Vuelvo a preguntar por el panorama en que se encuentra la Capital de Cantabria. La situación en la Ciudad parece débil, como STV me duele, no me gusta escribir y publicar estas cosas, pero no dejaré de hacerlo, creo que los asuntos públicos deben exponerse ante la opinión pública.
Es indubitada la decadencia de nuestra Ciudad, la que se observa a simple vista, los cierres de negocios con el abatimiento que ello trasmite y con datos, los tozudos datos que muestran, como ya he dejado escrito en otras ocasiones, la triste evolución de la Renta Disponible, que desde un liderazgo regional tantísimo tiempo ostentado ha descendido al nivel de municipio menor.
Un paseante habitual observa sin esfuerzo el aspecto sucio, descuidado, sin mantenimiento de Santander, toda esta situación ha derivado en la suspensión de la contrata encargada de tal menester, mediante un proceso que ha causado sonrojo por la falta de pericia política en el manejo de la situación mientras veíamos pasar la suciedad por delante nuestro.
Como decía, nos han obsequiado las basuras con un conflicto incomprensible, que un equipo de gobierno municipal que no es respetado por los contratistas municipales ha propiciado un periplo vergonzante, con tribunales, Consejo de Estado, recursos, querellados y una transición empresarial impropia, con la decepción añadida que produce la ausencia de dirección clara en este lamentable proceso que no mejor el aspecto de la Ciudad, basta pasear por la calle Alta y sus trasversales, por Cisneros, por Entrehuertas o la Albericia, para ver la imagen que ofrecen y la falta de respeto que se tiene con unos vecinos que merecen entornos limpios y ordenados.
Mientras tanto vemos pasar el tiempo sorteando la basura en nuestro caminar ciudadano, no se encuentra resto, real, no lo planteado sobre un papel que todo aguanta, de aquella historia de la Smart City. La del desarrollo urbano más sostenible en donde gracias a la tecnología se ofrecerían más eficientes servicios. Que cosas …
La realidad, por impericia, falta de voluntad o lo que sea, ha pasado la ocasión sin que se refleje como un modelo activo, lo cual disminuye atractivos para vivir en Santander y expulsa talento en lugar de atraerlo, lo mismo que la renta disponible erosionó su evolución, la población ha descendido durante las últimas fechas con perdida superior a los 5.000 habitantes.
Otra de las cosas que están lastrando la facilidad para vivir en la Ciudad es el tráfico. El caos ha ido en aumento, ni han dejado las cosas como estaban, ni han sido capaces de contribuir con un plan de tráfico y movilidad no contaminado únicamente por las ocurrencias de los grupúsculos de interés.
La realidad cotidiana es la mala experiencia que supone circular por nuestras calles, entorpeciendo el libre albedrío de quienes se mueven por donde les da la gana, que no lo hacen gratis, también de quienes necesitan desplazarse por causas de trabajo. Todos fastidiados, todos perjudicados por la actuación inconveniente de un equipo de gobierno más preocupado por atender a los ayatolas de la bici o la cosa ecológica, que nunca les votarán, que estudiar con rigor las necesidades ciudadanas.
Entonces el común observa, en muchos casos atónito, como actuaciones tan horteras como la perpetrada en la Plaza de Italia, con su inevitable modificado y ampliación de contrato para el tanque de tormenta, ya que bastó una mañana de lluvia para que se produjera una inundación que evidenció nuevamente un estilo de hacer chapucero, pedáneo, incompatible con la que ha sido la trayectoria de los equipos de gobierno municipales desde 1979. Aterra pensar que personas, salvo excepciones, carentes de trayectoria profesional solvente tengan entre sus manos la vida de miles de vecinos y también la de otros miles de autónomos, profesionales y empresas.
Esta deriva está deteriorando el sentido de pertenencia, en Santander no es cuestión menor, identidad santanderina que en estos años ha perdido consistencia, peso específico en la Comunidad Autónoma y referencia nacional, todo ello por la responsabilidad de unos gobernantes que se han encontrado entre las manos con una obligación que les sobrepasa y acaba desintegrando la conexión con los vecinos, cada vez más apagada puesto que perciben nítidamente que quienes dirigen contractualmente la cosa municipal no sienten, no les duele Santander y que se dedican a ver pasar el tiempo lo miso que un burócrata despacha permisos para terrazas.
No puede sorprender esto que vemos, es consecuencia de un pacto municipal cerrado a martillazos, en donde uno de los firmantes de tal pacto ha manifestado que ellos no querían, que fueron obligados «por Madrid», que nunca ha tenido velocidad de crucero, que pierde fuerza y energía para afrontar los problemas de la Ciudad por la muy descriptible desconfianza que se profesan mientras se hacen oposición así mismos, lo cual ha dado como resultado el equipo de gobierno menos dotado, donde no fluyen ideas, donde no se pasa del regate en corto y trae como consecuencia la tristeza e inanición que ha invadido a un Santander que no vislumbra futuro alguno.
En el mes de agosto de 2011 publiqué un artículo con el mismo título que este. En el mismo señalaba como los países en donde la libertad, el imperio de la ley y la separación de poderes eran reales, sus ciudadanos vivían mejor, no porque tuvieran ningún tipo de superioridad intrínseca, vivían mejor y también más tiempo, al ser unos países democráticos con el capitalismo como sistema y los otros no.
Una mañana de hará unos veinte años, al salir de mi despacho en pleno centro de Santander camino de mi dosis habitual de cafeína, un cartel del Partido Comunista, no recuerdo en cual de sus franquicias, de los Pueblos de España, de los Trabajadores, las Juventudes … no recuerdo, me llamó la atención : Ahí pegado en una pared y refiriéndose a alguna decisión política del Gobierno de turno estaba el dichoso afiche, que en grandes letras decía : SOOO ¡ hay que pararles.
Así tituló Ldwing Von Mises una de las obras de su extensa bibliografía, publicada en 1944. En ella el genio austriaco repasaba desde la realidad que le ofrecían los convulsos tiempos de la gran Viena, la presencia de un estado cada vez de mayor tamaño y más entrometido en la vida de la gente.
El 14 de marzo de 2020, el Presidente del Gobierno decretó el Estado de Alarma. Se iniciaba ahí el periodo con mayor pérdida de libertades que los españoles habíamos sufrido desde la dictadura de Franco. El «Estado de Excepción» se prolongó hasta el año 2021 con unas limitaciones de circulación y vida en libertad como nunca nos pudimos imaginar.



