acaban de llegar con la frecuencia que se necesita o que incluso hasta escasean las jeringuillas, provocando todo ello una ansiedad e intranquilidad brutal a las personas. Ello sin mencionar, aquí y ahora, una situación económica que arrasa con empresas y empleados.

Mientras tanto vemos a unos ciudadanos que contemplan mudos todo lo que está ocurriendo y ven pasar por delante de los turnos de vacunación a sindicalistas, alcaldes, obispos, espadones y progenitores de cargos públicos varios, sin que ocurra nada, no se si por temor a un Estado trufado de bondades que la realidad no ha podido nunca demostrar.

No se dan cuenta, quizás tampoco quieran dársela, que recurrir al Estado para que les arregle la vida es siempre una mala decisión y sobre todo muy peligrosa, ya que el Estado no garantiza nada, nunca ¡ ( excepto la merma de libertad ) para los ciudadanos que le soportan con su dinero y su paciencia.

 

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Que pasará en 2021 y II

Continúa del anterior …

El consumo, principal componente del PIB caerá un 16 % por aumento de los desempleados de una parte y la contracción del gasto por otra como consecuencia de la desconfianza que se tiene en la situación. También  el paro  lastará el futuro de las pensiones y los ingresos previstos, que contraerán la demanda interna haciendo inviables las previsiones (en modelo el papel lo aguanta todo) de recaudación de impuestos reflejados en los PGE. Todo ello como consecuencia de una difícil situación con cuatro millones de parados y otro millón atrapados en los ERTES que dibuja una situación desoladora en cuanto al futuro empujando a la emigración, además de un 40 % de  paro juvenil preludio de una generación sin expectativas, con proyectos de vida frustrados que los convertirá en jóvenes airados, empobrecidos y con salarios como Chequia.

Además de estos datos nos encontramos con otras realidades que llegadas de aluvión con la pandemia e impulsadas por la situación parece que vienen para quedarse definitivamente.

Así, la medicina, primera actividad afectada por el CORONAVIRUS tardará años en volver a la normalidad, pues lo cierto es que han dejado de atender muchas necesidades y ahora hay que ver cuantos pacientes están en peligro real en una sanidad que durante tanto tiempo algunos se llenaron la boca diciendo que era la mejor del mundo y que llegada la hora de la verdad pareció no serlo tanto. Lo que hace falta de verdad es visión para afrontar cambios imprescindibles como la telemedicina, algo más que llamar por teléfono y  no ser atendidos, la implantación definitiva para todos los casos de la receta electrónica añadido con la medicina a distancia que la tecnología ya permite, todo ello si los diecisiete sistemas interiores lo  consienten, que no está nada claro que un cambio tecnológico y preventivo en profundidad sea admitido por el prurito de las sacrosantas competencias autonómicas.

Tendremos también que acostumbrarnos a vivir en una nueva movilidad, que será algo más que fastidiar a la gente con estúpidos carriles bici, la reordenación de la comunicación de las vías públicas deberá tener muy presente la atención de las necesidades con la aplicación de recursos tecnológicos y de traslado adecuados, que establecerán modelos de burbujas, tanto sanitarias como de trabajo, comerciales o actividades culturales.

El mundo profesional que se ha visto claramente afectado por esta pandemia ha dado un impulso claro al teletrabajo que irá en aumento y será lo habitual. Las viviendas alcanzarán mayor valor cualitativo, serán lugares para algo más que dormir, con espacios  desde los cuales tele trabajar que requerirán dotaciones e infraestructuras básicas seguras, con funcionamiento sin sobresaltos y que por medio de la destrucción creativa hará que los espacios para oficinas declinen paulatinamente su importancia, igual que las video conferencias, con la implantación definitiva de sistemas como Zoom o Skype, se implantarán en detrimento de viajes, las reuniones presenciales y el presentismo con los horarios infernales existentes hasta el momento.

Todo estará además condicionado por factores que influirán claramente sobre España sin que pueda influir, o muy poco, sobre ellos. Las guerras comerciales, el petróleo, clave en un País como el nuestro dependiente al 88 %, los movimientos de inmigrantes ilegales que han olido como los tiburones la sangre que España permanece inane ante la situación o la cada vez mayor irrelevancia ante la Unión Europea por lo poco fiables que nos consideran, además de las injerencias de los regímenes iliberales cuando no directamente dictaduras y muy importante : la orfandad tecnológica que sufrimos en un mundo cada vez más necesitado de ella.

En este pasado 2020 hemos ganado en miedo, en incertidumbre, existe gran inquietud por  ver cuando pasará todo y que traerá 2021, que viendo la mediocridad de las estructuras y de quienes toman decisiones a todos los niveles, no podemos asegurar que se afronte con garantías.

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Que pasará en 2021. I

Ha pasado el peor año de mi vida. Desde que muy joven, jovencísimo, me incorporé a UCD he visto pasar múltiples situaciones en España, las Constituyentes de 1977, los Pactos de la Moncloa en octubre de ese mismo año, el referéndum constitucional de 1978, las primeras elecciones municipales de 1979 y la implosión de las Comunidades Autónomas del artículo 143 en sus primeras elecciones del año 1983, también la firma del tratado de adhesión a la Comunidad Europea.

Además de estos hitos políticos he vista padecer a la Nación con la crisis del petróleo, la enorme crisis económica de 1992 después de unos fastos de nuevo rico con la celebración de Olimpiadas y Exposición Universal al mismo tiempo, la asonada de 2004 que llevó a un cambio político que cultivó la tremenda crisis económica gestada entre 2008 y 2011, todo ello más el sufrimiento y la sangre provocada por los asesinos terroristas etarras y las intentonas golpistas del 23 de febrero de 1981 o el  no culminado, de momento, en Cataluña.

Muchas cosas me ha dado tiempo a ver en todos estos años, muchas cosas han pasado en España desde el establecimiento de la democracia, pero ninguna tan terrible como la crisis sanitaria y la ruina económica que el CORONAVIRUS ha provocado en 2020, con una población acobardada y mansurrona que ha buscado refugio en «Papá Estado», que si algo ha dejado en evidencia esta situación ha sido su incapacidad para proteger a la gente, su incompetencia en la gestión siendo al mismo tiempo un depredador del dinero de los contribuyentes.

Tenemos una complicada situación, unos ciudadanos apocados que tienen miedo a la libertad y ante lo cual, la aparente seguridad que brinda el Estado es muy tentadora, de ahí que muchos claudiquen ante las promesas de seguridad que no son otra cosa que una estafa que se paga con menos  libertad.

Nos llega 2021 que traerá nuevos hábitos de comportamiento, en el trabajo, en las relaciones sociales, en el ocio. El miedo se ha implantado y seremos más desconfiados e individualistas en la búsqueda de los intereses propios, como  consecuencia de esa inquietud y de un Estado que con su habitual perversidad ha mentido mucho a la gente, pretendiendo además anestesiar el estado de ánimo de una sociedad bombardeada constantemente por los medios oficiales y también por los bien «engrasados» medios amigos, empeñados en implantar la tiranía de un pensamiento que no admite discrepancias en la búsqueda de consensos malignos y enmascarar los abusos del poder justificándolos por la crisis sanitaria.

Los ciudadanos vamos a necesitar tiempo para asimilar todo lo vivido este 2020, las turbulencias sanitarias, el secuestro ciudadanos, la merma de libertades, la separación de poderes convertida en una mera separación de funciones, el destrozo económico, la incompetencia de lo público, la mentira gubernamental y aceptar que muchos van a vivir peor, no temporalmente, siempre.

Este 2020 ha sido  pródigo en mensajes estúpidos que sería injusto cargar exclusivamente  en el debe institucional, aquí ha habido mucho cooperador lanzando a la opinión pública mensajitos del tipo » de esta salimos más fuertes» o «salimos mejores» etc … y demás melonadas del buenísmo propio de los meapilas y la ultra izquierda, coincidentes ambos en sus pretensiones de dirigir la vida de la gente utilizando eslóganes  que son especialmente irritantes sabiendo que son mentira, porque cuando salgamos, cuando sea, lo haremos peor.

En el ámbito económico de 2021 la situación actual dejará como un grato recuerdo la crisis que se gestó en 2008 – 2011, pues el Déficit Público será del 12 % y la Deuda alcanzará el máximo en toda la historia de España : el 128 % del Producto Interior Bruto.

Continuará …

 

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No podemos llamarlo democracia

Encaramos el final de 2020, año terrible que nos ha dejado hasta el momento más de 50.000 muertos, una desolación económica de la que no saldremos antes de una década, ello si se adoptan las políticas adecuadas, una ciudadanía emocionalmente herida, desconfianza en unas instituciones que no han dado respuesta eficaz y una acción gubernamental que ha erosionado con sus meditadas decisiones la democracia misma.

En estos momentos no se puede sostener, objetivamente, desde una posición democrática real, que en España estamos disfrutando plenamente de los viejos principios de separación de poderes, respeto a las libertades individuales, salvaguarda de la propiedad, libertad de información, libertad de tránsito y empresarial o la no intromisión del aparato del Estado en la vida de la gente.

Que en España la separación de poderes ha estado siempre contaminada y que lo nuestro es más una separación de funciones que otra cosa es indubitado, alcanzando en estos momentos un nivel  de intromisión que no se corresponde con una separación efectiva y democrática de poderes. La pretensión de un Ejecutivo que ya controla el Legislativo para elegir mediante  normativa ad-hoc a los componentes de Consejo General del Poder Judicial no es admisible en términos democráticos, intención esta de control judicial que ya dejó intuir por donde iban las cosas con la muy poco potable designación de la Fiscal General.

No es únicamente la situación sanitaria actual, es la circunstancia política provocada que tiene cerrado el Parlamento con un Estado de Alarma de seis meses que impide controlar al Gobierno y como consecuencia dispone de unas atribuciones que se están demostrando peligrosas para la gente, en donde, sin anestesia, un General de la Guardia Civil declara sin reparo alguno que están espiando a los ciudadanos que emiten opiniones no afectas para el Gobierno, al tiempo que actúan contra la libertad pergeñando un «Ministerio de la Verdad» y perpetrando una Ley para «combatir las fake news» sin aclarar quien controlará al controlador o quien impedirá la censura.

No acaban aquí las cosas no, por desgracia, se prepara normativa para que Hacienda en su labor represora pueda entrar en domicilios y sedes empresariales sin avisar y para cerrar el círculo maligno de todo gobierno omnipotente también se quiere limitar la utilización del dinero en efectivo propiedad de la gente, para que esta, obligada a utilizar otros medios de pago haga que el control de nuestros hábitos de consumo, de nuestra vida en definitiva, les cueste menos esfuerzo. Podemos también decir que estos aspirantes a ingenieros de almas ante todo lo que demuestran es que son refractarios a la libertad, pues al final todo acaba en lo mismo, todo tiene el mismo objetivo : Controlar la vida de las personas.

Si este control no fuese suficiente y la ciudadanía acometiese la improbable decisión de rebelarse ( por su propia cobardía ) ante el secuestro que padece, las restricciones a las empresas, las mentiras oficiales sobre el CORONAVIRUS o los miles de muertos producto de la errática actuación en el manejo de las crisis y quisiera expresar su descontento, siempre tienen a disposición los cuerpos policiales con la «Ley Mordaza» del malhadado Fernández, un santurrón que mucho mal ha causado a la democracia española, en donde conservando la apariencia democrática se ha convertido en una cáscara vacía con apariencia de elecciones democráticas, mientras se lamina la separación de poderes, se desactivan los controles democráticos y el gran hermano gubernamental vigila lo que dice o hace la gente, para que esta sea cada vez más sumisa y dependiente del Estado.

 

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la táctica bandoneón

Cada vez es mayor el número de personas que se preguntan, con bastante lógica, cual es el procedimiento que se está utilizando por parte del Gobierno de España para contener la expansión del CORONAVIRUS. No se acaba de entender bien, que como un bandoneón que se expande o se cierra según que sonido se quiera expresar, la dispersión de órdenes, medidas, formas de actuación y falta de proceder conjunto bajo la misma dirección, no sepamos cual es la melodía que se quiere interpretar para que sea reconocida por todos y aceptada por la mayoría.

Sin entrar, en esta ocasión, en la dejación de funciones que han perpetrado contra la separación de poderes 194 Diputados permitiendo que el Gobierno pueda actuar al margen del propio Parlamento  eludiendo su vigilancia, Diputados que no están solamente abdicando de su labor de control, sino que están privándonos a los ciudadanos de nuestra soberanía democrática  al suspender nuestra presencia delegada  y no respetar la separación de poderes que se han convertido en una mera separación de funciones, situación consentida por una población cobardona y acomodaticia.

Esta cobardía no se ha instalado solamente entre la población, los dirigentes políticos actúan con temor, mirándose de soslayo para ver quien es el que restringe libertades y no aparecer como el liberticida jefe, todos esperando que el campo esté lo suficientemente embarrado para que nadie pueda culpar a otro en exclusiva del secuestro de la población, que ya no está para aplaudir todos los días a las ocho de la tarde, sino que cuando reviente su paciencia y salgan con las cacerolas puedan mandar a la Policía y /o Guardia Civil a reprimir las libertades con la «Ley Mordaza» por medio, todos sean responsables de la situación y no puedan reprocharse nada entre ellos.

Mientras tanto estamos soportando medidas dispares, mucha confusión, información , contradictoria en bastantes casos y la ausencia de una autoridad única que ponga orden estableciendo directrices comunes, con un comité de expertos que lo sean de verdad además de públicos sus nombres, que ponga en marcha una campaña de test masivos y rastreadores para perseguir el CORONAVIRUS y su evolución, adelantar escenarios y combatir inteligentemente al virus, acompañado de las necesarias campañas de concienciación ciudadana, realizado todo ello con la autoridad moral que un equipo profesional, riguroso y no contaminado partidistamente  podría hacer.

Esta incompetencia manifiesta además les tiene espantados por el destrozo económico que ya está aquí con datos escalofriantes, el Producto Interior Bruto ha descendido en Tasa Interanual un -8,7, descenso muy superior al de la Unión Europea que ha sido del -3,9 y también al que han experimentado Francia, Alemania o Italia, todos ellos en el entorno del – 4, la mitad que España.

Y les tiene espantados porque nos enfrentamos a un horizonte de recuperación que llevará más de una década, pues si en la anterior crisis, la generada entre 2008-2011, llevó la caída del PIB a un -1,3 y no nos recuperamos hasta 2018, imaginemos lo que puede suceder teniendo un crecimiento negativo siete veces superior al de entonces.

Conscientes de ello y con el miedo político hasta el tuétano tratan como si de un bandoneón fuese de salvar periodos económicos concretos, soltaron a la gente para tratar de arreglar el verano y ahora tiene que cerrar los pliegues del instrumento para tenernos secuestrados en Noviembre con la esperanza de dejarnos libres al final de mes y poder  salvar la campaña de navidad. Todo ello sin solucionar nada, mientras esperamos a ver que nos permitirá seguir diciendo el nuevo Ministerio de la Verdad y sus espías.

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Otra vez secuestrados

En el mes de Marzo pasado fuimos encerrados, confinados, despojados de nuestro derecho a la libertad. Causa …? el CORONAVIRUS del que ya tenía el Gobierno de la Nación conocimiento por medio de la Organización Mundial de la Salud, también  de la Unión Europea a través del Centro para el Control y Prevención de enfermedades, además de disponer los propios informes internos.

No obstante todo ello fue obviado  permitiendo que las  las concentraciones y la vida  de las  personas continuaran como si nada provocando la situación que hemos conocido.

Si algo puso en evidencia el CORONAVIRUS fue el fracaso de «lo público», incapaz de dar respuesta a las necesidades que tenían los españoles, un Estado que fracasó cuando únicamente el 2 % de la población necesitó mayor atención, más espacio hospitalario, respiradores, test, guantes o mascarillas, además de fracasar también a la hora de dar explicaciones, trasmitir confianza y hacer frente al caos organizativo de aquellas fechas.

Lo único que funcionó ( para ellos ) durante aquel secuestro fue la represión policial, que amparada en la malhadada «Ley mordaza» de Fernández y en el estado de excepción, actuó con una chulería, prepotencia y entusiasmo contra muchos ciudadanos, que han creado una zanja en la confianza de la gente que igual algunos no volvemos a recuperar.

Ahora, 50.000 muertos después, con la Nación destrozada para décadas y ante su rotundo fracaso nos vuelven a situar en lo único que entienden : La represión. Ante esto no se puede admitir por decencia intelectual con nosotros mismos, que el único mecanismo planteado por el Gobierno para luchar contra el CORONAVIRUS sea quitarnos la libertad.

Desde el levantamiento del secuestro en junio pasado no se han solucionado los peligros sanitarios, continúan aumentando los contagios , los muertos, los problemas con la educación, en las empresas, todo ante una Nación desmoralizada y  con muchos más parados que observa atónita como  las diferentes Administraciones del Estado se enfrentan en unos casos, ocultan o manipulan datos en otros siempre con el mismo resultado : más contagiados, más muertos.

Ante estoque es lo que se hace …? pues vuelta a las andadas con otro Estado de Excepción, lo llamen como lo llamen, represión en vena, más impunidad para los gobernantes. Nada  de prevención, nada de comités científicos independientes marcando el camino a seguir, nada de realizar test masivos para localizar, perseguir , adelantar escenarios y propuestas, únicamente se ha visto una pelea de competencias políticas  que además cono  si no fuera suficiente con la situación interior está perjudicando la imagen exterior de España hasta tal punto, que hay Países en donde nos empiezan a tener la misma consideración y respeto que el que puedan tener con Argentina y esto en la Unión Europea se lo toman muy en serio, sobre todo pensando en «la pasta» que van a poner con el Fondo de Reconstrucción y que pone en cuestión las capacidades de gestión y buen hacer de «lo público».

A pesar de todo esto, observaremos en fechas próximas como los bien engrasados medios pro gubernamentales comenzaran a resaltar la culpa de las personas, que tienen los malos hábitos de moverse y  relacionarse, con lo cual no queda más remedio que confinarnos, por nuestra culpa, claro, siempre por nuestra culpa. Mientras tanto la gente seguirá callada, tan cobardemente que parece dispuesta a rendirse definitivamente ante una crisis que el poder pretende sea únicamente sanitaria, pero que ante todo es política, en donde claudicará una mayoría, con gran gozo para los gobernantes de un Estado monstruoso que lo único que tiene acreditado es su capacidad para gastarse el dinero de los contribuyentes y endeudarnos mientras ve pasar la vida, enfermar a la gente y caer.

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